[Libro] Atapuerca – 40 años inmersos en el pasado

Ciencia, Historia, Literatura

Sigo con los tiempos justitos para ir actualizando el blog, aunque el fin de semana haya sido más relajado. Así que hoy voy con un breve comentario sobre este libro de National Geographic, en el que uno de los codirectores del programa de investigación de Atapuerca, Eudald Carbonell, junto con la periodista Rosa M. Tristán, dan un repaso a este interesante proyecto sobre la evolución humana, que ya tiene más de 40 años de recorrido.

Indudablemente, uno de los viajes donde más cerca me sentí de los temas relacionados con la evolución humana fue cuando recorrí en agosto de 2003 el Perigord. Nombres como Le Moustier, La Madeleine o las cuevas de Lascaux están muy ligados a este tema. Y término como “musteriense” o “magdaleniense” que suelen aparecer cuando se habla de las culturas de los hombres primitivos, tienen su origen en estos lugares perigordinos.

Eudald Carbonell i Roura es un investigador que siempre me ha parecido muy interesante. En primer lugar, por su multidisciplinaridad. Geólogo e historiador y arqueólogo, ha demostrado que lejos de estar enfrentadas, humanidades y ciencias son complementos necesarios en el saber humano, pero eso sí, ambas precisan de un rigor y un método en el estudio, que no es exclusivo ni a unas ni a otras. Y que sus métodos, aunque diferenciados, deben corresponder a principios filosóficos y éticos no tan apartados los de las unas de los de las otras. Había leído ya previamente algún ensayo de divulgación científica suyo que me había parecido sumamente interesante. Tanto por sus contenidos, como porque se moja en temas delicados o conflictivos. Pero con criterio. Rosa M. Tristán [Twitter] es una periodista especializada en ciencias, de la que no sé gran cosa. Pero ya os he puesto los enlaces correspondientes por si queréis saber algo más de lo que hace.

En el lado de los contras, normalmente no me siento atraído por los libros de divulgación de la National Geographic. Aunque bien ilustrados y muy bien presentados, en ocasiones he detectado cierta superficialidad en los planteamientos de sus publicaciones, y no dejan de presentar ciertos sesgos propios de cierto americanocentrismo en su visión del mundo. Pero en esta ocasión, el libro venía acompañada de una muy buena oferta en la plataforma de libros electrónicos, y el tema siempre me ha gustado. Especialmente cuando en los últimos años se han ido publicando hallazgos que están revolucionando la forma en que percibimos la evolución de nuestra especie. Y la de todas las especies… que no somos tan especiales.

El libro es irregular. A ratos, la minuciosa descripción de todos y cada uno de los yacimientos del programa de investigación se nos aparece un poco prolija y cansina, para luego emocionarnos con el relato de los descubrimientos y la interpretación de los mismos, cambiante en el tiempo conforme se acumulan nuevas pruebas y nuevos datos. Para luego volver a entrar en la monotonía derivada del evidente interés propagandístico del libro. Lo que los autores llaman “socializar” los frutos de la investigación del programa. Es comprensible que quieran comunicar al gran público lo que está pasando ahí, y es loable el esfuerzo, pero a ratos, cansino.

Globalmente es un libro razonablemente interesante si te gusta el tema, cuyos capítulo menos interesantes acabarás leyendo más en diagonal, mientras prestas atención a aquellos que destilan más jugo y enriquecen más tus conocimientos sobre el tema. Y el libro no deja de aportar, por lo tanto el balance final es razonablemente positivo, aunque no entusiasmante.

[Ciencia] Echemos “una mano” a la teoría de la evolución

Ciencia

La teoría de la evolución es una teoría científica. Por lo tanto, es un constructo realizado por científicos que pretende dar explicación a una parte del mundo tal como la observamos y la experimentamos. Será válida en tanto en cuanto se dé buena maña para seguir explicando nuestras observaciones y nuestros experimentos, y en tanto en cuanto nuevos datos no la ponga en cuestión. Es una herramienta de trabajo. Básica en la actuales ciencias biológicas.

Y sin embargo, a pesar de su carácter aséptico como teoría científica, desde sus primeras formulaciones pasando por su primer gran sintetizador  y sistematizador, Charles Darwin, ha sido objeto de críticas, furibundas en muchas ocasiones, de grupos políticos y religiosos, que siente amenazados su lugar y su influencia en el mundo por el mayor conocimiento que el progresivo desarrollo científico ofrece a las personas.

En cualquier caso, como consecuencia de estas polémicas, que no debieran existir si realmente Homo sapiens fuese un animal racional, como formuló algún bienintencionado extremadamente optimista e ingenuo, el conocimiento que sobre la teoría de la evolución tiene el común de los mortales es bastante difuso y con frecuencia erróneo. Desde Amazing.es han rescatado un vídeo elaborado para el portal TED en el que se explican con bastante claridad los principios de esta teoría. Está en inglés subtitulado al castellano.

Espero de esta forma contribuir un poco a que realmente, poco a poco, los seres humanos se ajusten a esa optimista, o ingénua, definición de animales racionales. Que no es poco.

Curiosidad

Paseando un domingo por la mañana por la orilla del río Ebro en Zaragoza, que iba un poco crecido, encontramos un sinnúmero de ejemplos de adaptación evolutiva al ambiente. A cada cual observarlos y descubrirlos, que ahí está la gracia.

[Ciencia y superstición] El zodiaco, y esa misteriosa fuente de energía que debería existir y que la gente corriente llama sol

Ciencia

El zodiaco… ¿qué es el zodiaco?

Etimológicamente, procede de una palabra griega que significaría “círculo de animales”. En astronomía se define por una banda circular de constelaciones del firmamento tal cual lo vemos desde el planeta Tierra, por la cual se desplaza aparentemente el Sol a lo largo del año. Recordamos que es un movimiento aparente. Que es la Tierra la que gira alrededor del Sol en un periodo de tiempo que definimos como un año, y que al hacerlo así, el fondo de estrellas sobre el que vemos al Sol va cambiando a lo largo del año. A las constelaciones de estrellas que incluyen porciones de esta banda circular del firmamente por la que aparentemente circula el Sol, las llamamos constelaciones zodiacales o constelaciones del zodiaco.

En un momento dado, las constelaciones del zodiaco debieron ser las 12 a las que los mitos populares otorgan propiedades “mágicas” y que han dado nombre a los signos del horóscopo occidental, ámbito de la falsa ciencia que se ha dado en denominar “astrología“. La astrología no deja de ser un conjunto de supersticiones sin base alguna según los cuales la posición de los astros influiría de una forma u otra sobre nuestras vidas a un nivel sobrenatural. Pero en la actualidad, por el fenómeno de la precesión de los equinoccios, debida a la variación de la inclinación del eje de rotación de la Tierra respecto al plano de su órbita, el conjunto de constelaciones por las que aparentemente se desplaza el sol a lo largo del año ha variado. Lo ha hecho constantemente y progresivamente. Y por eso ahora se ha publicado la noticia de que el horóscopo tiene ahora 13 signos, porque la constelación de Ofiuco forma parte del tapiz del zodiaco.

El tema es que esta novedad, porque no otra cosa es una noticia salvo algo que se presupone novedoso y es necesario comunicar por su interés, no lo es. A lo largo de mi vida, ya se ha dado en diversas ocasiones. Y en realidad, hace muchos, muchos, muchos años, que esta constelación forma parte del zodiaco astronómico. Porque en astronomía las cosas no pasan de repente de la noche a la mañana. Y si esto da lugar a noticias es porque, tristemente, los medios de comunicación dan una relevancia absolutamente desmesurada y sin sentido a las supersticiones de la gente, contribuyendo a mantenerlas y a hacer de este mundo un lugar menos racional y menos seguro. Lo que decía. Triste.

Reloj astronómico (Catedral)

El reloj astronómico de la catedral de Estrasburgo (Francia) tiene una esfera celeste con las constelaciones del firmamento - Panasonic Lumix LX3

Si la teoría de la evolución fuese cierta… el sol debería existir

En la ciencia y sus demonios publicaban hace unos días una anécdota que me hizo partirme de risa por fuera, y llorar amargamente  por dentro por la estupidez del ser humano. Había localizado el autor del artículo un comentario en un foro, en el cual un creacionista utilizaba la segunda ley de la termodinámica como argumento en contra de la teoría de la evolución. Más o menos decía que según esta ley, la vida no podría evolucionar de seres más simples a seres más complejos, ya que la entropía de un sistema está condenada siempre a aumentar. Así pues, según el nota este, lo razonable es pensar en que un dios nos hizo perfectos y que por culpa de la termodinámica nos vamos deteriorando, o algo así. Argumentaba que para que sucediese lo que la teoría de la evolución proclama, tendría que existir una fuente de energía, grande, potente, continua, virtualmente inagotable a nuestras escalas temporales, que permitiese que el sistema se volviese más complejo.

Como dice el amigo de ese blog,… ¡coñe! ¡acaba de inventar conceptualmente al sol! Sí. El sol. Esa estrella que tenemos a solo 150 millones de kilómetros de distancia, y que desde que cumplí los cuatro años aprendí que es importante porque nos da luz y calor. Es decir, traducido a términos más científicos, cantidades ingentes de energía electromagnética, en distintas longitudes de onda, que efectivamente permite que la vida evolucione. El infrarrojo nos calienta y nos hace estar a gustito, la longitud de onda visible nos permite ver y permite la fotosíntesis, la radiación más energética provoca las mutaciones en el ADN que permiten la evolución a nuevas especies…

Efectivamente, para que la evolución de las especies se produzca es necesario que el sol esté ahí donde está. Y de hecho eso es lo que pasa. ¡Serán tontos!

Aquí no había un eclipse... más tarde lo hubo

Faltan unos 20 minutos para que el sol naciente, y el tapiz de estrellas que cubre el firmamento ha desaparecido sobre este paisaje de la provincia de Huesca; salvo una que apenas se ve entre las nubes, probablemente una errante,... planetas, las llamaban los griegos - Canon EOS 5D Mk.II, EF 24-105/4L IS USM

Algo queda de los primeros europeos, los neandertales

Ciencia

Me aficioné a los temas sobre evolución del género humano desde muy jovencito. Muy pronto entendí que lejos de lo que suponía la educación religiosa católica que impartían los padres escolapios en los años 60 y 70, los seres humanos no podíamos ser explicados por un argumento tan simplón como “estar hechos a imagen y semejanza” de un dios, que siempre me ha parecido que tenía debilidades demasiado humanas. Ira, venganza, amor, preferencias étnicas o raciales,… son caracteres de la divinidad judeocristiana que uno encuentra en la Biblia. Así que desde adolescente decidí que para entender lo que eramos era mejor seguir las enseñanzas iniciadas por Darwin más que las de Moisés y los evangelistas oficiales. Pronto se extendió esta idea en mi interior a cualquier actividad o concepto de la vida cotidiana.

Fue en los años 90 cuando más tiempo le dediqué en mis ratos libres a conocer con más profundidad el estado de la cuestión. En aquellos momentos, estaban en su apogeo las teorías surgidas de los primeros estudios genéticos aplicados a la evolución humana con resultados contrastados. Por aquel entonces, dos grandes teorías peleaban entre sí para explicar como surgió la última de las especies de la estirpe humana, Homo sapiens.

Por un lado, un grupo de científicos, apoyándose en el registro fósil y en las diferencias morfológicas de los seres humanos que habitan en las distintas regiones del mundo, defendía la teoría de la evolución multirregional. Los distintas especies previas a Homo sapiens, como Homo erectus o los neandertales, habrían evolucionado hacia la especie moderna de forma simultánea y con interconexiones entre unas y otras que permitieron la unidad como especie.

Por otro lado, otro grupo de científicos, más apegados a las modernas técnicas de genética molecular, tras estudiar la variabilidad del ADN humano, nuclear o mitocondrial, llegaban a la conclusión de que todos los seres humanos modernos procedíamos de un grupo de seres humanos que habitaron en algún lugar de África hace entre 100.000 y 200.000 años, y que se expandieron por el mundo sustituyendo a las poblaciones de especies más primitivas. Es la teoría Out-of-Africa. Esta fue la que poco a poco fue ganando más popularidad entre la comunidad científica afianzándose, aunque sin conseguir la unanimidad total, como paradigma vigente.

Pero si he empezado este artículo contrastando el “conocimiento” basado en la fe religiosa con el conocimiento procedente de la ciencia, en este punto volveré a diferenciar el comportamiento científico y el religioso. Y es que en ciencia no hay dogmas. Cualquier teoría es tan buena como el soporte que obtenga de la observación y de la experimentación. Mientras estas no la contradigan, vale; cuando esto no es así, es el momento de proponer un nuevo paradigma y seguir hacia adelante.

En estos días se ha hecho público un artículo en la revista Science, en su número del 7 de mayo, en el que se da a conocer la secuenciación del genoma del Homo neandertalensis. Predecesor de la especie humana en Europa y Oriente Próximo sobre todo, su registro fósil permitía deducir algunas similitudes notables pero también algunas diferencias. Se sabía positivamente que tuvieron que coincidir durante unos miles de años. Una de las preguntas lógicas que se han planteado desde hace tiempo es si en alguna ocasión hubo procreación entre las dos especies. Y si la hubo, si esta fue fértil y dejó descendencia. Si esto último fue así, incluso habría que discutir si realmente somos dos especies distintas o dos variantes extremas de una sola. Tal vez dos subespecies de una misma especie. Los resultados han sorprendido. Un 2% de los genes de los seres humanos de Europa, Asia y Oceanía (los nativos americanos serían descendientes de los asiáticos) parecen proceder de antepasados neandertales, con una variabilidad entre el 1 y el 4%. En algún momento, de forma puntual, en su migración fuera de África, los humanos modernos procrearon vástagos fértiles con los neandertales. Y esto abre un nuevo mundo de posibilidades sobre el que no me considero capacitado para comentar o prever en estos momentos. Habrá que estar al tanto.

En cualquier caso, mi precoz intuición juvenil parecía acertada. No me parece que seamos el resultado de un “soplo divino” en un momento dado; somos la consecuencia de un largo proceso evolutivo en el que han intervenido como protagonistas muchos actores y muchos mecanismos biológicos y físicos.

De momento, quizá sea recomendable pasarse por la presentación especial que la revista Science ha preparado sobre el genoma neandertal.

Schönbrunn

Homo sapiens de origen africano con unas gotitas de neandertal en los jardines del Schönbrunn Schloss de Viena - Panasonic Lumix LX3

El hombre y el oso cuanto más feo más hermoso

Humor

El dicho que he reproducido en el título de esta entrada era todo lo más que se me había ocurrido hasta ahora como relación “biológica” entre el ser humano y el oso. Y afectaba sólo a uno de los sexos de la especie humana. Sí, ambas especies son mamíferos y esas cosas. Pero vamos…

Pero en medio de las celebraciones del bicentenario del nacimiento de Charles Darwin, en pleno de las celebraciones sobre el padre de la Teoría de la Evolución, llega el autodenominado Circo Mundial y nos propone explicaciones alternativas a la ascendencia evolutiva del ser humano. Y se quedan tan panchos.

Bueno. Hoy me apetecía tomármelo con humor.

El hombre y el oso

Innovaciones científicas en el mundo del circo, anunciadas en la Plaza de España de Zaragoza - Panasonic Lumix LX3

La ciencia y los legisladores norteamericanos

Ciencia, Humor

Digo “los legisladores norteamericanos” porque son los que más juego dan en estas cosas, y porque son los más proclives a salir en los medios. Pero vaya usted a saber lo que hacen o piensan los legisladores de otros lugares.

Creo que ya he comentado en alguna ocasión aquello de que se atribuye a Einstein que sólo hubiera dos cosas infinitas, el Universo y la estupidez humana. Y que del Universo no estaba seguro. Pues bien, ejemplo notorio de tal estupidez es que parece ser que el estado de Illinois ha votado que Plutón, “degradado” a planeta enano por la Unión Astronómica Internacional, vuelva a ser planeta. Sin “enano”. O por lo menos, recupera esa categoría cuando cruce los cielos (“…that as Pluto passes overhead through Illinois’ night skies, that it be reestablished with full planetary status. …”) del Estado de Illinois. De ello nos informaron en Microsiervos.

En la misma entrada nos informan de que hace un tiempo, en el Estado de Indiana decidieron que pi, el número irracional que establece la relación entre el diámetro de una circunferencia y su perímetro, tuviese un valor de 4 en lugar de los 3,14159265…. que muchos conocemos. Supongo que los señores legisladores no pasaron de la tabla del 4 cuando aprendieron a multiplicar,… y que multiplicar por varias cifras y con comas… uffff, ¡qué difícil!

Y no hablemos de las decisiones de ciertos organismos públicos del Estado de Kansas sobre el creacionismo y la Teoría de la Evolución… ¡Panda de cenutrios!

Cualquier día de estos, algún parlamento deroga la ley de la gravedad y acaba provocando la destrucción del Universo por disgregación de todos sus componentes incapaces de atraerse mutuamente por efecto de sus masas…

En fin, para quienes no comprenden los misterios del espacio y el tiempo, por lo menos que sepan leer la hora…

Las del tío Pedrete

Las "del tío Pedrete" en el reloj de sol del Parque del Agua, Zaragoza - Pentax *ist DS; SMC-A 35/2,8

Feliz cumpleaños, Charles

Ciencia

Me estuve acordando todo el día. Pero no tuve ocasión de sentarme a actualizar este Cuaderno de Ruta. Ayer fue el aniversario del nacimiento de Charles Robert Darwin. Hace 200 años, este británico nacía en Shrewsbury, y comenzaba una vida en el que iba a revolucionar no sólo el mundo de la biología, sino el de la ciencia en general, así como algunos de los conceptos filosóficos y religiosos que durante siglos se habían mantenido.

Wikipedia.org - Fotografia de dominio público)

Charles Darwin (Fuente: Wikipedia.org - Fotografía de dominio público)

La formulación de la Teoría de la Evolución supuso un fuerte choque frente a las ideas preconcebidas del origen de los seres vivos. La comprensión de que lo conocido, generalmente lo reflejado en los textos sagrados de las religiones monoteístas occidentales, no podía ser tomado al pie de la letra indujo fuertes cambios en la mentalidad de las gentes.

Hoy día, cualquier persona con un nivel razonable de cultura debiera comprender claramente el concepto de evolución biológica, aceptarlo como una teoría científica más válida para explicar una serie de fenómenos observados en la naturaleza, y sin más problemas. Sin embargo, todavía encontramos integristas religiosos, y no sólo en los países pobres con bajos niveles de educación y cultura, que rechazan el conocimiento científico adquirido en estos dos siglos, pretendiendo devolvernos a la “caverna ideológica” de las religiones intransigentes.

En cualquier caso, dejemos que el sentimiento que predomine hoy sea la alegría de que el mundo disfrutó de la vida y la presencia de una persona observadora, reflexiva, sin prejuicios o con capacidad de crítica de los mismos, que nos ofreció algún modelo de cómo debemos pensar cuando observamos el mundo que nos rodea.

Abadia de Westminster

Abadia de Westminster, lugar de reposo de los restos de Charles Darwin - Canon EOS D60; composición de cuatro imágenes

(presunto) Intelectual y creacionismo

Ciencia, Política y sociedad

Los domingos no tengo la costumbre de leer el periódico. Entre semana en el trabajo, tengo disponible siempre dos periódicos, uno de carácter local y otro de carácter regional, que me permiten comprobar entre otras cosas si “salimos en la prensa”. No es que varíe mucho mi tarea cotidiana, pero las administraciones públicas, y yo trabajo para uno, a veces sufren bandazos según marche la opinión publicada. A través de Google Reader, leo los titulares de un diario de carácter nacional. Pero los domingo, nada en papel.

Claro que siempre encuentro un rato para visitar a mi padre que fiel a una costumbre de décadas, todos los domingos se compra el Heraldo. Y en el día de descanso suele venir acompañado de un suplemento con el impronunciable nombre de XLSemanal. A pesar de que colabora en él alguna que otra firma presuntamente ilustre, nunca me ha gustado mucho, y muchos domingos, como el pasado, lo ignoro.

He aquí que a través de Microsiervos, me dirijo a leer un artículo firmado por Juan Manuel de Prada sobre creacionismo y evolucionismo. Y me sirve para constatar una cosa. Vivimos en un país muy inculto en la que incluso los intelectuales, en este caso procedente del mundo de las letras, confunden términos y conceptos, y además lo hacen con relativa impunidad.

Veamos.

La teoría de la evolución es una teoría científica. Charles Darwin intenta explicar la diferenciación de las especies, la generación de las mismas y los contenidos del registro fósil en la Tierra mediante una serie de proposiciones basadas en la observación y en la experimentación. Esta teoría no es válida de forma intrínseca. Esta teoría es válida mientras las ulteriores observaciones o nuevos experimentos resulten de acuerdo a las predicciones que establece. En algún momento, puede suceder que falle en explicar alguno de las observaciones y los experimentos, y por lo tanto habrá que modificar la teoría o, si es preciso, formular una nueva. La mecánica newtoniana fue el paradigma aceptado por la física para explicar el movimiento de las partículas durante más de doscientos años, hasta que determinadas observaciones la situaron en una situación de crisis resuelta temporalmente por la teoría de la relatividad que formuló Einstein. Este nuevo paradigma ya está en crisis, y en la actualidad los físicos buscan una nueva teoría que explique nuestro universo. La evolución de las especies tal y como la formuló Darwin también ha sufrido modificaciones  en su conceptualización teórica, conforme los nuevos conocimientos han aportado nuevos datos.

Como vemos, las teorías científicas no son planteamientos dogmáticos. Son herramientas científicas para procurar un avance del conocimiento del mundo que nos rodea. Son métodos de trabajo y modelos para la mejor comprensión del mundo. Y por definición, están sometidas continuamente a la crítica y al escepticismo de los científicos.

El creacionismo es una creencia religiosa. Es decir, forma parte de la fe de algunas personas que creen en algo indemostrable, que es la existencia de una inteligencia superior que crea el mundo y a sus habitantes. No hay forma de demostrar la existencia de dicha inteligencia superior, la cual adopta distintas formas y actitudes según el grupo de personas que son adeptos a ella. Estos grupos de personas no suelen admitir críticas hacia la inteligencia superior en la que creen, y su cuerpo teórico está basado en dogmas, cuya negación supone la expulsión del grupo para el que la formula.

En principio, teorías científicas y creencias religiosas no tendrían porque entrar en conflicto. Estas últimas no son el interés de los científicos como tales científicos, aunque pueden manifestar interés por ellas como personas. Sin embargo, con frecuencia los grupos religiosos se han sentido amenazados por el desarrollo científico y han negado e incluso perseguido hasta con gran violencia este progreso de las ciencias. En la actualidad, también se da que algunos grupos religiosos pretenden equiparar sus creencias con la ciencia y exigen que se estudien en el mismo plano educativo cuando no de forma exclusiva. Son grupos fanáticos e incultos, aunque pueden acumular mucho poder. Así que el conflicto, innecesario, está servido.

El señor de Prada, en su artículo, toma partido por estos grupos fanáticos, defendiéndoles y asimilando conceptualmente las teorías científicas y las creencias religiosas. Por lo tanto, habrá que suponerle la misma incultura que al resto de activista creacionistas. Aunque el no se pronuncia sobre cual es su sistema de creencias. Obviamente, aunque como de costumbre las editoriales mencionan aquello de que no se responsabilizan de las opiniones de sus colaboradores, el mantenimiento de un escritor de este talante define a los responsables de la publicación dominical en cuestión. Que por otra parte, y bajo la libertad de prensa, tiene todo el derecho a opinar. Faltaría más. Aunque vendría bien que se documentaran.

Planta

Naturaleza en el Alto de Alcubierre (Huesca). Canon EOS D60; EF 28-135/3,5-5,6 IS USM

Ser ciudadano y la teoría de la evolución

Ciencia, Política y sociedad

Microsiervos presenta una de esas noticias que parecen curiosas, pero que al mismo tiempo nos ponen la carne e gallina.

Se trata de un gráfico en el que se expresa la aceptación de la Teoría de la Evolución por los ciudadanos de distintos países, estudiada en muestras (suponemos que obtenidas al azar) de entre 500 y 1500 individuos. El estudio se publicó en Science. El gráfico es el que se presenta a continuación:

Aceptación de la evolución por pa�ses

Bueno, los hispanos no estamos mal; podemos estar en un 70-75% de aceptación de una teoría, que científicamente en sus términos generales, está bastante demostrada. Cambia con el tiempo, conforme se encuentran nuevos datos, pero en general se afianza sobre bases cada vez más amplia. Pero he aquí que en nuestra metrópoli, en la cabeza del imperio, en los EE.UU., la aceptación de la teoría de la evolución está sólo en un 40% de la población. Y eso que es el país donde más avanzada está la ciencia y la tecnología. Pero desgraciadamente también es uno de los países occidentales dónde más arraigada está la religión, unida una incultura basal de sus habitantes. A mí me parece procupante. E ilustrador. Y en este país seguimos confiando la educación de muchos futuros ciudadanos a instituciones religiosas. ¿Estamos locos?

Se nos viene encima la primavera a marchas forzadas. Y eso no es necesariamente bueno. Así que hoy os dejo un poco de nieve en la foto. En Las Canteras, entre Huesca y Almudévar.

Blanco

 

(Fujifilm Finepix F10)