Entre el lunes y el jueves de esta pasada semana, del 2 al 5 de marzo de 2026, he estado con unos amigos en Salamanca. Con la excusa de ayudar otros amigos que se han mudado a vivir a esta ciudad castellana, nos hemos escapado unos pocos días. A efectos prácticos, teniendo en cuenta que echas buena parte del día en el desplazamiento, son dos días y una mañana lo que puedes aprovecha la ciudad. De sobra, y aun nos dio para ir a pasar una tarde a Medina del Campo.

La verdad es que la ayuda que precisaban estos amigos se la podíamos haber prestado sin problemas en una tarde desde casa y a través de internet… pero, ¿dónde hubiera estado la gracia? Llevan allí instalados menos de tres meses, estarán allí durante dos o tres años, sin intención de quedarse, y había que aprovechar, porque luego dices eso de queda tiempo, queda tiempo y a lo que llega el momento, se han vuelto a su casa de verdad… y nos hemos quedado sin visitar Salamanca.

Yo estuve en Salamanca en una ocasión hace… buff, ¿35 años? Sip. En junio de 1991. Había asistido a un congreso médico en Mérida, y un compañero y amigo propuso que le acompañáramos de vuelta a Zaragoza dando un rodeo por Valladolid, donde hicimos noche, y donde vivían sus padres. En aquel sábado de desplazamiento entre Mérida y Valladolid no se podían hacer maravillas. Pero nos dio para visitar el centro histórico de Cáceres por la mañana y dar un paseo por Salamanca por la tarde. Visitar la Plaza Mayor y callejear por los edificios históricos de la Universidad, a buscar la rana. Que yo encontré sin saber que había una rana y que había que buscarla. Pero cuando lo cuento, la gente me mira con escepticismo y no se lo cree. Así que no insistiré en como fue.

En esta ocasión, hemos tenido tiempo de sobra para callejear exhaustivamente por el centro histórico de la ciudad. Lo cierto es que, con la luz suave que hemos tenido estos días, y el tono cálido de las piedras de los edificios de antaño, la ciudad estaba bonita. Muy agradable. Acogedora. No había mucho turismo. Realmente, mucho menos del que esperábamos. Pero está muy animada por los estudiantes que allí estudian llegando de diversas partes de la geografía española y mundial. Mucho italiano de Erasmus y mucho asiáticos aprendiendo el idioma en los numerosos centros más o menos oficiales, más o menos vinculados a la universidad, que te encuentras por la geografía Salmantina.

No voy a insistir en todos los lugares que hemos visitados. No hemos sido exhaustivos, pero sí bastante completos. Y la verdad es que nos lo hemos tomado con tranquilidad, y con unas cañas y unas tapas de jamón de vez en cuando. Que es la mejor forma de disfrutar de estas ciudades.

Como vimos que teníamos tiempo de sobra, y ante la recomendación de alguien que conocimos, pasamos una tarde en Medina del Campo. Esta a 35 minutos en tren desde Salamanca. Y yo la recordaba de las clases de ciencias sociales de la EGB como uno de los dos “nudos ferroviarios” de Castilla la Vieja, junto Venta de Baños. A los tecnócratas que dominaron el tardofranquismo parecía que eso de los nudos ferroviarios y los polos de desarrollo, y los pueblos de colonización y la concentración parcelaria, les importaba mucho. Es curioso lo similares que son las dialécticas de todas las dictaduras. La de sus odiados países comunistas también insistía en logros y conceptos similares. Muy parecidos.

El caso es que Medina del Campo nos decepcionó. Su nudo ferroviario es una estación enorme, demasiado grande para las necesidades de la población, aunque se veía actividad de clasificación de mercancías. Y con el tamaño que viene no les han cabido las vías de la alta velocidad… y han hecho otra estación nueva… fuera de la ciudad. Estos rollos de la alta velocidad. Su Plaza Mayor de la Hispanidad, la mayor plaza de España, inmediatamente vimos que no es la mayor plaza de España, ya que claramente es inferior en tamaño a la del Pilar de Zaragoza.

Consultamos las superficies rezando a Santa I. A., 14000 m2 para la de Medina, 24000 m2 para la de Zaragoza. Realmente estos conceptos de haber quien la tiene más grande me parecen absurdos y estrechamente provincianos. Y finalmente, el castillo de la Mota, que está muy bien por fuera, pero que es aburrido por dentro, porque no dejan conquistar las almenas ni la torre del homenaje. Leímos que durante el franquismo fue ocupado por “el Movimiento” para algún tipo de cosa… Apropiación de lo público por el partido único.

Y ya que estamos con lo de los trenes,… pues 45 minutos de retraso a la ida, ya salimos de Zaragoza con 25 minutos, por las obras de mantenimiento en la línea de alta velocidad… pero el desesperante tramo entre Tudela y Miranda de Ebro hizo el resto. Y a la vuelta,… sin problemas hasta Miranda de Ebro, donde cogimos un retraso de 60 minutos por que la rama que había de acoplarse viniendo desde Galicia iba “así”. Y entre Miranda de Ebro y Vitoria, 27 kilómetros de recorrido, 72 minutos más, y en Zaragoza el retraso total ya fue de 2 horas y 50 minutos. Era como volver a las minutadas de retraso que se medían en horas de los trenes de mi infancia, cuando para los tecnócratas era importante que los niños aprendieran los nudos ferroviarios donde los trenes cogían horas de retraso.

