La maldición de la flor dorada (2006)

Cine

La maldición de la flor dorada (Man cheng jin dai huang jin jia, 2006), 1 de mayo de 2006.

Desde hace años, nos visita el cine chino con una variante peculiar. Las aventuras épicas de épocas pasadas con abundancia de luchas de espada y artes marciales. Y en este plan nos vuelve a visitar Zhang Yimou, que ya nos ofreció ejemplos previos de este tipo de cine.

El filme que aquí nos ocupa nos cuenta una historia que podríamos considerar un híbrido de las tragedias clásicas de Sófocles o Eurípides, con sus torturados personajes tipo Electra, Edipo o Antígona, y las tragedias de Shakespeare, con sus intrigas políticas y personales tipo Rey Lear. Pero a lo chino. Con una realización en la que puesta en escena, la ambientación, los aspectos formales, la decoración, el vestuario tiene una importancia fundamental. Quizá demasiado fundamental. Quizá nos distrae en exceso de lo que le está pasando a los personajes, que no nos llegan a entrar. Finalmente, ese destino trágico no nos afecta demasiado, porque nos hemos perdido en el barroquismo de los decorados y los vestidos, en la coreografía de las multitudinarias batallas,… o hemos estado demasiado preocupados por un posible desprendimiento de retina ante el colorido de los decorados palaciegos.

Es difícil valorar la interpretación. Nuevamente, el envoltorio de los personajes nos impide apreciar la labor de los actores. No obstante, habiendo conocido trabajos previos de Chow Yun-fat y, especialmente, de Gong Li, tengo la sensación de que no están a la altura de los mismos. Creo que efectivamente están encorsetados en sus papeles.

No obstante todo lo anterior, tampoco te aburres. Es razonablemente entretenida, así que le daremos al menos un seis a la dirección y a la interpretación con un siete para la valoración subjetiva. En esto último, reconozco que me pierde el aspecto de estas producciones. Aunque no sea tan elegante y delicada como La casa de las dagas voladoras del mismo director.

Palacete chino en el Palacio Sans-Souci, Potsdam

Sunshine (2007)

Cine

Sunshine (2007), 24 de abril de 2007.

Siempre es un riesgo en los tiempos que corren ir a ver una película de ciencia ficción. Con frecuencia no son más que un atracón de efectos especiales, combinados con algún rambito que salva el mundo a base de dar todo tipo de mamporros y violencias. Poco sutil. Hay variantes actuales que llaman «de culto«, sin dar tiempo a que pase el tiempo, reposen y realmente sean filmes de culto. Cosas como Serenity o La Guía de Autoestopista Galáctico, filmes muy flojos per se, han dado lugar a comentarios de este tipo. Incomprensible.

El largometraje que nos ocupa bebe, para bien y para mal, de otras fuentes. Indudablemente, 2001, una odisea del espacio es la principal referencia para esta película. La segunda referencia importante es Alien. El trabajo de Danny Boyle pretende jugar en esta división. Ciencia ficción seria, con visos de acercamiento a una realidad científica, aunque todos demos por hecho que habrá cosas que difícilmente podrán conciliarse con las leyes de la física. Los efectos especiales son de buena calidad y contenidos; dan credibilidad. Pero…

Pero hay una serie de cosas que no están nada conseguidas. Pase que haya un cierto grado de fantasía, pero yo bajo ningún concepto contrataría a los ingenieros que han pensado la nave para su misión solar. ¿A quién se le ocurre poner un ventanal con un filtro solar que se puede eliminar y por lo tanto, accidentalmente o intencionalmente, matar a alguien por exposición solar? ¿Es que es gilipollas o qué? ¿Y el mareo de las secuencias ultra cortas como flashes, con grandes primeros planos que marean a cualquiera? ¿Y el abuso de imágenes subliminales que no son tan subliminales porque las vemos?

Los personajes son también pobretones. Estereotípicos. Desconocemos las motivaciones que les inducen a comportarse de determinada forma, o por qué cambia su forma de actuar. Los actores son normalitos tirando a flojitos, y como son siete u ocho, pues… os miráis el enlace a IMDb.com y sabréis quienes son.

En resumen, una película que prometía, pero con unas debilidades que la desmerecen. Como entretiene, le pondremos un seis, con la misma nota en la interpretación y en la dirección. No da más.

El Sol, auténtico y más interesante protagonista del filme, se oculta por el horizonte del mar en Cabo Formentor, Mallorca

El buen pastor (2006)

Cine

El buen pastor (The Good Shepherd, 2006), 15 de abril de 2007.

Reparto de campanillas y segundo trabajo como director para Robert DeNiro parecen a priori buenos motivos para acudir a ver este largometraje.

La película es promocionada como una especie de historia oculta del nacimiento y desarrollo de la CIA, principal agencia de inteligencia nortemericana, que surge tras la Segunda Guerra Mundial ante los desafíos que plantea el escenario de Guerra Fría. La realidad es que lo que vemos es la evolución personal de un joven graduado de la Universidad de Yale, que es reclutado para realizar servicios de contraespionaje durante el conflicto mundial, y que luego ocupa importantes cargos en la nueva organización. Se nos plantean los dilemas éticos así como los problemas sociales y familiares que la pertenencia a dicha organización supone en el protagonista absoluto del filme, interpretado por Matt Damon.

El filme, realizado con una absoluta corrección técnica y visual, es largo. Probablemente, más de lo que el resultado final aconseja. Uno supone que plantear los dilemas del protagonista exige una reflexión pausada de los acontecimiento y sus consecuencias. Sin embargo, no llego a percibir esa profundidad o una explicación en muchos de los casos, por lo que la lentitud no ayuda a la reflexión, y quita ritmo al filme planteado como obra de acción, cosa que creo que no es.

Damon, el protagonista, nunca ha sido santo de mi devoción. Aunque me he divertido con alguna cosa suya. Sin embargo, siendo como es un actor con registro limitado, en esta ocasión tiene un papel adecuado a sus características, y en general te lo crees. El resto de los actores, o están un poco de floreros (Angelina Jolie, Tammy Blanchard), tienen intervenciones muy escasas para lo que nos hubiera gustado (William Hurt, Michael Gambon, Alec Baldwin, Martina Gedeck, o el propio DeNiro entre otros), cuando no se limitan a hacer poco más que cameos (Timothy Hutton, Joe Pesci). Hay talento en general, pero en dosis muy limitadas.

En resumen, una película correcta pero excesivamente morosa y larga, que nos deja con ganas de algo más y cuyos momentos más dramáticos quizán no alcanzan el climax adecuado por culpa de esta larga duración. Le pondremos un siete a la dirección y a la interpretación, pero la valoración subjetiva no pasa en mi opinión de un seis.

El «héroe» del filme, tras la Segunda Guerra Mundial, pasa un tiempo en el arruinado Berlín de posguerra, restos del cual se pueden ver como la Iglesia Conmemorativa de la imagen

El buen alemán (2006)

Cine

El buen alemán (The Good German, 2006), 12 de abril de 2007

No sin recelo acudo al cine en una lluviosa tarde de abril, en la que quedas a tomar unos chismes porque no hay otra cosa que se pueda hacer, y ante la lluvia acabamos metiéndonos en una sala de cine. La crítica no la había tratado bien. Su director, Steven Soderbergh, no es precisamente de mis favoritos. Pero por otro lado, siempre he tenido cierta debilidad por el cine en blanco y negro. Y sale Cate Blanchett, que me gusta. Y siempre he tenido debilidad por el tema de la Alemania o el Berlín de posguerra, un período no bien contado o conocido históricamente, complejo y probablemente apasionante.

Bueno, pues tenían razón. La película flojea mucho. En primer lugar, porque la historia está mal contada, sin fluidez, con más lío del que la trama merece, como si estuviese relegada a los aspectos más formales desde el punto de vista técnico del filme. En segundo lugar, porque el hecho de que esté rodada en blanco y negro, de una determinada forma, no dota de respetabilidad técnica a la película. Querámoslo o no, determinadas soluciones técnicas estaban bien para los años 40 ó 50. Pero hoy en día, pueden llegar a cansar. Se puede hacer buen cine en blanco y negro hoy en día, como ha quedado demostrado. Pero sin renunciar a los avances visuales que han aparecido con los años. En tercer lugar, porque me parece muy bien que un filme tome referencias o haga homenajes a los clásicos. Pero en este caso se limita a copiar sin más, y sin que necesariamente tenga que ver con lo que está contando. Creo que el caso más sangrante es la despedida tipo Casablanca en el aeródromo, donde se ha sustituido la niebla por la lluvia, pero en la que juraría que se han copiado «literalmente» algunos planos. Pero hay otras situaciones similares.

En lo que se refiere a la interpretación, la Blanchett está correcta, George Clooney está en lo que es habitualmente, flojo, y Tobey Maguire, en su corto pero importante papel, está más flojo todavía. Este chico sólo consiguió convencerme en Las normas de la casa de la sidra. En el resto de películas no me suele convencer nada. Existen otros personajes secundarios, interpretados por actores solventes, que se ven anulados por la constante presencia en pantalla de Clooney, con o sin la Blanchett. una lástima.

En fin. Una pena. Una demostración de que sin una buena historia detrás, o sin que la buena historia esté bien contada, los alardes de estilo no sirven para nada. Otra vez será. Le pongo un seis, con un cinco en la dirección y un seis en la interpretación.

El Palacio de Sans-Souci se encuentra en Potsdam, localidad alemana próxima a Berlín, en la que se celebró una famosa conferencia coincidente con los hechos narrados en el filme

Diario de un escándalo (2006)

Cine

Diario de un escándalo (Notes on a Scandal, 2006), 9 de abril de 2007.

Cuando en cartelera ponen una película en la que te proponen un mano a mano intepretativo entre Judi Dench y Cate Blanchett, no cabe la menor duda. Coges y te vas a verla. Son dos de las actrices más solventes de la actualidad. La primera de ellas, una de las más veteranas actrices del panorama actual, tiene tras de sí todo el bagage que se supone a los intérpretes británicos, todos ellos excelentes. La segunda, perteneciente a esa generación de rubias australianas que tanto mal está dando, afortunadamente, aunque irregular en la selección de trabajos, ya ha dado muestras de gran solidez interpretativa cuando le han dado la oportunidad.

Desde ese punto de vista, el interpretativo, el filme dirigido por Richard Eyre no defrauda. Ambas están excelentes en su papel de profesoras de instituto en una zona pobre londinense, especialmente la más veterana, protagonista absoluta del largometraje. En otros aspectos, quizá el filme se resienta de la imposibilidad de tratar a fondo los dos dilemas personales o éticos de las dos protagonistas.

Por un lado, la soledad de la mayor, sumida en una vida sin alicientes, que la induce a acechar a otras personas, inmiscuyéndose en sus vidas y causándoles notables perjuicios. Por otro lado, la compleja relación de la profesora joven, una «pija progre«, con la gente que le rodea; con sus hijos, con su marido mucho mayor, con sus alumnos. Siempre se entiende mejor y está mejor descrita la situación del personaje interpretado por Judi Dench.

En fin. Una película para quien guste de buenas interpretaciones, que no está mal aunque no acaba de aparecer un producto redondo. Un ocho a la interpretación, con un siete en la dirección y en la valoración subjetiva.

Vista desde Camden Lock Market Hall, Londres, donde debería haberse dedicado una de la protagonistas a vender sus artesanías, en lugar de dedicarse a la enseñanza

300 (2006)

Cine

300 (2006), 1 de abril de 2007

Debo reconocer que antes de ver la película estaba bastante imbuido de la expectación que había levantado el filme. Como antecedentes, varios:

  • El recuerdo que en mi muy joven mente produjo la película El león de Esparta, cuando la vi hace muchos, muchos, muchos años. Probablemente, este peplum, hoy en día me gustaría más bien poco. Pero es lo que tienen los recuerdos…
  • Mi tradicional interés por las películas de carácter histórico, que tradicionalmente me lleva a sumirme en profundas decepciones.
  • La moda de las adaptaciones de aventuras o novelas gráficas, con resultados dispares, pero que cuando menos refrescan los aspectos visuales del cine. Particularmente, el buen sabor de boca que me dejó Sin City del mismo autor que la que aquí nos ocupa, Frank Miller.

Por lo tanto, con una particular disposición de ánimo, con la mente lo más abierta posible y aprovechando que donde mejor se está en una lluviosa y desapacible tarde de domingo es en una sala de cine, me dispuse a apreciar el largometraje dirigido por Zack Snyder.

En primer lugar, los aspectos técnicos. Hay que reconocer que las técnicas modernas en las que se combinan las actuaciones humanas con los decorados digitales, películas por lo tanto a caballo entre el trabajo con actores y la animación, no dejan de impresionar por su capacidad de transportarnos a ambientes o mundos muy específicos, siendo muy aptos para las traslación fiel del cómic a la gran pantalla. Desde este punto de vista, poco hay que reprochar. Aunque tal vez no siempre se obtiene todo el impacto que se debiera de lo que es el paso de las Termópilas, la cosa funciona.

En segundo lugar, la historia. Aquí la cosa empieza a fallar. No he leído la aventura gráfica, pero aquí la historia da para poco, y algunas cosas, como las «aventuras» de la reina (interpretada por Lena Headey) aparecen un poco forzadas y sin que tengan gran cosa que aportar, salvo en cuestiones que comentaremos más adelante. Con un desarrollo de la batalla que tiene más del «señor de los anillos» que de otra cosa, la cuestión no da para mucho. Aunque la película no tiene un metraje excesivo, aun se podría haber contado en menos tiempo. Todo es muy lineal, y con poca sutileza, no hay sorpresas.

En tercer lugar, la interpretación. Pues nada. Da igual. Todo es demasiado elemental para que se pueda apreciar. Lo importante es que todos los buenos esté muy cachas y parezcan tremendos bistecs, empezando por Gerard Butler, como rey Leonidas. Del resto, no hay gran cosa que comentar… personajes lineales, sin matices, al servicio de una imagen visual.

Finalmente, lo que desde mi punto de vista crucifica la película. Es un panfleto. Un panfleto que podría haber firmado cualquier ideólogo ultraconservador, convencido de la supremacía europea y blanca, y con ese peligrosísimo discurso según el que hay una misteriosa y para mí incógnita relación entre los valores militares y la libertad. Veamos algunos casos:

  • Los persas de la película y de la novela gráfica son negros o deformes, mientras que los persas de la realidad eran un pueblo de origen indoeuropeo, al igual que los helenos, los celtas, los germanos u otros pobladores o culturas que actualmente reconocemos como europeos. Pero parece que a los creadores de este evento no les parece que eso sea suficiente, y deciden que tienen que ser negros y feos. El idioma persa también tiene raíz indoeuropea tanto en la actualidad como en la época de los aqueménidas. Pero esto es lo de menos. El problema está en que para algunos los malos han de tener un aspecto racial distinto. Es perpetuar más de lo mismo en un mundo que no anda sobrado de tolerancia entre culturas.
  • La película tiene un fuerte tufillo homófobo, especialmente por la representación del rey Jerjes I como si fuera una drag queen al uso, siendo estúpidamente ridículo. Por supuesto, los espartanos son unos machotes de tomo y lomo sin la menor ambigüedad. Es curioso todo ello, porque es conocido que en aquella época, donde todavía no se habían impuesto las religiones monoteistas, las relaciones bisexuales no estaban mal vistas, especialmente en Grecia clásica, donde estaba reconocida dentro del esquema social la institución de la pederastia (que es distinta del delito que actúalmente conocemos con el mismo nombre, y que por supuesto a mí me repugna; esta es una palabra que cambia de sentido según el tiempo y las sociedades).
  • Por alguna razón desconocida, frente a la belleza corporal de los leales espartanos, el traidor Efialtes es un jorobado deforme, opción que haría palidecer de envidia a simpáticos propagandistas de la supremacia europea o «aria» como un tal Goebbels.
  • Por supuesto, para los autores de este panfleto, los espartanos, militares ellos, son nobles y de alto espíritu, mientras que los que no son militares son débiles, cobardes, dados a la traición, e incluso políticos en asambleas representativas.
  • Por supuesto, los espartanos luchan por la «libertad»,… olvidando cuidadosamente mencionar o arrinconando por «motivos creativos» que era una sociedad esclavista, con una sociedad dividida en tres castas. Los espartiatas o ciudadanos, un grupo reducido dedicado a la milicia, los únicos con plenos derechos, los periecos, que se dedicaban al comercio y a la artesanía, que no eran esclavos pero carecían de derechos políticos, y los hilotas, esclavos agricultores, frecuentemente diezmados y humillados, y cuyo origen era los derrotados habitantes prehelénicos del Peloponeso. Esta es la «libertad» defendida por Leónidas y sus 300.

Sé que muchos dirán. Bueno,… pero es que todo esto no pretende estar basado en la historia real… que es un cómic. Sí. Pero un cómic con unos contenidos tremendamente reaccionarios, no inocentes, que aprovecha el halo de modernidad del medio para colarnos unas ideas tremendamente rancias; militarismo, racismo, homofobia, eugenesia… lo que «prefiráis».

Así que después de esto, y pese a las bondades tecnológicas del filme, no le puedo dar el aprobado, y le pondré un cuatro, con un seis en la dirección y otro en la interpretación.

Escultura griega clásica en el British Museum, Londres

Hannibal, el origen del mal (2007)

Cine

Hannibal, el origen del mal (Hannibal Rising, 2007), 20 de marzo de 2007

Acudimos a ver este filme con una mezcla de escepticismo y esperanza. El escepticismo viene de que la mayor parte de las secuelas y «precuelas» (curioso neologismo, que se está poniendo de moda) son productos oportunistas, que intentan ordeñar la vaca más allá de lo que muchas veces es razonable cuando alguna película tiene éxito. La consecuencia es que en contadas ocasiones el producto derivado alcanza la calidad del producto original, si es que alcanza calidad alguna. La esperanza es que los derivados de la exitosa El silencio de los corderos han tenido en general una calidad razonable, aunque no hayan sido necesariamente santo de mi devoción. El hecho de que algunas críticas sobre el filme que nos ocupa fueran razonablemente buenas, nos decide a sacar la entrada correspondiente.

El largometraje rodado por Peter Webber está correctamente realizado desde el punto de vista formal. La historia, que se refleja en una duración algo larga para lo que hay, está razonablemente bien planteada. Por otra parte, no es más que una más de las historias sobre venganzas que ya conocemos en el cine, sin aportar mayores novedades que los elementos gore, esperados dada la tónica general de la saga. Por lo tanto, tampoco son novedades en sentido estricto.

Donde en mi opinión falla la película es en la definición de los personajes. Es difícil de creer que la evolución del joven Lecter sea así por las circunstancias que pasan en su Lituania natal. Un carácter sociopático como el que hemos conocido en las películas anteriores no se hace; con él, se nace. El personaje de Gong Li es un florero puro y duro, en el que difícilmente podemos entender de dónde sale, porqué es como es, y porque narices es necesario que sea japonesa. Ni siquiera las presuntas enseñanzas hacia el joven Lecter tienen mucho que ver en cómo las cosas suceden después. El personaje del policía es bastante pobre, con muy credibilidad. Los malos tienen un perfil de malvados muy planos, sin matices. Da igual los intentos de los actores por hacerlo bien, empezando por el protagonista, Gaspard Ulliel. De donde no hay, no se puede sacar.

En resumen, una película que no aburre, de factura correcta, pero que no dice nada de especial. Simplemente, ordeñar la vaca del canibal para que siga produciendo beneficios. Con un siete en la interpretación por las ganas, lo dejaremos en un seis en la dirección por que no basta con que sea técnicamente correcta, tiene que haber algo más, y un seis en la apreciación global porque por lo menos te entretienes.

No es un castillo en Lituania, pero es un castillo… en Uncastillo, Zaragoza

"Switch Off And Let’s Go" – Que bitácora tan estupenda

Cine, sociedad

En diversas ocasiones me he quejado en estos pequeños artículos de las nefastas traducciones de los títulos de las películas extranjeras, así como de las pequeñas catástrofes que pueden escucharse en el doblaje de las mismas. Hoy, a través de un enlace que aparece en una entrada de Blog de cine, he conocido la bitácora Switch Off And Let’s Go (Apaga y vámonos) que trata sobre el problema de las traducciones en el cine, como no puede ser de otro modo con abundantes ejemplos y con mucho humor. Lleva poco tiempo en activo, pues sólo he visto en el histórico 8 entradas, correspondientes a los meses de febrero y marzo de este año. Pero me han encantado. Espero que tengan mucho éxito y permanezcan mucho tiempo abiertos, porque creo que vendrán muy bien. Un saludo y ánimo.

Cuerno tallado en el museo del castillo de Uncastillo, Zaragoza

El velo pintado (2006)

Cine

El velo pintado (The painted veil, 2006), 11 de marzo de 2007.

El filme, dirigido por John Curran, es una adaptación de la novela del mismo título de W. Somerset Maugham, un escrito frecuentemente llevado al cine. De hecho, The painted veil fue llevada ya al cine en 1934, haciendo el papel de Katty, la única, la divina, la inconmensurable, la Garbo. También el filme de 1957 protagonizado por Eleanor Parker, The Seventh Sin, está basado en la misma novela.

La aventuras y desventuras de una esposa británica infiel en la revuelta China de principios de siglo, dan lugar a un drama de redención personal en el que dos son los personajes que se enfrentan son el matrimonio formado por la esposa, interpretada por la guapa Naomi Watts, y el bacteriólogo, interpretado por el camaleónico Edward Norton.

La película se deja ver, pero no llega a emocionar. El comienzo es un poco brusco y apresurado, y más o menos entrevemos más que comprendemos de dónde vienen y quienes son los personajes. Este comienzo esquemático hace que nos resulte difícil que nos importe lo que les va a pasar. Tienen que pasar muchos minutos para empezar a entenderlos y para ese momento probablemente estaremos distraidos por los impresionantes paisajes que se nos ofrecen para deleite visual. Desde ese punto de vista, la película es un poco fallida. Siendo como es una historia de caracteres, estos no aparecen bien dibujados, quedando especialmente penalizada la esposa, por lo que ni siquiera el buen hacer habitual de la guapa actriz australiana consigue salvar. Más dibujado y más digno queda el papel del bacteriólogo, que permite a Norton cumplir como de costumbre con el cometido.

En fin, como resumen, un drama de principios de siglo que se salva por la buena factura técnica, la belleza de las localizaciones y determinados momentos y destellos en la historia, pero que nos deja un regusto a que algo le ha faltado para ser un producto redondo. Le pondremos un siete en la dirección por la corrección general, otro en la interpretación por el esfuerzo actoral, pero lo dejaremos en un seis en la valoración subjetiva.

Ríos, lagos y montañas son los escenarios de la película, aunque no estos que encontramos en el Lago Maggiore, Italia

Apolo, tengo un cilón en la cola

Cine, Televisión

Como buen adolescente varón de mi época, culminé esa etapa de mi desarrollo personal admirado por el universo que se nos abría, aunque fuera de ficción, en aquella estupenda película de aventuras que fue La guerra de las galaxias. Un universo que ya se había abierto de forma más refinada con la tremendamente novedosa 2001, una odisea del espacio, y que nos manifestó alternativas no menos interesantes con los blade runners persiguiendo «replicantas» que estaban como un queso, o sargentas estupendas sufriendo el acoso de tremendos lagartos alienígenas en la mítica Nostromo.

Pero claro, todo aquello que tiene éxito tiene subproductos, que se nos presentan con mayor o menor éxito. Creo que el bodrio más tremendo que siguió al éxito galáctico fue una infumable Starcrash de la que recuerdo poco salvo quizá a una más que comestible Caroline Munro condenada a trabajos forzados en un mina de un material de nombre no recordado pero de aspecto fosforescente en la que vestía con un sexy bikini, que como todos sabemos es lo más adecuado para un condenado a trabajos forzados. Claro que también salía David Hasselhoff; para qué os voy a contar más.

Entre todo este panorama, hay que destacar un producto televisivo que también se pudo ver en la pantalla grande, agrupando los dos primeros capítulos del serial. Se trata nada más y nada menos que de Estrella de combate: Galáctica. Todo un icono kitsch de la época, con aquellos cilones malvados y metálicos que vestían unas curiosas falditas, con su ojo rojo bamboleante, con sus sables. Y que vamos a decir de los impagables diseños de los uniformes de la flota estelar. No nos olvidaremos tampoco de las escenas de combate repetidas una y otra vez, con diálogos incluidos, provocando la hilaridad del espectador, derivada de la evidente escasez presupuestaria de la producción. O de los chistes sobre el hecho de que Boomer, Apollo o Starbuck tuvieran con frecuencia un cilón en la cola.

Pues bien, desde hace unos años se viene emitiendo por el mundo lo que se llama Battlestar Galactica «reimaginada«. En esencia, es lo que podría haber sido la serie con un esfuerzo de producción razonable, con unos guiones más currados y centrándose en los aspectos dramáticos, y olvidando la parte de comedia que acompañaba a los alegres camaradas que protagonizaban la serie «clásica«. Este fin de semana tuve ocasión de ver los dos primeros capítulos que se emitieron en su momento en forma de miniserie… y he de confesar que es la space opera más decente que he visto en muchos, muchos, muchos, muchos años. Mucho más atractiva argumentalmente que casi todo lo que se ha hecho en las dos últimas décadas en el cine sobre este tema, demuestra que en EE.UU. el talento en los guiones se ha ido a la televisión ya que en la pantalla grande todo se basa en el pim-pam-pum de los efectos especiales. Curiosamente el esquema argumental básico es el mismo que en el de la serie antigua; pero transformado en un verdadero drama espacial, que resulta mucho más que digno. Los efectos especiales quizá resulten modestos en comparación con los de las superproducciones cinematográficas. Pero son razonables y proporcionados, sin caspa alguna, y siendo capaces de hacer de la necesidad virtud, como por ejemplo haciendo humanoides a los cylones, que de esta forma son interpretados por actores de carne y hueso. Esto ahorra gastos de producción y permite nuevos giros argumentales mucho más ricos.

En fin. Que no todo está perdido. Que con un poco de inteligencia e imaginación todo se puede hacer. Y últimamente, cada vez me voy convenciendo más de que los herederos de la época dorada del cine norteamericano no están en las grandes pantallas, sino en los muñequitos que nos hablan desde la caja tonta de nuestros salones domésticos. Eso sí; a consumir con moderación, con mucha moderación.

¿Restos metálicos de un antiguo cylon, o un viejo pozal en Ojos Negros, Teruel?

Diamante de sangre (2006)

Cine

Diamante de sangre (Blood Diamond, 2006), 5 de marzo de 2007.

Pues lo resumiré en pocas palabras. Es una película entretenida con pretensiones. Pretensiones de película con contenido social, de gran producción, de película de aventuras,… Pero se queda en una película entretenida.

Dirigida por Edward Zwick, plantea el problema de la violencia en África, con el trasfondo del tráfico de diamantes y de la rapiña de los países occidentales. Pretende seguir los pasos de El jardinero fiel, y hasta cierto punto lo consigue, tanto desde el aspecto formal como del fondo. Pero se mueve en un terreno mucho más superficial.

La interpretación, principalmente de Leonardo diCaprio y Djimon Hounsou, es correcta, incluso bastante buena en el caso del segundo. Jennifer Connelly merecería un mejor desarrollo de su papel, que queda peligrosamente en el borde de la definición de «florero», lo cual es injusto dadas las posibilidades de la actriz.

En resumen, una película entretenida, con una duración excesiva, en general correcta en sus aspectos formales, y de la que no sales con la impresión de haber perdido el tiempo. Le pondremos un siete en todo, interpretación, dirección y valoración subjetiva.

No son los cielos de África, que son los de Almudévar (Huesca), pero tampoco están mal

La vida de los otros (2006)

Cine

Leben der Anderen, Das (2006), 26 de febrero de 2007.

Son diversas las obras literarias o cinematográficas que nos trasladan a sociedades distópicas. Ejemplos tenemos en Un mundo feliz, el cómic V de Vendetta, la reciente película Hijos de los hombres, aquella tremenda La Naranja Mecánica, Farenheit 451, y cómo no, 1984. La distopia, como utopía negativa, nos lleva a sociedades totalitarias, a personas reprimidas, a conductas anómala, en ocasiones bajo el disfraz de un orden, una felicidad o un paraíso aparente.

Pero nada nos estremece más que aquellas obras que nos traslada a sociedades reales, que han alcanzado terriblemente, un estado de sociedad distópica, que nos llevan a dictaduras reales, con sufrimientos reales, con falso paraísos convertidos en infiernos reales.

Tengo la sensación de que no es por casualidad que este filme alemán dirigido por Florian Henckel von Donnersmarck, nos devuelve al año 1984 precisamente. Aunque en este caso no se trate de un futuro hipotético y terrible, sino de un pasado real y tambien temible. El lugar, la dictadura prosoviética de la antigua República Democrática Alemana en sus últimos años, pero con todo su aparato de represión y de allanamiento de los derechos civiles en pleno funcionamiento. En este entorno, una pareja formada por un autor de éxito y relativamente integrado en el régimen y una actriz en las mismas circunstancias se ve sometida a vigilancia por la Stasi. Y no por razones políticas o criminales, sino por el capricho de un alto cargo del gobierno y del partido.

Esto nos lleva a ser nosotros también espías de la pareja espiada, de su círculo de amigos y, sobretodo, del oficial responsable de la vigilancia. Conoceremos su evolución personal, aprenderemos de ellos,… y hasta aquí puedo contar. La película es un drama, con sus tonos trágicos,… y sus tonos de esperanza. La ambientación, la iluminación, la puesta en escena en el Berlín oriental del otro lado del muro, nos lleva sin dificultad a las distopias de ficción que antes hemos comentado.

La interpretación es magnífica; de lo mejor. Conocía ya a Martina Gedeck, a quien pude admirar en la «deliciosa» Deliciosa Martha, y en la curiosa Las partícula elementales. También a Sebastian Koch, oficial de las SS en la reciente El libro negro, recientemente comentada en este Cuaderno de Ruta. Ambos están excelentes. Pero sobre todo me ha impresionado la actuación de Ulrich Mühe, componiendo un capitán de la Stasi que es todo manual del buen hacer interpretativo, con algunos momentos y escenas antológicas.

En resumen, una película excelente. De lo mejor que he visto en los últimos años, y con ventaja. Le coloco un nueve, con un diez en la interpretación y otro nueve en la dirección. Por favor, más como esta.

Check Point Charlie, uno de los puestos fronterizos entre el Berlín oriental y el occidental, conservado como reclamo turístico