[Recomendación fotográfica] Vienen de Asia

Fotografía

Quizá no dedique mucho tiempo hoy a unas cuantas recomendaciones fotográficas que tengo recopiladas y que pueden venir bien para pasar un rato del domingo. Aunque si sigue mejorando el tiempo como ayer, lo mejor que se puede hacer este domingo es salir a disfrutar del día. Por lo menos aquí en Zaragoza. Con temperaturas máximas de 23 ºC y con un día fundamentalmente soleado… dime tú.

En cualquier caso, las recomendaciones de este domingo vienen principalmente de Asia. Así, por ejemplo, en Dazed nos presentaban hace unos días una lista de cinco fotógrafos chino del mundo de la moda que merecían que les prestásemos nuestra atención. La lista la conforma los siguientes, respetando el orden de los nombres chinos en los que el apellido va delante. Aunque en algún caso tienen nombres “artísticos” occidentalizados.

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Parece razonable ilustrar la entrada de hoy con imágenes de las populosas calles de Taipéi, la capital del país no oficial de la República de China, o Taiwán.

Zhang Jiachen (Leslie Zhang) (Instagram)

Wang Ziqian (Instagram)

Zeng Wu (Instagram)

Luo Yang (Instagram) Quizá el más interesante por su cuestionamiento, en trabajos más personales, de los estereotipos sobre la mujer china, proclamando la diversidad y la evolución de la sociedad y las mujeres chinas, incluida su sexualidad.

Jin Jiaji (Instagram) El más variado en su cuenta de Instagram, con naturalezas muertas y procesos mixtos, además de las fotografías de moda propiamente dichas.

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Cada uno de estos fotógrafos tiene su propio estilo, aunque se percibe rasgos comunes generacionales, especialmente en lo que se refiere a romper con los cánones tradicionales del género. Yo no soy muy aficionado a la fotografía de moda, pero cuando se sale de los esquemas más comerciales y ofrece algo más que chicas guapas y vestidos o accesorios bonitos, puede ser tan interesante como la que más. Ni qué decir tiene, como ya habréis deducido, que el que más me ha interesado es Luo Yang, que creo recordar que ya lo había mencionado en alguna ocasión.

Tengo también una fotógrafa japonesa, Sasaki Yukari (Instagram), también aquí respeto el orden oriental con el apellido delante, que me ha aparecido en pocos días en dos sitios. Por un lado en Cada día un fotógrafo/Fotógrafos en la red, y por otro lado en el hilo de noticias de la revista VoidTokyo, colectivo al que pertenece.

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Sasaki me ha llamado la atención más por algunas de sus fotografías que por la mayoría de ellas. Es una fotógrafa documental que se dedica a registrar lo que sucede en las calles de la capital nipona, como el conjunto de los miembros del colectivo al que pertenece.  Pero aquí y allá, entre las típicas instantáneas de gente con más o menos máscaras antipolución en las zonas más populares de Shibuya, Shinjuku, Ginza,… o en el metro o la línea Yamanote, encontramos alguna fotografía que destaca por su atención al detalle o por salirse de la corriente general. Trabaja con compactas digitales con objetivo de focal fija gran angular, cámaras discretas y eficaces para la fotografía documental callejera.

Finalizaré recomendando un artículo que apareció recientemente en Magnum Photos en el que hace un repaso de los 80 años de actividad de los fotógrafos de la agencia en China. Desde los primeros reportajes de Capa o Cartier-Bresson, hasta los más recientes de Ian Berry, Olivia Arthur o Carolyn Drake, por mencionar algunos. Pero hay muchos entre medio, muy prestigiosos, y con fotografías de gran calidad. Y si alguien se quiere regalar con una copia en papel de calidad, lo puede hacer… por moderados precios que van de los 1.600 dólares por una fotografía de Ian Berry a los 5.500 por otra de Steve McCurry. Esta última es más espectacular, pero la de Berry me parece más auténtica.

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[TV – Series] A vueltas con el Rey Mono

Televisión

La idea de esta entrada surge hace unos días, “por culpa” de un serie coreana. El título original es Hwayugi [화유기], aunque el título internacional es A Korean Odyssey. Un drama romántico más, con la misma estructura argumental que la mayoría de ellos. A saber…

Chico conoce chica o viceversa.

No se caen bien, no congenian, son absolutamente opuestos, como pareja parecen imposible, tienen “insalvables” diferencias de edad, de nivel social o económico… o incluso de estatus en el mundo de lo sobrenatural.

Tras un cortejo laaaaaaaaargo, innecesariamente complicado, descubren que se quieren. Mucho. Incluso puede que se besen. Aunque una sucesión de abrazos estrujadores suele sustituir al tema de los besos.

Un acontecimiento aciago o un antagonista más o menos malicioso amenaza la relación. Incluso la llega a arruinar.

En el episodio final, tras la catástrofe, todo se arregla. A veces de modo incomprensible.

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Templo budista de Bulguksa, de los más antiguos y con más tradición de Corea del Sur; es curioso cómo una religión que no reconocía deidades en su origen, tiene luego un amplio panteón de seres de carácter divino o semidivino. Y muchos de ellos con asociaciones con animales; monos, cerdos, tigres, peces,…

Básicamente, este es el esquema argumental de todos los dramas románticos coreanos que he visto hasta ahora. Las diferencias del que nos ocupa hoy es que parece hecho con más medios que otros, Netflix ha debido poner su dinerico para tener la exclusiva de su difusión fuera de Corea del Sur, y que está basado muy libremente en una de las leyendas más populares del extremo oriente asiático; las aventuras del rey Mono, también conocidas como el Viaje al Oeste.

Vivimos en un mundo que hasta hace poco tiempo ha sido muy eurocéntrico. Son los mitos y leyendas, así como el cuerpo literario de las civilizaciones de la Europa Occidental, desde las obras de Homero hasta la actualidad lo que impregna la cultura no sólo de esta parte del mundo, sino de muchas otras partes del mundo. Sin embargo, mitos, leyendas u obras literarias trascendentes se han dado en civilizaciones de todo el mundo. Y siendo la civilización china una de las más antiguas, poderosas y prolíficas, no podía ser menos, habiendo influido en muchas otras culturas de su área de influencia. Podríamos decir que las aventuras de Sun Wukong, el rey Mono, serían tan conocidas o tan representativas como el Quijote en la Europa Occidental. Y que es un ejemplo del sincretismo religioso asiático al mezclar concepto procedentes tanto del taoísmo teísta, con su multitud de dioses y demonios, como del budismo. Y tanto Lao-Tse como Buda tienen su papel en las aventuras. En ellas, el protagonista, un monje, libera al rey Mono de su confinamiento en una montaña, y en compañía de otras deidades, van en búsqueda de unos textos sagrados, afrontando numerosas aventuras.

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No he tenido oportunidad de leer ninguna traducción del texto original. Que por otra parte es muuuuuuuy largo. Editorial Siruela tiene publicada una traducción de más de 2200 página. Muchos años ha, tuve ocasión de ver lo que el italiano Milo Manara había hecho con el simiesco monarca en formato de historieta. Con abundancia de bellas damas con escasez de ropas, como es costumbre en las obras del conocido fumettista italiano. Y con un rey Mono más caracterizado por su lujuria y habilidades copulatorias que por otras virtudes. Desde luego, no es la versión más fiel a las aventuras mencionadas. Me consta que en oriente se han hecho diversas versiones para cine y televisión de estas aventuras que no he tenido ocasión de ver, y que no prometen mucho. En la actualidad, Netflix tiene en catálogo una serie australiana y neozelandesa, The New Legends of Monkey, con una temporada de 10 episodios de unos 24 minutos. Lo que he visto hasta ahora es de una calidad más bien mediocre.

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En cuanto a la serie que ha motivado este comentario sobre las leyendas orientales… Pues bien, la acción se sitúa en la actualidad. El rey Mono es un guaperas. Y el monje no es un monje, que es una guapa joven que ve espíritus y que es la enésima reencarnación de un humano destinado a salvar el mundo. El argumento… lo que he dicho al principio. Tiene su gracia. Entretiene. Aunque la chica protagonista, muy guapa, es un poco siesa. Pero incluye hasta una zombi muy graciosa en ocasiones. Y es que como decía aquel, “cualquier cosa, con zombis, es mejor”. ¿O era “cualquier cosa, con sables laser, es mejor”? ¿Alguna vez he contado que los coreanos tienen una película de zombis y trenes mucho más divertida que la mayor parte de las cosas que hacen los yanquis? Nota: “divertida” no es lo mismo que “buena”.

Conclusión,… me gustaría ver una producción bien planteada y bien hecha sobre estas leyendas. Lo de la serie coreana, una mera anécdota y una excusa para hablar de ellas.

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Seda (2007)

Cine

Seda (Silk, 2007), 24 de marzo de 2008.Acudo con cierta aprensión a ver este filme dirigido por el canadiense François Girard. Las críticas previas no me acaban de convencer, pero la democracia tiene estas cosas; o te vas con las amistades, o te vas solo a ver lo que quieres, o te quedas en casa. Por otra parte, siempre hay que dar un margen a las buenas sorpresas.

La película, al parecer, es una adaptación cinematográfica del best-seller de Alessandro Baricco, Seta (seda en italiano). No soy especialmente aficionado a los best-sellers, pero que se le va a hacer. El relato nos cuenta cómo un joven sericicultor francés, recién casado y enamorado de sus mujeres, realiza una serie de viajes al Japón a mediados del siglo XIX, en un momento en el que el país oriental no se había abierto aún a occidente. En uno de esos viajes, se enamora de la amante o concubina de un señor japonés. Y hasta aquí peudo contar. Y no es que quiera mantener el misterio ni nada de eso. Es que uno no entiende muy bien qué pasa y por qué pasa. No entiende muy bien por qué ese enamoramiento entre dos personas incapaces de comunicarse, ni por qué es recíproco, ni cuáles son los sentimientos de los personajes que les rodean. Eso sí, todo ello rodeado de muy bonitos paisajes de sitios muy exóticos, nevados en Japón y primavero-estivales en Francia. En ningún mometo te llega a importar gran cosa lo que está pasando. Alguna de las situaciones son muy postizas, y te lleva a ser insensible a los dramas o tragedias de la pantalla, como cuando algo le pasa a un joven japonés. Hay mucho virtuosismo en la realización puesto al servicio de la nada más absoluta.

La interpretación se ve muy condicionada por la realización. El protagonista, Michael Pitt, hace poco más que poner caras. La esposa, la actriz de moda Keira Knightley, pareciera que está de florero, mona e inexpresiva. Sólo al final parece que su personaje tiene algo que ver con la historia. Pero a esas alturas casi todo te da igual. Alfred Molina hace lo que puede, y los dos personajes principales japoneses, la concubina interpretada por Sei Ashina y el señor interpretado por Kôji Yakusho, no disfrutan de los minutos ni de la presencia que los personajes merecería. Sus personajes no están suficientemente definidos.

En resumen, un filme fallido, donde el exceso de preciosismo se lleva por delante el mínimo interés que pudiera tener la historia, que no sé si existe, o si como pasa en muchos best-sellers se limita a ser un mero folletón romántico. Pondré un seis a la realización por el oficio técnico, y otro a la interpretación porque lo intentan, aunque la cosa no dé para más. La valoración global subjetiva se queda en un cinco.

Ilustraré la entrada con una foto de los frutales en flor en las cercanías de Morata de Jalón, Zaragoza.

Flores en frutal

(Canon EOS 40D; Tokina AT-X Pro 12-24/4)