Libro: Ligeramente desenfocado

Fotografía, Literatura

Cuando Robert Capa desembarcó con las tropas norteamericanas en Omaha Beach, una de las playas normandas donde se realizó el desembarco aliado en Francia, fotografió lo que pudo aquel infierno, hasta completar cuatro carretes; 144 imágenes. Estos carretes fueron inmediatamente mandados a revelar y a procesar, y un laborante de Life los sometió a una temperatura excesiva estropeando la emulsión. El fatídico resultado fue que sólo pudieron ser aprovechados 11 fotogramas, que no se veían con excesiva nitidez. En los pies de foto, Life puso que las fotografías estaban “slightly out of focus“, ligeramente desenfocadas, como consecuencia de la azarosa situación en la que se encontraba el fotógrafo, inmerso en una batalla durísima y sangrienta. Ese “slightly out of focus” es el título que eligió el propio Capa para el libro en el que relató su crónica personal de su intervención como reportero gráfico en la II Guerra Mundial.

Ligeramente desenfocado.
Madrid: La Fábrica Editorial, 2009.
ISBN: 978-84-92498-87-1

Robert Capa, judío exiliado húngaro, quiso ser en primera instancia periodista, redactor. Pero acabó tomando en sus manos una cámara fotográfica, donde encontró su auténtico destino. No obstante, quiso tomar la máquina de escribir en 1947 para ofrecernos en palabras lo que de alguna manera ya nos había ofrecido en imágenes. Su visión y su vivencia de ese gran fracaso de la humanidad que fue la II Guerra Mundial.

La crónica se lee fácil, el estilo es directo; no hay alardes literarios. Va a contar lo que quiere contar, y ya está. Pero lo que es realmente importante es el tono. La ironía es constante. Capa hace gala de un humor excelente, incluso cuando está narrando los momentos más duros, aquellos que comprometían su integridad física, moral o sentimental. Sí, también sentimental. Porque en paralelo a su historia como reportero gráfico discurre la relación que tuvo con Pinky, apodo que le puso a la pelirroja Elaine Justin (en el libro aparece como Elaine Parker). Pero no sólo hay amor, también hay mucha tristeza. Y un reflejo del miedo que se siente cuando tu vida está en peligro constantemente.

Aunque la acción no abarca más que el período en el que participó en la contienda mundial, en el escenario europeo, no se olvida de España, donde comenzó su carrera como reportero de guerra en 1936. Según nos cuenta, entró en París subido en un carro de combate bautizado con el nombre de Teruel, lugar que visitó durante nuestra contienda nacional, y tripulado por republicanos españoles que peleaban en la 2ª División Acorazada del General Leclerc. También nos cuenta como, una vez liberado el sur de Francia, bajó al sur del país, y acompañó a un grupo de antiguos milicianos republicanos a una incursión en el Valle de Arán. El final de este episodio es uno de los que destilan mayor tristeza en el libro. Realmente, estoy seguro que Capa pensaba que a los aliados se les olvidó liberar Madrid tras Roma y París. Es de los que piensan que la lucha contra el fascismo no empezó en el 39, sino el el 36 en España. Poco agradecidos se mostraron los aliados ante este hecho.

No me quiero alargar mucho más. Encuentro la lectura de este libro muy recomendable. Tanto por su estilo, como por su tono, como por las reflexiones se suscita. Además esta ilustrado con una abundancia de fotografías del autor, de los acontecimientos que narra. Mejor que mejor.

La imagen más icónica de las que tomó Capa fue la muerte de un miliciano español en Cerro Muriano, Córdoba. Uno se la encuentra hasta en el S-Bahn de Berlín.

Savignyplatz (Estación)

Miliciano español en la estación de Savignyplatz, Berlín (Alemania) - Fujifilm Finepix F10

Lecturas de vacaciones – Ciberiada y Una mujer en Berlín

Literatura

Terminan hoy mis vacaciones. La primera y más sustanciosa parte de ellas. Tres semanas repartidas en dos tercios de viaje y un tercio de asuntos domésticos y dolce far niente. La vida contemplativa. Qué bien viene de vez en cuando. Y con la vida contemplativa, la ocasión de leer de forma más reposada.

En estas vacaciones han caídos dos libros; Ciberíada de Stanisław Lem y el anónimo Una mujer en Berlín. Dos libros muy distintos en el género, en el fondo y en la forma.

El primero de ellos me lo llevé de viaje a Polonia. Tengo la costumbre de intentar que la lectura que me llevo a los viajes tenga que ver de una forma u otra con el lugar donde viajo. Y en esta ocasión, la elección recayó sobre Ciberíada, una de las obras más conocidas del más famoso escritor polaco de ciencia ficción, Stanisław Lem. Nos cuenta las aventuras de Trurl y Klapaucio, dos constructores que van recorriendo la galaxia ofreciendo sus servicios por doquier, y metiéndose en unos líos considerables de los que siempre salen más o menos airosos. No es ciencia ficción dura. No hay una plausibilidad científica en las cosas que suceden, aunque refleja un notable interés por la revolución cibernética que el autor supone con buen criterio que está a punto de producirse. El libro, por ponernos en situación, es de 1967, momento en el que todavía no se había desarrollado como hasta el momento el mundo de los ordenadores. También es un libro que reflexiona sobre las virtudes y los defectos del ser humano, y especialmente sobre la búsqueda de la felicidad, eso sí, por medios bastante extravagantes. Es un libro entretenido, siempre y cuando estés dispuesto a admitir variantes imaginativas sobre los trillados caminos de la ciencia ficción.

El segundo libro lo he leído en la última semana. La verdad es que me ha durado poco. Me enganchó. Lo cogí con interés. Una mujer en Berlín es un diario autobiográfico escrito por una editora y periodista alemana entre el 20 de abril y el 22 de junio de 1945 en Berlín, durante la invasión soviética de la capital alemana y las semanas que siguieron al götterdämmerung nazi. El libro se publicó de forma anónima, ya que una de las cuestiones que más marca el contenido del diario es las violaciones repetidas que sufrieron las mujeres alemanas por parte de los soldados del ejército soviético. Entre las mujeres violadas en repetidas ocasiones, la propia autora del libro. Sin embargo, a pesar de la barbarie que nos cuenta, el estilo de la redacción consigue mantenerse relativamente frío. Muy descriptivo. Y evidentemente, la autora se pone de parte de las mujeres que en su conjunto quedan definidas como las auténticas heroínas en la demencia de la guerra. No obstante, permanecer en consideraciones sobre el aspecto más morboso del relato no nos debe confundir. El diario es un estupendo relato de un ambiente y de unos hechos que quizá no han sido contados y difundidos lo suficiente. El miedo a morir, el miedo al hambre, el miedo al otro; todo ello mezclado con ejemplos de solidaridad ciega o interesada. No hay reflexiones de naturaleza política. La autora, que claramente no pertenece al partido nacionalsocialista, no define con claridad su posición política. Simplemente, se limita a ser una observadora de una realidad. La escritura del diario, casi con toda seguridad, le sirve también como escape a la barbarie que la rodea. En general, me parece un libro recomendable.

Con posterioridad a su lectura, he averiguado que la segunda edición en Alemania, de la que es traducción la que yo he leído, sólo se produjo tras la muerte de la autora, que ante la frialdad y las críticas negativas que recibió en su primera edición en los años 50, se negó a que se volviera a publicar en vida. En la actualidad, el libro parece haber tenido una acogida mucho mejor, probablemente porque la distancia sobre los hechos acontecidos, el progresivo mejor papel de la mujer en la sociedad y el cambio en las condiciones políticas lo han permitido. Incluso conocemos ya quién fue la autora. Y como no creo que nada de lo que narra sea un oprobio para su honor, todo lo contrario, diremos quién fue. La periodista alemana Marta Hillers.

Al igual que Berlín quedó destruida por la guerra, también lo fueron muchas de las ciudades que he visitado en mis vacaciones. Afortunadamente, se ha reconstruido con fidelidad partes de sus cascos históricos, para que podamos disfrutar de cómo fueron. Como el bello Rynek de Wrocław, durante la guerra la alemana Breslau, totalmente destruida en los últimos meses del conflicto bélico. Fue una de las últimas ciudades alemanas en rendirse; lo hizo seis días después que Berlín, y sólo un día antes de la rendición incondicional alemana. Alguna de las personas que salen en el libro son refugiados de la región de Silesia, donde se encuentra esta hermosa ciudad.

Rynek - Wroclaw

(Canon EOS 40D; EF 24-105/4L IS USM)