[Cine y libros] Me regalan un lector de libros electrónicos y revisito a Wong Kar-wai en un centro público de educación de adultos

Cine, Literatura

Dejo atrás la nostálgica entrada que in extremis publiqué ayer sobre los ochos años en los que vengo contándoos cosas en el Cuaderno de Ruta, y cuya redacción me produjo un ataque de morriña en parte debido también a algo que me pasó por la mañana.

Cuando llegué de trabajar a casa me encontré con un regalo vía Amazon. Por mi recientemente pasado cumpleaños. Un Kindle, un lector de libros electrónicos, en su modelo más básico y simplón. No soy extraño al hecho de leer libros en formato electrónico. Ya hace una década larga, cuando uno manejaba alguna ahora obsoleta PDA, leí mucho en estos dispositivos. Fue la época de la enfermedad de mi madre, en la que pasábamos muchas estancias en el hospital, y era una forma cómoda de llevar lectura en el bolsillo. También he leído ocasionalmente en el iPad, pero así como he considerado que este es un medio absolutamente ideal para reemplazar a las revistas de prensa tradicionales, con los libros no estaba tan convencido. Me resulta pesado, y su brillante pantalla no me parece la más adecuada para leer cómodamente. Así que en estas estamos cuando me llega este objeto, lector básico de la gama de Amazon, y que hasta el momento no le encuentro más que dos problemas, que probablemente se solucionen con modelos más avanzados. La pantalla no es táctil y necesitas luz ambiental para poder leer. Ayer ya me leí el 20% (aquí ya no me sale hablar en número de páginas) de La mecánica del corazón de Mathias Malzieu. Que de momento me está gustado bastante. Ya os contaré.

Por otra parte, hace unas semanas recibimos en nuestro CaFeZico habitual la invitación por parte de una nueva contertulia para asistir al ciclo de cine “Maestros de la luz”. Tres películas en el que el denominador común y motor para el debate era el excelente trabajo de dirección de fotografía. Una en blanco y negro, a la que no pude asistir, The Third Man, pero que casi me la sé de memoria. La de ayer, con predominio en la iluminación de interiores, In the Mood for Love, de la que ahora os comento un poco. Y la de dentro de dos semanas, en la que admiraremos la magia de la luz natural, Days of Heaven, una de las pocas que no he visto de Terrence Malick y que habrá que hacer por ir a ver.

Ya que no tengo fotografías de Hong Kong, antigua colonia británica en China, pondré alguna de la "Little China" en el Soho londinense.

Ya que no tengo fotografías de Hong Kong, antigua colonia británica en China, pondré alguna de la “Little China” en el Soho londinense.

Según mi base de datos de películas, que comprende lo que he visto en pantalla grande desde el 28 de diciembre de 1997 hasta la fecha, vi esta película el 10 de marzo de 2001. Recuerdo que fue en los desaparecidos Multicines Buñuel de Zaragoza. Y fue una película que me impresionó mucho, y me pareció tremendamente triste. Su título original es 花様年華, que vendría a ser algo así como “la época de la floración”, siendo In the Mood for Love el llamado título internacional que les clavan a las películas asiáticas para facilitar su venta, y Deseando amar las traducción aproximada que se le dio al título internacional en España. Dirigida magistralmente por Wong Kar-wai, está emotivamente interpretada por Maggie CheungTony Leung. La meritoria dirección de fotografía está compartida por Christopher DoyleMark Lee Ping Bin (*). Es una película que he visto tres veces. La original en el cine, cuando hace unos años compré en DVD el conjunto que forma con otra película de su director, 2046, y la de ayer. Cada vez que la veo aumenta mi consideración y mi apreciación sobre el filme, que en estos momentos considero uno de los más bonitos que he visto en mi vida. Pero de la misma forma, me sume en una profunda melancolía de la que me cuesta salir después; emocionalmente no me acaba de sentar bien. Quizá por eso, a pesar de disponer de ella en casa en cualquier momento, la he visto en pocas ocasiones. Pero desde luego la recomiendo sin ambages a cualquiera que se interese por el buen cine.

(*) Nota sobre los nombres chinos en esta película:

La convención habitual para los nombres de personas en china es citar primero el apellido y después el nombre propio. Así, el director de la película, nacido en Shanghái, aunque afincado en Hong Kong, tiene como apellido Wong, y su nombre de pila es Kar-wai. En algunos lugares, como en IMDb, alteran este orden y lo ponen a la occidental, es decir, Kar-wai Wong. Si os entra alguna duda, si una de las dos partes del nombre es bisílaba, esa es el nombre propio.

Para enredarla más, los artistas cuyo origen está en la antigua colonia británica de Hong Kong suelen adoptar un nombre artístico que incluye un nombre inglés y su apellido chino, ocultando su nombre de pila china. Así, Maggie Cheung tiene como nombre real Cheung Man Yuk, apareciendo en ocasiones como Maggie Cheung Man Yuk. El apellido siempre será Cheung, o algo similar según el sistema de transcripción a los alfabetos occidentales y según se considere el nombre en mandarín, Zhāng, o en cantonés, Jeung, que es el idioma propio de la antigua colonia. De forma similar, Tony Leung puede ser encontrado en algunos títulos de crédito como Tony Leung Chiu-Wai, ya que existe otro actor chino con el nombre de Tony Leung. El nombre real del actor es, como podréis deducir, Leung Chiu-Wai, siendo Leung el apellido (Liáng Cháowĕi en mandarín).

Por terminar este repaso, el segundo director de fotografía de la película aparece en los créditos como Mark Lee Ping Bin. Dejo a quienes leáis esto que deduzcáis cual es el papel de cada una de las partes del nombre.

En la película hay objetos que tienen una importancia simbólica notable: corbatas, zapatos y zapatillas, relojes, vestidos,... Y también la comida, especialmente los wantán y los tallarines, incluso algún chuletón... No los patos laqueados de la foto de un restaurante londinense.

En la película hay objetos que tienen una importancia simbólica notable: corbatas, zapatos y zapatillas, relojes, vestidos,… Y también la comida, especialmente los wantán y los tallarines, incluso algún chuletón… No los patos laqueados de la foto de un restaurante londinense.

De todo un poco: cinematografía, Stanisław Lem, y adolescentes protagonistas y aventureros

Cine, Literatura

Pues sí. Hoy me ha costado dar con un tema concreto para comentar. Pero he encontrado tres, de los que diré algo, aunque sea de forma breve. Si acaso, más adelante me extiendo en alguno de ellos, dedicándole una entrada completa.

10 directores de fotografía que dejan huella

Como aficionado que soy a la fotografía, necesariamente, con el tiempo, uno de los temas que me ha ido interesando en el cine es la dirección de fotografía. Ya he hecho algún comentario al respecto en entradas previas. Recordar a todo el mundo que una buena fotografía en el cine no quiere decir que tenga bonitos paisajes, o bonitas imágenes como postales de ciudades emblemáticas, como París o cosas por el estilo. Quiere decir que la iluminación produce una estética y un ambiente adecuado a los intereses del director, con dominio de los aspectos técnicos de la ciencia fotográfica aplicada a la imagen en movimiento, pero también con una creatividad artística que puede resultar realmente singular.

Y en Quésabesde nos lanzan una propuesta sobre 10 directores de fotografía que según ellos han dejado huella en la historia del cine. He visto otras listas en otros lugares, y parece no haber un consenso al respecto. Pero he visto películas creo que de los 10 profesionales que nos comentan, películas que recuerdo bien, y creo que es una buena lista, y que el artículo es recomendable. Y lo que es más recomendable todavía es ver las películas que estos artistas iluminaron con tanta maestría.

Aunque no necesariamente lo destacaría por encima de los otros nueve, la presencia en la lista a Christopher Doyle, me ha recordado la película Deseando amar (Fa yeung nin wa), y me han entrado muchas ganas de volver a verla. Desde luego tenía una iluminación maravillosa.

Noria - Prater

Desde que he leído el artículo de Quésabesde.com, no dejo de acordarme de la fotografía de "El tercer hombre", que debemos a Robert Krasker, que no está en la lista. Así que os dejo una imagen de una de las cabina de la noria del Prater, donde se desarrolló una célebre escena de la película (Panasonic Lumix LX-3).

Google y Stanisław Lem

Hoy está causando sensación en la blogosfera el doodle de Google dedicado al 60º aniversario de la publicación de Ciberiada de Stanisław Lem. El polaco es un escritor imprescindible en el campo de la ciencia ficción. Pero yo me atrevería a decir más, y creo que es un escritor imprescindible en la literatura del siglo XX. Y quizá el hecho de que se haya dedicado a la ciencia ficción lo ha relegado en los gustos del gran público y de los grandes reconocimientos literarios. No es una lectura necesariamente fácil. Pero si entras en ella, merece la pena. Habla de muchas cosas, importantes para el ser humano. Y es el escritor de Solaris una de mis favoritas en el género. Sin duda. También he hablado de ella.

La ciencia y la cultura en la noche

Lem, polaco, como Varsovia la capital del país, donde se alza el Palacio de la Ciencia y la Cultura, pesadilla arquitectónica propia de las distopías que tanto abundan en la ciencia ficción (Fujifilm Finepix F10).

Aventureros adolescentes

Actualmente es un negocio altamente rentable la literatura para adolescentes, protagonizada por personajes adolescentes. Los anglosajones la denominan young-adult fiction, supongo que extendiendo los potenciales lectores a los alumnos universitarios o gentes de edades similares. Fenómenos como las sagas de Harry Potter o Crepúsculo lo demuestran con sus elevadas ventas de libros. Y también por las inevitables producciones cinematográficas y su mercadería asociada, que aumentan vertiginosamente las cuentas corrientes de las autoras. Sí. Parece que son mujeres las que mejor saben sacar tajada a este boyante negocio.

Y vienen más. La actriz revelación entre las candidatas a los pasados óscars, aunque no se lo llevase, Jennifer Lawrence, va a protagonizar un nuevo producto de esta guisa, Los juegos del hambre. Cuando leí las noticias y el argumento no pude evitar recordar aquella película japonesa, Battle Royale, basada a su vez en su correspondiente obra literaria. Me pareció que se salía por completo del tono de este tipo de productos. Así que me prestaron el libro, el primero de la inevitable trilogía, y lo leí. Se lee en un pis-pas. Lectura muy fácil. Me resulta difícil no ver en esta historia una copia de la anterior pero suavizada para que sea asumible por la mojigata y simplona audiencia norteamericana. Y de rebote por la del resto del planeta. Es cierto que es entretenida. Pero la calidad literaria es muy discutible. Y además con la utilización exhaustiva al deus ex-machina, un recurso argumental que odio. No quiero ni hablar del romance adolescente metido con calzador, toque o no toque, supongo que para atraer al rentable y poco exigente público de quinceañeras. O incluso de chavalillas de menor edad, menos exigentes todavía.

Esto me hizo pensar en lo que yo leí cuando era un adolescente. Y más en concreto en aquellas novelas en las que los protagonistas eran igualmente adolescentes. Había series también. Yo recuerdo que leí varios libros de las aventuras de los Cinco, grupo de dos chicas, dos chicos y un perro, creado por la inglesa Enid Blyton, que corrían sus aventuras por tierras británicas. Muchas de sus costumbres, o de las cosas que comían y bebían, me parecían marcianas. No tenía ni idea de qué narices sería ni a qué sabría la cerveza de jengibre, hasta que ya con veintitantos me tomé un día un güisqui con ginger-ale, y até cabos. Pero el caso es que me entretuve mucho con aquellas aventuras. Aunque más que en la adolescencia, las disfrute en los años previos. Entre los 11 y los 14 años todo lo más. Allí no había peligro de empalagosos romances adolescentes. Todos los personajes eran hermanos o primos. De eso nos libraron.

Pero sobre todo recuerdo dos libros clásicos, con protagonistas adolescentes. Y cuando los comparas con las sagas actuales, se cae el alma al suelo, por la ínfima calidad literaria de los éxitos actuales en comparación. Desde luego está Jim Hawkins, protagonista junto con el “entrañable” Long John Silver de La isla del tesoro de Robert Louis Stevenson. Clásico entre los clásicos, apto para todos los públicos, y que debería ser de lectura obligatoria en lugar de las memeces actuales. Además, el referente clave para todas las aventuras de piratas que en el mundo han sido con posterioridad.

El segundo es el Dick Shelton y su compañera de aventuras y luego amada Joanna Sedley, en La flecha negra, también mira tú por donde de Stevenson. Lo cual lo convierte en mi escritor favorito en el terreno de la young-adult fiction. Aunque bastante menos conocida que la anterior, siempre tuve gran cariño a la hermandad de La flecha negra, gentes a modo de renacidos proscritos sajones pero trasladados a la época de la Guerra de las dos Rosas.

No quiero terminar este repaso a las aventuras protagonizadas por adolescentes, que en tiempos recientes han proliferado como setas, para recordar que una saga que, por lo menos en su primera trilogía, ya es un clásico. Me refiero a Star Wars. No podemos dejar de recordar que Luke Skywalker y Leia Organa, en la primera película son sólo eso. Dos adolescentes en busca de aventuras. Y a pesar de que el amor al dinero de su creador esté desvirtuando poco a poco la saga, no olvidemos que aquella primera película, con aquellos dos adolescentes y sus incautos y aventureros seguidores, nos encandiló a muchos durante muchos, muchos años.

Catapultas en Warwick

Demostración con catapultas en el castillo de Warwick; armas que probablemente se utilizaron en los asedios durante la Guerra de las Dos Rosas en Inglaterra (Canon EOS D60, EF 28-135/3,5-5,6 IS USM).