[Cine] Kimi no suizō wo tabetai (2018)

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Kimi no suizō wo tabetai [君の膵臓をたべたい] (2018; 23/20190412)

Esta historia me empezó a llamar la atención hace ya un tiempo. Y es que la traducción de su título al castellano llama la atención. Ese Quiero comerme tu páncreas, título en castellano de la película doblada, que parece que es una traducción razonablemente certera del título original, sorprende. Especialmente en el marco de un drama entre adolescentes. Porque más parece un título de película sobre zombis o similares, que la de una sobre la relación entre dos jóvenes de 15 o 16 años. Pero el caso es que, como soy aficionado a la animación nipona, empecé a oír hablar de la adaptación de esta “novela ligera” al cine hace ya un tiempo. No pensaba que fuese a llegar a las salas de cine de nuestro país. Pero desde hace un tiempo, la animación japonesa se está abriendo paso con más facilidad entre las distribuidoras. Tres llevamos ya este año en la cartelera zaragozana, contando el 25º aniversario de Totoro.

La película que nos ocupa hoy transcurre durante una primavera, y las primeras escenas están llenas de cerezos en flor. Y encima, la protagonista se llama Sakura, el nombre de la flor del cerezo en japonés. Así que hoy ilustramos la entrada… exacto, con flores de cerezo ornamental japones. Sakura.

Shin’ichirō Ushijima, el director de esta película de animación, es relativamente novato. Cuatro episodios de series de animación era todo su currículo como director hasta esta película. Y nos traslada a un género que nunca está del todo de moda, pero que periódicamente resurge en las carteleras. Chico/chica, joven/”jóvena”, hombre/mujer que se conocen y entablan una relación romántica/de amistad/mitad y mitad, hasta que se descubre que uno de los dos, generalmente ella, sufre una enfermedad incurable. Este género ha dejado algún escaso ejemplo de historia interesante, y una abundancia de pastelazos y abuso del “cine cebolla” destinado a estimular las glándulas lagrimales, y dormitar posteriormente en las profundidades del olvido, salvo en el de las mentes más cursis. Y con frecuencia, pese a lo que parezca, el interés no recae en la experiencia de la persona que ve recortada drásticamente su esperanza de vida sino en el impacto del que queda.

Tal cosa sucede en esta película, que atiende más a la evolución del introvertido y asocial muchacho protagonista que a la joven Sakura, quien va a morir debido a una enfermedad (desconocida) que provoca una insuficiencia funcional de su páncreas, que pone patas arriba su vida en una relación que constantemente navega en el equívoco entre la amistad y el romance. Digan lo que digan los que apuestan por una historia de amistad, el director nos deja abundantes pistas de que el muchacho piensa en Sakura de otra forma mucho más carnal. Obsérvese el fondo tras Sakura en una escena en la que ambos comen en un restaurante, y tendréis una pista.

La realización es de un tipo habitual en la animación japonesa. Detallados fondos y ambientes, con unos personajes esquemáticos aunque fácilmente reconocibles por algunos trazos o elementos que los individualizan. Mucho desenfoque de fondos, una par o tres escenas de lucimiento en el dibujo (abundancia de cerezos en flor, los fuegos artificiales que no falten,…) y el recurso a un cambio estilístico cuando nos movemos en el terreno de lo onírico o de los recuerdos. Y un problema que lastra constantemente la película. Esta llena de clichés. El chico serio y la chica pizpireta. La mejor amiga de la chica, algo arisca, que desconfía. El chavalote simpático que ofrece su amistad a todo el mundo. Los fuegos artificiales. Los cerezos en flor. Los viajes en tren. Todos estos elementos los hemos visto en otras película o series, mejor utilizados o con más sentido, más de una vez.

Al final, qué tenemos. Una película entretenida, que te deja con un buen sabor de boca, pero que poco a poco se va diluyendo en el recuerdo como un producto mucho más vacío y carente de originalidad de lo que parecen. Una sensación de déjà vu casi permanente, y un exceso de cine cebolla de recurso fácil. Tanto “azúcar” que al final necesitas más inyecciones de insulina que las que precisa la insuficiencia pancreática de la joven.

Como curiosidad, un año antes, la misma historia había sido llevada al cine pero en acción real, dirigida por Shō Tsukikawa y protagonizada por la pizpireta (aunque a ratos algo cargante) Minami Hamabe y el poco expresivo Takumi Kitamura. La busqué y la vi en casa el fin de semana. De alguna forma, siendo una película discreta y poco memorable, sin ser mala, y relatando la misma historia al 90 %, sin embargo transmite alguna e idea más interesante. Y sobretodo desde un punto de vista más adulto. Tengo la sensación que siendo más fiel a la novela original. Aunque eso sólo es una suposición, porque no he accedido a la misma.

Por cierto… aprovechando mis conocimientos profesionales. Es posible vivir sin páncreas. Con una diabetes complicada de manejar, y con la necesidad de suplementos enzimáticos, pero es posible vivir sin páncreas.

Valoración

  • Dirección: ***
  • Interpretación: ***
  • Valoración subjetiva: ***
Y una rosa, para finalizar.

[Cine] Stille Hjerte (2014)

Cine

Stille Hjerte (2014); vista el 10 de septiembre de 2015.

Vista en versión original subtitulada en castellano y por eso mantengo el título original en danés de una película que en la cartelera española también se puede encontrar doblada con el título literalmente traducido de “Corazón silencioso”.

Bille August, un realizador que se ha movido mucho por la geografía mundial a la hora de rodar sus películas, vuelve a su país natal para rodar un drama familiar, muy intimista, y con algunos dilemas éticos encima de la mesa. Es un director que me parece irregular en su filmografía, de la que he visto algunos títulos, no todos. Lo último que vi de él no me dijo gran cosa, a pesar de contar con un reparto europeo de campanillas.

Nos daremos un paseo por Dinamarca, con la excusa de la nacionalidad de la película, empezando por una vista elevada de la capital Copenhague.

En esta ocasión nos traslada al seno de una familia en la que la madre, Esther (Ghita Nørby), padece una enfermedad neurológica degenerativa que le ha empezado a afectar la movilidad, y que le producirá la muerte en un plazo más o menos largo, pero penoso por la progresiva dependencia de los demás en la que ira cayendo. Su marido, Poul (Morten Grunwald), que ha ejercido como médico, está dispuesto a ayudarle en un suicidio médicamente asistido, algo ilegal pero que pueden apañar en las apariencias aprovechando las capacidades relativamente conservadas que tiene todavía Esther. Lo único que ha pedido Esther es el consenso de toda la familia, es decir de sus dos hijas, la mayor Heidi (Paprika Steen), que en principio apoya su decisión, y la menor Sanne (Danica Curcic), más reticente, porque además arrastra su propia historia personal difícil. Antes de morir, Esther ha decidio reunir en su casa/mansión a toda la familia para una celebración adelantada de la Navidad.

La realización en el plano técnico es impecable. Puesta en escena, fotografía, sonido… Tiene el aire del teatro adaptado al cine, aunque que yo sepa es un guion original para este medio. Todo transcurre en la mansión familiar que tiene la familia en el campo. Las principales virtudes de esta historia que se desarrolla prácticamente en este único escenario, son las reflexiones sobre los dilemas éticos, sobre el derecho a decidir sobre la propia vida y a recibir una asistencia adecuada si uno decide terminarla. Pero también incide en algunos problemas de las relaciones familiares. El principal problema del filme es que se hace muy, muy previsible. Y salvo alguna escena que sorprende, como el “colocón” generalizado y familiar en un momento dado, vas viniendo venir los acontecimientos con mucha antelación.

También podemos dar un paseo otoñal por los barracones del castillo de Kronborg, en Helsingør, el escenario imaginado por Shakespeare para su dubitativo príncipe Hamlet.

El plano de las interpretaciones es otros de los puntos fuertes. En los últimos años, las cinematografías y las ficciones televisivas escandinavas se han ido abriendo y difundiendo por el resto del mundo y algunos intérpretes daneses están empezando a ser caras conocidas y apreciadas. A los mencionados, podemos añadir Pilou Asbæk, como el desastrado novio de Sanne, la hija menor, que tiene algunos muy buenos momentos, y que también me resulta conocido de algunas series televisivas.

Película que se deja ver, que plantea dilemas interesantes, con buena factura y buenas interpretaciones como digo, pero que te deja la sensación de que podrían haberse currado un poco más la historia y el guion, generando un drama más interesante, más intenso y más novedoso, cosa que no consiguen, dejándote una sensación de “déjà vu”.

Valoración

  • Dirección: ***
  • Interpretación: ****
  • Valoración subjetiva: ***

O volviendo a la capital, podemos alejarnos del bullicio de la gran ciudad por el parque que rodea al palacio de Rosenborg, en una tarde soleada de octubre.