[Cine] Periodismos y Adolescencias (2017) y una repesca nacional

Cine

Odio la forma en que este año las distribuidoras han acumulado las películas más activas en la época de premios en pocas semanas para su estreno. Esto nos obliga a hacer un esfuerzo para ir viéndolas. Y a poca reflexión a la hora de comentarlas, agrupándolas semanalmente… Pero bueno. Ahí va la ración de esta semana.

The Post (2017; 08/20180204)

The Post es el título original, y de la versión original, de la película que en España se ha estrenado doblada al castellano como Los archivos del Pentágono. Y también es el apelativo por el que se conoce al periódico norteamerico The Washington Post. Cuando salimos del cine en una fríiiiiiia noche de invierno, el comentario fue “Spielberg se ha encargado de la precuela de All the President’s Men“. Quién iba a pensar que el tío Steven iba a acabar siendo un director de precuelas…

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Sirmione y el lago de Garda es una de las bellas localizaciones de una de las películas de hoy, y allí nos vamos, que merece la pena la visita.

Nos cuenta la historia de cómo el diario de la capital norteamericana, que era un diario de segunda fila en aquel momento que aspiraba a más, justo cuando su propietaria Kay Graham (Meryl Streep) lo saca a bolsa para hacerlo más grande, tiene que enfrentarse al reto de desafiar al gobierno de Nixon publicando los llamados Papeles del Pentagóno, que ya había empezado a publicar el Times (The New York Times). Eso sí bajo el liderazgo de Ben Bradlee (Tom Hanks) que representa en esta ocasión la típica figura íntegra y heroica yanqui, sea verdad o no.

La cosa va más de una defensa de la libertad de prensa que del contenido real de los dichos papeles. Una de estas películas que están surgiendo como respuesta a la administración ultraconservadora y manipuladora de Trump. La película es entretenida y está muy bien interpretada, pero no aporta nada nuevo, que no hayamos visto ya en numerosas ocasiones. Además de los protagonistas, que chupan mucha pantalla, muchos ilustres de la interpretación en papelines de poco calado. Muy por debajo por ejemplo de una reciente premiada en los Oscars, en casi todas sus dimensiones.

Valoración

  • Dirección: ***
  • Interpretación: ****
  • Valoración subjetiva: ***

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Call Me by Your Name (2017; 09/20180208)

Esta película del italiano Luca Guadagnino, con guion nada más y nada menos que de James Ivory adaptando una novela de André Aciman, había levantado tales expectativas, había venido precedida de tan buenas críticas, que había cierto riesgo de que pudiese defraudar.

Tampoco es una película novedosa, o tan novedosa como algunos proponen. La sensualidad de unas vacaciones de verano en un paraje mediterráneo, en esta ocasión el norte de Italia, no es nueva en el cine como marco para el despertar sexual de un o una adolescente. En esta ocasión se trata del joven Elio (Timothée Chalamet), hijo de un matrimonio de intelectuales italianos de origen judío, que está tonteando, parece que con éxito con la joven y chic francesita parisina Marzia (Esther Garrel). Hasta que llega Oliver (Armie Hammer), un ayudante norteamericano de su padre, el doctor Perlman (), para los trabajos de investigación arqueológica que está haciendo. Bien acogido por este y por su mujer, Annella (Amira Casar), el apuesto nortemericano judío de Nueva Inglaterra pondrá boca abajo los sentimientos de Elio.

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Mentiría si no reconociese que la película, quizá demasiado larga y morosa en su desarrollo, aunque esa morosidad se adapte a la época estival en la que se desarrolla la acción, no tiene momentos absolutamente magistrales. Porque los tiene. Pero a su vez, aquí y allá se rellena de momentos de un buenismo y un buenrollismo de una cierta empalagosidad, y en ocasiones superfluos e incluso poco creíbles. Uno de los que más nos chirriaron es la última de las escenas en la que coinciden en pantalla Elio y Marzia… Las tres féminas que me acompañaban trataron de inverosímil la reacción de una joven de diecisiete años en 1981 a la que han tratado como han tratado. Y qué padres tan perfectos los del joven… pero si su madre les lee el Heptamerón en alemán cuando se les va la luz por las tormentas… ¡Eso es nivel!

No negaremos por lo tanto sus virtudes. Y ciertamente es recomendable. Pero con la sensación de que han exagerado sus virtudes, quizá por la exaltación de lo políticamente correcto en los tiempos que corren. Los dramas de los sentimientos son más dramas, son más sucios, son menos perfectos. Película políglota. Se habla en italiano, francés, alemán e inglés. Sin sentido que no se respeten los idiomas.

Valoración

  • Dirección: ****
  • Interpretación: ****
  • Valoración subjetiva: ***

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Repesca: La llamada (2017)

Estrenada en España a principios del otoño, de esta película de Javier Ambrossi y Javier Calvo habíamos leído algunas buenas críticas, aunque su sinopsis, lo de la llamada vocacional monjil de una adolescente durante un campamento de verano nos producía una nula atracción. Aunque no hace muchas semanas que desapareció de la cartelera, ya está en plataformas de vídeo bajo demanda, y le di una oportunidad. Como mucho me temía, la crítica española es excesivamente condescendiente con las producciones nacionales. No es ninguna catástrofe, ni resulta estomagante. De hecho, esta comedia tiene algunos punto muy originales que la convierten casi en un producto indefinible. Pero quizá no se sabe exprimir a fondo la premisa de partida. Y su reparto, aunque se esfuerza, y es un reparto en el que trabaja gente con posibles, tampoco basta para hacer destacar el filme. No pasa nada por verla, tiene algún momento curioso, pero nada más.

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[Cine] Operación U.N.C.L.E. (2015)

Cine

Operación U.N.C.L.E. (The Man from U.N.C.L.E, 2015); vista el 6 de septiembre de 2015.

Si algo sé de mi madre durante la época de mi infancia y adolescencia es que uno de sus actores favoritos era Robert Vaughn. Pero yo tarde mucho tiempo en saber que aquel actor se llamaba así. Cuando mi madre comentaba los programas de televisión o las películas en las que trabajaba Vaughn, decía aquello de “hemos visto una de Napoleón Solo“. Un nombre que a mí me hacía mucha gracia. El caso es que tardé mucho tiempo en saber de dónde había salido Napoleón Solo. No tengo recuerdo de haber visto episodios de la serie El agente de CIPOL (The Man from U.N.C.L.E., su título original en inglés). Debían emitirlo tarde, cuando yo ya me había ido a dormir. O no me interesaba y me ponía a jugar o a leer.

Por cierto,… que si mezclas U.N.C.L.E. (T.Í.O. en castellano) con C.I.A, obtenemos T.I.A.… conocida agencia de “inteligencia” y espionaje de lo más castiza y española que tantas risas nos ha provocadado… Siempre había asumido que T.I.A. era una coña sobre C.I.A.; pero ahora me pregunto si no lo es también por lo de U.N.C.L.E. La serie original de U.N.C.L.E. se emitió entre 1964 y 1968 en EE.UU., y la primera aparición de la T.I.A. fue en 1969 con El sulfato atómico.

Pero a lo que íbamos. Cuando anunciaron esta reimaginación cinematográfica de aquella teleserie, en esta crónica y lamentable falta de ideas novedosas en Hollywood que les hacer reciclar la historias ya conocidas una y otra vez, carecía de motivación inicial para ir a verla. Salvo la afectividad asociada al recuerdo de mi madre. Las expectativas hacia la película dirigida Guy Ritchie eran flojas. Los avances vistos previamente no me habían llamado la atención. Me parecía más de lo mismo en lo que se refiere a adaptaciones de viejas series de televisiones, muchas de las cuales pasan sin pena ni gloria, y las que triunfan tampoco suelen ser muy de mi gusto. No obstante, en un fin de semana en elque estaba de considerable bajón en el estado de ánimo, cuando me llaman el domingo por la mañana para ir al cine, no me lo pienso y me voy. Total,… qué mas da. Cualquier cosa mejor que quedarme en casa o dar una vuelta por Zaragoza por mi cuenta dándole vueltas a la cabeza.

Si algo tiene de bueno la película es que, tras una oscuras escenas berlinesas, la mayor parte de ella transcurre en una luminosa Roma y en las costas italianas.

Nos cuenta la historia los inicios de U.N.C.L.E., agencia de espionaje internacional, cuando esta ni siquiera existe. En un momento dado, se ven forzados a trabajar tres personas muy diversas. Napoleon Solo (Henry Cavill), un antiguo soldado americano metido a ladrón de guante blanco y forzado a trabajar para la C.I.A. cuando lo pillan; Ilya Kuriakin (Armie Hammer), un agente del K.G.B. hijo de un alto cargo del partido comunista soviético caído en desgracia; Gaby Teller (Alicia Vikander), joven y hábil mecánica de Berlín oriental, cuyo padre fue un científico nuclear en la Alemania nazi que tras la guerra se puso a trabajar para los estadounidenses. Este ha desaparecido en manos de una organización fascista criminal con sede en Roma, liderada fundamentalmente por la ladina Victoria Vinciguerra (Elizabeth Debicki), que amenaza con construir bombas atómicas con facilidad para desestabilizar al mundo y hacerse con el poder mundial.

Como veis, lo de siempre. Los buenos, en este caso en una mezcolanza improbable de nacionalidades e ideologías, frente a los malos, una organización secreta con ganas de dominar al mundo. Argumento propio del 007 más clásico. Pero sin que tenga nada novedoso o interesante que aportar. Está todo lo que esperas, persecuciones, secuestros, algún asesinato, malos taimados, pero algo tontos, las chicas, muy monas vestidas de yeyés/swinging london, micrófonos escondidos,… Se supone que se introducen aquí y allí dosis de humor, y un improbable romance, más bien tensión sexual no resuelta, entre Kuriakin y Teller. Yo, sinceramente, no les veo la química por ningún lado.

Esto es algo que siempre se agradece, alegra la vista y levanta los corazones. Y da envidia de no estar allí mismo, disfrutando de ese ambiente.

Los intérpretes están discretos. Desde luego, Vikander, que en estos momentos tanto suena para la futura temporada de premios a propósito de películas todavía no estrenadas, está muy guapa, pero pasa sin pena ni gloria. Hammer, de acuerdo con su personaje, sufre de una inexpresividad absoluta, que no consigue levantar ni siquiera en los accesos de ira que se supone que le vienen de vez en cuando. Y a Cavill le debieron de “decir ponte ahí y luce guapo”, cosa a la que se dedica, aunque de vez en cuando muestre destellos de más potencial interpretativo así como del personaje. Lamentamos profundamente que no le den más minutos y un poco más de miga a Debicki, que probablemente, en este panorama es la más atractiva desde muchos puntos de vista. Cuando hay un buen malo, todo mejora,… pero no le dan las oportunidades.

Película destinada al hiperconsumo palomitero en verano, no da más de sí porque nadie se esfuerza en ello. Entretendrá a muchos espectadores poco exigentes (lo que puede explicar su relativamente aseada puntuación entre los votantes de IMDb, o la condescendencia de algunos críticos), pero que pasará sin pena ni gloria por la historia del cine. Salvo que, por supuesto, la operación salga rentable económicamente, y nos castiguen con futuras secuelas. Pues nada. Lo de siempre.

Valoración

  • Dirección: **
  • Interpretación: ***
  • Valoración subjetiva: **

Menos mal que siempre tenemos los recuerdos fotográficos de viajes pasados para volver a esos lugares y a esos ambientes, confiando en futuras visitas a la ciudad eterna.

[Cine] J. Edgar (2011)

Cine

J. Edgar (2011), 29 de enero de 2012.

Cuando estrenan una película de Clint Eastwood es prácticamente obligatorio ir a verla. Incluso cuando el personaje central de la película, en este caso una biografía de un personaje real, no te atraiga. Más cuando tienen el detalle de programarla en versión original, lo cual permite valorar en su justa medida el trabajo del protagonista principal, el cada vez mejor valorado Leonardo diCaprio. Pero con las películas de Eastwood he observado una cosa. Las que considero sus mejores películas son aquellas en las que empatizas/simpatizas con los personajes principales de la película. Cuando esto no sucede, las películas flojean. La gran virtud del director es que a lo largo de su carrera nos ha ofrecido una galería de protagonistas a los que nos ha gustado acompañar en las peripecias de los filmes. Además de su más que buen oficio al frente de una película, claro. Y el problema que suponíamos que nos íbamos a encontrar en esta que se acaba de estrenar en España es que podía ser muy difícil empatizar con el que fue director vitalicio del FBI, J. Edgar Hoover.

La película nos cuenta parcialmente la vida de Hoover (diCaprio) desde que ingresa en el Departamento de Justicia  de los EE. UU. hasta su muerte en 1972. En realidad, nos cuenta dos períodos de su vida. Uno de ellos, que podemos establecer entre principios de los 60 y su muerte, en el que va dictando sus memorias mientras nos presenta cómo son sus relaciones y sus acciones respecto a importantes personajes de la época, como pueden ser los Kennedy, Martin Luther King, o Nixon. Los momentos en que dicta sus memorias permiten realizar flashbacks a la época en la que comenzó su trabajo hasta la fundación del FBI en 1935, deteniéndose justo antes de la guerra mundial. Nada nos cuenta de los 20 años que entre medio. De sus primeras épocas, se centra en su pelea contra el comunismo, contra el gangsterismo, o su intervención en el secuestro del bebé de los Lindbergh. Tres personas le acompañarán en este recorrido. En sus primeros años su madre Anna Marie (Judi Dench), y a lo largo de toda su carrera su secretaria Helen Gandy (Naomi Watts) y su amigo y director asociado Clyde Tolson (Armie Hammer).

No entraré a comentar los aspectos técnicos de la realización del largometraje. Dado el oficio y las capacidades del director y la producción son buenos casi por definición. Y dada la extensión del periodo biográfico a abarcar, casi es un milagro que la película solo dure alrededor de 140 minutos. Pero lo importante aquí es el dibujo que hace del personaje.

Hay muchas cosas desconocidas del personaje real. Y no queda más remedio que admitir que más que una biografía precisa de Hoover estamos ante una especulación de lo que pudo ocurrir, o cómo pude ser en determinadas cuestiones. Su relación con su madre, muy freudiana, su homosexualidad latente o simplemente oculta, su paranoica determinación por conseguir información que le permitiera permanecer como un personaje de poder, sus mentiras sobre sus propios méritos,… realmente no deja de ser una visión muy crítica del personaje real. Pero al mismo tiempo, tampoco es devastadora. Le reconoce méritos como el de su capacidad organizativa, para actuar con método, su interés por dar valor a las pruebas científicas y tecnológicas como fuente de verdad procesal, y la creación de una agencia, que más allá de las simpatías o antipatías que despierte en cada cual, probablemente es necesaria dada la complejidad del país al que sirve.

Por supuesto, nada de esto podría sostenerse sin las interpretaciones. Para empezar, por supuesto del principal protagonista, un DiCaprio maduro y contenido, que no se deja llevar por el potencial histrionismo del personaje. Por otro lado, los principales secundarios antes mencionados, que cumplen con oficio su desempeño. Y luego, una galería interminable de pequeños papeles de los muchos personajes históricos que aparecen en la historia y que cumplen.

Como conclusión, no voy a decir que vaya a ser una de mis películas favoritas de Eastwood. El personaje, tal y como está presentado, me produce antipatía, y ya he dicho antes que las películas que prefiero de este director son aquellas en las que me siento ligado a los personajes protagonistas. Además, cada vez me dan más pereza las películas de duración larga, aunque en este caso tal vez no excesiva. Pero es una película bien hecha y que puede ser interesante ver por cualquier aficionado al cine.

Valoración

  • Dirección: ***
  • Interpretación: ****
  • Valoración subjetiva: ***

Acompaño la entrada de hoy con algunas fotos tomadas camino de la sala de cine. Ayer fue San Valero, fiesta local en Zaragoza. Como cayó en domingo, la fiesta laboral se ha trasladado a hoy. El caso es que la festividad se acompaña de dos adjetivos. Y es que a San Valero se le supone rosconero y ventolero. De comer roscón pasé. Pero del viento no nos pudimos escapar, y sopló abundante y frío. Y encima yo con un incómodo catarro. Así que pocas fotos he hecho este fin de semana. Pero siempre llevo encima la Leica D-Lux 5.

Entrada a los cines a los que no fuimos

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Hojas translúcidas

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