[Recomendaciones fotográficas] Auschwitz y algunas cosas más

Fotografía

Fue noticia en muchos medios hace unos días. Este año es el 75º aniversario de la liberación de los campos de concentración de Auschwitz, entre ellos el de exterminio de Birkenau, que se llevó por delante la vida de más de un millón de judíos, además de miembros de otras minorías mal vistas por la “blanca y rubia” Alemania nazi. Sí, Alemania. No sólo el NSDAP, vulgarmente conocido como Partido Nacionalsocialista. A veces parece que hay “olvidos” voluntarios entre los líderes de la Alemania actual, que tan superiores se creen a otros países europeos. Pero los nazis subieron al poder con el apoyo de los votos de otros partidos de centro derecha, entre ellos el Partido de Centro, partido católico que se puede considerar antecesor de la CDU actual, partido adscrito a la Democracia Cristiana. Aun estamos esperando las disculpas y las compensaciones alemanas por el apoyo de ese país al fascismo español, mientras se creen con derecho a decirnos cómo tenemos que organizar nuestras cuentas.

Yo también tengo mi propia visión de los infames campos de concentración alemanes. Aquí traigo el de Birkenau, o Auschwitz II. Pero también he visitado el de Struthof, que Erich Hartmann reflejó en su trabajo de los años 90.

El case es que en medio de un invierno infernal, un 12 de enero de 1945 el ejército soviético inició su gran ofensiva definitiva sobre Alemania, que lo llevaría hasta Berlín, y por el camino se encontró con el horror de Auschwitz en la población polaca de Oświęcim. Han sido varios los artículos que han recordado el hecho desde el punto de vista fotográfico. Magnum Photos nos ofrecía la siempre compleja visión de Antoine d’Agata sobre el campo, tal y como lo percibió en 2002.

En Cartier Bresson no es un reloj, mientras tanto, nos ofrecían la visión de Erich Hartmann, alemán judío que consiguió escapar a Estados Unidos, en cuyo ejército se alisto para la liberación de Europa, donde pudo asistir a la visión de los campos de concentración que se iban liberando. En los años 90, regresó a Europa y a los campos de concentración, en esta ocasión armado con una cámara fotográfica. Sus fotografías también merecen mucho la pena ser contempladas y reflexionar a partir de ellas.

Pero no todo fue negativo en la Alemania de entreguerras. Aunque la República de Weimar fue un experimento fallido, y en ese fracaso no se puede culpar sólo a los alemanes, fue una verdadera coctelera cultural que dio lugar a grandes innovaciones estéticas y artísticas. Entre ellas la Neue Sachlichkeit o Nueva Objetividad, que surgió como rechazo a ciertos excesos del expresimiento alemán, y que como movimiento fotográfico busca obtener imágenes fieles a la realidad, aunque con logros estéticos notables, y que influyó notablemente en la fotografía de posguerra, especialmente en la escuela de Dusseldorf. Nos lo contó Oscar en fotos.

Conocí las fotografías del sudafricano Pieter Hugo durante una visita al Musée de l’Elysée en Lausana hace unos años. En Creative Boom nos hablan de La cucaracha. Este es un trabajo de Hugo en el que se va a Méjico y hace un extenso ejercicio de documentación, observación y reflexión sobre la violencia, la sexualidad, la vida cotidiana, en ocasiones precaria, y la fuerte espiritualidad, siempre presente en las población que sufren traumas o problemas cotidianos. Las fotografías de Hugo son claras, directas, con pocas concesiones, para lo bueno y para lo malo. A mí me parece uno de los fotógrafos contemporáneos más interesantes, con un punto de vista personal.

Y por último, para rebajar la intensidad de los temas un poco, terminemos de nuevo con una visita a los archivos de Magnum Photos, que nos mostrado otro artículo de su serie On set, en los que nos muestran el trabajo de sus fotógrafos en los platós de rodaje de algunas de las más conocidas películas de la historia del cine. En este caso, Limelight (Candilejas) de Charles Chaplin, vista a través de los ojos y la cámara del genial aunque complejo W. Eugene Smith, con unas fotografías en las que podemos apreciar perfectamente la distintiva visión de este fotógrafo que marcó una época de la fotografía documental norteamericana y mundial.

[Cine] Nanfang chezhan de juhui [南方车站的聚会] (2019)

Cine

Nanfang chezhan de juhui [南方车站的聚会] (2019; 07/20200128)

La crítica de cine, como la literaria o la teatral o la de distintas artes o diversos espectáculos, me parece necesaria. Siempre la veo, no como la opinión del listo de turno, que desgraciadamente en ocasiones quiere ser más protagonista que la obra que comenta, sino como el lógico ejercicio de lo que debería ser la prensa. Una guía razonada para la toma de decisiones. Si la información social y política en la prensa debería guiar, no condicionar o confundir o mentir como en la actualidad, al potencial votante en una democracia, la crítica de cine debería cumplir esa misión de guiar al espectador hacia las taquillas de las salas de cine. No estableciendo categorías absolutas, sino hablando de pros y contras, de temas, de lo que honestamente puede esperar el espectador. Que debe decidir por sí mismo si le interesa ver o no una película, asumiendo ciertos riesgos. Como si fuera parte de la vida. Lamentablemente, como la prensa en general, la crítica cinematográfica, salvo honrosas excepciones, es mediocre. Cuando no, como he dicho antes, falaz o realizada que busca ser el protagonista en una fiesta que no es la suya. En cualquier caso, intentamos semana a semana tomar decisiones informadas sobre qué películas vamos a ver. Y para alguno que se confunde, yo no hago críticas de las películas. Cuento lo que me han parecido y lo que valen para mí. Pero no me considero cualificado para guiar las decisiones de otros, salvo casos extremos de obras maestras obvias o bodrios infumables, también obvios, por mucho que suponga taquillas que aportan pingües beneficios a sus productores.

No he estado en Wuhan, ni tengo previsto próximamente. Aunque lo que allí sucede sí que puede afectar a lo que sí tenemos previsto. En cualquier caso, usaré Suzhou, próxima también al Yangtsé con canales y lagos, para representar a la ciudad china donde sucede la acción de la película de hoy.

Hoy comento una película china, dirigida por Yi’nan Diao, un director del que había oído hablar, pero del que no había visto nada. La crítica no ha hablado mucho de ella. Y los que han hablado, hablan de una película aceptable, visible, pero sin transmitir especial interés. En la mayor parte de los casos, cuando hacen el resumen sinóptico, ni siquiera cuentan bien de qué va. En principio, no tenía yo mucho interés en verla. Pero tras una dura “negociación” tripartita, optamos por ella como película de la semana. Afortunadamente.

Aunque no he encontrado confirmación documental sobre el hecho, todo indica que la película está rodada en Wuhan, tristemente célebre en estos días por ser el foco de la epidemia de neumonía por coronavirus que tantos quebraderos de cabeza empieza a provocar. Al menos, si en algún lugar leéis que está hablada en chino, no es el mandarín oficial, sino el hablado en Wuhan. Menos diferenciado del mandarín oficial que el cantonés u otros, pero como limitada inteligibilidad mutua. Wuhan, atravesada por el río Yangtsé, está salpicada de lagos. Y en torno a uno de estos lagos, y a una de sus estaciones de tren, está rodada esta película de cine negro. Que sepáis que el título original significa “Encuentro en la estación sur“. Lo cual es importante, porque la película parte del encuentro en una estación entre un mafiosillo (Hu Ge), líder de una banda que roba motos, y una prostituta (Kwei Lunmei) que ejerce en las playas del lago mencionado. En una serie de secuencias conoceremos que el gángster ha sido herido en una reyerta entre bandas, que es buscado afanosamente por la policía porque ha disparado a uno pensando que era otro gángster que le perseguía, y que el mayor deseo del gángster, que se sabe acabado, es proteger a su mujer y a su hijo, de quienes lleva extrañado varios años. Y debe colaborar con la prostituta, cuyos intereses y filiación entre todo este grupo de adversarios, es una incógnita.

Visualmente es una película de gran virtuosismo, recordando a otras películas que hemos podido ver recientemente, en su iluminación y puesta en escena, como por ejemplo una de mis películas favoritas del año pasado. Pero si aquella era una obra maestra en su realización, la que comento hoy me parece sensacional en su interpretación. Porque poco a poco vamos descubriendo una de esas cosas que nadie te cuenta en sus críticas o comentarios de la película. Que la verdadera protagonista de la película, al menos en mi opinión, la que carga con la mayor parte de la carga dramática de la película, la que afronta los dilemas más complejos, es la prostituta del lago, excelentemente interpretada por una sobria Kwei Lunmei, a veces dura, a veces vulnerable, siempre compleja, siempre buscando una salida a los difíciles dilemas a los que se ve sometida. Sorprendentemente, porque nadie te ha avisado, de la película negra, de gángsteres y policías, surge una película de contenido social y feminista. Estamos ante una guerra entre múltiples bandos. Y como en muchas de las guerras, las víctimas son entre hombres, pero las sufren las mujeres. Y así, la película avanza hacia una conclusión prácticamente perfecta, y que proporciona cierta luz a la oscura opresión en la que nos ha mantenido encerrados durante la mayor parte del metraje.

Sobresaliente puesta en escena visual y técnica, sobresaliente guion, excelentes interpretaciones, para una película que tal vez no llegue al rango de obra maestra, pero que tiene una calidad poco habitual en el cine comercial y que me parece absolutamente recomendable, aunque no necesariamente de fácil digestión. Y que parece que a muchos críticos se les ha pasado por alto.

Valoración

  • Dirección: ****
  • Interpretación: *****
  • Valoración subjetiva: ****

[Viajes] Excursión en el día a los chopos cabeceros del Alfambra

Viajes

Ya es casi tradición, llevamos cuatro años consecutivos así, que el 30 de enero me cojo fiesta y salgo de excursión con algunos amigos, dentro de Aragón. Los dos primeros años fue hacia el norte, hacia los Pirineos, hasta llegar a la frontera con Francia; el año pasado, buscando el mejor tiempo atmosférico, nos dirigimos hacia el sur, hacia Albarracín y los montes Universales. Este año, las nubes también nos indicaban que veríamos más luz dirigiéndonos hacia el sur. Y estos días atrás, el estupendo fotógrafo de naturaleza Uge Fuertes nos venía hablando en las redes sociales del Parque Cultural del Chopo Cabecero de Alto Alfambra. Ya hace un par de años, por lo menos, le pregunté dónde se podía fotografíar este característico paisaje y me comentó… así que lo estuve analizando.

Lo curioso es que hasta la víspera no teníamos claro dónde iríamos exactamente. Es una zona de la provincia de Teruel relativamente desconocida para mí. He visitado el Maestrazgo, las Cuencas mineras y la capital Teruel. Pero de lo que hay en medio de este triángulo, conozco poco. Hasta que me di cuenta que en el Alfambra se encuentra Galve, una población dentro del Territorio Dinópolis, que visitamos allá por el año 2006, si no recuerdo mal. Por lo de los dinosaurios. Pero no había caído que los sotos del río de Galve, que resulta ser el Alfambra, son de chopos cabeceros. Este río me desconcierta. Su curso hace una curva amplia. Cuando nace, cerca de Alcalá de la Selva se dirige francamente hacia el norte, pero al llegar a Galve ya está girando desde hace kilómetros para acabar dirigiéndose hacia el sur y encontrarse al Guadalaviar, o Turia, en Teruel. También recordé que había un restaurante que no estaba mal… aunque la probabilidad de encontrar estos restaurantes de pequeñas poblaciones abiertos entre semana es… remota.

El chopo cabecero no es otra cosa que un cultivo del chopo negro (Populus nigra), especie muy popular en nuestro país, en sotos o bosques en galería a orillas de los ríos, cuyas rectas ramas se podaban para su aprovechamiento, dándoles un aspecto característicos. Esta actividad económica ha ido desapareciendo, pero hay cierto interés en conservar el paisaje. Siempre he pensado que podía tener interés fotográfico y quería empezar a investigar. Lo cierto es que lleva un rato en el coche llegar hasta estas comarcas desde Zaragoza.

Así pues, nos plantamos allí en Galve hacia las 11 de la mañana y estuvimos caminando y recorriendo el paisaje y los sotos del Alfambra hasta la una y media, en la que se reunieron dos circunstancias que nos llevaron a terminar la actividad. Una… que las nubes se cerraron y el día se volvió más modorro, más gris, con un paisaje visualmente menos interesante. Dos… teníamos hambre. Era hora de comer.

Efectivamente, el restaurante en el que habíamos depositado ciertas esperanzas estaba cerrado. Nos ha pasado en tantas ocasiones esto… Se dice para los artistas que si dependes de la inspiración, lo mejor es que te pille trabajando. Pues para la hostelería aragonesa parece que lo de que si dependes de los clientes, que te pillen trabajando, no vale. El año pasado, en Albarracín, también estaban cerrados la mayor parte de los resturantes. Y llegamos al ciclo vicioso. Queremos turismo, visitantes… nos quejamos que no vienen los turistas, visitantes… que cuando van no tienen servicios… por lo que desaconsejan a otros potenciales turistas, visitantes, la visita de estos lugares, salvo en momentos puntuales, cuando va todo el mundo. O se llevan el bocadillo de casa. Y entonces decimos… “qué rancios que no se gastan un duro en los pueblos”. Pues eso. Ala, maños, a ver si os pillamos algún día trabajando. Por cierto. Si miras en Google y buscas el restaurante, te asegura que en esos momentos, a las dos de la tarde está abierto y hasta las cuatro. Es decir, que el horario que publicitan es como si estuvieran abiertos, aunque luego te los encuentras cerrados.

Pero a lo positivo. Nos gustó la excursión. No pudimos hacer todo exactamente como pensábamos. El río llevaba el deshielo de las recientes nevadas de la borrasca “Gloria”, y había zonas embarradas o encharcadas. La sensación es que el caudal iba ya de bajada. Pero no nos arriesgamos a meternos en algún berenjenal. No porque hubiera peligro, sino por no ponernos perdidos de barro. Hice algunas fotos con la compacta digital, de las que aquí podéis ver algunas, y luego terminé un carrete en color con la Canon EOS 650 y hice bastantes fotos como mi reciente adquisición de la que os hablaré más adelante. Con película en blanco y negro, en medio formato. Que no es lo mismo que el formato medio. Me refiero a los pequeños negativos de 18 x 24 mm aproximadamente, frente a los más comunes de 36 x 24 mm. Veremos que tal quedan.

[Cine] Perfect Blue [パーフェクトブルー] (1997)

Cine

Perfect Blue [パーフェクトブルー] (1997; 06/20200123)

Seguimos acudiendo a las sesiones únicas en versión original que mensualmente programan unos multicines de Zaragoza dentro de un ciclo de animación japonesa. Un jueves al mes, podemos disfrutar de verdaderas joyas del género. Desde que empezó hemos tenido la oportunidad de ver en la gran pantalla un par de obras maestras de Studio Ghibli, en septiembre y en diciembre del año pasado. Pero en enero no ha sido el Studio Ghibli ni el maestro Miyazaki los que nos han llevado a esta sesión mensual. Es un estilo muy distinto, mucho más complejo, destinado a un público adulto, pero no menos magistral. Es el estilo de Satoshi Kon.

Nunca tuve la oportunidad de ver una película de Kon en pantalla grande hasta ahora. Aunque he visto la mayor parte de su obra en vídeo. Una obra muy valorada, aunque menos conocida que la de otros grandes animadores de Japón o del resto del mundo. La película que hoy nos ocupa fue su primer largometraje como director. Y según muchos sabios de la cosa cinematográfica, el mejor.

En nuestro último viaje a Japón, coincidimos en Osaka, a orillas del Dotonbori, con actividades de promoción de grupo de “pop idols”. La gente pagaba una cierta cantidad por hacerse fotografías instantáneas con las chicas del grupo. De vez en cuando hacían alguna actuación, con temas pop, pegadizos y de escasa calidad.

Comprender del todo la película no es fácil. Para empezar, los doblajes o los subtítulos de la película no dejan claro al público no entendido en las peculiaridades del mundo de la música y el espectáculo en Japón sobre quién es Mimarin, Mima Kirigoe (actriz de voz, Junko Iwao; en Japón los actores y actrices de voz son tan considerados y populares como los que prestan también su imagen). Con frecuencia ves traducido que Mima es una “estrella del pop” que redirige su carrera hacia la interpretación. Y ahí tenemos el primer problema. No es una “estrella del pop”. Es una “pop idol [aidoru; アイドル]”, que es otra cosa. Unas poquitas “pop idols” en Japón llegan a ser estrellas del pop, pero la mayor parte, no. Intentaré explicar esto de las “idol”.

Existe un mercado del entretenimiento en Japón en torno a las “idols”. Aunque los hay también masculinos, me centraré en las chicas. Son chicas jóvenes, que muchas veces comienzan en su adolescencia e incluso en su preadolescencia, que se dedican al entretenimiento de masas. Las más populares son las que se dedican a cantar y bailar como integrantes de grupos de música pop, que pueden llegar a ser muy numerosos. Algunos de decenas o centenas de integrantes. Tienen unas fuertes exigencias laborales por parte de sus “managers” y productores. E incluso restricciones en sus vidas privadas, ya que se conocen casos de expulsiones, “degradaciones” o escándalos por el terrible hecho de que una chica de 19 o 20 años… se vea con su novio. No tienen porque cantar o bailar especialmente bien, o tener físicos espectaculares. Lo que han de ser es “kawaī [可愛い]”… monas. Porque su público principal van a ser hombres, muchas veces entre los 30 y los 50 años, casi siempre solteros y solitarios, que se encandilan con algunas de estas chicas. Parte de la rutina del trabajo, además de las actuaciones son las sesiones de dar la mano o la posibilidad de que los fans se hagan fotos con sus “idols” favoritas, a cambio de un pago o de demostrar que compran los discos del grupo. También generan mercaderías como ropa, muñecos o libros de fotos, donde suelen aparecer ligeras de ropa, aunque no desnudas. Una industria enorme que mueve mucho dinero, con una audiencia fiel dada la peculiar sociología y sexualidad del país nipón, y con una mano de obra ilusionada y numerosa, hay muchas jovencitas que quieren ser “idols” para saltar a la fama y al estrellato, y más que probablemente, salvo excepciones, mal pagada. Pocas triunfan realmente. Y muchas acaban en el olvido, o intentan permanecer un tiempo en el negocio como “gravure idols”, jóvenes que se dedican a aparecen en revistas con reducidos bikinis o prendas de ropa interior, e incluso como “AV idols”, es decir, “adult video idols”… actrices porno. Hay otras jóvenes que van directamente a estas categorías sin pasar previamente por la de “pop idols”. Y también hay “underground idols” que se mueven en locales cutres, que se fabrican sus propios vestidos, que tienen pequeños grupos de admiradores y que sobreviven como pueden. Hay muchas cosas que me gustan de la cultura japonesa, pero entenderéis que esta no. Por las dosis de sexismo, explotación y… lo que queráis encontrar, y que son fáciles de deducir.

Pues bien, Mima es una “pop idol” de 21 años, edad en la que ya empieza a ser mayor para este negocio, cuyo sueño ha sido cantar, pero que se está planteando reconducir su carrera hacia la interpretación. Por ello, abandona el trío de “idols” al que pertenece, y guiada por sus representantes comienza su trabajo en una serie de televisión. Pero pronto se verá metida en una trama de inseguridades personales, de acosos, y de crímenes a su alrededor en la que, con la ayuda de la impresionante presentación visual de Kon, de un guion complejo pero ajustado a la perfección, y jugando con el equívoco y la confusión constante, se mezclará lo que es real y lo que es la ficción de la serie hasta un punto en que será difícil diferenciarlos. Incluso el final de la película está sujeto a interpretación.

Globalmente, es una obra maestra que funciona a varios niveles. Como dura crítica social del sistema de entretenimiento japonés, como introspección psicológica de una joven cuya identidad no está clara ni para ella ni para nadie, y como trama criminal. La película es dura, aunque esta dureza se matice por ser animación. El rodaje de algunas escenas con actrices reales hubiese sido compleja y más difícil de completar con éxito. Una película que no sé si es para todos los públicos, exige una predisposición activa del espectador para introducirse en el complejo mundo de Mima, y se aleja notablemente de lo que es la animación más convencional. Desde mi punto de vista, imprescindible para el auténtico aficionado al cine. Aunque sean necesarias más de una visualización para extraer todo el jugo a esta compleja obra.

Valoración

  • Dirección: *****
  • Interpretación: *****
  • Valoración subjetiva: *****

[Fotos] Experimentando en blanco y negro con una compacta para película tradicional

Fotografía

Este mes he llevado en el bolsillo mi pequeña Minox GT-E, con un película en blanco y negro sobre la que quería experimentar soluciones de exposición y revelado distintas de las recomendadas. No ha ido ni bien ni mal. Algunas ganancias, algunas pérdidas sobre el proceso “oficial”. Los detalles en Lomography Kino Berlin 400 a IE 200 con la Minox GT-E.

[Cine] Jojo Rabbit (2019)

Cine

Jojo Rabbit (2019; 05/20200119)

El neozelandés Taika Waititi ha sido responsable de algunos de los productos audiovisuales para cine o televisión más creativos de los últimos años. Que luego gusten más o menos es otro problema. Aunque Waititi tiene bastantes partidarios. También ha tonteado con el dinero a espuertas de las superproducciones superheroícas, mucho más inanes desde el punto de vista creativo y cinematográfico. Pero eso es otro problema. O simplemente, aunque el dinero no dé la felicidad, se da buena maña para imitarla, como decía Mafalda. La de Quino. Y Marvel/Disney debe de pagar bien.

La película está rodada en localizaciones de la República Checa, mejor conservadas que la destrozada Alemania de finales de la guerra mundial. Aunque existan excepciones al destrozo general, como la fronteriza y hermosa ciudad de Constanza.

La película de hoy arrancó con cierta polémica. Y es que sale Hitler (interpretado por el propio Waititi) como amigo imaginario de un niño de diez años. Y los políticamente correctos se lanzaron al ataque. Es curioso que hay quienes empezamos a pensar que tan peligrosos para la libertad de expresión son los fascistas como los talibanes de la corrección política. Hay veces que dicen cosas sobre el humor, la parodia o la risa como crítica social y política que me recuerdan a las opiniones de cierto monje castellano que imaginó Umberto Eco en su novela más conocida. Pero en filosofía y pensamiento, siguiendo con la novela de Eco, yo soy más de la línea de Guillermo de Baskerville, hijo natural de Guillermo de Ockham y Sherlock Holmes.

La película se presenta como una comedia, y en no pocos momentos hace que nuestras caras se iluminen con sonrisas. E incluso esbocemos alguna carcajada. Que no acaban de ser francas, porque no hace falta ser un lumbreras para saber que dado el lugar y el tiempo de la película, la Alemania nazi en 1944-45, la probabilidad de que se convierta en un drama, si no en una tragedia, es alta. Jojo (Roman Griffin Davis) es un niño que vive con su madre (Scarlett Johansson), y cuyo padre está, supuestamente, en la guerra. El niño es un nazi convencido. Pero su mundo se desmorona cuando descubre que su madre esconde en casa a Elsa (Thomasin McKenzie), una resuelta adolescente judía.

La película bebe de los planteamientos de las películas de Roberto Begnini y Wes Anderson, conceptuales o formales. Y está notablemente bien planteada y rodada. Waititi sigue mostrando su capacidad creativa y su dominio de la puesta en escena con pocos momentos notables, aunque también con algún convencionalismo de libro para el tipo de película ante el que estamos. En el aspecto interpretativo, se apoya sobretodo en la omnipresencia del niño protagonista, que es un enorme acierto de reparto, y sus interacciones con una jóven pero sólida McKenzie. Scarlett Johansson está probablemente en su mejor papel en muchos años, aunque sabe a poco; es un personaje de quien nos gustaría saber más y de quien se podría hacer otra película. Lo mismo sucede con otro secundario, el capitán Klenzendorf, intepretado por el siempre solvente Sam Rockwell, y cuya disimulada pero obvia humanidad, también podrían ser merecedoras de una película propia.

¿Dónde están los defectos, si los hay, en esta película? Desde mi punto de vista, en la transición entre la comedia y el drama. Aunque sabíamos que vendría, no sabíamos qué forma tendría. Y aunque provoca que el cine se sobrecoja… luego se sigue de una fase en la historia que está contada de una forma muy sumaria, entrecortada y… bueno, es que daría para otra película. Como podéis ver, en mi opinión, el universo que Waititi crea en esa ficticia ciudad alemana es lo suficientemente rico para dos o tres películas más. Y eso nos deja con la sensación de que lo que se nos cuenta está bien, pero es insuficiente. En cualquier caso, una película bastante recomendable. Probablemente no como para darle ese Oscar a la mejor película al que es candidata, pero sí como para que cualquiera le merezca la pena acercarse a la sala de cine, a poco que le guste el séptimo arte. Eso sí, me sentiría cómodo con que se llevase alguna de las otras cinco estatuillas a las que es candidata.

Valoración

  • Dirección: ****
  • Interpretación: *****
  • Valoración subjetiva: ****

[Recomendaciones fotográficas] Tragedias, realidades y ficciones

Fotografía

Por razones de “agenda” he decidido que mis recomendaciones de esta semana van en sábado y no en domingo como de costumbre. Si tengo tiempo, mañana, cine. Tampoco tengo mucho esta semana, así que… la cosa irá rápida. Creo…

Esperando a probar mi reciente adquisición de hace 50 años, unas cuantas fotografías de 2013 con la Canon Demi EE17

En Cartier-Bresson no es un reloj nos cuentan la historia de una famosa fotografía de Robert Wiles. Es mucho más famosa que el propio fotógrafo. Wiles fotografió en la primavera de 1947 el cadáver de una mujer, aparentemente suicida, que saltó del Empire State Building con solo 23 años y cuando se acababa de comprometer en matrimonio para casarse unos pocos meses después. Nunca se supieron las razones de este acto. Cuando Wiles tomó la fotografía, el cadáver de la chica estaba todavía en el lugar en el que calló, en la calle, sobre un coche destrozado por el impacto. Y la fotografía es extrañamente bella. No diré más. Leed el análisis de Leire… que lo explica mucho mejor de lo que yo podría hacer.

Curiosamente, alguien rescató un entrada publicada en Y- Not Magazine hace algo más de un año en la que se hablaba de la tragedia como objeto estético. Y lo hacía a propósitio de las fotografías de Enrique Metinides. Este mejicano de ascendencia griega comenzó en la fotografía tomando imágenes de accidentes automovilísticos. Y luego, de sucesos violentos en general. La cuestión es que no pocas de sus fotografías son bellas, como la de la suicida del Empire State Building. No es nueva esta asociación entre muerte y belleza; se puede explorar en distintas disciplinas artísticas a lo largo de la historia del arte.

Nan Goldin saltó a la fama fotográfica por su estremecedora Ballad of sexual dependence. Pero previamente había publicado un ensayo, The Other Side, había participado en el ambiente de los homosexuales y trans de Nueva Inglaterra, fotografiando sus glamourosas y divertidas vidas. Con un triste colofón,… la mayor parte de aquellas personas fallecieron jóvenes por culpa del sida, las drogas u otros eventos. Goldin es una gran cronista de un momento determinado de la historia social del siglo XX. Nos lo han contado en Feature Shoot.

En Lenscratch, a partir del trabajo de siete artistas, Stephanie Dinkins, Trevor Paglen, Leo Selvaggio, Maija Tammi, José Orlando Villatoro, Xu Bing y Liam Young, nos hablan de los límites que está alcanzando la tecnología en los que es casi imposible diferenciar el retrato de una persona real del generado por un programa informático, reciba o no el rimbombante apelativo de inteligencia artificial. A mí, el trabajo que más me impresiona es el de Maija Tammi, One of them is a Human. Estos artistas no son estrictamente hablando fotógrafos… pero…

[Cine en TV] J'ai perdu mon corps

Cine

J’ai perdu mon corps (2019; 04/20200118)

Hacía ya un par de semanas que le había echado el ojo a este título que apareció de pronto en el catálogo de Netflix, sin mucha alharaca previa. Animación procedente del país galo, con una premisa fantástica curiosa, pero para la que no había encontrado un momento. Y eso que no es muy larga, con poco más de 80 minutos de duración. Pero su presencia entre la lista de candidatos al Oscar al mejor largometraje de animación, terminó de animarme.

Pues eso. Inevitablemente París. En un ambiente invernal. Apropiado a la película. Aunque al final sientas cierto calorcito en el corazón.

Dirigida por Jérémy Clapin, su primer largometraje de animación tras haberse fogueado con cuatro o cinco cortos, nos presenta dos historias en paralelo. En una, que podríamos decir se mueve en el terreno de la fantasía, una mano guardada en el frigorífico de un laboratorio forense se “escapa” del mismo y comienza un azaroso viaje por las calles de París en busca de su cuerpo. En la otra, mucho más engarzada en la realidad cotidiana, un niño inmigrante huérfano de padres se convierte en un joven inseguro, sin un camino definido hacia el futuro, y que en una noche desastrosa desde el punto de vista laboral encontrará y se sentirá atraído por una joven parisina.

Clapin adapta una novela, Happy hand, de Guillaume Laurant, guionista habitual de las películas de Jean-Pierre Jeunot, entre ellas, la más famosa, no necesariamente la mejor, la dedicada a una joven que compartía nombre con mi madre. Y eso nos puede dar un poquito una idea del tono. Personajes solitarios, que sin ser marginados se mueven por los márgenes de una sociedad en la que no acaban de encajar, pero esencialmente buenos. La ciudad, tan mitificada en tantas ocasiones como la ciudad-luz, y otros epítetos rimbombantes, se nos presenta en esta ocasión oscura, llena de peligros, ayudados por la metáfora del viaje de la mano. Pero con puntos de luz que pueden ayudar a orientarse en un momento dado a la persona perdida. También funciona, sin ser agresiva, como comentario social a las dificultades de integración de personas que, pudiendo haber sido mucho, la desgracia y el desarraigo les lleva por callejones vitales sin salida. Por otro lado, también funciona como una bella película romántica, desprovista de empalago, pero sólidamente fundamentada.

La película crece con el tiempo. Si en el momento de verla sientes que simplemente te ha dejado buen sabor de boca, que han merecido la pena los 80 minutos de tu vida que le has dedicado, poco a poco vas tomando conciencia de los valores de la historia, de que tiene mucho más de lo que aparenta y que está muy bien. Muy alejada de la animación vistosa y chillona que nos llega de Hollywood, es más sutil, más cercana y más humana. Bien, oye.

Valoración

  • Dirección: ****
  • Interpretación: ****
  • Valoración subjetiva: ****

[Libro] Kwaidan

Literatura

Allá por mitad de noviembre, hablándoos de libros de fotografía, os comentaba la adquisición del titulado Kwaidan: Stories and studies of strangers things, con fotografías Watanabe Hiroshi y textos de Lafcadio Hearn.

Hearn fue un periodista y un orientalista. Hijo de madre griega y de padre británico. Irlandés por más señas. Su principal interés se centro en la cultura de los países del Asia oriental y, especialmente, en la antigua y rica cultura de Japón, país en el que se instaló, se casó y se naturalizó, adoptando el nombre de Koizumi Yakuzo, y profesando la religión budista. Murió relativamente joven, en 1904, por lo que vivió la época más brillante de la era Meiji, pero ya no conoció la deriva militarista e imperialista del Imperio del Sol Naciente tras su victoria sobre el Imperio Ruso en 1905.

Inevitablemente, mediante fotografías, nos sumergiremos en el mundo de las mitologías niponas.

El texto de Hearn que se incluye en el libro que he comentado, en su versión original en inglés está ya en el dominio público. Por lo tanto, no es necesario comprarse ese libro para leerlo. De hecho, como la lectura del mismo hubiese sido incómoda por el volumen del libre, descargué una versión del proyecto Gutenberg, y la leí cómodamente en el lector de libros electrónicos.

Kwaidan es una transcripción al alfabeto latino antigua de la palabra kaidan [怪談], que significa “historia de fantasmas”. O dado que las palabras no se modifican según género y número en japonés, “historias de fantasmas”. Y buena parte de los relatos cortos de este libro son precisamente eso; historias de fantasmas, de espíritus. Y por la conversión al budismo de Hearn, muchos de ellos tienen un significado en las tradiciones, los ritos y las creencias de esta religión en Japón. Algunos pueden entrar en el género del terror, pero otros plantean metáforas o historias extraordinarias, con tonos que pasan por lo romántico, nostálgico o melancólico.

Pero lo más curioso llega cuando pasada la mitad del texto, deja de lado estas historias para entrar en sus “estudios” sobre insectos. Como digo, hay que pensar en la conversión al budismo de Hearn. Y que acoge creencias o leyendas de esta religión. Entre los insectos “estudiados” incluye a las mariposas, los mosquitos y las hormigas.

Las mariposas se convierten en metáforas del alma humana, y el texto está muy bien, con una recopilación de haikus muy bellos. Bien. El estudio de los mosquitos, como metáfora de la codicia humana, es más anecdótico. Pero lo que resulta absolutamente impactante, por su naturaleza peregrina, seudocientífica y por un despiste monumental de como funciona el mundo y la entonces recientemente formulada teoría de la evolución, es su visión de las colonias de hormigas como una sociedad más avanzada que la human en los aspectos éticos, en la estructura social, en los biológicos, y en… ¡mátame camión!, en la adopción de estos insectos de una vida casta y sin sexo, fuente de muchos males de la humanidad. Al parecer. Bueno… él parece que no adoptó estos principios de vida casta, ya que tuvo cuatro hijos con su esposa japonesa… por lo tanto…

Es recomendable este libro. Pues sí. Está bien escrito, aunque el estilo me resulta arcaico, y más difícil de leer. En inglés. Y no sé si es porque él escribía así o porque adopta ese estilo para amoldarse a la naturaleza antigua o legendaria de sus historias. Pero quizá sea recomendable para un público limitado. Curiosos de la cultura japonesa, amantes de los cuentos de espíritus y fantasmas, terror o no, o gente dispuesta a experimentar en sus lecturas. Lectores más convencionales, quizá no encuentren aliciente en estas historias de espíritus y otros fantasmas.

[Fotos] Los días más cortos del año

Fotografía

En Zaragoza, si tenemos suerte y no nos invaden las nieblas, las tardes de diciembre, próximas al solsticio de invierno son bonitas. Hay una luz estupenda. A pesar de ser invierno, genera alegría, optimismo, buen humor. Así que es frecuente que las aproveche para hacer algunas fotografías. Como este paseo por la orilla del Canal Imperial de Aragón en un sábado de diciembre, a primera hora de la tarde. Los detalles técnicos en Hacia el solsticio de invierno – Hasselblad 500CM con Kodak Ektar 100.

[TV] Cosas de series; para Navidad, aventuras espaciales

Televisión

Bueno… pensaba que hoy tampoco iba a tener tiempo para actualizar este Cuaderno de ruta. Últimamente he bajado algo el ritmo. Líos por otros lados. Pero “gracias” al mal tiempo que reina en la península en general, y en Zaragoza en particular, apetece poco salir a la calle, y me está cundiendo la tarde. Esta mañana, por unas idas y venidas que me ha tocado hacer en el trabajo, me he quedado con pocas ganas de salir a más idas y venidas por la tarde.

Ya que ha salido por ahí la familia Trapp, pues vámonos a darnos un paseo por Salzburgo, un rincón del sistema solar que nos vale tanto como cualquier otro en esta entrada de aventuras espaciales.

Durante el período navideño, y hasta un poquito después, fui siguiendo varias series con algo en común. Son… AVENTURAS ESPACIALES… uno de mis géneros favoritos, aunque pocas veces me satisfaga la que veo. Pero bueno. Seamos optimistas en esta ocasión.

En primer lugar, The Mandalorian. Bueno. Esta no ha sido del periodo navideño especialmente. Venía de antes. Pero la he terminado de ver a finales de diciembre. La nueva serie del universo Star Wars que tiene como protagonista un mandaloriano (Pedro Pascal), un tipo de la especie/el gremio/la secta o lo que sea de Boba Fett. Pero en majo. Y con él, la sensación de la temporada, ¡¡¡BABY YODA!!!… un pequeñín, poco más que un bebé de 50 años, de la especie del maestro jedi. Ese no es su nombre oficial… pero a falta de otro, es el que se ha popularizado en la red de redes. En esencia es un “space western” con un trama del tipo “El fugitivo”, bastante eficaz, que se ha ido viniendo a más conforme avanzaba la temporada. Y que en general es lo mejor que se ha visto de la saga en mucho tiempo. Superproducciones en forma de largometrajes incluidas. Esperando con ganas futuras temporadas.

Netflix nos ha traído la segunda temporada de Lost in Space, la reimaginación de la serie de los sesenta, que ya tuvo una (flojísima) versión cinematográfica hace algo más de 20 años. La primera temporada me pareció algo flojita. Pasable pero flojita. La segunda ha tenido más miga, y habido varios momentos en los que la trama me ha enganchado bastante. Pero tiene un problema. Con alguna notable excepción, la familia Robinson me parecen prácticamente insoportables. Que los expulsen al frío espacio exterior por una esclusa por favor. Y hagamos algo interesante con los demás. Anécdota. Angela Cartwright, una de las niñas de la familia Trapp en The Sound of Music [Sonrisas y lágrimas], creo que es la única que sale con más o menos importancia, en las tres versiones de la historia.

Y finalmente, Amazon Prime Video ha recuperado y nos ha traído la cuarta temporada de The Expanse. Esta aventura espacial que, hasta esta temporada, no había salido de nuestro sistema solar, con los dimes y diretes entre terráqueos, marcianos y cinturianos, más la aparición estelar de la protomolécula alienígena, ahora nos lleva a otros mundos, donde aprovecharán para crear tramas claustrofóbicas con cuenta atrás. Lo cual siempre suele funcionar. Como subtramas, politiqueos en la Tierra, complots en Marte y a los cinturianos que les salen rebeldes peligrosos en sus filas. La verdad es que me lo paso muy bien con esta serie. Esta escalando puestos bastante ágilmente entre mis aventuras espaciales favoritas. Y, aunque el nivel de interpretación es variopinto, hay gente bastante buena, y otros no tanto, la verdad es que el desarrollo de caracteres está bastante bien.

[Recomendaciones fotográficas] Géneros diversos, de ayer y de hoy

Fotografía

Mucha diversidad en los marcadores coleccionados durante esta semana. Vamos a ver si los presento con un poco de coherencia. Y concisión. Que no ando sobrado de tiempo. Aunque los “morros” que traía el tiempo cuando me he asomado a la ventana al saltar de la cama no eran muy prometedores.

Sigo con fotografías del mismo carrete que comenté ayer, realizadas con la Canon EOS 650 y el objetivo EF 28-135/3,5-5,6 IS USM. Advertir, porque ayer comprobé una confusión, que la cámara es la que inició la serie EOS en 1987, para película tradicional, y no la EOS 650D, cámara de captura electrónica, mucho más moderna.

En On this date in photography dedican una de sus entradas a la fotógrafa húngara Rózsa Klein, también conocida como Rogi André, que se estableció en París en 1925 y se convirtió en vecina de André Kertész. Y después en su esposa. Hasta que se separaron en 1932. No muy conocida en lo absoluto, especializada en retrato, autorretrato y desnudo, fue tutora de gente como Lisette Model y Dora Maar. Pero es una fotógrafa que me parece muy interesante en sí misma.

En algunos textos, Sophie Calle aparece como fotógrafa… lo cual es un simplismo absoluto. Artista contemporánea conceptual que ha enfocado su visión artistas de formas muy diversas, especialmente mediante complejas performances y acciones, ha utilizado la fotografía para reflejarlas. Creo que es interesante el artículo que han publicado en Lenscratch recientemente sobre esta artista para comprenderla mejor.

Desde hace ya un tiempo, sigo en Instagram a la fotógrafa Valerie Chiang, porque me gusta y por su uso de película tradicional como medio habitual. Es elegante y mezcla cierto clasicismo innovador con conceptos más modernos. Esta semana le han dedicado un artículo en Booooooom.

Si algo satura las redes sociales es la modernamente denominada street photography, que antaño hubiese sido simplemente fotografía documental, en las calles o donde fuese. Pero también ha hecho que todo el mundo se apunte a la moda, se copien todos hasta el aburrimiento o se hagan bodrios tremendos con ignorancia absoluta del buen gusto y del respeto hacia el otro en nombre de… bueno, cada cual busca sus excusas para ser un zafio. Por eso, cada vez le presto al “género” menos atención. Pero esta semana, en Lensculture, he podido conocer el trabajo de Jens Krauer (Instagram), un fotógrafo suizo que trabaja en el área metropolitana de Zúrich, y que con sus retratos urbanos callejeros recupera una buena parte de la elegancia y virtudes estéticas que alguna vez se conoció en este ámbito.

Muchas veces hago referencia en estas páginas a los artículos de Cartier-Bresson no es un reloj. Detrás de este excelente blog está la periodista y fotógrafa Leire Etxazarra, que en un artículo reciente se sincera sobre su trayectoria en la fotografía y sobre el siempre costoso proceso de aprendizaje, en este caso de aprender a mirar y ver las fotografías, diferenciando claramente lo que nos gusta de lo que tiene miga e interés, nos guste o no. Me ha gustado.