[Cine] Ran 乱 (1985)

Cine

Ran 乱 (1985; 17/20210304)

Volvemos al cine de “eventos”, que tanto promueve una de las más destacadas empresas de exhibición cinematográfica de la ciudad, especialmente desde que aparecieron las constricciones debidas a la pandemia. Ya venía practicando la programación de “eventos” antes de la misma, pero han aumentado su frecuencia en la actualidad. Supongo que es un forma de asegurar algunas entradas destacables… en la medida en que las restricciones de los aforos lo permiten. Algunos de estos eventos tienen forma de ciclos. Ya os he hablado bastante del dedicado a Wong Kar-wai, a cuyas siete películas asistí. Y suelen tener sesiones destacadas en versión original subtitulada en castellano, en una de las mejores salas, o al menos más grandes, con alta calidad de imagen y sonido.

El rodaje de la película está realizado en localizaciones reales como el castillo de Himeji, patrimonio de la humanidad, y otros castillos y lugares notables de Japón, como los paisajes volcánicos del monte Aso y del monte Fuji. Yo os traslado parcialmente a eso lugares con vistas del castillo de Himeji y de los santuarios de Shoshazan, no lejos de esta ciudad.

En febrero dio comienzo un nuevo ciclo de otro director de cine asiático. Nada más y nada menos que el emblemático Akira Kurosawa, uno de los grandes de la historia del cine. Pero no en forma de eventos, sino con las películas integradas en la programación habitual de los cines. Con alguna excepción. Y una de esas excepciones fue la película que hoy nos ocupa. La que con el permiso de sus “sueños” [Yume 夢] puede considerarse su gran testamento cinematográfico. Después de Yume, aun estrenaría un par de películas más, que no alcanzaron la misma fama y consideración, aunque también son muy estimables. Pero vamos a Ran que es la que nos ocupa hoy.

Concebida desde tiempo atrás de su realización y estreno, esta épica película no alcanzó el éxito de público deseado, aunque la crítica la ha celebrado como una película enorme, que no ha perdido su apreciación y validez con el tiempo. Pero es cierto que no es una película de fácil visualización, especialmente para el público occidental. Inspirada a partes igual por una de las más famosas tragedias de Shakespeare, The Tragedy of King Lear, y por el período histórico de casi continuo estado de guerra que asoló Japón en los siglos XV y XVI hasta que se impuso el shogunato Tokugawa, a principios del XVII, en 1603. Un período de caos político, de desastres bélicos y de sufrimiento para la población, que ha sido denominado el período Sengoku o de los estados combatientes, a semejanza con un período similar aunque no relacionado en la historia china. El título de la película, ran 乱, significa caos o confusión, que sería lo que mejor describe aquel periodo histórico.

A semejanza de la tragedia de Shakespeare, asistimos a la decadencia de un gran señor de la guerra, Hidetora (Tatsuya Nakadai), que reparte sus tierras y castillos entre sus dos hijos mayor, Taro (Akira Terao) y Jiro (Jinpachi Nezu), mientras destierra a su hijo menor, Saburo (Daisuke Ryû), que advierte al padre de los peligros de su retiro de la gobernanza del país, y desprecia la actitud aduladora de sus hermanos. Los dos hijos mayores están casados con dos mujeres de muy distinto talante, hijas de los señores derrotados y muertos por Hidetora en sus campañas guerreras. Sue (Yoshiko Miyazaki), esposa de Jiro, es piadosa, prudente y respetuosa de su suegro, a pesar del pasado trágico de su familia, confía en Amida buda sus penas. Kaede (Mieko Harada), esposa de Taro, al contrario, es rencorosa, manipuladora, y espera su momento para vengar la suerte de su familia, lo cual hará de forma cruel, significando el fin del clan Ichimonji.

Dos elementos destacan en la película. Por un lado su dirección y su diseño de producción, absolutamente impecables. Con una fotografía basada en el teleobjetivo, comprimiendo planos y guiándonos hacia los personajes centrales de la obra cuando estos hablan, y favoreciendo la confusión en las batallas, al mismo tiempo. Una notable banda sonora, una gran coordinación de extras. Vestuario, efectos visuales artesanos… rodaje en auténticos castillos históricos japoneses. Un espectáculo para la vista. Un alarde de coordinación y puesta en escena.

Por otro lado la interpretación. Contenida cuando toca. Expresiva cuando conviene. Con elementos expresivos que con toda probabilidad son más propios de las formas teatrales niponas que otra cosa. No estoy suficientemente al tanto del teatro japonés, pero leo que algunas de las interpretaciones fueron dispuestas para ser ejecutadas siguiendo las formas del teatro nō 能 (cuidado con la escritura de esta palabra; por influencia de los anglosajones, es frecuente verla escrita noh, pero lo más correcto es usar la o con el diacrítico, para indicar la o larga… sin hacer extraños sonido aspirados al final). Creo que el carácter que mejor ejemplifica esto es el de Kaede. Mieko Harada ejecuta una de las interpretaciones más notables de la película, uno de esas que prácticamente justifica que un aficionado al cine se acerque a la misma. Grandísima interpretación. Y qué decir del uso del bufón (Peter ピーター) para decir las verdades y las reflexiones que nadie quiere oír… como procedente del mismísimo bardo.

Si he de encontrarle algún pero a la película, es personal. No soy especialmente afín a las tragedias shakespearianas. Siempre he preferido las comedias del bardo. Pero más allá de eso, entra dentro de la categoría de obra maestra. Kurosawa fue uno de los grandes, con una ética profesional impresionante y con una gran claridad de dónde quería llegar. Y llegaba. O porque tenía los medio, o porque tenía el ingenio y la inteligencia para hacerlo. Imprescindible.

Valoración

  • Dirección: *****
  • Interpretación: *****
  • Valoración subjetiva: ****

[Libro – cine] No lo comprendo, no lo comprendo – Akira Kurosawa

Cine, Literatura

Hay un libro clásico de obligada lectura para los amantes del cine. Se trata de El cine según Hitchcock, un libro que partía de una conversación que duró días y un total de 50 horas de charla, a partir de unas 500 preguntas que el maestro francés François Truffaut quiso hacerle al excéntrico maestro británico del suspense. Lo leí en su momento, hace ya unos diez años en su versión de bolsillo, y me encantó.

El también director Cameron Crowe, bien es cierto que unos cuantos escalones por debajo que el francés, quiso repetir la experiencia con el genial Billy WilderCrowe, además de no tener la potencia como director que el resto de los mencionados, tampoco tiene la capacidad inquisitiva, la curiosidad y el talento que tenía Truffaut, así que aquí el diálogo era más asimétrico. Pero Wilder tenía un modo de ver la vida y el cine, y un talento e imaginación como contador de historias, que estas Conversaciones resultaban tan amenas e interesantes para el cinéfilo como las anteriores. También lo disfruté muchísimo, y también lo recomiendo calurosamente.

Ave muerta en el Patio de las Armas

Kurosawa hizo películas con colores magníficos. Pero también hay clásicos del maestro japonés con una fotografía en blanco y negro magnífica.

La fórmula parece que se fue difundiendo, y existen también un par de libros de conversaciones con Woody Allen. No hace mucho que me regalaron uno de ellos, que tengo pendiente de enganchar. El problema es que me he acostumbrado a la comodidad del lector de libros electrónicos, y ahora no encuentro momento para cargar con el tochete en papel.

Curiosamente el libro que traigo aquí hoy, engarza con esta tradición de conversar con los directores de cine, o estos entre sí, y es una versión en forma de árboles muertos. No es electrónico. Pero es un librito pequeñito y que se lee en poco tiempo. Y muy intersante.

No lo comprendo, no lo comprendo
Akira Kurosawa en conversación con Donald Richie, Nagisa Oshima y Gabriel García Marquez
Traducción de Alfonso Fornieles Ten y José Jesús Fornieles Alférez
Editorial Confluencias, 2014

En este pequeño volumen que se puede llevar sin que moleste en cualquier bolsillo o bolso pequeño, encontramos tres entrevistas al maestro japonés Akira Kurosawa, recopiladas en un único volumen. Una en 1960, con uno de los principales expertos occidentales en cine japonés, Donald Richie. La segunda, la más profunda y prolongada, de 1991, nos traslada a un diálogo entre dos directores japoneses de dos generaciones distintas. Nagisa Oshima entrevista, con una perspectiva muy histórica, en la que tiene mucha importancia los primeros tiempos de Kurosawa como ayudante de dirección y como escritor de guiones. Finalmente, hay una breve entrevista que Gabriel García Marquez tiene con el director japonés.

Inmigrante y taberna

Al paseíco fotográfico de Fotógraf@s en Zaragoza me llevé una cámara con película en blanco y negro, la Canon Demi EE17 de medio formato, que me proporciona hasta 78 exposiciones en un carrete tradicional de 36.

Kurosawa es un director muy importante para mí. A veces cuento que, en mi adolescencia, el cine de barrio al que acudía todos los domingos desde mi infancia para ver peplumsspaghetti-westerns se convirtió inopinadamente y contra todo pronóstico en lo que se llamaba entonces cine de arte y ensayo. Duro unos pocos años, antes de volver al cine comercial más habitual, y luego languidecer durante un par de décadas como una de las dos salas de cine X de Zaragoza. Pero en esta época de arte y ensayo, para mí y mis vecinos tal concepto no existía. Simplemente era el mismo cine de siempre, al que íbamos los domingos, echaran lo que echaran. Y eso me llevo a ver una serie de películas altamente improbables para un adolescente de barrio en la transición española. Que probablemente marcaron, y mucho, mi gusto por el cine posterior. Y una de aquellas películas, una de las que más me marcó, fue Dersu Uzala, de Kurosawa. Todo un descubrimiento. De puesta en escena, de ritmo, de transmisión de ideas y sentimientos, de representar la naturaleza, el cambio de la actitud del hombre hacia la misma,… muchas cosas. Son muchas las películas del directora japonés que he visto después. No todas ni de lejos, porque fue extraordinariamente prolífico. Pero ha sido siempre uno de los autores más cercanos a mis sentimientos. Así que para mí esta ha sido una lectura necesaria.

De las tres conversciones, la más intensa e interesante es la de Oshima, un director muy recordado por su versión del caso de Sada Abe, pero que yo fundamentalmente asoció a la muy notable Merry Christmass Mr Lawrence (Feliz Navidad, Mr. Lawrence). En cualquier caso, una recomendación importante para los cinéfilos de pro.

"Selfie" y amigos en hotel París en calle San Pablo

Y que cargada con Fujifilm Neopan 100 Across, expuesta a IE 80, y revelada en Rodinal 1+50, ofrece unos negativos estupendos que escaneo a 6 megapixeles. No la mejor solución para situaciones con poca luz, pero el f/1,7 de la Demi y su carencia de espejo, permite disparar a 1/30 de segundo y hacerla relativamente versátil, ofreciendo nitidez y poco grano.

Seguimos de centenarios, en esta ocasión de cine: Akira Kurosawa

Cine

Si el lunes hablaba del centenario de Django Reinhardt y recomendaba su jazz manouche, hoy me voy al lejano oriente para hablar y recomendar a un ilustre de los ilustres entre los directores de cine. Ayer 23 de marzo fue el centenario del nacimiento de Akira Kurosawa.

Lo que voy a contar ahora es posible que lo haya contado ya por aquí. No me acuerdo. Pero voy a volver a hacerlo. Yo fue un niño de barrio, en una ciudad grande, el quinto municipio con más población de España desde que yo recuerdo, que tenía cines de estreno y de reestreno. Los cines de reestreno podían estar relativamente céntricos, y entonces eran auténticos cines de reestreno, que proyectaban las películas tras unas cuantas semanas en los cines de estreno. O podían ser cines de barrio, que aunque en la cartelera del Heraldo venían como cines de reestreno, en realidad eran los encargados de estrenar y proyectar las series B, los péplum y los spaghetti westerns. Y a la vuelta de la esquina de la calle donde vivía, había una de estas salas. El Rialto. Y muchos domingos, allí que nos bajábamos a la sesión de 3 o a la de 5 de la tarde.

El caso es que llegada mi adolescencia, y con ella la transición política al país, el cine Rialto se convirtió en sala de arte y ensayo. Un caso improbable, dado el vecindario y el entorno, dignos pero obreros y de limitado entendimiento cultural. Pero ahí estaba yo, fiel a las tradiciones, muchos domingos a las 5 de la tarde, a ver lo que echasen. Y entonces, en lugar de spaghetti westerns, he aquí que empezamos a ver cosas como Las vacaciones de Monsieur Hulot, 2001: una odisea del espacio, Solaris, El Gran Dictador, Viridiana,… y Dersu Uzala. Y si todas ellas marcaron, sin ser yo consciente, mi gusto y percepción del cine, probablemente me dejaron convertido en un “tarado” y “asocial” de por vida al alejarme de lo que le gusta a todo el mundo, la última, esa maravilla firmada por el director japonés Akira Kurosawa fue la que más me impactó.

Y con el tiempo, a partir de ahí, fui viendo varias de las películas que firmó a lo largo de su vida, entre las que tengo que destacar Rashômon, una película apasionante por su intriga y su enfoque, y Los sueños de Akira Kurosawa por el impresionante espectáculo visual que supone, una película que debería ver todo amante a la fotografía. Por supuesto, éstas además de la ya mencionada.

Así que nada. Una recomendación que vale para celebrar el aniversario, o para cualquier otro momento. El cine del maestro japonés, Akira Kurosawa.

Rue de Steinkerque

Invasión oriental en los alrededores de Pigalle, París - Panasonic Lumix GF1, G 20/1,7 ASPH.