[Libro] Magnitud imaginaria

Literatura

Normalmente termino mis modestas reseñas sobre los libros que leo haciendo una recomendación sobre si quien accede a la reseña debería leer o no el libro que recomiendo (o no recomiendo). Siempre basado en mis gustos personales. Que no me considero ningún experto en literatura. Hoy puedo adelantar la recomendación. Con carácter general, no recomiendo este libro. Que por otra parte, adelanto también, me ha encantado. Pero es que su autor es el polaco Stanisław Lem (pronúnciese algo así como stanisuaf lem). Y esto quiere decir mucho.

Magnitud imaginaria. Biblioteca del Siglo XXI
Stanisław Lem (Traducción de Jadwiga Maurizio)
Editorial Impedimenta; Madrid, 2010
ISBN: 9788493760120

Palacio de la Cultura y la Ciencia

Ya que estamos con un escritor polaco, hoy con mis fotos nos iremos a Varsovia, donde reina el “monstruoso” y “soviético” Palacio de la Ciencia y la Cultura.

Este libro forma parte del esfuerzo que Impedimenta está realizando en los últimos años de rescatar algunas de las obras más destacadas del escritor polaco. Bien con nuevas ediciones de algunas de sus obras, o incluso, con nuevas traducciones de otras. En muchas ocasiones, las versiones en castellano de las que disponíamos eran traducciones de traducciones, y no traducciones directas del polaco. En su conjunto, las obras que está publicando constituyen una minicolección, la Biblioteca del Siglo XXI.

La obra es un conjunto de relatos, que no nos cuentan historias propiamente dichas. Cada una de ellas es el prólogo a una obra imaginaria. En una nos hablará del fotógrafo pornógrafo que utiliza una máquina de rayos X para sus imágenes. En otra de la “bitística”, cuando las máquinas compitan con el hombre por la creación de la obra literaria. O que decir de las bacterias que, por selección natural en sus caldos de cultivo, aprenden a comunicarse en morse, siendo capaces de predecir el futuro. O ese folleto informativo sobre una enciclopedia que sólo nos habla de los hechos que todavía tienen que acontecer.

Rynek Starego Miasta

Más agradable para pasear es el reconstruido y coqueto Rynek Starego Miasta en la ciudad vieja.

Monumento a la resistencia

No faltan los monumentos que recuerdan los sufrimientos de los polacos durante la guerra mundial, de la que Lem salió vivo por los pelos, siendo católico de ascendencia judía.

Concebidas estas historias en parte como sátiras, en parte como reflexiones sobre la condición humana, en parte como anticipación de avances o descubrimientos que todavía tienen que acaecer, y que pueden ser bastante más duros para la condición humana que los que aquí se satirizan. Todos ellos, aunque situados en un futuro indefinido, ponen en solfa determinados comportamientos o temas generales del ser humano actual. Sea el sexo, sea el arte, sea el pensamiento, sea la visión que tenemos de la historia, sea los objetivos de la ciencia.

No son relatos sencillos de leer. Escritos como sesudas introducciones a las no menos sesudas obras ficticias que prologan, están escritos con pretendida profundidad y con abundancia de neologismos cuyo significado a veces es evidente, y otras no tanto. Aunque en este caso, piadosamente el autor nos da pistas para su comprensión. El autor,… o su traductor. Porque el esfuerzo para dar sentido en castellano a estos escritos originalmente en un idioma que tan extraño nos resulta como el polaco, ha debido ser considerable.

Como decía al principio, no recomiendo con carácter general esta obra ni casi ninguna de Lem. Pero no por culpa del polaco, que me parece uno de los autores más interesantes del siglo XX. Sino porque los estómagos de las gentes están hechos más para la comida rápida que para los platos que necesitan ser saboreados lentamente, y digeridos cuidadosamente. Y estas son las obras de Lem. Ahora bien. Quien entra en su juego literario y de pensamiento, lo disfrutará siempre.

Copernico

Y si nos movemos en el terreno de la ciencia, no podremos dejar de recordar a Copérnico, quien nos puso en nuestro lugar en el universo. O por lo menos en el universo entonces conocido.

Nowy Swiat

Pero dejémonos de trascendencias y paseemos y tomémonos unas cervezas y luego a cenar en la animada Nowy Świat.

De todo un poco: cinematografía, Stanisław Lem, y adolescentes protagonistas y aventureros

Cine, Literatura

Pues sí. Hoy me ha costado dar con un tema concreto para comentar. Pero he encontrado tres, de los que diré algo, aunque sea de forma breve. Si acaso, más adelante me extiendo en alguno de ellos, dedicándole una entrada completa.

10 directores de fotografía que dejan huella

Como aficionado que soy a la fotografía, necesariamente, con el tiempo, uno de los temas que me ha ido interesando en el cine es la dirección de fotografía. Ya he hecho algún comentario al respecto en entradas previas. Recordar a todo el mundo que una buena fotografía en el cine no quiere decir que tenga bonitos paisajes, o bonitas imágenes como postales de ciudades emblemáticas, como París o cosas por el estilo. Quiere decir que la iluminación produce una estética y un ambiente adecuado a los intereses del director, con dominio de los aspectos técnicos de la ciencia fotográfica aplicada a la imagen en movimiento, pero también con una creatividad artística que puede resultar realmente singular.

Y en Quésabesde nos lanzan una propuesta sobre 10 directores de fotografía que según ellos han dejado huella en la historia del cine. He visto otras listas en otros lugares, y parece no haber un consenso al respecto. Pero he visto películas creo que de los 10 profesionales que nos comentan, películas que recuerdo bien, y creo que es una buena lista, y que el artículo es recomendable. Y lo que es más recomendable todavía es ver las películas que estos artistas iluminaron con tanta maestría.

Aunque no necesariamente lo destacaría por encima de los otros nueve, la presencia en la lista a Christopher Doyle, me ha recordado la película Deseando amar (Fa yeung nin wa), y me han entrado muchas ganas de volver a verla. Desde luego tenía una iluminación maravillosa.

Noria - Prater

Desde que he leído el artículo de Quésabesde.com, no dejo de acordarme de la fotografía de "El tercer hombre", que debemos a Robert Krasker, que no está en la lista. Así que os dejo una imagen de una de las cabina de la noria del Prater, donde se desarrolló una célebre escena de la película (Panasonic Lumix LX-3).

Google y Stanisław Lem

Hoy está causando sensación en la blogosfera el doodle de Google dedicado al 60º aniversario de la publicación de Ciberiada de Stanisław Lem. El polaco es un escritor imprescindible en el campo de la ciencia ficción. Pero yo me atrevería a decir más, y creo que es un escritor imprescindible en la literatura del siglo XX. Y quizá el hecho de que se haya dedicado a la ciencia ficción lo ha relegado en los gustos del gran público y de los grandes reconocimientos literarios. No es una lectura necesariamente fácil. Pero si entras en ella, merece la pena. Habla de muchas cosas, importantes para el ser humano. Y es el escritor de Solaris una de mis favoritas en el género. Sin duda. También he hablado de ella.

La ciencia y la cultura en la noche

Lem, polaco, como Varsovia la capital del país, donde se alza el Palacio de la Ciencia y la Cultura, pesadilla arquitectónica propia de las distopías que tanto abundan en la ciencia ficción (Fujifilm Finepix F10).

Aventureros adolescentes

Actualmente es un negocio altamente rentable la literatura para adolescentes, protagonizada por personajes adolescentes. Los anglosajones la denominan young-adult fiction, supongo que extendiendo los potenciales lectores a los alumnos universitarios o gentes de edades similares. Fenómenos como las sagas de Harry Potter o Crepúsculo lo demuestran con sus elevadas ventas de libros. Y también por las inevitables producciones cinematográficas y su mercadería asociada, que aumentan vertiginosamente las cuentas corrientes de las autoras. Sí. Parece que son mujeres las que mejor saben sacar tajada a este boyante negocio.

Y vienen más. La actriz revelación entre las candidatas a los pasados óscars, aunque no se lo llevase, Jennifer Lawrence, va a protagonizar un nuevo producto de esta guisa, Los juegos del hambre. Cuando leí las noticias y el argumento no pude evitar recordar aquella película japonesa, Battle Royale, basada a su vez en su correspondiente obra literaria. Me pareció que se salía por completo del tono de este tipo de productos. Así que me prestaron el libro, el primero de la inevitable trilogía, y lo leí. Se lee en un pis-pas. Lectura muy fácil. Me resulta difícil no ver en esta historia una copia de la anterior pero suavizada para que sea asumible por la mojigata y simplona audiencia norteamericana. Y de rebote por la del resto del planeta. Es cierto que es entretenida. Pero la calidad literaria es muy discutible. Y además con la utilización exhaustiva al deus ex-machina, un recurso argumental que odio. No quiero ni hablar del romance adolescente metido con calzador, toque o no toque, supongo que para atraer al rentable y poco exigente público de quinceañeras. O incluso de chavalillas de menor edad, menos exigentes todavía.

Esto me hizo pensar en lo que yo leí cuando era un adolescente. Y más en concreto en aquellas novelas en las que los protagonistas eran igualmente adolescentes. Había series también. Yo recuerdo que leí varios libros de las aventuras de los Cinco, grupo de dos chicas, dos chicos y un perro, creado por la inglesa Enid Blyton, que corrían sus aventuras por tierras británicas. Muchas de sus costumbres, o de las cosas que comían y bebían, me parecían marcianas. No tenía ni idea de qué narices sería ni a qué sabría la cerveza de jengibre, hasta que ya con veintitantos me tomé un día un güisqui con ginger-ale, y até cabos. Pero el caso es que me entretuve mucho con aquellas aventuras. Aunque más que en la adolescencia, las disfrute en los años previos. Entre los 11 y los 14 años todo lo más. Allí no había peligro de empalagosos romances adolescentes. Todos los personajes eran hermanos o primos. De eso nos libraron.

Pero sobre todo recuerdo dos libros clásicos, con protagonistas adolescentes. Y cuando los comparas con las sagas actuales, se cae el alma al suelo, por la ínfima calidad literaria de los éxitos actuales en comparación. Desde luego está Jim Hawkins, protagonista junto con el “entrañable” Long John Silver de La isla del tesoro de Robert Louis Stevenson. Clásico entre los clásicos, apto para todos los públicos, y que debería ser de lectura obligatoria en lugar de las memeces actuales. Además, el referente clave para todas las aventuras de piratas que en el mundo han sido con posterioridad.

El segundo es el Dick Shelton y su compañera de aventuras y luego amada Joanna Sedley, en La flecha negra, también mira tú por donde de Stevenson. Lo cual lo convierte en mi escritor favorito en el terreno de la young-adult fiction. Aunque bastante menos conocida que la anterior, siempre tuve gran cariño a la hermandad de La flecha negra, gentes a modo de renacidos proscritos sajones pero trasladados a la época de la Guerra de las dos Rosas.

No quiero terminar este repaso a las aventuras protagonizadas por adolescentes, que en tiempos recientes han proliferado como setas, para recordar que una saga que, por lo menos en su primera trilogía, ya es un clásico. Me refiero a Star Wars. No podemos dejar de recordar que Luke Skywalker y Leia Organa, en la primera película son sólo eso. Dos adolescentes en busca de aventuras. Y a pesar de que el amor al dinero de su creador esté desvirtuando poco a poco la saga, no olvidemos que aquella primera película, con aquellos dos adolescentes y sus incautos y aventureros seguidores, nos encandiló a muchos durante muchos, muchos años.

Catapultas en Warwick

Demostración con catapultas en el castillo de Warwick; armas que probablemente se utilizaron en los asedios durante la Guerra de las Dos Rosas en Inglaterra (Canon EOS D60, EF 28-135/3,5-5,6 IS USM).

[Libro y cine] Solaris

Cine, Literatura

Para cualquier aficionado al género de la ciencia ficción, decir Solaris es mencionar un referente fundamental del género. Un referente extraño a los productos más comerciales del género, pero de obligada visita. Como dice un amigo mío, cuando visitas Solaris, tu visión de lo que es la ciencia ficción, especialmente en lo que se refiere a una serie de temas, cambia, y tus expectativas aumentan. Por lo que los productos más comerciales dejan de ser interesantes. Yo también estoy de acuerdo. Cuando leí Solaris por primera vez, dejé de leer asiduamente ciencia ficción. Y lo que leo, salvo cuando expresamente reconozco que es por evasión, busco que tenga un cierto sentido más allá del entretenimiento.

Pero la emblemática novela de Stanisław Lem ha trascendido el medio literario, y ha dado lugar a dos adaptaciones cinematográficas, una de ellas capital en la cinematografía del género. La que se denomíno como el equivalente al 2001, una odisea del espacio de más allá del telón de acero. La otra, como veremos, más olvidable.

Recientemente, la editorial Impedimenta ha publicado una nueva versión de la novela de Lem. Estando escrito el original en polaca, ha sido una costumbre habitual que las traducciones de obras literarias de idiomas más minoritarios o extraños a nuestro medio sea indirectas a través de las versiones en inglés. O en francés, como era el caso de la que hasta ahora habíamos tenido ocasión de leer. La nueva versión es traducción directa de la versión original. Y en general se piensa que esto añade valor a la obra traducida. En cualquier caso, en estas últimas semanas la he leído, y he aprovechado para revisitar las dos películas más conocidas que adaptaron esta historia a la pantalla grande (hubo alguna adaptación previa para la televisión soviética que no ha trascendido especialmente).

Solaris, el libro

Solaris
Stanisław Lem
Impedimenta; Madrid, 2011
ISBN: 9788415130093 

El psicólogo Kris Kelvin es un experto solarista. Un científico que ha dedicado buena parte de su vida al estudio de Solaris, un planeta descubierto unas décadas antes, recubierto por un extraño “oceano”, con características de ser vivo. Incluso, según algunos, de ser pensante. Capaz de influir en los campos gravitatorios y magnéticos de su entorno, ya que gira en torno a un sistema estelar doble, que debería dar inestabilidad a su órbita. Kelvin es reclamado en la estación científica que orbita Solaris. Una estación pensada para decenas de científicos, pero que en la actualidad sólo está ocupada por tres. Su amigo Giborian, Snaut y Sartorius. Los informes que de la estación llegan son confusos, y es necesario que alguien investigue, y se tomen decisiones sobre el futuro de la misión. Misión cuyo objetivo fundamental es entrar en contacto con la inteligencia que gobierna el planeta, si esta existe.

Sin embargo, cuando Kelvin llega a la estación se encuentra conque las cosas no van especialmente bien. Giborian se ha suicidado, y además de los otros científicos, otras personas, unos “visitantes”, se encuentran en la estación. Pronto, la misma noche de la llegada, recibe la visita de su propio “visitante”. Se trata de Harey(*), su mujer, que murió por suicidio cuando apenas tenía 20 años. Tras un primer rechazo, en el que se deshará de ella enviándola al espacio, volverá a materializarse ante él, y acabará aceptándola, primero como su mujer, luego como alguien con quien quiere estar. Pero también será evidente, que estos “visitantes” compuesto por extraño estado de la materia a base de agregados de neutrinos, teóricamente inestables, son producto de Solaris. Y a partir de ahí, diversos dilemas se plantean ante Kelvin y ante el resto de los moradores de la estación.

La narración está planteada desde el punto de vista de Kelvin. Son sus recuerdos, sus estudios, sus lecturas, sus vivencias los que nos condicionan constantemente la visión que tenemos del planeta, del resto de los personajes, del ambiente en la estación espacial. Pero el tema fundamental es el contacto con una inteligencia alienígeana, cuya existencia no está clara, pero que parece más que probable, pero que por su naturaleza tan distinta de la del ser humano parece inaprensible. De aquí se derivan temas secundarios, como la naturaleza misma de lo que es un ser humano, de cómo percibimos al otro, de qué sentido tienen nuestras relaciones, de cómo nos comunicamos y nos incomunicamos. La respuestas a muchas de las preguntas queda abierta al lector, y queda a cada cual quedarse con las que más le satisfagan o mejor expliquen su propio universo.

Personalmente, a mí me resultan fascinantes los “visitantes”, verdaderos precursores de los “replicantes” de Blade Runner, o de los cylones de la moderna Galactica, entre otros, al permitirnos confrontarnos con las características que son esenciales al ser humano, incluso cuando la composición de los cuerpos sea diversa. Con la diferencia de que no están creados por el propio ser humano, sino por una inteligencia externa e incomprendida. El eterno problema de cómo definimos que es ser humano. Sus caracteres físicos y biológicos frente a su intelecto, voluntad y deseos.

Como ya he sugerido en la introducción, es una lectura imprescindible para todo amante de la ciencia ficción, pero también recomendable para cualquier lector a quien no le importe plantearse preguntas trascendentes sobre sí mismo, y sin prejuicios hacia el género. En cuanto a que sea una nueva traducción, creo que el texto en castellano es más fresco y más actual que el de la primera versión que leí hace más de 20 años.

(*) Nota: En algunos textos o versiones, el personaje femenino aparece como Harey, mientras que en otros aparece como Hari. La grafía española más aproximada a la pronunciación sería la segunda, siempre teniendo en cuenta que la h es aspirada. Sin embargo, a lo largo del artículo he optado por denominarla Harey por motivos que se explican al llegar al apartado de la segunda película, la adaptación norteamericana de la historia.

Un sol rojizo sobre un oceano, y eventualmente alguna formación rocosa; como me recuerda esta vista del mallorquín Cabo Formentor al planeta Solaris - Canon EOS D60, EF 28-135/3,5-5,6 IS USM

Solaris, 1972

Para empezar, nos encontramos con que esta adaptación a la novela de Lem es de uno de los directores insignes del cine soviético, Andréi Tarkovski. Con la reflexiva interpretación de Donatas Banionis en el papel de Kelvin, y la intensa interpretación de Natalia Bondarchuk como Harey, la historia difiere en determinados aspectos de la original, con un extenso preludio en el que asistimos a la preparación del viaje de Kelvin en la Tierra. También hay diferencias importantes en la parte final del filme, que tiene más de dos horas y media de duración.

Las caracteres propios más importantes del film de Tarkovski son que el tema del contacto con la inteligencia exterior es un tema secundario, mientras que es principal en la novela. Aquí se centra más en el conflicto interno que sufre Kelvin cuando se ha de enfrentar a sus deseos más profundos, representados por Harey. Fundamentalmente, Kelvin es una persona que todavía está doliente después de 10 años del suicidio de su joven mujer, y no se sobrepuesto al hecho. La influencia de Solaris hará que el objeto perdido se reencarne, y los antiguos miedos reaparezcan. Es una historia de conflicto interno, y sin un cierre claro.

El filme se desarrolla lentamente, reflexivamente, y está lleno de elementos simbólico (el caballo, el cuadro de los lobos, el estanque junto a su casa en la tierra) cuyo significado en ocasiones se me escapa. Pero en cualquier caso es una película que también debería ver todo aficionado a la ciencia ficción seria, a pesar de que determinados elementos han quedado técnicamente sobrepasados.

Solaris, 2002

Por algún motivo que desconozco, el para mí sobrevalorado Steven Soderbergh se lanzó a realizar una nueva adaptación cinematográfica de la obra de Lem, contando como reclamo a George Clooney en el papel de Kelvin, y a la encantadora británica Natascha McElhone como Rheya (que es Harey, pero cambiando de orden las letras; por esto he conservado esta última grafía del nombre de la protagonista). Y con estas premisas, la cosa se empieza a estropear. Se empieza a desvirtuar. Porque desde mi punto de vista, Soderbergh elimina mucha de las reflexiones y los temas que el original literario poseía, y lo reduce al conflicto de Kelvin, científico doliente por el suicidio de su esposa gestante, mujer ya madura, nunca más poco más que una adolescente, que explica muchas de las cosas del original. La historia incluye también determinadas alteraciones del final de la historia para llegar a una especie de final feliz, cuando menos discutible.

Desde mi punto de vista, una película prescindible, que no aporta nada a las dos obras anteriores limitándose a intentar hacerla más digerible para los públicos mayoritarios. Cosa que tampoco consiguió. Filme no reconmendable salvo para las más fanáticas admiradoras del actor.

Puesta de sol desde Cabo Formentor

Minutos más tarde de la imagen anterior, el sol se pone por el horizonte que forman el cielo y el Mar Mediterráneo - Canon EOS D60, EF 28-135/3,5-5,6 IS USM

Lecturas de vacaciones – Ciberiada y Una mujer en Berlín

Literatura

Terminan hoy mis vacaciones. La primera y más sustanciosa parte de ellas. Tres semanas repartidas en dos tercios de viaje y un tercio de asuntos domésticos y dolce far niente. La vida contemplativa. Qué bien viene de vez en cuando. Y con la vida contemplativa, la ocasión de leer de forma más reposada.

En estas vacaciones han caídos dos libros; Ciberíada de Stanisław Lem y el anónimo Una mujer en Berlín. Dos libros muy distintos en el género, en el fondo y en la forma.

El primero de ellos me lo llevé de viaje a Polonia. Tengo la costumbre de intentar que la lectura que me llevo a los viajes tenga que ver de una forma u otra con el lugar donde viajo. Y en esta ocasión, la elección recayó sobre Ciberíada, una de las obras más conocidas del más famoso escritor polaco de ciencia ficción, Stanisław Lem. Nos cuenta las aventuras de Trurl y Klapaucio, dos constructores que van recorriendo la galaxia ofreciendo sus servicios por doquier, y metiéndose en unos líos considerables de los que siempre salen más o menos airosos. No es ciencia ficción dura. No hay una plausibilidad científica en las cosas que suceden, aunque refleja un notable interés por la revolución cibernética que el autor supone con buen criterio que está a punto de producirse. El libro, por ponernos en situación, es de 1967, momento en el que todavía no se había desarrollado como hasta el momento el mundo de los ordenadores. También es un libro que reflexiona sobre las virtudes y los defectos del ser humano, y especialmente sobre la búsqueda de la felicidad, eso sí, por medios bastante extravagantes. Es un libro entretenido, siempre y cuando estés dispuesto a admitir variantes imaginativas sobre los trillados caminos de la ciencia ficción.

El segundo libro lo he leído en la última semana. La verdad es que me ha durado poco. Me enganchó. Lo cogí con interés. Una mujer en Berlín es un diario autobiográfico escrito por una editora y periodista alemana entre el 20 de abril y el 22 de junio de 1945 en Berlín, durante la invasión soviética de la capital alemana y las semanas que siguieron al götterdämmerung nazi. El libro se publicó de forma anónima, ya que una de las cuestiones que más marca el contenido del diario es las violaciones repetidas que sufrieron las mujeres alemanas por parte de los soldados del ejército soviético. Entre las mujeres violadas en repetidas ocasiones, la propia autora del libro. Sin embargo, a pesar de la barbarie que nos cuenta, el estilo de la redacción consigue mantenerse relativamente frío. Muy descriptivo. Y evidentemente, la autora se pone de parte de las mujeres que en su conjunto quedan definidas como las auténticas heroínas en la demencia de la guerra. No obstante, permanecer en consideraciones sobre el aspecto más morboso del relato no nos debe confundir. El diario es un estupendo relato de un ambiente y de unos hechos que quizá no han sido contados y difundidos lo suficiente. El miedo a morir, el miedo al hambre, el miedo al otro; todo ello mezclado con ejemplos de solidaridad ciega o interesada. No hay reflexiones de naturaleza política. La autora, que claramente no pertenece al partido nacionalsocialista, no define con claridad su posición política. Simplemente, se limita a ser una observadora de una realidad. La escritura del diario, casi con toda seguridad, le sirve también como escape a la barbarie que la rodea. En general, me parece un libro recomendable.

Con posterioridad a su lectura, he averiguado que la segunda edición en Alemania, de la que es traducción la que yo he leído, sólo se produjo tras la muerte de la autora, que ante la frialdad y las críticas negativas que recibió en su primera edición en los años 50, se negó a que se volviera a publicar en vida. En la actualidad, el libro parece haber tenido una acogida mucho mejor, probablemente porque la distancia sobre los hechos acontecidos, el progresivo mejor papel de la mujer en la sociedad y el cambio en las condiciones políticas lo han permitido. Incluso conocemos ya quién fue la autora. Y como no creo que nada de lo que narra sea un oprobio para su honor, todo lo contrario, diremos quién fue. La periodista alemana Marta Hillers.

Al igual que Berlín quedó destruida por la guerra, también lo fueron muchas de las ciudades que he visitado en mis vacaciones. Afortunadamente, se ha reconstruido con fidelidad partes de sus cascos históricos, para que podamos disfrutar de cómo fueron. Como el bello Rynek de Wrocław, durante la guerra la alemana Breslau, totalmente destruida en los últimos meses del conflicto bélico. Fue una de las últimas ciudades alemanas en rendirse; lo hizo seis días después que Berlín, y sólo un día antes de la rendición incondicional alemana. Alguna de las personas que salen en el libro son refugiados de la región de Silesia, donde se encuentra esta hermosa ciudad.

Rynek - Wroclaw

(Canon EOS 40D; EF 24-105/4L IS USM)

Los desconocidos traductores; a propósito de Matilde Horne

Literatura

Leí ayer en Papel en blanco la noticia del fallecimiento de Matilde Horne. Hasta ayer, yo no recordaba quién era Matilde Horne; seguro que lo he sabido alguna vez. Pero fue un conocimiento de esos que no perduran en la memoria más allá de unos minutos,… o segundos. Con frecuencia, cuando leo un libro de un autor extranjero me voy a las primeras páginas y miro a ver quién es el traductor. La mayor parte de las veces desconozco quién es, y se me olvida. Matilde Horne, una argentina exiliada por motivos políticos, tradujo en colaboración con Minotauro algunas importantes obras de fantasía y ciencia ficción.

Dicho todo lo anterior, hace muchos años tomé conciencia de la importancia de los traductor. Puede parecer anecdótico, pero estaba escuchando la radio mientras trabajaba en un mañana allá por 1995, y un grupo de contertulios radiofónicos hablaban de El Perich, humorista gráfico realmente gracioso, que acababa de fallecer. Y uno de los datos que me sorprendió fue que este humorista catalán era el responsable de traducir los álbumes de Astérix al español. Esta es una de las tareas más difíciles que se me ocurren en este campo. Los chistes, las bromas, en los distintos idiomas, suelen tener un carácter localista que hace que dejen de tener gracia en la traducción. Hay que ser un artista para conseguir mantener la frescura y la gracia como conseguía El Perich. Yo, que he leído los álbumes del pequeño galo en los dos idiomas, he conseguido reirme igualmente en ambos.

Desde entonces, aumentó mucho mi respeto por la profesión de traductor. Son personas que aunque no puedan estar al mismo nivel que el autor original puesto que no intervienen en el proceso creativo de la obra en sí misma, deben y muchas veces consiguen transmitir el nivel literario de la obra original. No sólo tienen que ser competentes en la mera traducción, sino que deben ser capaces de expresarse por escrito a niveles muy altos en el idioma que les es propio. Muy difícil. Mucho.

Matilde Horne ha muerto estos días. Probablemente, la noticia de su fallecimiento ha tenido cierta repercusión al ser la traductora de las dos últimas partes de El Señor de los Anillos, obra de mayor impacto mediático de las que tradujo al español. También por la cicatería de Editorial Planeta, que compró Minotauro y los derechos sobre sus obras, que no pasaba nada por los derechos de traducción, aprovechándo las lagunas documentales y legales que había provocado el anterior propietario. Y todo eso a pesar de los pingües beneficios que saca de las obras de Tolkien. Compró los derechos muy poco antes de estrenarse la primera película, lo que hizo que se multiplicaran las ventas de la obra literaria. No diré más.

Así que yo he leído “la obra de Horne“. Y no sólo durante las aventuras de Frodo y compañía. También con las de El Invencible de Stanislav Lem. Y cómo no, con la bella Solaris, también del escritor polaco. Y alguna otra en la que ahora no caigo, y que estará por ahí.

Ayer estuve viendo en vídeo Casanova, que es una película más bien flojita, pero en la que sale Venecia. Así que no me puedo aguantar. Hay va un rinconcito de la ciudad en la laguna.

Rincón soleado

(Pentax K10D; SMC-A 50/2)