Memorias de un geisha (Memoirs of a Geisha, 2005)

Cine
Gran Arco de La Defense, París (Francia)

Ayer hubo fútbol en La Romareda. Uno de esos partidos que quedan para la historia,… dicen. Bueno. Había que aprovechar, e irse al cine. Todos los maromos en casa o en el campo, aborregadillos ante 22 mozos en calzón corto dándole patadas a una pelota. Algunos aprovechamos para ir a ver…

Memoirs of a Geisha (2005)

La película que nos ofrece Rob Marshall tiene una cualidad principal. Es una de esas películas que llamamos “bonitas”. Nos ofrece todo aquello que tradicionalmente ofrecen las películas “bonitas”. Un ambiente exótico, drama, amores, bonita fotografía, una banda sonora orquestal adecuada, protagonistas guapos y un final… “razonablemente” feliz.

Sin embargo, no pasará a la historia del cine como uno de esos peliculones que han sido muchas de las películas “bonitas” clásicas. A la historia le falta un poco de rasmia. Todo lo ves a gusto, pero no te emocionas. Unos te caen bien, otros mal,… siempre de acuerdo a lo previsto,… pero tampoco te pasa nada. Ni lloras cuando la chica llora, ni te ríes cuando las cosas van bien. Simplemente contemplas lo bonito que es el Japón, lo guapas y elegantes que son las geishas, y lo apuestos que son los “caballeros” que las cortejan/contratan. Es una pena que le falte ese puntito de sangre caliente, de emoción. Algo que el director conseguía sobradamente en su única película anterior, la para mí inolvidable Chicago.

Entre los actores, reconocer la delicada belleza de la protagonista, Ziyi Zhan, que sin embargo no es una chinita sosa sin más. Tiene su rasmia y su interés como se ha visto en otras películas. También son destacables las muy notables Michelle Yeoh y Li Gong, también habituales en algunos de los mejores ejemplos que nos han llegado en la última década del cine del Lejano Oriente. Así como otros personajes secundarios femeninos todos ellos estupendos, destacando la niña que hace el protagonista en su niñez, Suzuka Ohgo. Los personajes masculinos, también están perfectamente interpretados, especialmente por Ken Watanabe y Kôji Yakusho, aunque eclipsados por el esplendor de las geishas.

Bien. En resumen. Aunque larga, es una película de las “bonitas”. Así que uno puede ir a verla sin mayor problema. No será la película de su vida, pero es bonita. También sin las comillas. Le daremos un siete (el siete del director un poco justito, pero pase; a la interpretación le daremos un ocho, por las chicas, generoso, pero que también pase).

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