[Cine] Sesión doble: Phoenix (2014) / Requisitos para ser una persona normal (2015)

Cine

Normalmente habría dedicado una entrada específica a cada una de estas películas, pero el blog va a entrar durante unos días en modo sólo fotos, así que agrupo las últimas películas que he visto. Tampoco habrá entradas televisivas durante este tiempo, así que me quedo sin comentar las brutalidades que se les ocurren a los guionistas de Game of Thrones, o lo mala que es Refugiados, o lo interesante que me está resultando Aquarius. Ya habrá tiempo más adelante… Si no para comentar todo, para comentar algo. Vamos de momento al cine. Lo haré más breve que en otras ocasiones.

Phoenix (2014); vista el 5 de junio de 2015

Versión original subtitulada para esta película alemana del realizador Christian Petzold, que repite como protagonista femenina con la interesante Nina Hoss. Ya vimos una película en la que trabajaron juntos hace no mucho tiempo. Si en aquel momento dieron un repaso a una inquietante época de la historia reciente alemana, la vida en la antigua República Democrática de Alemania, aquí nos vamos a una no menos inquietante, el final de la Segunda Guerra Mundial.

Porque Petzold nos cuenta la historia de Nelly (Nina Hoss), una mujer alemana de origen judío, cantante, que fue llevada a un campo de exterminio tras ser delatada donde se escondía, en el que sobrevivió pero quedó muy desfigurada. Con un nuevo rostro tras realizarse la cirugía reconstructora y estética, a punto de emigrar a Palestina, antes buscará a Johnny (Ronald Zehrfeld), su marido, pianista, que la cree muerta. No la reconocerá, pero le propondrá el trato de hacerse pasar por ella misma…

Es un país curioso, Alemania. Hoy en día pretende dar clases de ética y de como gestionar países, cuando durante un siglo fueron la pesadilla de Europa, por la izquierda y por la derecha.

Es un país curioso, Alemania. Hoy en día pretende dar clases de ética y de como gestionar países, cuando durante un siglo fueron la pesadilla de Europa, por la izquierda y por la derecha.

Historia compleja psicológicamente, que sirve al autor para hacer una reflexión sobre la actitud de los alemanes durante el nazismo, en concreto en lo que se refiere a la persecución de los judíos y otras minorías. También para reflexionar sobre un tiempo del que se ha hablado poco que fue el de la inmediata posguerra, un tiempo mucho más confuso de lo que se nos ha contado. Una realización milimétrica, estéticamente impecables, algo fría, con una austeridad casi nórdica, pero que es efectiva a la hora de ponernos en situación, y que desemboca en uno de los mejores finales cinematográficos que he visto en mi vida al compás del Speak Low de Kurt Weill.

Fenomenales trabajos de Hoss y Zehrfeld que compensan la fría pero más que correcta realización de Petzold en una película que a mi me convenció, siendo de las que ganan en el recuerdo de los detalles y de los significantes.

Valoración

  • Dirección: ***
  • Interpretación: ****
  • Valoración subjetiva: ***

Requisitos para ser una persona normal (2015); vista el 8 de junio de 2015.

No estaba previsto en principio el pasar a ver esta película española, primer largometraje que firma la también actriz y protagonista de la película, Leticia Dolera, a quien también debemos el guion. Desde luego, según las críticas leídas era una de las dos películas, junto a la anterior, a prestar atención entre los estrenos de la semana.

En ella Dolera interpreta a María de las Montañas, una joven publicista de 30 años en paro, que se siente infeliz, ya que además de no tener trabajo, no tiene pareja, se encuentra extrañada de su familia con la que se ve obligada a volver por no poder pagar su piso, carece de vida social, de aficiones, etcétera, etcétera. De la mano de un nuevo amigo, un dependiente de una multinacional sueca de los muebles, Borja (Manuel Burque), iniciarán un recorrido conjunto… Ella para alcanzar los requisitos de la felicidad, siendo una persona “normal”. Él para adelgazar.

Grandes ingenieros los alemanes, que crearon una magnífica red de ferrocarriles, que lo mismo sirvieron para impulsar el crecimiento económico del país, que para llevar al matadero, sea en el frente, sea en campos de exterminio a millones de personas.

Grandes ingenieros los alemanes, que crearon una magnífica red de ferrocarriles, que lo mismo sirvieron para impulsar el crecimiento económico del país y del continente, que para llevar al matadero, ya sea en el frente, ya sea en campos de exterminio, a millones de personas.

El apelativo que más se ha escuchado en estos días sobre esta película es que es muy naíf. Palabra francesa que salvo que haga referencia a cierto estilo pictórico, deberíamos traducir como ingenua. Para ser su primer largometraje, Dolera sale con bien de diversas cuestiones. Los aspectos técnicos de la realización son correctos, incluso notables. Y el guion es ágil. Como la película es cortita, se te pasa en un suspiro. Pero se pasa de ingenua. Y de tópica. Heredera de algunos planteamientos que hemos podido ver en el cine norteamericano más o menos independiente, tiene un exceso de buenrollismo, y llega a esquematizar y simplificar excesivamente tanto los caracteres como las situaciones. No se atraganta, pero me parece que la crítica española se ha mostrado excesivamente entusiasta con este filme.

Las interpretaciones no están mal, cumplen con oficio, pero tampoco son cosa del otro jueves. En su conjunto, la película se deja ver, pero tengo la sensación de que será fácilmente olvidable. Y que buena parte del mérito, más que en las virtudes cinematográficas de la obra está en la simpatía que pueden despertar los caracteres, todos muy políticamente correcto. Pero bueno, aunque el público votante de IMDb esté en estos momentos valorando con idéntica puntuación promedio las dos películas de hoy, esta es claramente inferior en muchos niveles a la primera.

Valoración

  • Dirección: ***
  • Interpretación: ***
  • Valoración subjetiva: **
Y al mismo tiempo, país de pensadores y artistas, que nos han dado a la humanidad reflexiones importantes que no podemos echar en saco roto... quizá eso sea lo apasionante. El mar de contradicciones del ser humano,... Nos quedaremos con lo positivo, como la reflexión que nos provoca la Piedad de Käthe Kollwitz en la Neue Wache de Berlín.

Y al mismo tiempo, país de pensadores y artistas, que nos han dado a la humanidad reflexiones importantes que no podemos echar en saco roto… quizá eso sea lo apasionante. El mar de contradicciones del ser humano,… Nos quedaremos con lo positivo, como la reflexión que nos provoca la Piedad de Käthe Kollwitz en la Neue Wache de Berlín. O la interesante película que traigo hoy.

Libro: Las cosas que no nos dijimos

Literatura

Leí hace un tiempo una novela de Marc Lévy. En aquella ocasión en su idioma original, Sept jours pour une éternité… Una novela cuyo planteamiento me pareció interesante, que empezó muy bien, pero cuya historia luego se desinfló un poco, y al final me dejó un sabor agridulce. Me decepcionó un poco, quizá por las expectativas creadas por el buen comienzo. No obstante, he decidido darle una segunda oportunidad al autor francés, y leer otras de sus novelas, una más reciente.

Las cosas que no nos dijimos
Marc Lévy
Booket (Planeta); Barcelona, 2010
ISBN: 9788408094036

Al principio del libro conocemos en Nueva York a Julia, un mujer hija de un hombre de negocios acomodado, pero que vive distanciada de su padre, que se gana la vida como dibujante y animadora gráfica, y que está a punto de casarse con Adam, su novio, un buen tipo que la quiere, aunque en seguida se ve que es un tipo anodino, casi aburrido. Sin embargo, tres días antes de la boda, su padre tiene la ocurrencia de morirse. Y el funeral está previsto para la misma tarde que la boda. La cual habrá de retrasarse. Dos días después del funeral, Julia recibe una gran caja con una sorpresa. Un duplicado mecánico de su padre, cono todas sus memorias incluidas, con capacidad de razonar como si fuera la propia persona, y que le da seis días extras, para que ambos arreglen cuentas entre sí.

Como podéis ver, en un ámbito que se mueve entre el drama familiar y ciencia ficción, el autor nos ofrece un interesante planteamiento, que uno piensa se va a encaminar hacia una introspección entre padre e hija, a descubrir los motivos profundos de sus distanciamiento, y a plantearnos algunas cuestiones sobre las relaciones humanas. Pero decididamente, Lévy no es Ingmar Bergman. Y pronto la historia deriva, de forma casi sorprendente y bastante forzada a una historia romántica de amores perdidos y reencontrados. En algún momento, casi daría más para una comedia romántica que para un drama. Ya hace sospechar algo esta posible evolución, algunos caracteres tremendamente estereotipados que van apareciendo. El soso nuevo, el amigo íntimo gay, el vecino gruñón,… Y lo que ha de aparecer.

Nuevamente pues, una novela del mismo autor, aunque entretenida de leer y apta para pasar el rato, me vuelve a decepcionar, puesto que acaba siendo algo que no es, con un final relativamente previsible y sin más trascendencia. No sé que me dice que no es probable que le dé una tercera oportunidad.

Neptunbrunnen y Fernsehturm

Las calles del antiguo Berlín oriental son un escenario importante en la novela que nos ocupa hoy; en la fotografía la Fernsehturm que domina el paisaje urbano de esta parte de la ciudad - Panasonic Lumix LX3

El curioso caso de Benjamin Button

Cine

El curioso caso de Benjamin Button (The Curious Case of Benjamin Button, 2008), 10 de febrero de 2009.

Dos advertencias. La primera, me parece que por determinados motivos esta película me ha gustado más de lo que me gustaría en otros tiempos o en otras circunstancias. La segunda, desde bastante pronto durante la proyección de la película no pude evitar pensar y comparar con la tan celebrada por muchos Forrest Gump.

Empecemos por esto último. Forrest Gump es una película muy bien realizada, pero que a mí no me gustó. Soy una persona que siente respeto por las personas que puedan nacer con cierto grado de discapacidad intelectual; sin embargo, el papel protagonista de aquella celebrada película me produjo un intenso rechazo. Sólo podía ver en el a un tonto instrumentalizado para transmitir una serie de valores, sumamente conservadores, propios de la sociedad norteamericana, que hemos sufrido durante años en las tres últimas décadas y que no creo que hayan llevado al mundo a nada especialmente bueno. Sencillamente, nunca soporté el maniqueismo y la hipocresía de la película. Pero una de las características de aquel largometraje era su capacidad para recorrer visualmente la historia reciente de los Estados Unidos, conviertiendo el espectáculo visual en un fresco de la evolución de una sociedad. Sesgado, pero no necesariamente irreal o falso. Con el personaje de Benjamin Button, bajo la dirección de David Fincher, volvemos a asistir a un fenómeno similar, pero distinto. Siguiendo la vida del protagonista, volvemos a asistir a una exposición de la historia norteamericana del siglo XX, nuevamente en un ambiente del sur de los Estados Unidos (lo que en Forrest Gump es Alabama y otras localizaciones sureñas en esta película es Nueva Orleans), desde el final de la I Guerra Mundial hasta la catástrofe del huracán Katrina. Pero aquí los valores que se transmiten no son colectivos, no son ilustrativos, no pretenden ser educativos. Los personajes, que por supuesto caen simpáticos, no son perfectos. Intentan vivir sus vidas como mejor pueden con las cartas que les han tocado, intentan sobreponerse, y sus andanzas son una constante reflexión sobre el paso del tiempo, la vida y la muerte. Y esto, me gusta mucho más que con la celebrada película antes comentada.

En ambas hay una historia de amor. Pero en la primera, aunque importante, no es central. E incluso es confusa en sus intenciones. La muerte de Jenny por el sida parece muy vinculada al concepto de castigo por su vida de crápula, con atenuante de abusos infantiles, pero castigo al fin y al cabo; no es más que una exposición más de los valores conservadores de la historia. En la segunda, la historia de amor es el pivote del conjunto. No es maniquea como la anterior; la desgracia de la chica, cuando queda incapacitada para la danza, queda claramente mostrada como efecto del azar, y no de sus decisiones personales. Es una historia de amor triste. Ambos protagonistas se van encontrando a lo largo de sus cronológicamente contrariadas vidas a lo largo de 80 años de historia. Pero sólo alcanzan cierta plenitud y comprensión mutua en los extremos de sus vidas y en el punto central, cuando ambos son pares en edad y madurez.

La realización es notable. La dirección es un poco fría, pero no distante. A mí por lo menos, me llegan los sentimientos. El diseño de producción es impecable. La película es muy bonita de ver. La banda sonora es discreta, pero está ahí acompañando sin molestar. La iluminación perfecta.

En cuanto a la interpretación, hay que hablar de los dos protagonistas. Brad Pitt, que me perdonen sus admiradoras, es un actor con limitaciones interpretativas. No puedo dejar de opinar esto ni aun considerando que este es uno de sus mejores trabajos; un papel que le queda como un guante, y en el que resulta convincente. Considero muy superior a su partenaire, la australiana Cate Blanchett, siempre consistente en sus interpretaciones, no siendo este caso una excepción. Además, sale muy guapa… aunque en muchos momentos se deba a la caracterización rejuvenecedora propia de la historia. Hay muchos secundarios que lo hacen estupendamente. Me gustan mucho las apariciones de Tilda Swinton como la aburrida esposa inglesa en Murmansk, Taraji P. Henson como madre adoptiva, o Jared Harris como pícaro capitán de remolcador. Pero quizá merezca un comentario el discreto pero eficaz papel de Julia Ormond como hija de la protagonista.

En resumen, una película que me ha gustado bastante, que me ha conmovido, y que he visto con mucho gusto y recomiendo. Yo le pongo un nueve, con un ocho en la interpretación y otro ocho en la dirección.

Varias importantes escenas de la película transcurren en una habitación de hospital… así que la foto de hoy es de otra.

Torre

La torre de la Cámara de Comercio de Zaragoza desde el Hospital Miguel Servet - Panasonic Lumix LX3

My Blueberry Nights (2007)

Cine

My Blueberry Nights (2007), 22 de diciembre de 2008.

Aunque probablemente sea una de esas películas que pase relativamente desapercibidas por la raquítica cartelera de diciembre, esta obra de Wong Kar Wai levanta mi expectación, especialmente tras esas dos obras estrañas, difíciles pero muy interesantes que son Deseando amar y 2046.

En esta ocasión, abandona China y nos traslada a los Estados Unidos para mostrarnos una película de redescubrimiento personal. Una joven (Norah Jones) acaba de romper una relación, por lo que se encuentra muy afectada. Encuentra cierta comprensión y afecto en la persona de un cocinero (Jude Law) que le ofrece comprensión, conversación y pastel de arándanos (blueberries). En un momento dado, la joven inicia un viaje de 300 días en el que irá conociendo otras personas, a través de las cuales se irá descubriendo a sí misma, antes de volver con el cocinero… y bueno… es una historia romántica.

La realización es muy personal. Rodada en ambientes nocturnos en su mayoría, con unos encuadres e iluminación muy personal, muy subjetivas, desde mi punto de vista es estéticamente muy actual y agradable.

Las interpretaciones están muy bien. Especialmente las de los personajes que se va encontrando por el camino. El viejo policía alcohólico (David Strathaim), su ansiosa ex mujer (Rachel Weisz), la jugadora perdida de su padre (Natalie Portman), componen los contrapuntos mediante los que la protagonista se reafirmará a sí misma. Y lo hacen muy bien. Norah Jones se aplica por primera vez a la interpretación, además de ofrecernos con su dulce voz algún tema de la banda sonora, y no lo hace mal, aunque le faltan las tablas de sus compañeros de reparto. Pero aporta la dulzura de su físico, y hace creíble el personaje.

No me atrevo a recomendar esta película a todo el mundo. El estilo de dirección y el estilo visual no es estándar, y los traga palomitas pueden quedar atragantados. Pero quien quiera arriesgar un poquito, puede llevarse una agradable sorpresa. Yo le pongo un siete, con otro siete en la interpretación y un ocho en la dirección.

La película tiene un ambiente muy nocturno. Y las noches de Zaragoza, estos días de profundas nieblas, tienen un ambiente muy especial.

Semáforo rojo (color)

Glorieta de Sasera en la niebla, Zaragoza - Canon Digital Ixus 860IS

Vicky Christina Barcelona (2008)

Cine

Vichy Christina Barcelona (2008), 23 de septiembre de 2008.

Antes de nada, tengo que advertir que considero la nueva película de Woody Allen un filme absolutamente pornográfico. Y para demostrarlo, y en contra de lo que es mi costumbre, pondré una imagen que no he tomado yo, que pulula por ahí en internet y que no sé quien tomó. Si alguien conoce el autor, que me lo diga y lo pondré. O si el autor no quiere que esté, que me lo diga ya la quitaré. Pero es que he tenido una debilidad y la pongo.

Sí. Se trata de Scarlett Johansson fotografiando en Barcelona con una Leica M6. Para mí, más erotizante que si hubiese salido en pelotas. Cosa que no. Que ya se cuida ella de que en las escenas de cama, el nivel de la colcha no baje más allá de un determinado punto. O de dos determinados puntos. Y la chica sale con tan hermoso aparato en varias escenas… Y Penélope Cruz también empuña tan pornográfico juguete… Ufff…

Pero vayamos al grano cinematográfico. La última película de Woody no pasará a la historia como una de sus obras maestras. Las aventurillas amorosas de dos americanitas por Barcelona, no pasará de ser un historia simpática, dedicada a entretener, sacar guapas a sus protagonistas y hacer un poco de propaganda de Barcelona y de Oviedo. Esta última ciudad metida en la película con calzador. A saber a qué compromisos responderá este hecho.

Las chicas están muy guapas y lo hacen bien. No conocía a la guapa Rebecca Hall (Vicky), pero lo hace muy bien, y también es muy atractiva, aunque con un estilo totalmente distinto a la voluptuosa Johansson (Christina). Javier Bardem sale un poco soso; se limita a poner su planta. Es el hombre florero de la película. Finalmente, Penélope Cruz hace un papel interesante pero desaprovechado. Es el personaje que más salsa le pone a la película y del que está desaprovechado tanto su versión dramática como la cómica. Otra cuestión. La película es bilingüe en su rodaje; y eso debería haber sido respetado. Lamentablemente, toda ella está doblada al castellano en la versión que se proyecta en Zaragoza. Incluso los diálogos originalmente en este idioma. Y pierde. Pierde mucho. Maldito doblaje.

También me gustaría notar que la dirección de fotografía le ha sido confiada al español Javier Aguirresarobe, uno de los mejores profesionales de este campo en nuestro país. Y lo hace muy bien. Particularmente con una paleta de colores que a mí me gusta mucho. Aunque por una entrevista que le hicieron en la radio, tal vez distinta de la que hubiera preferido él. Pero Woody manda.

En resumen, una película amable para pasar el rato. Yo le pongo un siete a todo, tanto a la impresión general como a la dirección como a la interpretación. Creo que la pueden ver hasta los que normalmente no entienden y no gustan del cine del excéntrico director.

La foto de hoy, cómo no, la Sagrada Familia de Barcelona, monumento típico y tópico que también sale en el filme.

Bóveda

(Pentax K10D; SMC-DA 21/3,2)

Seda (2007)

Cine

Seda (Silk, 2007), 24 de marzo de 2008.Acudo con cierta aprensión a ver este filme dirigido por el canadiense François Girard. Las críticas previas no me acaban de convencer, pero la democracia tiene estas cosas; o te vas con las amistades, o te vas solo a ver lo que quieres, o te quedas en casa. Por otra parte, siempre hay que dar un margen a las buenas sorpresas.

La película, al parecer, es una adaptación cinematográfica del best-seller de Alessandro Baricco, Seta (seda en italiano). No soy especialmente aficionado a los best-sellers, pero que se le va a hacer. El relato nos cuenta cómo un joven sericicultor francés, recién casado y enamorado de sus mujeres, realiza una serie de viajes al Japón a mediados del siglo XIX, en un momento en el que el país oriental no se había abierto aún a occidente. En uno de esos viajes, se enamora de la amante o concubina de un señor japonés. Y hasta aquí peudo contar. Y no es que quiera mantener el misterio ni nada de eso. Es que uno no entiende muy bien qué pasa y por qué pasa. No entiende muy bien por qué ese enamoramiento entre dos personas incapaces de comunicarse, ni por qué es recíproco, ni cuáles son los sentimientos de los personajes que les rodean. Eso sí, todo ello rodeado de muy bonitos paisajes de sitios muy exóticos, nevados en Japón y primavero-estivales en Francia. En ningún mometo te llega a importar gran cosa lo que está pasando. Alguna de las situaciones son muy postizas, y te lleva a ser insensible a los dramas o tragedias de la pantalla, como cuando algo le pasa a un joven japonés. Hay mucho virtuosismo en la realización puesto al servicio de la nada más absoluta.

La interpretación se ve muy condicionada por la realización. El protagonista, Michael Pitt, hace poco más que poner caras. La esposa, la actriz de moda Keira Knightley, pareciera que está de florero, mona e inexpresiva. Sólo al final parece que su personaje tiene algo que ver con la historia. Pero a esas alturas casi todo te da igual. Alfred Molina hace lo que puede, y los dos personajes principales japoneses, la concubina interpretada por Sei Ashina y el señor interpretado por Kôji Yakusho, no disfrutan de los minutos ni de la presencia que los personajes merecería. Sus personajes no están suficientemente definidos.

En resumen, un filme fallido, donde el exceso de preciosismo se lleva por delante el mínimo interés que pudiera tener la historia, que no sé si existe, o si como pasa en muchos best-sellers se limita a ser un mero folletón romántico. Pondré un seis a la realización por el oficio técnico, y otro a la interpretación porque lo intentan, aunque la cosa no dé para más. La valoración global subjetiva se queda en un cinco.

Ilustraré la entrada con una foto de los frutales en flor en las cercanías de Morata de Jalón, Zaragoza.

Flores en frutal

(Canon EOS 40D; Tokina AT-X Pro 12-24/4)