[Fotos] Realizadas por Zaragoza con distintos objetivos sobre cámara reciente

Fotografía, Sin categorizar

Como me agencié hace unas pocas semanas una cámara nueva para aprovechar los objetivos con montura Canon EF, a muy buen precio, he estado probando esos objetivos y otros diversos con adaptadores durante esas semanas. Y bueno… puedo dar vida a todos esos objetivos que fui comprando durante tres décadas de mi vida.

Detalles técnicos en Una variedad de objetivos y adaptadores sobre la Canon EOS RP.

[Libro] Noches blancas – Fiódor Dostoyevski

Literatura

Debo reconocer que tengo grandes carencias en mi conocimiento de los clásicos rusos del siglo XIX tan celebrados por tantos, por sus aportaciones al relato literario, a la novela con mayúsculas. Pero mi única experiencia con ellos es Ana Karénina de León Tolstoi, que siempre me ha generado una sensación ambivalente. No puedo negar la gran calidad de la novela, pero al mismo tiempo me genera rechazo la ideología que Tolstoi destila detrás de la misma. Por mucho que reinterpretaciones actuales de la historia de la historia hayan querido ver en la Karénina como icono feminista, Tolstoi la expone como ejemplo de comportamiento impropio que merece castigo… como así sucede, mientras los machotes rusos de la época siguen con sus vidas.

No he ido y no sé cuando visitaré Rusia. Para ilustrar la entrada, usaré las salas de un palacio ruso, el de Catherinethal o Kadriorg, en Tallín.

Pero en vísperas de mis vacaciones en agosto apareció la novela corta de Dostoyevski que hoy nos ocupa en oferta en mi tienda de libros electrónicos habitual. Y fui a por ella.

Se lee en un plisplás. En ella se nos narran una serie de encuentros entre dos jóvenes. El, con veintipocos años, todavía pobre, se esfuerza por salir adelante trabajando y llegar a algo. Es solitario. Y como distracción se conforma con sus paseos por San Petersburgo. Ella, una adolescente que no ha llegado a los dieciocho años, también pobre, al cuidado de su abuela. Él se enamorará irremediablemente de ella. Pero ella,… ella espera que se realice una promesa una vez realizada.

Sencilla, ágil, pero profunda, es una delicada vuelta más al eterno tema de los amores no correspondidos. Y al terror que cualquiera siente ante la frase,… “pero podemos ser amigos”. Muy recomendable.

[Fotos/viajes] La isla de la Palma con película en blanco y negro

Fotografía, Viajes

Durante mi reciente viaje en el mes de agosto a la isla de la Palma, en las Canarias, además de mi equipo habitual digital, para la fotografía en color principalmente, me llevé también una de mi más queridas y fiables cámaras para película tradicional y cuatro rollos de película en blanco y negro. Aquí os dejo unas cuantas fotos.

Los detalles técnicos los explico en Viajando por la isla de la Palma con Pentax MX + Ilford XP2 Super 400 (además del equipo digital)

[TV] Cosas de series; ronda de comedias románticas surcoreanas

Televisión

Después de pensármelo muy bien, porque tenía dos opciones para una entrada televisiva, he decidido “airear” mis últimos guilty pleasures surcoreanos. Que han llegado en forma de comedias románticas. Siempre con su puntito dramático claro. Realmente otros géneros en series de televisión de aquellas latitudes cada vez me apetecen menos. El “objetivo” de apuntarse a estas series es el de no pensar en nada, pasar un rato entretenido y después, si te he visto no me acuerdo. Aunque ha veces sí.

Démonos un paseo por el centro de Seul para una entrada tan centrada en Corea del Sur.

La serie que vi en agosto es Saikojiman gwaenchana [사이코지만 괜찮아, Es una psicópata, pero está bien] que en occidente podemos ver con el título en inglés de It’s okay to not be okay o Está bien no estar bien. Menos agresivos que la traducción del original coreano. La cosa va de una escritora de cuentos infantiles (Ye-ji Seo) que va por el mundo con un trastorno de personalidad antisocial. Lo que muchas veces se llama “psicópata” o “sociópata”. Aunque esta no llega al extremo de ir matando gente. Guapísima, estilosa, con dinero,… pero insensible e insorportable. Por otro lado, tenemos a un enfermero (Soo-hyun Kim) que va por el mundo haciendo trabajos temporales y cuidando de su hermano mayor (Jeong-se Oh), que padece un trastorno del espectro autista. Y llega un día en que las vidas de estas personas, junto con las de otra enfermera amiga del anterior (Gyuyoung Park) y colada por él. Y todo se pondrá patas arriba para todos, y acabarán relacionándose en el entorno de un hospital psiquiátrico alejado de Seul. Sin contar con que sus vidas ya se cruzaron en la infancia, con un terrible secreto que se cierne sobre ellos. Para que os hagáis idea de la popularidad de la serie y sus intérpretes, en estos momentos 4.205 votantes en IMDb le otorgan una puntuación media de 9 sobre 10. Ha habido algún momento, recién estrenada en Netflix y solo vista en Corea del Sur en el que esa puntuación media estaba en 9,2. Serie buenrollista que intenta normalizar los problemas de salud mental, carece de rigor alguno sobre sus características y copia de un montón de fuentes para componer un pastiche que pese a todo resulta muy divertido. Muy divertido. Especialmente gracias al buen trabajo de la protagonista que, además de guapa y estilosa, muchísimo emplazamiento de producto en estas series, está que se sale. Con muchos de los defectos innatos a la comedia romántica surcoreana, sobresale sobre casi todo lo que he visto y realmente puede ser recomendable. Creo que últimamente el nivel de las producciones para Netflix de esa nacionalidad va mejorando.

A continuación, en septiembre, se estrenó Uri, Saranghaesseulkka [우리, 사랑했을까 Nosotros, te amamos], titulado en este lado del mndo en inglés como Was it love? o en castellano como ¿Era amor? Y aquí tenemos a una madre soltera de 37 años (Ji-Hyo Song) con una hija de 14 años a la que ha dedicado su vida desde que se vio obligada a dejar la universidad por el embarazo. Y con un sueño, ser productora de cine. Pero por el desfalco de su jefe en la productora, se ve en apuros económicos, cuando se encuentra rodeada de tres hombres de aquella época, su antiguo novio de quien se separó de malos modos, su buen amigo, actualmente actor, y un conocido más joven, a quien animó a seguir una carrera de profesor, y que actualmente es el profesor de su hija. Y a estos hay que añadir un prestamista con pintas de mafioso, pero que curiosamente parece dispuesto a echarle un cable. Dos misterios son la base de la serie. ¿Quién es el padre de la niña, probablemente uno de los cuatro? ¿Con quién se quedará al final? Hay otros misterios o intrigas secundarias que animan episodios concretos, permitiendo estirar hasta los dieciséis episodios una premisa que no da para tanto. Es entretenida, también se basa en el buen trabajo de su protagonista femenina, aunque no llega a los niveles de la anterior. Es recomendable, exclusivamente, como guilty pleasure. Sin más.

[Libro y fotos] Jack Davison y el 50 mm

Fotografía

Lo comenté hace unas semanas. Las fotografías de Jack Davison me gustaron. Las de su trabajo más reciente, pero que no está a tiro para su compra, y las de su primer libro, Photographs, que al final decidí encargar. Son fotografías muy diversas, no hay un hilo conductor claro que las una a todas, pero están en general muy bien, y algunas son muy buenas. Muy ecléctico en su estilo. En algunas me recuerda el uso del color de Saul Leiter. En otras, el expresionismo en blanco y negro de los nipones de Provoke. Pero en general, disfruto hojeando con calma el libro. Así que bien, buena incorporación a la biblioteca.

Mientras, sigo probando qué tal se lleva mi nueva Canon EOS RP con las distintas ópticas que le puedo aplicar. Y he dedicado una sesión exclusiva al estándar 50 mm que tengo desde hace tiempo. Los detalles técnicos de los observado y las características de ese objetivo lo podéis encontrar en Canon EF 50/1,4 USM sobre Canon EOS RP; la óptica que cayó en desgracia. En esta entrada, simplemente os dejo algunas fotos recientes con esta combinación de cámara y objetivo.

[Cine] Las niñas (2020)

Cine

Las niñas (2020; 43/20200907)

Reconozco que tengo un problema de confianza con el cine español. Más que con el cine español, con los medios que hablan del cine español. Cuántas veces he acudido al cine en los diez últimos años animado por los comentarios positivos de los medios, de los críticos nacionales, y he quedado profundamente decepcionado. Convencido a la larga de la connivencia entre la industria del cine y los medios para proporcionarse mutuamente clientes, pero con ausencia de una honesta crítica sobre lo que espera en las salas al espectador.

Mis fotos de hoy, aunque tomadas hace unos meses, son de lugares que han permanecido muy estables con los años. Que forman parte del paisaje de mi infancia. Y que son vecinos a algunas de las localizaciones de la película de Pilar Palomero.

También me dan miedo cuando relacionan el cine con mi tierra; Zaragoza, Aragón,… situad el ámbito geográfico donde prefiráis. Después de hablar de las viejas glorias, ya desaparecidas muchas, que esta tierra dio al séptimo arte, y en medio de tópicos, llegan las alabanzas al nuevo realizador o realizadora de turno. Cuando llego a la sala nueva decepción. Así que cuando después del festival de Málaga hubo un coro prácticamente unánime de voces alabando el trabajo del primer largometraje de ficción de la zaragoza Pilar Palomero, no puedo negar que un temblor de escepticismo me recorrió el cuerpo. Al final, este lunes pasado, vencí esa sensación y, sólo, porque no encontré compañeros que me acompañasen, en gran medida por los motivos mencionados, me fui a las más céntricas salas de cine de Zaragoza, ciudad en la que está rodada la película.

Nos cuenta Palomera la transición de la niñez a la adolescencia,… o preadolescencia, de Celia (Andrea Fandos), que vive en un piso y barrio modestos de la capital aragonesa con su madre (Natalia de Molina), muy joven y aparentemente viuda, y asistiendo a un colegio de sólo niñas, religioso, regentado por monjas católicas, donde está su principal ámbito de relación y amistades, sus compañeras de colegio. Especialmente con la llegada de una niña huérfana que ha vivido hasta el momento en Barcelona, y que va más avanzada en su transición a la adolescencia.

Sobre la historia, no hay mucho más que contar. No es una historia de planteamiento-nudo-desenlace. Es una historia de este-momento-de-una-vida. Una vida que viene de algún sitio, que vamos descubriendo durante la narración cinematográfica, y que va a alguna parte… cosa que sólo podemos inferir por el hecho de que se nos insiste que estamos en el año 92 y que conocemos la historia y las vidas de las mujeres que eran niñas en esa época y que tienen ahora 40 años. Y Celia es una de ellas. O por lo menos ese es el mensaje que se nos transmite.

He de decir que durante la proyección e inmediatamente tras la misma quedé en un estado de relativa extrañeza. Por mis vivencias personales, si lo que se nos presenta en pantalla se nos hubiera presentado como una historia que transcurre en los años 70, en el final del franquismo o principios de la transición, momentos en los que yo vivía mi adolescencia y asistía a clase en un colegio religioso católico… me hubiera parecido de lo más normal. Un fiel reflejo de la época. Pero, ¿en el año 92? ¿cuando la mayor parte de los colegios religiosos se habían habierto desde 10 años antes a la educación mixta? ¿conociendo cómo fue la niñez y adolescencia de mi hermana, con una edad intermedia entre la mía y la del personaje de la niña de la película? ¿Nada había avanzado la sociedad española en 16-17 años? Salvo algunos detalles como la música popular y alguna otra cosilla, nada diferencia la Zaragoza del 92 que presenta Palomero de la de los 70. Es casi un ambiente atemporal, donde el año tiene una importancia relativa.

Pero la película es de las que dejan un regusto. Y es un regusto positivo. Es de las que crecen en la memoria. De las que poco a poco cala lo que has visto, tanto en su aspectos formales como en su fondo. Da igual el contexto. El viaje al que asistimos es interior. Y puede realmente ser equivalente al de otras muchas niñas a lo largo de muchas década, sirviendo el entorno de mero decorado, para una sociedad que ha evolucionado mucho más lentamente de lo que imaginamos, con valores con sus cosas buenas y con sus lastres, que han permanecido con más persistencia de lo que las apariencias de modernidad nos hacía creer. Palomero rueda con un presupuesto limitado, eso es evidente. Pero le saca partido. Optando arriesgadamente por un formato 1,37:1, cuadradote, con planos muy cerrados sobre la niña protagonista y el resto de las niñas. Sacando oro de la interpretación de la niña, que está fenomenal. Pero cuando hablamos de la interpretación de niños, dejando aparte las cualidades de los mismos, para que resulten naturales, si son buenas, inevitablemente hablamos del trabajo cuidadoso y cómplice de la directora. Sin el cual, las interpretaciones infantiles no resultan.

Cuántas veces se me ha ido el pensamiento después de ver la película a comparar a Celia con Ana (Ana Torrent), la niña que magistralmente presentó Victor Erice en El espíritu de la colmena, actriz infantil a la que pocos años después Carlos Saura volvió a aprovechar también magistralmente en Cría cuervos. Si de aquellas, el recuerdo predominante son los muy abiertos ojos de la niña, en esta ocasión, en otro ambiente, con otros problemas, es la sonrisa que eventualmente aparece en el rostro de Andrea Fandos. Esta vez sí que estoy de acuerdo con los voceros de los medios y las instituciones. Estamos ante una excelente película, que merece ser vista y reflexionada. Un trabajo extremadamente meritorio, que espero que alcance el reconocimiento que merece en tiempos tan difíciles para la exhibición de la obra de arte cinematográfica.

Valoración

  • Dirección: ****
  • Interpretación: ****
  • Valoración subjetiva: ****

[TV] Cosas de series; de hospitales va la cosa

Televisión

Tres series en Filmin y las tres tienen en común que se desarrollan en hospitales. Los hospitales están, tristemente, de moda. De que sean capaces de aguantar los embates de la pandemia de covid-19 depende que las poblaciones tenga libertad de acción o de movimientos o no. Si colapsan, todos encerrados. Así de dependientes somos de las estructuras del estado del bienestar, tan vapuleadas en las últimas décadas por el dogma del liberalismo más atroz. Pero vamos a ellas. Tres, o quizá dos, series en un entorno sanitario

Charité es el nombre, tan francés, de uno de los más célebres hospitales de Alemania y Europa. Enorme hospital cuyas dependencias se pueden ver desde el S-bahn cuando te desplazas en uno de sus trenes entre las estaciones de Berlin-Friedrichstrasse y Berlin-Hauptbanhof. Es un monstruo enorme. Y también es el título de una serie de televisión alemana de seis episodios que nos cuenta las peripecias de este hospital a finales del siglo XIX, cuando en sus salas realizaron sus trabajos destacados médicos e investigadores como Virchow, Koch, Ehrlich o Behring. Probablemente, a buena parte de la gente, son nombres que dirán poco. Pero son gente que hizo grandes avances en el ámbito de la medicina y la fisiología en su época que fueron configurando las características de la medicina moderna. Cualquier estudiante de medicina, hasta el más cenutrio, que los hay, ha escuchado sus nombres. La serie dramatiza algunos de los hechos de estos médicos e investigadores, desde la visión de una enfermera de ficción (Alicia von Rittberg) que se supone que pasó por allí en aquellos años entre el final del reinado del kaiser Guillermo I y los primeros años del de su nieto, el infame Guillermo II. Producción realizada con gran presupuesto, fue un gran éxito en su país y otros países de Europa. Y yo me lo pasé bastante bien. Quizá porque por mi profesión sentía mucha curiosidad por el trabajo de estas gentes. Curioso lugar Alemania, donde alterna el genio científico y artístico, cultural en general, con los nacionalismo bárbaros, violentos y racistas que ya conocemos.

Tenía la cosa de, o fotografías de Berlín o de París. Como realmente la Charité está en el centro de Berlín, mientras que el ficticio hospital Poincaré esta en una localidad de la periferia parisina, he optado por la capital alemana.

Tal fue el éxito de de la serie, que su productores se animaron con una segunda temporada o una segunda serie. Creo que para los alemanes es una segunda temporada, mientras que en otros países aparece como una serie distinta, Charité at war/Charité en guerra. Ciertamente, tiene en común el estar ambientada en el mismo hospital, el tener unos protagonistas ficticios, pero con unos personajes secundarios (o no tan secundarios) que fueron reales, personajes históricos, un alto nivel de producción y seis episodios de duración. La diferencia… pues que saltamos de finales del siglo XIX a los tres últimos años de la Segunda Guerra Mundial. A esas alturas, el nazismo alemán había realizado tantos desmanes que ya no es posible encontrar una pléyade de figuras históricas de la medicina del mismo nivel que en la anterior, aunque las hay, tanto dignas como infames. Porque entre medias, encontramos las políticas de eugenesia, de exterminio y los fanatismos que el nazismo despertó entre la población alemana, personal sanitario incluido. Menos curiosa que la anterior, desde ciertos puntos de vista es más interesante. IMDb nos habla ya de una tercera serie… ¿quizá con la Charité en manos de la RDA en tiempos de la guerra fría? Probablemente.

Y mientras tanto, buceando también por el catálogo de Filmin me encuentro con una recomendación, Hippocrate, del director francés Thomas Lilti, y que ya presentó en 2014 un largometraje con el mismo título y con unos temas de fondo similares. En el largometraje, que también se puede ver en Filmin, Lilti entraba en la tradición del cine francés comprometido socialmente presentando los problemas de la sanidad pública francesa desde el punto de vista del joven titulado (Vincent Lacoste) que se incorpora como interno, lo que en España llamaríamos residente o MIR, a un hospital de la periferia parisina. En la serie, también acompañamos a una chica, Alyson (Alice Belaïdi), en su incorporación como interna al servicio de medicina interna de otro hospital de la periferia parisina. Pero en su primer día se encuentra con que toda la plantilla de médicos titulares del servicio ha sido puesta en cuarentena por su exposición a un virus de origen desconocido en uno de los pacientes, que ha fallecido. Y ella junto con otros dos internos residentes más, más veteranos, y un anatomo patólogo que trabaja en el hospital habitualmente haciendo autopsias clínicas, tienen que apechugar con todo el servicio de medicina interna. He visto alguna que otra burrada de gestión en los hospitales públicos españoles. Incluso me ha tocado participar, a la fuerza ahorcan, en alguna de ellas a lo largo de mi vida profesional. Pero como esta ninguna. Conste. El caso es que al igual que la película, Lilti aprovecha para hacer una crítica de las deficiencias de la sanidad pública en su país, al mismo tiempo que aprovecha los ocho episodios de los que consta la serie para sacarse de la manga algunas tramas personales más o menos conseguidas, y entre las que destaca la melodramática que afecta a Chloé, la interna residente más veterana interpretada por la guapísima Louise Bourgoin, que se pasa de edad para el papel que le dan, por muy estupenda que esté. Aunque se manifiesta como una excelente actriz, en el mejor papel que le haya visto yo hasta el momento. No está mal la serie, pero tiene altibajos y momentos cuestionables, que ponen duramente a prueba mi “suspensión temporal de la incredulidad”. Cosas de trabajar o haber trabajado en el medio. Parece que estaba previsto el rodaje de una nueva temporada a partir de enero de 2020 y durante seis meses… así que con la crisis del coronavirus… a saber en que situación está.

[Fotos] En el museo Pablo Gargallo con nueva cámara

Fotografía

Es casi una tradición visitar algún museo municipal de Zaragoza los primeros domingos de mes, día en que la entrada es libre y gratuita. O todo lo libre que puede ser ahora con las precauciones con la covid-19. Pero en este primer domingo de septiembre, se añadía otro aliciente; tenía una nueva cámara que probar. Así que le calcé un objetivo de 35 mm de focal y me fui para allá.

Los datos técnicos están en Tamron SP 35mm F/1.8 Di VC USD sobre Canon EOS RP a través del adaptador incluido.

Os dejo algunas fotos.

[Cine en TV] Mulan (2020) y los absurdos 21,99 euros

Cine

Mulan (2020; 42/20200905)

Desde hace unos años, la todopoderosa Disney ha venido adaptando sus clásicos de la animación a películas de acción real. O sea, con actores de carne y hueso. Porque la abundancia de gráficos generados por ordenador en muchas de estas películas las sitúan a veces en un limbo entre eso que llaman “acción real” y cierto tipo de animación. Estas películas, promocionadas a bombo y platillo, han tenido en general valoraciones de la crítica por debajo de los clásicos de animación en los que se basan, aunque no han dejado de ser una notable fuente de ingresos para la compañía. Yo sólo he visto dos en la gran pantalla, la adaptación de Alicia por Tim Burton, muy decepcionante, y la más reciente de el Libro de la Selva (hubo otra hace un tiempo), entretenida, aceptable, aunque sin el encanto de la de animación. En general, para mí, este tipo de adaptaciones y de eterno ordeño de la misma vaca, presentan escaso interés. Pero desde hace un tiempo, Disney se lanzó a un fuerte promoción de la adaptación de la leyenda china de Hua Mulan con intérpretes humanos.

Los mausoleos de la dinastía Ming en Nankín me servirá de ilustración para esta entrada, aunque sean muy posteriores históricamente al origen de la leyenda de Hua Mulan

Cuando se estrenó la versión animada, a pesar de lo mucho que me puede llegar a gustar el cine de animación, no la vi en la gran pantalla. En aquellos momentos identificaba la animación de Disney con unos modelos sociales, culturales e ideológicos que no me interesaban o incluso me repelían, y además era productos excesivamente orientados al público infantil o familiar. Se dijo que la versión animada de la historia de Mulan suponía un avance en la forma de considerar a las protagonistas femeninas, más independientes, más proactivas, menos “princesas” a la espera del “príncipe encantador”. Pero cuando la vi en la pequeña pantalla, si bien resulta entretenida, el final es totalmente decepcionante y sigue siendo un ejemplo del conservadurismo que presentaba la productora. Para la versión actual se anunciaba una adaptación más adulta y puesta al día. Se prometía el espectáculo propio del cine épico chino, con quienes ha colaborado Disney, y mejoras en el argumento. Y ahí, como digo, vino la fuerte campaña publicitaria, impactada de repente por la pandemia de covid-19, que generó numerosas inseguridades para su estreno programado durante el verano de este impredecible 2020. Finalmente, la compañía decidió no estrenarla en la gran pantalla, llevarla directamente a su plataforma de contenidos en línea bajo demanda, con un precio de 29,99 dólares en EE.UU. o 21,99 euros en Europa, más la suscripción mensual a la plataforma. Cosa rara que el precio en Europa sea más barato que en EE.UU. A mí, sin entrar en detalles, me parecía desmesurado, casi descabellado. Y mucha confianza debían tener en la calidad de la película para realizar una apuesta similar. Este precio seguirá durante un par de meses, y a finales de año pasará al régimen general de la plataforma de Disney, justo para motivar las suscripciones en la época navideña.

Obviamente, ni me plantee ver en mi televisor la película con estos precios. Ni siquiera me interesa la suscripción a esa plataforma. Y además, los antecedentes de este tipo de antecedentes no eran tan buenos como para confiar a ciegas en la calidad de la película. Pero este sábado pasado fui invitado a cenar a casa de unos amigos, con las dos generaciones presentes, padres e hijos, y tenían como sorpresa la película en cuestión. Y la vimos.

El argumento de la película, dirigida por Niki Caro, es un calco de la película de animación, salvo que el final es un poco menos carca que el de aquella, y por la introducción de un personaje, una bruja que se transforma en ave rapaz, interpretado por la gran actriz china Li Gong. El papel principal descansa en sobre los hombros la actriz china Liu Yifei, que vivió unos pocos años en EE.UU. en su niñez y que debe hablar en inglés, idioma en el que está rodada la película.

En pocas palabras, la película es más bien mediocre, tirando a malilla. Más allá de cierta espectacularidad en algunas escenas, nada que no se haya visto ya en diversas ocasiones, carece de emoción. En parte por el propio desarrollo de la película, en parte por que es absolutamente predecible, incluso si no hubiésemos visto la versión animada. Y, en general, la interpretación es floja, sosa, carente de corazón. A mí me cuesta empatizar con una protogonista que, más allá de un físico adecuado, aunque con una edad superior a la esperada, aporta poco más al personaje. El resto del reparto,… una pena ver a la excelente Li Gong tratando de aportar algo a su estereotipado personaje, unos malos de caricatura, y el resto absolutamente anodino. Unos diálogos llenos de tópicos y frases hechas que no emocionan ni a Myrtle la llorona.

Me falta poco para calificar a esta película como un fiasco. Quizá no llegue a tanto, y la profunda decepción proceda de las propias expectativas que Disney había generado sobre la misma. Desde luego no me parece recomendable, y mucho menos pagar el precio que pide la compañía para su visualizado precoz, en el cual se pierde el factor “espectáculo” propio de las escenas de acción más espectaculares, previstas para la gran pantalla. No aporta nada nuevo. Ni sobre otras películas de acción épica chinas, que son muy superiores, ni sobre la versión animada, ni… sobre nada. La crítica profesional está dividida ante la misma, pero es que Disney es mucho Disney para recibir críticas muy duras por parte de los medio de comunicación. Y el “populacho”, en las diferentes plataformas, la está poniendo a caldo. Si encima resulta que la protagonista se manifestó como una leal seguidora de las consignas del régimen de Pekín ante la represión en Hong Kong de los manifestantes demócratas,… pues pocas simpatías está generando en las partes del mundo todavía no demasiado influidas por los dictadores chinos.

Valoración

  • Dirección: ***
  • Interpretación: **
  • Valoración subjetiva: **

[Libro] Perfume de hielo – Yōko Ogawa

Literatura

Dos libros he leído previamente de la japonesa Yōko Ogawa, y los dos me gustaron bastante. Uno incluso me impresionó fuertemente; el otro no tanto, pero también me pareció notable. A eso he de sumar haber visto una adaptación al cine de una de sus más conocidas novelas, que algún día leeré. Y si algo se puede decir es que Ogawa cuenta historias interesantes, con corazón, que lo hace bien, que es muy diversa, no encasillada en un determinado estilo o género, y que le gustan las matemáticas. Incluso es autora de un ensayo sobre las matemáticas en forma de conversaciones con un matemático.

Cuando preparé las posibles lecturas para mis vacaciones, aunque fuera repitiéndome en lo que se refiere al origen nipón de los autores, lo cierto es que escogí algunos con cuya lectura ya había disfrutado bastante en anteriores ocasiones. Romper el bloqueo lector que me ha atenazado varias veces a lo largo del año.

Algunas fotografías en blanco y negro, una de ellas con una ceremonia de matrimonio sintoísta, servirán de ilustración a esta entrada.

Lo cierto es que la premisa a priori de esta novela de Ogawa presentaba ciertos riesgos sobre su idoneidad para la época vacaciones. Ryōko, una joven periodista se encuentra viuda de repente, un año después de “casarse”, por el suicidio de su pareja, de profesión perfumista. Y de repente tiene que afrontar dos realidades; que se encuentra sola, deprimida, en duelo, y que hay mucho de la vida y la personalidad de su marido que le era desconocido. Que no sabía exactamente quién era. Y hay comienza la animación del libro. La protagonista comienza una búsqueda en el pasado del muerto que le lleva a conocer a su familia, de la que no conocía nada, su genio para las matemáticas, un amor de adolescencia, y unos extraños sucesos que acontecieron en Praga durante esa adolescencia.

Ogawa no dota de una estructura lineal a esta búsqueda. Va alternando los capítulos de las indagaciones en la capital checa, con el recorrido por la vida familiar del fallecido antes del viaje a las orillas del Moldava. Con gran habilidad va alternando también la reflexión sobre el duelo que sufre Ryōko, mujer enamorada de la persona fallecida, con la incertidumbre y la emoción de la búsqueda que emprende. Pero es que además, Ogawa se suma a las corrientes del realismo fantástico, y dota de elementos de esta naturaleza la búsqueda de Ryōko, acercándola a otros contemporáneos japoneses como Murakami. Pero lo hace a su estilo, con elegancia y habilidad, integrándolos perfectamente en el viaje, interior y exterior, a emprendido la protagonista.

Algunos misterios se resuelven. Otros, sobre la personalidad Hiroyuki, quedan velados por un cierto misterio. Al cabo, nadie de quienes lo trataron y quisieron, Ryōko, el hermano, la madre sumida en la demencia, la joven que lo quiso en su adolescencia,… ninguno de ellos acabaron de entender al fallecido por completo y sólo sumando las distintas experiencias podemos alcanzar a entender a Hiroyuki. A mí, me ha gustado mucho esta novela. Muy recomendable.

Nota: He entrecomillado lo de “casarse” puesto que en Japón las cosas del matrimonio son algo distintas. Un pareja puede celebrar una boda, o simplemente irse a vivir juntos y decir que están casados, o lo que sea, pero el auténtico acto de “casarse” es un acto administrativo por el cual se modifica el koseki o registro familiar que identifica el hecho de que dos personas se han casado. No sé si lo explico bien del todo, pero es algo así. En la novela, la protagonista y su pareja fallecida se considerarían a sí mismos como “casados”, pero no registraron el hecho en el koseki.

[Recomendaciones fotográficas] Lindbergh y algunas cosas más

Fotografía

Sigo con un bajísimo número de marcadores fotográficos recopilados cada semana. Esta última, me he estado fijando más y he notado que algunas fuentes de recomendaciones están poco activas, mientras que otras están con temas que han dejado de interesarme. Demasiado covid-19, demasiado Trump, demasiadas cosas a las que se les da vuelta sin fin sin llegar a ninguna parte. Pero alguna cosa he encontrado para este domingo y allá voy.

Espero para finales de esta semana que viene los resultados de los cuatro rollos de película en blanco y negro que hice en la isla de la Palma. De momento, exploro el blanco y negro a partir de las fotografías digitales del viaje. Salinas de Fuencaliente.

La fotografía de moda no es santo de mi devoción. Dejando aparte, sobre lo que se podría escribir mucho, la cosificación de la mujer, que pasa a ser mero perchero de carne y hueso u objeto pasivo del deseo, la moda en sí es, la mayor de las veces, banal, ineficiente, agresiva para el medio y un engaño global sobre cómo realmente es el mundo. Pero hay fotógrafos de moda que lo hacen muy bien. Y uno de ellos es Peter Lindbergh, como nos lo cuentan en Cartier Bresson no es un reloj. Muchas de las obras más conocidas de Lindbergh surgen a principios de los 90, cuando yo me aficionaba a la fotografía, y consumía con deleite las páginas de la revista francesa PHOTO, en cuyas páginas aparecían con frecuencia sus obras. Fue el momento en que surgieron famosísimas supermodelos, que aun hoy en día dan que hablar. Reconozco que hay un punto de nostalgia en esta recomendación.

Siempre he sido aficionado a la ficción distópica, literatura o cinematográfica. Desde que tuve conciencia social y política, habiendo nacido en una dictadura cuyas consecuencias y repercusiones no se han liquidado todavía, 40 años después de su final, los engaños que llevan a sociedades enfermas bajo la apariencia de sociedades ideales son un punto de reflexión importante en la lucha contra los totalitarismos. Pero en algún momento escuché a alguien, o leí en algún sitio, tengo la mala costumbre de no anotar el quién-cuándo-dónde de las ideas que me atraen, que no hace falta inventarse la distopía. Que la tenemos a nuestro alrededor. Y es cierto que en estos momentos, si atendemos al uso del lenguaje político, cada vez siente uno que estamos más cerca de un distopía orwelliana. En Lensculture nos traen la obra del fotógrafo canadiense Tony Fouhse (instagram), que busca visualmente esos signos de caminos hacia la distopía en su entorno más familiar. Incluso en las estructuras social de una ciudad tan aparentemente civilizada como Ottawa. Rostros inexpresivos o desesperanzados y mucho simbolismo en sus paisajes urbanos son las señas de identidad de la obra.

Con frecuencia, los fotógrafos de Magnum Photos han estado presentes en los platós de rodaje de películas significativas. En esta ocasión acompañamos a Dennis Stock y Wayne Miller al rodaje de The Alamo, la epopeya que dirigió John Wayne, llena de inexactitudes históricas, episodio que ha calado en la mentalidad americana como símbolo de libertad, cuando en realidad fue uno de los principios de la vocación imperial de los Estados Unidos. No es que los mejicanos de Santa Anna fueran muchos mejores, por eso… pero a cada cual lo suyo.

En Lenscratch llevan una temporada en la que nos ofrecen conversaciones fotográficas entre fotógrafos. Son interesantes,… en parte, pero hasta ahora no me había convencido ninguna tanto como para traerlas aquí. La última, publicada el 5 de septiembre, sí. Conversación entre dos fotógrafas, Sal Taylor Kydd (instagram) y Dawn Surrat (instagram), con imágenes llenas de material poético, y que reflexionan sobre el extraño mundo que nos deja la pandemica de covid-19, sin hacer mención fotográfica específica a la misma, desde un punto de vista muy íntimo y personal. La serie de diálogos en imágenes se puede seguir en Instagram.

[Fotos] Color digital por el casco histórico de Zaragoza con un nuevo cuerpo de cámara

Fotografía

Quería dar vidilla a mis objetivos con montura Canon EF, que ultimamente estaban un poco parados. Pero me daba pereza, porque me he acostumbrado a las ventajas de las cámara sin espejo sobre las réflex. Así que encendí los radares hace un par de meses hasta que recientemente me llegó el chollete. Porque no me apetecía gastar mucho.

Os lo cuento más despacio en Canon EOS RP, una “rara avis” en el mercado fotográfico actual, que tiene su interés. Aquí os dejo simplemente algunas fotos.