[Cine] “As tears go by” o “Wonggok kaamun 旺角卡門” (1988)

Cine

As tears go by, también titulada, Wonggok kaamun 旺角卡門 (1988; 02/20210112)

Seguimos esta semana con el ciclo de películas de Wong Karwai, que empezó la semana pasada con In the mood for love. Aquella fue la primera película del ciclo porque es la más conocida, la que más personas arrastra a las salas, más si se proyecta en una víspera de festivo. A partir de esta semana, el resto de las películas del ciclo, creo que son seis, van en orden cronológico de su estreno. Y la que hoy nos ocupa, que nunca he visto, y que en IMDb no consta que se llegase a estrenar comercialmente en España, fue la primera película del realizador hongkonés. Película que ya de entrada fue presentada en la quincena de los realizadores de Cannes de 1988, con buen éxito de crítica.

La película se desarrolla principalmente en las calle de Mong Kok en Kowloon. Aunque también hay escenas, o un ir y venir de los protagonistas, entre Kowloon y la isla de Lantau, donde vive Ngor, el personaje femenino principal de la película.

Algunas aclaraciones sobre el título. En su distribución internacional, se conoce con el título en inglés de As tears go by. Pareciera que quisiera inspirarse en la conocida canción de Mike Jagger del mismo título, que estrenó Marianne Faithfull, aunque luego los Rolling Stones la incorporaron a su repertorio. Una canción melancólica por algo que se perdió. Pero desconozco si hay relación, y desde luego no aparece en la película. Pero el título original de la película, en cantonés es 旺角卡門, que se traduciría por Mong Kok Carmen. Siendo Mong Kok una conocida zona comercial de Hong Kong en la península de Kowloon, y reconocible para quien haya visitado la ciudad por las escenas rodadas en lo que parece el Ladies’ Market, y siendo Carmen una referencia al conocido carácter de la novela de Merimée. Algo no del todo bien entendido por los responsables de la película, porque el efecto del personaje femenino principal, Ngor (Maggie Cheung), sobre el protagonista masculino, Wah (Andy Lau), parecería el opuesto al de la gitana Carmen sobre don José. Pero esto es algo anecdótico. Porque en la primera colaboración de Wong con Cheung, la guapa actriz no deja de ser un personaje secundario, aunque importante.

En una de las paradas de metro de Mong Kok siempre animadas.

Son muchos los que han comparada esta película con Mean streets, una de las primeras películas de Scorsese, por sus analogías argumentales. El joven mafioso (Lau) que protege a su amigo/hermano poco inteligente y confundido, Fly (Jacky Cheung), en el mundo de los bajos fondos de la antigua colonia británica. Y en esas están cuando aparece la guapa primita que puede enderezar el rumbo del protagonista, si no fuera por que Fly va a meterlos en constantes embrollos con otros hampones.

La película está hecha con cuatro cuartos y se nota. Con una banda sonora electrónica de las que se llevaban en los años 80 y que en la actualidad chirría un tanto, se aprecia no obstante el talento del director, que saca adelante las limitaciones del filme con un rodaje atrevido, con encuadres y puesta en escena visual meritorios, y con un trabajo actoral que puede distar de lo que acostumbramos en occidente y en estos tiempos, pero que tiene también su mérito.

El ferry que lleva desde Kowloon, al fondo, hasta la isla de Lantau, hacen parada en los muelles de Central, en la isla de Hong Kong.

Esta primera película de Wong Karwai no es una obra maestra, pero teniendo en cuenta que es su debut en la dirección de largometrajes, no es de extrañar que se haya ganado el favor de la crítica de forma casi universal. Y fue la película más taquillera del director en su ciudad de origen hasta 2013 con The Grandmaster. La semana que viene… tendremos la primera de las tres apariciones del personaje Su Lizhen (interpretado por Maggie Cheung, mayormente, aunque no siempre) en las películas del director.

Valoración

  • Dirección: ***
  • Interpretación: ***
  • Valoración subjetiva: ***
Vista de los canales de Tai O en la isla de Lantau.

[Cine] In the mood for love… again

Cine

Hoy, esta mañana del día de reyes, está siendo extraña. Los días laborables suelo levantarme a las seis y media de la mañana. Los días de fiesta duermes “hasta tarde”… es decir, me despierto espontáneamente en algún momento alrededor de las ocho de la mañana. A veces a las siete y media, a veces a las nueve menos cuarto. Pero es raro que sea más tarde. Pero hoy me han dado las diez en la cama. Y como el termostato de mi sistema de calefacción tiene una programación diferenciada para días laborables y festivos, un miércoles lo trata como laborable, y hacía fresquito en casa. Así que me he levantado lento, lento, lento… cual poiquilotermo en un mañana fresca fresca. Buscando el calor externo donde lo pudiera encontrar, hasta que la calefacción, tras manipular un poco el termostato, me ha llevado de nuevo a una temperatura razonable.

Por lo tanto es casi la una menos cuarto de la “mañana” y no he hecho todavía todo lo que un domingo cualquiera hubiera tenido listo hacia las diez. Así que cuando me he puesto a decidir cual de los temas pendientes planteaba en este Cuaderno de ruta,… he entrado en situación de franca confusión. Por ello, he ido a lo más simple. A lo que tengo más inmediato. A aquello sobre lo que mis sensaciones son más frescas y recientes.

En el paseo de la fama del cine de Hong Kong no es difícil encontrar la presencia de esta película. Como no podía ser de otro modo.

En 2020 fue el 20º aniversario de la más celebrada obra del director de cine Wong Kar-Wai, Fa yeung nin wah [花樣年華], más conocida internacionalmente como In the mood for love, o en España como Deseando amar. Creo que en los países hispanoparlantes del otro lado del charco tiene otro nombre… pero no sé cual es. Su título original se traduce como el año o años o la época de las flores, siendo esta una metáfora de la juventud. Con motivo del aniversario, la película ha sido restaurada digitalmente y restregada en las salas de cine. Lo cual es una alegría de por sí. En Zaragoza, además, llega acompañada de un ciclo de películas del director que durará hasta mediados de febrero, con una película a la semana. Intentaré verlas todas. Ayer, hubo un evento especial en el que la película se proyecto en 4K de resolución, quizá demasiado nítido y limpio para mi gusto, y en versión original. Y allí estaba yo, mientras a mi alrededor el mundo enloquecía haciendo larguísimas colas en las tiendas para comprar los últimos regalos de reyes, los cuales nos traen “carbón” por haber sido malos y no haber estado lo suficientemente asociales en estas navidades, en forma de repunte de la curva epidémica del covid-19.

No incorporo la película a mi base de datos de películas de estreno, puesto que se encuentra presente en ella desde el 21 de marzo de 2001. Y en estos 20 años la he visto de nuevo en varias ocasiones, sólo una de forma proyectada, situación agradable aunque un tanto amateur, por lo que el lujo de verla con gran calidad y en pantalla realmente grande… si no fuera porque las proyecciones actuales de la película están dobladas, volvía estos días a verla. Siempre encuentras detalles nuevos.

Hay tres motivos por los que esta película me encanta:

  1. Es una obra maestra del cine. Pero de las gordas. Si las películas se clasifican en malas, regulares, normales, buenas y peliculones… esta están en la categoría “peliculón de la leche y del copón de la baraja”. Si me obligaran, a punta de pistola tendría que ser, a hacer una lista de las diez mejores películas que he visto, esta estaría allí, y no de las últimas. La combinación de excelencia en la dirección, en la interpretación, en el guion, en la dirección de fotografía, en la banda sonora, en el diseño de producción… la convierte en una película excelente por excelencia… valga la redundancia. Incluso si es relativamente desconocida para el gran público, y sólo reconocida como obra maestra por los cinéfilos recalcitrantes. Allá el gran público. Hace tiempo que digo que en cuestión de valoración de la creación artística, la democracia es un burruño.
  2. Es una obra maestra de lo romántico. Aunque sea de forma extremadamente triste y dolorosa, mientras se acompaña de los notas del violín y de los acordes del vals triste que Umebayashi Shigeru compuso… para otra película. ¡Pero que música, por lo que más queráis! Como nos transporta a unos sentimientos absolutamente maravillosos a la vez que insoportables. Por mi situación personal cuando la vi por primera vez en aquel marzo de 2000, me generó una profunda melancolía, que hizo que durante años me costase mucho volver a verla. O verla de vez en cuando. Tengo el combinado de DVDs en el que venía esta película y su secuela 2046. Y sin embargo, durante mucho tiempo tan apenas los usaba. Esto ya se me pasó. Aunque con posterioridad me agencié versiones de mejor calidad que el formato DVD para disfrutar de ambas películas.
  3. Porque esta película confirmó que estaba profundamente enamorado de Maggie Cheung. La elegancia con la que compone el personaje de Su Li-zhen, una mujer inteligente, sensible, simpática,… y encima guapísima… te derrite. Vestida con alguno de los alrededor de 40 qipao que luce en la película, con una mirada melancólica incluso cuando apunta una moderada sonrisa… te desarma.

Esta película es la que hizo que cuando hace unos años me preguntarán si me apuntaba a una agotadora, pero estupenda, escapada de una semana a Hong Kong dijera sí de inmediato, aunque el Hong Kong de 2016 tuviera poco que ver con el de 1962. Un Hong Kong en estos momentos muy baquetazo en sus libertades por el autoritarismos del gobierno chino… ante la mirada hacia otro lado de los gobiernos y prensa de occidente que no quiere incomodar al gigante chino. Poderoso caballero es don dinero.

En fin… si podéis. Ved la película. Y esforzaos un poco en ella, leche. Que merece la pena.

[Cine] The Grandmaster (2013)

Cine

The Grandmaster (一代宗師 – Yi dai zong shi, 2013), 19 de enero de 2014.

Cuando todo hacía pensar que este fin de semana tocaba ir a ver a Scorsese, nos encontramos con dos hechos. Uno, que teníamos que contar con tres horas de sesión… ¡qué manía de hacer películas interminables! Dos, que teníamos en cartelera a Wong Kar-Wai. En versión original además. Y como el director chino nos resulta siempre muy atractivo, y tan escaso de ver, que decidimos ir a ver una de… ¡artes marciales! ¡Quién lo iba a decir! Pues nada. A ello. Una advertencia que me gusta hacer. En esta entrada hay muchos nombres de personas chinas. Y allí ponen el apellido delante del nombre propio. Y así lo voy a hacer aquí, salvo en los nombres artísticos de intérpretes chinos que han occidentalizado su “nombre de pila”.

Este “gran maestro” al que hace referencia el título es el apelativo por el que se conoció en un momento dado al maestro de artes marciales chino Ip Man (Tony Leung Chiu Wai), cuya vida recorreremos en esta película. Una vida en la que pasó de se hijo de un acaudalado hombre del sur de China, a caer en la pobreza durante los años de la ocupación japonesa, perdiendo a su familia, hasta que refugiado en Hong Kong se convirtió en maestro de artes marciales, dando renombre mundial a estos modos de lucha tradicional china. Pero por el camino nos cuenta también su encuentro con Gong Er (Zhang Ziyi), hija de un maestro también de luchas marciales del norte del país, con quien tuvo un encuentro que les marcó a ambos, y que tuvo un destino más triste también durante la ocupación japonesa y el estado títere de Manchuria.

El río Ebro en Escatrón

No tengo fotografías de China… así que sigo con mis paisajes de la quedada fotográfica del sábado; el río Ebro en Escatrón.

Veamos. Tres cuestiones rápidas. Una, nunca me ha interesado gran cosa el tema de las artes marciales, y esta película no ha cambiado ese hecho. Dos, escondida en esta película hay una de esas historias de amor imposibles que antes hemos visto manejar con tanta habilidad al director, pero que aquí no adquiere el protagonismo necesario. Quizá porque la realidad histórica no lo permitió. Tres, la capacidad del director para producir bellas imágenes, para encajar estupendas bandas sonoras, para rodearse de estupendos directores de fotografía, sigue intacta. Por lo tanto, mis sentimientos ante esta película son contradictorios. Me parece una película muy bella, sobre algo que no me interesa casi nada. Si simplemente hubiese pasado de los personajes históricos, hubiese dejado de lado tanta coreografía marcial, y hubiese profundizado en la historia en la relación entre los dos personajes protagonistas, aunque no se correspondiese con la realidad, aunque hubiese sido una ficción… Creo que podría haber sido una película que me hubiera gustado bastante.

Más porque creo que sus dos protagonistas son excelentes. Tony Leung ya nos ha dado muestras suficientes de su calidad actoral en más de una ocasión, y sigue ahí. Y Zhang, a pesar de que ya nos es tan cría como su aspecto nos quiere hacer pensar, siempre ha sido una actriz con mucho potencial, más allá de sus formas de muñequita. De hecho, creo que va adquiriendo madurez y ofreciendo mejores registros interpretativos.

Pero sinceramente,… a pesar de todo lo anterior, ha habido ratos que me ha aburrido. Y es que cuando un plato no es de tu gusto, ya te lo puede apañar el mejor cocinero del mundo y con los mejores ingredientes… no lo disfrutas. Y eso es lo que me ha pasado a mí. Esta película, que me parece muy bien hecha, no me ha interesado nada. Esa otra película que podría haber sido… no lo sabremos nunca.

Valoración

  • Dirección: **** Wong tiene oficio para dar y vender.
  • Interpretación: **** Muy buenos intérpretes, contenidos, pero muy expresivos.
  • Valoración subjetiva: **  Lo dicho, la cosa de las artes marciales… me sobra. Y me falta un mayor desarrollo de las historias personales.

El río Ebro en Escatrón

Con el monasterio de Rueda al otro lado del azud. Estoy menos contento con las fotos que hice con la cámara digital que con la vieja Ikonta…

[Cine y libros] Me regalan un lector de libros electrónicos y revisito a Wong Kar-wai en un centro público de educación de adultos

Cine, Literatura

Dejo atrás la nostálgica entrada que in extremis publiqué ayer sobre los ochos años en los que vengo contándoos cosas en el Cuaderno de Ruta, y cuya redacción me produjo un ataque de morriña en parte debido también a algo que me pasó por la mañana.

Cuando llegué de trabajar a casa me encontré con un regalo vía Amazon. Por mi recientemente pasado cumpleaños. Un Kindle, un lector de libros electrónicos, en su modelo más básico y simplón. No soy extraño al hecho de leer libros en formato electrónico. Ya hace una década larga, cuando uno manejaba alguna ahora obsoleta PDA, leí mucho en estos dispositivos. Fue la época de la enfermedad de mi madre, en la que pasábamos muchas estancias en el hospital, y era una forma cómoda de llevar lectura en el bolsillo. También he leído ocasionalmente en el iPad, pero así como he considerado que este es un medio absolutamente ideal para reemplazar a las revistas de prensa tradicionales, con los libros no estaba tan convencido. Me resulta pesado, y su brillante pantalla no me parece la más adecuada para leer cómodamente. Así que en estas estamos cuando me llega este objeto, lector básico de la gama de Amazon, y que hasta el momento no le encuentro más que dos problemas, que probablemente se solucionen con modelos más avanzados. La pantalla no es táctil y necesitas luz ambiental para poder leer. Ayer ya me leí el 20% (aquí ya no me sale hablar en número de páginas) de La mecánica del corazón de Mathias Malzieu. Que de momento me está gustado bastante. Ya os contaré.

Por otra parte, hace unas semanas recibimos en nuestro CaFeZico habitual la invitación por parte de una nueva contertulia para asistir al ciclo de cine “Maestros de la luz”. Tres películas en el que el denominador común y motor para el debate era el excelente trabajo de dirección de fotografía. Una en blanco y negro, a la que no pude asistir, The Third Man, pero que casi me la sé de memoria. La de ayer, con predominio en la iluminación de interiores, In the Mood for Love, de la que ahora os comento un poco. Y la de dentro de dos semanas, en la que admiraremos la magia de la luz natural, Days of Heaven, una de las pocas que no he visto de Terrence Malick y que habrá que hacer por ir a ver.

Ya que no tengo fotografías de Hong Kong, antigua colonia británica en China, pondré alguna de la "Little China" en el Soho londinense.

Ya que no tengo fotografías de Hong Kong, antigua colonia británica en China, pondré alguna de la “Little China” en el Soho londinense.

Según mi base de datos de películas, que comprende lo que he visto en pantalla grande desde el 28 de diciembre de 1997 hasta la fecha, vi esta película el 10 de marzo de 2001. Recuerdo que fue en los desaparecidos Multicines Buñuel de Zaragoza. Y fue una película que me impresionó mucho, y me pareció tremendamente triste. Su título original es 花様年華, que vendría a ser algo así como “la época de la floración”, siendo In the Mood for Love el llamado título internacional que les clavan a las películas asiáticas para facilitar su venta, y Deseando amar las traducción aproximada que se le dio al título internacional en España. Dirigida magistralmente por Wong Kar-wai, está emotivamente interpretada por Maggie CheungTony Leung. La meritoria dirección de fotografía está compartida por Christopher DoyleMark Lee Ping Bin (*). Es una película que he visto tres veces. La original en el cine, cuando hace unos años compré en DVD el conjunto que forma con otra película de su director, 2046, y la de ayer. Cada vez que la veo aumenta mi consideración y mi apreciación sobre el filme, que en estos momentos considero uno de los más bonitos que he visto en mi vida. Pero de la misma forma, me sume en una profunda melancolía de la que me cuesta salir después; emocionalmente no me acaba de sentar bien. Quizá por eso, a pesar de disponer de ella en casa en cualquier momento, la he visto en pocas ocasiones. Pero desde luego la recomiendo sin ambages a cualquiera que se interese por el buen cine.

(*) Nota sobre los nombres chinos en esta película:

La convención habitual para los nombres de personas en china es citar primero el apellido y después el nombre propio. Así, el director de la película, nacido en Shanghái, aunque afincado en Hong Kong, tiene como apellido Wong, y su nombre de pila es Kar-wai. En algunos lugares, como en IMDb, alteran este orden y lo ponen a la occidental, es decir, Kar-wai Wong. Si os entra alguna duda, si una de las dos partes del nombre es bisílaba, esa es el nombre propio.

Para enredarla más, los artistas cuyo origen está en la antigua colonia británica de Hong Kong suelen adoptar un nombre artístico que incluye un nombre inglés y su apellido chino, ocultando su nombre de pila china. Así, Maggie Cheung tiene como nombre real Cheung Man Yuk, apareciendo en ocasiones como Maggie Cheung Man Yuk. El apellido siempre será Cheung, o algo similar según el sistema de transcripción a los alfabetos occidentales y según se considere el nombre en mandarín, Zhāng, o en cantonés, Jeung, que es el idioma propio de la antigua colonia. De forma similar, Tony Leung puede ser encontrado en algunos títulos de crédito como Tony Leung Chiu-Wai, ya que existe otro actor chino con el nombre de Tony Leung. El nombre real del actor es, como podréis deducir, Leung Chiu-Wai, siendo Leung el apellido (Liáng Cháowĕi en mandarín).

Por terminar este repaso, el segundo director de fotografía de la película aparece en los créditos como Mark Lee Ping Bin. Dejo a quienes leáis esto que deduzcáis cual es el papel de cada una de las partes del nombre.

En la película hay objetos que tienen una importancia simbólica notable: corbatas, zapatos y zapatillas, relojes, vestidos,... Y también la comida, especialmente los wantán y los tallarines, incluso algún chuletón... No los patos laqueados de la foto de un restaurante londinense.

En la película hay objetos que tienen una importancia simbólica notable: corbatas, zapatos y zapatillas, relojes, vestidos,… Y también la comida, especialmente los wantán y los tallarines, incluso algún chuletón… No los patos laqueados de la foto de un restaurante londinense.

My Blueberry Nights (2007)

Cine

My Blueberry Nights (2007), 22 de diciembre de 2008.

Aunque probablemente sea una de esas películas que pase relativamente desapercibidas por la raquítica cartelera de diciembre, esta obra de Wong Kar Wai levanta mi expectación, especialmente tras esas dos obras estrañas, difíciles pero muy interesantes que son Deseando amar y 2046.

En esta ocasión, abandona China y nos traslada a los Estados Unidos para mostrarnos una película de redescubrimiento personal. Una joven (Norah Jones) acaba de romper una relación, por lo que se encuentra muy afectada. Encuentra cierta comprensión y afecto en la persona de un cocinero (Jude Law) que le ofrece comprensión, conversación y pastel de arándanos (blueberries). En un momento dado, la joven inicia un viaje de 300 días en el que irá conociendo otras personas, a través de las cuales se irá descubriendo a sí misma, antes de volver con el cocinero… y bueno… es una historia romántica.

La realización es muy personal. Rodada en ambientes nocturnos en su mayoría, con unos encuadres e iluminación muy personal, muy subjetivas, desde mi punto de vista es estéticamente muy actual y agradable.

Las interpretaciones están muy bien. Especialmente las de los personajes que se va encontrando por el camino. El viejo policía alcohólico (David Strathaim), su ansiosa ex mujer (Rachel Weisz), la jugadora perdida de su padre (Natalie Portman), componen los contrapuntos mediante los que la protagonista se reafirmará a sí misma. Y lo hacen muy bien. Norah Jones se aplica por primera vez a la interpretación, además de ofrecernos con su dulce voz algún tema de la banda sonora, y no lo hace mal, aunque le faltan las tablas de sus compañeros de reparto. Pero aporta la dulzura de su físico, y hace creíble el personaje.

No me atrevo a recomendar esta película a todo el mundo. El estilo de dirección y el estilo visual no es estándar, y los traga palomitas pueden quedar atragantados. Pero quien quiera arriesgar un poquito, puede llevarse una agradable sorpresa. Yo le pongo un siete, con otro siete en la interpretación y un ocho en la dirección.

La película tiene un ambiente muy nocturno. Y las noches de Zaragoza, estos días de profundas nieblas, tienen un ambiente muy especial.

Semáforo rojo (color)

Glorieta de Sasera en la niebla, Zaragoza - Canon Digital Ixus 860IS