Fotografías realizadas con la cámara Olympus XA y un rollo de Kentmere Pan 200 en Astorga y León. La explicación técnica de las fotografías la encontraréis en Carlos en Plata.
Ya os hablé hace unos días de lo que llamamos la “escapada del cambio de hora”. En esta ocasión nos desplazamos en tren a León, desde donde hicimos una excursión en el día a Oviedo, y una excursión de una tarde a Astorga. Y por supuesto, me llevé también alguna cámara, muy compacta, bolsillera, con película fotográfica. En blanco y negro en esta ocasión.
En el enlace que he puesto al principio a mi blog técnico, Carlos en Plata, explico por qué he empezado por el final, por el último de los rollos que expuse, durante la última hora de la excursión a Astorga, y en la mañana del domingo, antes de coger el tren de vuelta a Zaragoza. Aquí, simplemente, os dejo unas fotos. Las tres primeras son de Astorga, el resto, de León.
Minox 35 GT-E con Fujicolor C200, Kodacolor 100 y Kentmere Pan 200. Por una vez, y por causa excepcional, homenaje a una vieja cámara que ya prácticamente no da ya de sí, replico completo el artículo redactado en Carlos en Plata.
Esta entrada no va a ser larga (mentira, ha resultado que sí). Pero quiero que de alguna forma sea una despedida, u homenaje, a una cámara que me ha acompañado a muchos sitios, que ha recorrido muchos países metida en el bolsillo de mi chaquetón o de mi pantalón. Que se ha desgastado mucho, y que en estos momentos ha dejado de ser fiable. Quienes leyeran mi reciente entrada sobre el viaje a Sicilia con película en blanco y negro sabrán que hablo de la Minox 35 GT-E.
Hoy no hablaré de sus características, en el enlace correspondiente las encontraréis revisadas, si no de su historia conmigo. Ahora que la cámara que la va a reemplazar ya ha llegado a casa. Mañana me voy unos días a León, hasta el domingo, y no he podido probarla. Es una Olympus XA en estado impecable, con el flash A11 acompañándola. Esperemos que todo vaya bien con ella.
He de decir que, cuando compré la GT-E, no fue amor a primera vista. Octubre de 2001. Hace 25 años. La compré en una tienda de la calle Pelayo de Barcelona. La vi en el escaparate. Ese mes de agosto había perdido una Minox 35 ML, a la que tenía mucho cariño, en un tren entre Lieja y Lovaina. Se salió del bolsillo del pantalón corto en un día de mucho calor. Y la empecé a probar allí mismo en Barcelona.
Pero por muy parecida que fuera a la ML, no era igual. Era… casi igual. Y la principal diferencia… Bueno no sé si la principal, pero sí la que más me enojaba, era que el botón de disparo no retenía la exposición cuando lo pulsabas a medio recorrido, para luego reencuadrar de forma adecuada. Es algo que suplía la falta de un dial de compensación de la exposición. Y un hábito que también tenía de la Canon EOS 100, que era la otra cámara que llevaba en mis viajes. Aunque esta también tenía compensación de exposición.
Pero con el tiempo, especialmente cuando en 2012 la rescaté de la inactividad, cuando decidí volver de lleno a la fotografía con película tradicional, pasado el sarampión digital, he hice un rollo de película en color en un paseo “analógico” con otros aficionados a la fotografía. Os dejo tres fotos de aquel sábado de enero.
Realizadas con Fujicolor C200, son las únicas “históricas”. El resto, en color con Kodacolor 100 o en blanco y negro con Kentmere Pan 200, corresponden a los dos últimos rollos que hice. El de color cuando todo iba bien todavía, a mediados de septiembre, y el de blanco y negro cuando algunas cosas habían empezado a ir mal y no sabía si debía o no llevármela a Sicilia, como al final hice.
El caso es que en aquel día de enero de 2012, agradable, en el que hice unas fotos que, sin ser nada del otro mundo, resultaban muy agradables, lejos de la presunta perfección de la fotografía digital, me reconcilié con la cámara, que empezó a ser una de mis favoritas, y regresé con ganas a la película fotográfica. Un día importante en mi historia fotográfica.
Después, fundamentalmente, ha sido cámara de viajar por el mundo. Mientras funcionó correctamente la Olympus mju-II, las alternaba en los viajes según el ambiente en destino. La mju-1 tenía sellado contra la lluvia y el polvo, por lo que se adaptaba mejor a viajes con naturaleza. La GT-E a los viajes más urbanos. Cuando la mju-II falló, dejó de rebobinar el rollo, fue la principal.
Sólo en los dos últimos años se ha visto algo relegada por la Pentax 17. No porque esta me guste más, sino porque es la cámara colectiva en la que hacemos las fotos de grupo y más desenfadadas. Y no siempre me apetece llevar dos cámaras compactas. A veces lo he hecho. Pero, por ejemplo, a León ya he dicho que no voy a usar la Pentax 17, que quiero centrarme en la XA. Viajará a León, pero no en mi bolsillo.
He decir que la cámara sigue haciendo fotos. Como las hace la mju-II. Pero ha dejado de ser fiable. No sé si la volveré a usar. Tal vez algún día por capricho. Pero no sé si tiene ya sentido. Hay una cosa que si me hace pensar. La GT-E la compré nueva en 2001. Y ha acabado muy gastada. La XA que he adquirido se fabricaría entre 1979 y 1985… y está como nueva. Siendo entre 16 y 22 años más vieja. ¿Por qué comprará la gente estupendas cámaras de fotos si no las van a usar? Por lo menos que caigan peleando por el desgaste y los kilómetros hechos.
Fotógrafías realizadas en el oriente siciliano con base en Catania con Minox 35 GT-E y película Kentmere Pan 200. Las cuestiones técnicas relacionadas con las fotos, y por qué me lleve este equipo en lugar de otros más habituales, lo podéis encontrar en Carlos en Plata.
Como he viajado a Sicilia sólo, he dejado la compacta habitual de nuestros últimos viajes, para otra copropietaria de la cámara. Y yo me planteé desde el principio llevar una compacta de fotograma completo con película en blanco y negro. Y la mejor que tradicionalmente he tenido ha sido la Minox 35 GT-E. Sin embargo, unos días antes del viaje, en la excursión a Utrillas, empezó a dar problemas.
Línea de Trenitalia en Catania.Mercado del pescado en Catania.Teatro antiguo de Taormina.Torre del reloj en Taormina.
Resumiendo para no enrollarme aquí, la cuestión es que, hacia la mitad del viaje, empecé a notar problemas. En el tercer rollo, un enganchón de la película cuando estaba en Siracusa. De hecho, aunque las imágenes no se han visto afectadas, las perforaciones del principio de la película se rasgaron. Y luego, en Noto, de repente la tapa de la cámara se atascó.
Teatro griego en Siracusa.Catedral de Siracusa en la isla de Ortigia.Palacio ducal, hoy en día el ayuntamiento, de Noto.Campanario de San Carlos en Noto.
La compré en octubre de 2001, ahora hace 25 años, después de que una prima suya, una Minox 35 ML que estuve usando durante diez años con anterioridad, se me cayera del bolsillo en un viaje en tren entre Lieja y Lovaina, en Bélgica. Aunque llamé y escribí a la oficina de objetos perdidos de los ferrocarriles belgas, nunca apareció. El que la encontró, se la quedó. Especialmente desde 2012, la GT-E ha hecho muchos muchos muchos kilómetros en mi bolsillo. Y se ha ido desgastando. Ha llegado el momento de retirarla. Ya he encargado la cámara que la sustituirá. Cuando la tenga y la pruebe, os lo cuento.
Contemplando la cima del Etna.Una excursión caminando entre las coladas de lava enfriadas del Etna.Acitrezza.Castillo normando de Acicastello.
Fotos realizadas con Leica M2 con objetivo Brightin Star 28 mm y película Kentmere Pan 200. Las cuestiones técnicas de las fotos que se muestran las podéis conocer en Carlos en Plata. Disponible también en Substack.
En fotografía documental, especialmente cuando la realizas en las calles de la ciudad, muchas veces conviene un equipo ágil. Que con rapidez permita el encuadre y el disparo, sabiendo que la exposición y el enfoque son los adecuados. Muchos creen que esto es más difícil con película fotográfica que con digital. Pero se equivocan. Los antiguos equipos estaban preparados para suministrar ayudas al fotógrafo que incrementaban la agilidad en la toma fotográfica.
A principios del mes de febrero lo puse en marcha, con una combinación de cámara y objetivo que permite una solución con buenas prestaciones para este tipo de fotografía, y al mismo tiempo lo suficientemente compacta para poder llevarla en el bolsillo del chaquetón durante el invierno. Y los resultados no están mal, oye.
Como ya habréis podido conocer si habéis seguido las publicaciones de este mes de marzo que está a punto de terminar, en los primeros días del mes estuve con unos amigos en Salamanca. Allí coincidí con el hermano de una de las amigas del grupo. No nos conocíamos. A lo que yo conocí a su hermana, él llevaba viviendo tiempo fuera de Zaragoza. Pero le llamó la atención mi afición a la fotografía, que viajase por el mundo con varias cámaras, dos de ellas para película tradicional, y que una de ellas fuera de marca Pentax.
Todavía le sorprendió más que le dijese que Pentax fue la primera cámara réflex que compré, y que desde hace más de 35 años siempre he tenido y usado alguna cámara de esta marca, siendo algunas de ellas de las que más he apreciado y cariño he tenido. Entonces me comentó que el heredó una cámara Pentax, que creía que no tenía mucho valor, a la que no estaba atado afectivamente en especial, y que me la iba a mandar por si la podía aprovechar. A lo que contesté… “Pues bien”.
Días más tarde me encontré con que la cámara Pentax que, según él, tenía poco valor, era una cámara profesional, de gama alta dentro de las de enfoque manual, que Pentax fabricó entre 1981 y 2001, durante 20 años. Y que se encontraba en buen estado. Y con un valor de mercado no despreciable, de varios cientos de euros. Como soy asquerosamente mirado para estas cosas, me puse en contacto con él para contarle todo esto y que éticamente no podía admitir el obsequio sin más.
Pero tras una serie de conversaciones con una serie de considerandos, en los que no puedo ni debo entrar, acepté el obsequio. Lo cual me ha hecho muy feliz a mí, y a la persona que me la ha cedido. Esperemos que siga funcionando así de bien durante mucho tiempo. Tengo la experiencia de que las cámaras que han estado mucho tiempo sin usar, y puede llevar 25 años en un cajón, cuando se las empieza a accionar tienen alguna avería. Los materiales se desgastan aunque no se usen. El tiempo lo dirá. Pensaba llevármela a las vacaciones de Semana Santa… pero no me voy a fiar todavía. He hecho un segundo rollo con película en color, pero todavía no la he revelado. Ya os contaré.
Esta serie de fotografías que ilustran esta entrada de este Cuaderno de ruta puede verse, comentada desde un punto de vista de la técnica fotográfica, en Carlos en plata. Fotografías de paisaje industrial con Fujifilm GS645S Wide 60 y Kentmere Pan 200.
Supongo que a pocos se les escapa en este país de la Península Ibérica que el invierno ha sido lluvioso, con una sucesión notable de borrascas, o como se les llame ahora, con nombre de persona. Desde luego, en Zaragoza, lugar de clima árido, escasamente lluvioso, hacía mucho que no teníamos un tiempo así de lluvioso. En cualquier caso, cuando se ha podido, hemos seguido saliendo a hacer fotos. Y quizá este tiempo ha permitido hacer cosas distintas a las habituales, o con luces distintas a las que estamos acostumbrados. No hay mal que por bien no venga. Y además, hacía tiempo que no salía a fotografiar por Cogullada y por la playa de vías para clasificación de trenes mercantes que por allí se encuentra.
Esta serie de fotografías que ilustran esta entrada de este Cuaderno de ruta puede verse, comentada desde un punto de vista de la técnica fotográfica, en Carlos en plata. Paisaje urbano con Canon EOS 650, EF 85 mm f1.8 USM y Kentmere Pan 200.
De alguna forma, esta serie de fotografías es continuación de la que os presentaba hace unos pocos días. Aquellas estaban hechas con la película fotográfica tradicional desde hace muchos años, mientras que las de la serie actual están hechas con las de una nueva emulsión, presentada al mercado el pasado mes de mayo, aunque hasta hace pocas semanas no hemos dispuesto de ella en nuestra ciudad. No me ha disgustado. Nada en absoluto.