Bajo las estrellas (2007)

Cine

Bajo las estrellas (2007), 18 de junio de 2007

Se suponía que ayer había un cierre patronal, que no huelga, que es muy distinto, de las salas de cine de toda España. Dicen que el seguimiento ha sido del 98%. La realidad es que en Zaragoza estaban cerradas las situadas en grandes centros comerciales, y permanecieron abiertas las salas del cine del centro de la ciudad. Así que mitad por mitad. Y aprovechando esta última circunstancia, nos acercamos a ver una película española, que hacía mucho que tenía abandonado al cine patrio.

Hubo una época hace unos años en las que hubo una explosión de películas interesantes, hacia la mitad de la década de los 90, en los que muchos nos sentimos entusiasmados con el devenir de la cinematografía española. Sin embargo, en los últimos años, salvo honrosas excepciones, la cosa no ha pintado tan bien. Por una lado, se ha producido un fenómeno que yo denomino el «landismo» del siglo XXI. Cine de comedia más o menos gruesa, de personajes estereotipados, con actores que han cogido fama en la televisión, y que aporta más bien poquito. Por otro lado, una serie de directores siguen con su cine social, pero que cada vez es menos fresco, cada vez es más de lo mismo y que sin novedad en sus aportaciones termina por cansar. Algunas incursiones en otros géneros como el cine de misterio o de miedo, a imitación del cine norteamericano, que se han saldado con filmes de baja calidad.

En estas circunstancias, nos encontramos conque el cine patrio no sale mejor parado que la cinematografía dominante, la yanqui, cada vez menos interesante, aunque por motivos diversos.

Nos acercamos aquí a una película de un director joven, Félix Viscarret, debutante en el largometraje, que nos acerca a un película de regresos y reencuentros, en la que Estella, importante población navarra, se convierte en un opresivo ambiente para las desventuras de los protagonistas. Alberto Sanjuan nos interpreta a un músico fracasado, que regresa a su pueblo con motivo de la enfermedad y la muerte de su padre. Allí se encuentra a los problemas de su hermano, interpretado por Julián Villagrán, a un amor de juventud que no fue, Emma Suárez, y a la introvertida y casi abandonada hija de esta, la niña Violeta Rodríguez. Todos los personajes están tarados por su historia personal, y la acción nos llevará a la resolución de algunos dramas, con final más o menos feliz, aunque con un tono optimista final.

En conjunto, la película se deja ver. Tiene un aire como de western crepúscular, acentuado por algunos párrafos de la banda sonora del filme. Pero todo ello en Navarra; en una Navarra profunda. No todas las situaciones dramáticas están bien hiladas, ni todos los devenires en las relaciones entre los personajes son suficientemente convincentes. Quizá el más claro, el que sostiene mejor la película es la peculiar relación que se establece entre el músico y la niña. Sin ella, quizá la historia hubiese naufragado.

Los actores están suficientes. Sanjuán hace un papel que recuerda mucho a otros que hizo en el pasado Nancho Novo, y justamente en compañía de Emma Suárez. Pero creo que no lo hace también. La guapa actriz tiene un papel secundario aunque importante, y pasa con oficio. Y luego está la niña… ¿no fue Spencer Tracy quien dijo aquello de no rodar con niños y perros porque te robarán la película? Bueno. Quizá no sea para tanto. Pero no funciona mal.

En general, la película te deja buen sabor de boca, pero no llega a entusiasmar. Le pondremos un seis, con un siete a las ganas del director novel, y otro seis a la interpretación.

Una pinta así de pueblo y más o menos brutos como los navarros de la película, aunque este estaba en la Plaza del Pilar de Zaragoza

Entre mujeres (2007)

Cine

Entre mujeres (In the Land of Women, 2007), 7 de junio de 2007.

El hijo del afamado director y guionista Lawrence Kasdan, de nombre Jonathan Kasdan, se lía la manta a la cabeza y decide emular a su famoso padre. Se nos hace director de cine, y nos ofrece una película, la que aquí comento, sencilla, de poca acción, con muchos sentimientos, de correcta factura, aunque probablemente tampoco quede como una obra maestra del séptimo arte.

La historia es simple. Un joven escritor de 26 años, interpretado por Adam Brody, entra en crisis simultáneamente en su vertiente creativa y en su faceta romántica, al darle puerta su famosa y actriz novia, interpretada por la española Elena Anaya. Al mismo tiempo, recibe la noticia de que su abuela, encarnada por una estupenda y magnífica Olympia Dukakis, está de capa caida. Por ello, decide abandonar la cosmopolita Los Angeles para ir a pasar una temporada en un barrio residencial en algún sitio de Michigan, no muy lejos de Ann Arbor. En plena crisis, conoce a sus vecinas, una madre tipo maruja casera interpretada por Meg Ryan, que para variar no hace de lo de siempre, y sus dos hijas, una adolescente (Kristen Stewart) y otra más niña (Makenzie Vega). Todos caen en una profunda crisis, en las que las interrelaciones varían, y en las que nuestro «héroe» irá cayendo en las incertidumbres de madre e hija adolescente, sirviendo de catalizador para que todos cambien algo su vida.

Todo ello contado de forma correcta. Sin riesgos. Tranquilamente, de forma agradable. Las interpretaciones son todas de correctas a estupendas (esto en el caso de la Dukakis, como ya he dicho).

Mi valoración,… pues ante el solar intelectual que representa actualmente la taquilla, yo le pongo un benévolo siete. Con la misma nota para interpretación y dirección. En otras circunstancias podría haber sido un poco menos… pero me puso de buen humor en un día de tensión, y se lo agradezco. Ale.

Como todos los junios, vuelven los mercadillos medievales a Zaragoza, en los alrededores de la Plaza de San Bruno

El novio de mi madre (2007)

Cine

El novio de mi madre (I could never be your woman, 2007), 27 de mayo de 2007

Sí, sí. Es así. Para cualquiera que entienda un poquitín de inglés es evidente que ese peligro público, ese tremendo delincuente, que pone los títulos en castellano a las películas extranjeras ha vuelto a hacer de las suyas. En cualquier caso, el objetivo era claro. Entretenerse una tarde de domingo y pasar un rato con ese icono que para muchos representó Michelle Pfeiffer entre los años 80 y 90. No la llamo icono sexual, porque nunca se caracterizó por hacer filmes con fuerte contenido sensual o erótico, aunque desde luego, algunos siempre hemos considerado mucho más erotizante a la Pfeiffer cantando Makin’ Whoopie sobre la tapa de un piano de cola, que los vulgares cruzados y descruzados de piernas de alguna de sus colegas generacionales.

Dicho esto, y con las espectativas no excesivamente altas dado que se trata de una comedia romántica, con lo que esto significa en la actualidad, y habiendo visto alguna crítica positiva, nos encaminamos en una tarde electoral a ver este largometraje de metraje muy contenido, lo cual es de agradecer, firmado por Amy Heckerling. La intención es buena. Pretende simultanear dos críticas sociales en un entorno de mucho humor. Por un lado la crítica a los prejuicios hacia las mujeres por su edad, así como otros relacionados con los conceptos de belleza femenina. Por otro lado, el entorno de la realización de teleseries en los EE.UU. Quizá el contexto se nos quede algo alejado de la realidad de estos pagos. Pero como he dicho… la intención es buena. La lástima es que la película no tiene la suficiente mala baba. No es lo suficiente incisiva ni ácida como para trascender su estatus de comedia intrascendente. Lo cual es una pena porque había materia. Tiene algunos chistes divertidos, y otros que lo podrían haber sido si hubiesen echado un poco más de clorhídrico al asunto. No dándose las circunstancias mencionadas, el filme transcurre sin más efecto que el de arrancarnos alguna sonrisa de vez en cuando. Como no llega a los 100′ de duración, no nos llega a cansar, lo cual también es una virtud.

La Pfeiffer sale guapa, simpática y hace su papel, que hemos de suponer como fundamentalmente alimenticio. Tiene su coña que durante la película se quite años respecto a los de su personaje que a su vez se quita unos cuantos años con respecto a su edad real… porque Michelle no tiene ya los cuarenta, ¿eh? Pero bueno, yo, a mi mujer gato favorita se lo perdono casi todo. El chico, Paul Rudd, tiene su gracia, no lo hace mal, pero tampoco es que sea para tirar cohetes la cosa. Por cierto, que este tampoco tiene los 29. Vamos que a los dos les han quitado 10 añitos en sus personajes. Y luego hay una serie de caracteres, con niña incluida, que ponen su gracia o sus chistes con mayor o menor fortuna.

En resumen, película palomitera de la que nos olvidaremos pronto, pero que tampoco molesta mucho en una tarde tontorrona de domingo. Le pondremos un seis a todo (interpretación, dirección, valoración subjetiva).

Un paseo por el «caracol» del Paseo de la Independencia de Zaragoza, en un día de lluvia

Zodiac (2006)

Cine

Zodiac (2006), 20 de mayo de 2007

Cuando te enteras de que estrenan una película de David Fincher, y además te dicen que va de asesinos en serie, no queda más remedio que recordar aquella cosa tan estupenda que fue
Se7en. Bien es cierto que yo no he llegado a apreciar particularmente otros productos del director, pero he de reconocer que aquella película me pareción estupenda, dentro de un género al que yo no soy particularmente aficionado. Soy de los que opinan que me parece un referente más importante para el género del serial killer que la siempre alabada El silencio de los corderos. Pero para gustos, los colores. Como curiosidad en el user rating de IMDb.com,
esta última puntua 8,6 mientras que la de los pecados capitales «se queda» en 8,5. Suponiendo que los votantes de IMDb.com sean serios, claro.

Por lo tanto, las espectativas con las que nos acercamos a la sala de cine son razonablemente altas. Esperamos emoción, intriga, una historia bien compuesta y buen hacer cinematográfico en general. Vayamos desmenuzando en orden inverso estos elementos.

Indudablemente, hay muy buen hacer cinematográfico en el filme. Esto tampoco es una sorpresa. Los norteamericanos tienen tradición y oficio, y hay que ser muy zaborras para que la cagan a poco que tengan los medios. La película, rápidamente nos introduce en la época gracias a los acordes de Easy to be hard, canción del musical Hair, en pleno auge en la época de la acción principal; finales de los 60s y principio de los 70s. Directamente, presenciamos el primer asesinato de un asesino en serie, Zodiac. Pocos más presenciaremos, y siempre tratados con cuidado. El espectador no se horroriza por la aspectos más sangrientos de los actos; lo hace por la implicación psicológica del acto. A partir de aquí, la historia va fundamentalmente de aquellos que investigaron los asesinatos. El periodista del San Francisco Chronicle que más se implicó (interpretado por Robert Downey Jr.), la pareja de policías del Departamento de Policía de San Francisco que tuvieron asignados el caso (interpretados por Mark Ruffalo y Anthony Edwards), y finalmente, por el investigador aficionado y dibujante del Chronicle, que finalmente escribió un best-seller sobre el caso (a quien da vida Jack Gyllenhall). Todo ello bien presentado, con rigor, y dando lugar a un desfile de personas implicadas, o potenciales sospechosos, manejado con ritmo y habilidad.

En cuanto a la historia, es difícil mantener la tensión cuando los sucesos abarcan en lo esencial casi una década de tiempo histórico y en global más de dos décadas. Las elipsis temporales son frecuentes, y generalmente vienen ayudadas por indicaciones en pantalla. Supongo que el realizador no confía en que las modificación de ambiente o de entorno basten para orientar al espectador del transcurso del tiempo. Y sin embargo, es un aspecto muy cuidado del filme. La duración es larga; más de dos horas y media. No obstante, se ve sin que uno sienta mucha necesidad de revolverse en el asiento.

La intriga, la actitud del espectador sobre cómo ha sucedido todo, sobre quién es el asesino, se va diluyendo poco a poco. Conforme las vidas de los investigadores van tomando importancia sobre el asesino y su personalidad, cada vez más difuso hasta que se reorienta la investigación, se pierde esa tensión que en las películas de este género se espera. Y esto va acompañado por lo que yo creo que es la principal debilidad del filme. Desde mi punto de vista, el espectador no consigue emocionarse realmente con las cosas que le pasan a los personajes. Se situa en una distancia cómoda, que da a la película un carácter «relativamente» documental, perdiendo algunos de los beneficios que una buena obra de ficción lleva consigo.

La interpretación es correcta. Hay mucho oficio en el reparto de este filme, incluidos los numerosos secundarios de cierto prestigio que circulan por el largometraje. De entre ellos citaremos a John Carroll Lynch, que da vida al principal sospechoso, un personaje al que se le podría haber sacado un poco más de partido.

En resumen, una película correcta, con el mérito de no aburrir a pesar de su larga duración, bien construida y correctamente interpretada. La dirección probablemente merezca un ocho, con un siete alto en la interpretación. No obstante, la falta de emoción y de implicación hacia lo que está pasando me impide darle más de un siete.

Un camino se pierde entre los campos como la investigación se perdió entre las pruebas y los indiciones en la película que nos ocupa, Sierra de Luna, Zaragoza

No deberías hacerlo, no merece la pena; ni de coña iremos a verla

Cine

Normalmente, las entradas en este diario están pensadas para ser públicas, para que puedan ser aprovechadas por cualquier visitante. No obstante, por una vez y sin que sirva de precedente, el destinatario va a ser privado, ya que por determinados problemas no puedo comunicarme directamente. Para los demás, parte del artículo no tendrá sentido. Lo digo por si se lo quieren ahorrar.
____

Decididamente, no merece la pena; está comprobado. La respuesta correcta no es 42, al contrario de lo que opinabas el otro día y de lo que diga esa novela que te a tí te parece de culto de la que procede esa película tan floja cuyo único interés son los ojos de la chica. La respuesta correcta es 3-3-3 (no 333; al loro con los guiones).

Finalmente, no. No vamos a ir a ver la película del maldito y aburrido superhéroe. Y estamos todos de acuerdo. Y no me vale que tenga un papelito la hija mona del feo director de películas estúpidas, tramposas, o de vulgar propaganda yanqui. Sabes que he ido a ver películas sólo porque la chica me gusta, pero éste no va a ser el caso. Debes ser la única mujer de este país dispuesta a ver semejante engendro cinematográfico, por voluntad propia, y no porque se sienta obligada a acompañar a su novio friqui.

Y ábrete una cuenta en gmail, que es fácil. Y no se llenan los buzones.

Paisaje castellano, en los alrededores de Medinaceli, Soria

Retrato de un obsesión (2006)

Cine

Retrato de una obsesión (Fur: An Imaginary Portrait of Diane Arbus, 2006), 13 de mayo de 2007

Había varios motivos para ir a ver este largometraje. Fundamentalmente, dos. Por un lado, la presencia de la siempre imponente Nicole Kidman, siempre atractiva, aunque a veces irregular como actriz. Por otro lado, para mí, aficionado a la fotografía, la representación que de la personalidad de la fotógrafa Diane Arbus nos ofreciese esta historia cinematográfica dirigida por Steven Shainberg, de quien tuve la ocasión de ver la curiosa Secretary.

Dos cuestiones previas. El título que le han puesto a la versión en castellano no tiene absolutamente nada que ver con el título original, lo cual me parece siempre mal, y además hace que podamos confundirla con otra película de temática muy distinta, y cuyo título en castellano tampoco tenía que ver con el título original. Alguna vez he dicho que quizá la pena de muerte fuese una opción para los traductores de títulos cinematográficos. O cuando menos el ostracismo a una isla desierta en el Caribe, sin palmeras y sin playas, claro.

Por otro lado, la historia que nos cuentan no es real. Aunque basada en un personaje real, es una invención de ficción. Y eso debe quedar claro.

A partir de ahí, la ficción va de cómo una maruja de clase media-alta neoyorquina, estilista en el negocio de fotografía de moda de su marido, encuentra la inspiración para convertirse en una fotógrafa actual, que revoluciona el sentido estético de este arte en la segunda mitad del siglo XX. Y todo ello a través de su amistad con una persona que presenta una enfermedad congénita, interpretada por Rober Downey Jr, cuyo trabajo no podemos juzgar por su extrema caracterización y por haber visto la película doblada al castellano. Tardamos en entrar en la historia, que empieza morosa y sin una dirección definida, pero que luego nos cuenta unas relaciones interpersonales que no dejan de tener interés.

No obstante, el personaje de Arbus no está del todo bien definido, y no siempre es comprensible lo que hace o sus motivaciones. También puede afectar el hecho de que tal Kidman vez no sea la actriz ideal para el papel. Demasiado mona, y demasiado sobreactuada, con muchos suspiritos y ruiditos para mostrar unos sentimientos para cuya interpretación quizá no está lo suficientemente dotada, sin necesidad de estos recursos. La sensación es que Downey está muy bien, pero no lo puedo asegurar por el doblaje.

En general, el filme se deja ver, pero no acaba de emocionar del todo, aunque técnicamente la realización es más que correcta. A la dirección le pondremos un siete, pero la interpretación y mi valoración subjetiva se quedarán en seis.

Por supuesto, la película, para un amante de la fotografía, alcanza unos niveles de erotismo casi pornográfico cuando desfilan ante su mirada las Rolleiflexes, Leicas, Hassels y otros animales eróticos similares. Pero esto es un perversión muy particular.

Imagen del Teatro Romano de Zaragoza tomada con mi Leica IIIf, modelo muy similar sino igual a algunos de los que aparecen en el filme

Dame 10 razones (2006)

Cine

Dame 10 razones (10 Items or Less, 2006), 8 de mayo de 2007.

Las historias mínimas no están de moda en el cine en general y en el cine que nos viene del Imperio en particular. Parece que si las tramas no son complejas, los personajes rebuscados y atormentados, o en ausencia de lo anterior, si no hay tremendos efectos especiales, nada vale. Por eso siempre resulta refrescante acercarse a situaciones sencillas, contadas asimismo con razonable sencillez, como es el filme que dirige Brad Silberling, director que no me es simpático por masacrar con su versión yanqui esa hermosa cursilada que es Cielo sobre Berlín (desde que vi por primera vez este filme, estoy enamorado de su protagonista femenina Solveig Dommartin, a quien no he vuelto a ver nunca en ninguna otra película; al realizar esta entrada, investigo en IMDb.com, y compruebo con pesar que la actriz falleció el pasado mes de enero con sólo 46 años de edad).

La historia tiene semejanzas obvias con la que se nos presentaba en Lost in translation. El azar reune a una mujer joven, interpretada por la española Paz Vega, desorientada en la vida, con algún fracaso a cuestas, y aun actor conocido, algo más que maduro, en este caso Morgan Freeman, interpretándose a sí mismo. De la interacción que se produce a lo largo de 12 horas de su vida, ambos personajes sacan algo nuevo, algo positivo. La película no va más allá, presenta algunos hecho sencillos, pero lo hace razonablemente bien. Con un presupuesto mínimo, la película ambientada probablemente en los suburbios de las conurbaciones del sur de California, o en otro lugar poco favorecido y con fuerte inmigración del sur de los EE.UU. (el actor realmente vive a caballo entre Charleston, Mississippi, y la ciudad de Nueva York). Se trata de una película de diálogos y sentimientos.

La interpretación de ambos es buena, siendo siempre estupendo disfrutar de un actor como Freeman, que obviamente se lo ha pasado muy bien en este filme. La de Paz Vega se ve penalizada por el hecho de que en este país sabemos cuál es su voz real, y nos extraña el doblaje de la misma. Pero mantiene el tipo con dignidad ante el peso pesado de la interpretación.

Puesto que las pretensiones del filme son modestas, tampoco irá mucho más allá en la historia del cine. Pero en poco más de 80 minutos, te cuenta algo que es probable que te interese más que muchas de las superproducciones que se estilan en el cine actual. Le ponemos un siete a todo; dirección, interpretación y valoración subjetiva.

Historias mínimas pero interesantes, como tal vez las de estos adolescentes de fiesta en Brihuega, Guadalajara

La maldición de la flor dorada (2006)

Cine

La maldición de la flor dorada (Man cheng jin dai huang jin jia, 2006), 1 de mayo de 2006.

Desde hace años, nos visita el cine chino con una variante peculiar. Las aventuras épicas de épocas pasadas con abundancia de luchas de espada y artes marciales. Y en este plan nos vuelve a visitar Zhang Yimou, que ya nos ofreció ejemplos previos de este tipo de cine.

El filme que aquí nos ocupa nos cuenta una historia que podríamos considerar un híbrido de las tragedias clásicas de Sófocles o Eurípides, con sus torturados personajes tipo Electra, Edipo o Antígona, y las tragedias de Shakespeare, con sus intrigas políticas y personales tipo Rey Lear. Pero a lo chino. Con una realización en la que puesta en escena, la ambientación, los aspectos formales, la decoración, el vestuario tiene una importancia fundamental. Quizá demasiado fundamental. Quizá nos distrae en exceso de lo que le está pasando a los personajes, que no nos llegan a entrar. Finalmente, ese destino trágico no nos afecta demasiado, porque nos hemos perdido en el barroquismo de los decorados y los vestidos, en la coreografía de las multitudinarias batallas,… o hemos estado demasiado preocupados por un posible desprendimiento de retina ante el colorido de los decorados palaciegos.

Es difícil valorar la interpretación. Nuevamente, el envoltorio de los personajes nos impide apreciar la labor de los actores. No obstante, habiendo conocido trabajos previos de Chow Yun-fat y, especialmente, de Gong Li, tengo la sensación de que no están a la altura de los mismos. Creo que efectivamente están encorsetados en sus papeles.

No obstante todo lo anterior, tampoco te aburres. Es razonablemente entretenida, así que le daremos al menos un seis a la dirección y a la interpretación con un siete para la valoración subjetiva. En esto último, reconozco que me pierde el aspecto de estas producciones. Aunque no sea tan elegante y delicada como La casa de las dagas voladoras del mismo director.

Palacete chino en el Palacio Sans-Souci, Potsdam

Sunshine (2007)

Cine

Sunshine (2007), 24 de abril de 2007.

Siempre es un riesgo en los tiempos que corren ir a ver una película de ciencia ficción. Con frecuencia no son más que un atracón de efectos especiales, combinados con algún rambito que salva el mundo a base de dar todo tipo de mamporros y violencias. Poco sutil. Hay variantes actuales que llaman «de culto«, sin dar tiempo a que pase el tiempo, reposen y realmente sean filmes de culto. Cosas como Serenity o La Guía de Autoestopista Galáctico, filmes muy flojos per se, han dado lugar a comentarios de este tipo. Incomprensible.

El largometraje que nos ocupa bebe, para bien y para mal, de otras fuentes. Indudablemente, 2001, una odisea del espacio es la principal referencia para esta película. La segunda referencia importante es Alien. El trabajo de Danny Boyle pretende jugar en esta división. Ciencia ficción seria, con visos de acercamiento a una realidad científica, aunque todos demos por hecho que habrá cosas que difícilmente podrán conciliarse con las leyes de la física. Los efectos especiales son de buena calidad y contenidos; dan credibilidad. Pero…

Pero hay una serie de cosas que no están nada conseguidas. Pase que haya un cierto grado de fantasía, pero yo bajo ningún concepto contrataría a los ingenieros que han pensado la nave para su misión solar. ¿A quién se le ocurre poner un ventanal con un filtro solar que se puede eliminar y por lo tanto, accidentalmente o intencionalmente, matar a alguien por exposición solar? ¿Es que es gilipollas o qué? ¿Y el mareo de las secuencias ultra cortas como flashes, con grandes primeros planos que marean a cualquiera? ¿Y el abuso de imágenes subliminales que no son tan subliminales porque las vemos?

Los personajes son también pobretones. Estereotípicos. Desconocemos las motivaciones que les inducen a comportarse de determinada forma, o por qué cambia su forma de actuar. Los actores son normalitos tirando a flojitos, y como son siete u ocho, pues… os miráis el enlace a IMDb.com y sabréis quienes son.

En resumen, una película que prometía, pero con unas debilidades que la desmerecen. Como entretiene, le pondremos un seis, con la misma nota en la interpretación y en la dirección. No da más.

El Sol, auténtico y más interesante protagonista del filme, se oculta por el horizonte del mar en Cabo Formentor, Mallorca

El buen pastor (2006)

Cine

El buen pastor (The Good Shepherd, 2006), 15 de abril de 2007.

Reparto de campanillas y segundo trabajo como director para Robert DeNiro parecen a priori buenos motivos para acudir a ver este largometraje.

La película es promocionada como una especie de historia oculta del nacimiento y desarrollo de la CIA, principal agencia de inteligencia nortemericana, que surge tras la Segunda Guerra Mundial ante los desafíos que plantea el escenario de Guerra Fría. La realidad es que lo que vemos es la evolución personal de un joven graduado de la Universidad de Yale, que es reclutado para realizar servicios de contraespionaje durante el conflicto mundial, y que luego ocupa importantes cargos en la nueva organización. Se nos plantean los dilemas éticos así como los problemas sociales y familiares que la pertenencia a dicha organización supone en el protagonista absoluto del filme, interpretado por Matt Damon.

El filme, realizado con una absoluta corrección técnica y visual, es largo. Probablemente, más de lo que el resultado final aconseja. Uno supone que plantear los dilemas del protagonista exige una reflexión pausada de los acontecimiento y sus consecuencias. Sin embargo, no llego a percibir esa profundidad o una explicación en muchos de los casos, por lo que la lentitud no ayuda a la reflexión, y quita ritmo al filme planteado como obra de acción, cosa que creo que no es.

Damon, el protagonista, nunca ha sido santo de mi devoción. Aunque me he divertido con alguna cosa suya. Sin embargo, siendo como es un actor con registro limitado, en esta ocasión tiene un papel adecuado a sus características, y en general te lo crees. El resto de los actores, o están un poco de floreros (Angelina Jolie, Tammy Blanchard), tienen intervenciones muy escasas para lo que nos hubiera gustado (William Hurt, Michael Gambon, Alec Baldwin, Martina Gedeck, o el propio DeNiro entre otros), cuando no se limitan a hacer poco más que cameos (Timothy Hutton, Joe Pesci). Hay talento en general, pero en dosis muy limitadas.

En resumen, una película correcta pero excesivamente morosa y larga, que nos deja con ganas de algo más y cuyos momentos más dramáticos quizán no alcanzan el climax adecuado por culpa de esta larga duración. Le pondremos un siete a la dirección y a la interpretación, pero la valoración subjetiva no pasa en mi opinión de un seis.

El «héroe» del filme, tras la Segunda Guerra Mundial, pasa un tiempo en el arruinado Berlín de posguerra, restos del cual se pueden ver como la Iglesia Conmemorativa de la imagen

El buen alemán (2006)

Cine

El buen alemán (The Good German, 2006), 12 de abril de 2007

No sin recelo acudo al cine en una lluviosa tarde de abril, en la que quedas a tomar unos chismes porque no hay otra cosa que se pueda hacer, y ante la lluvia acabamos metiéndonos en una sala de cine. La crítica no la había tratado bien. Su director, Steven Soderbergh, no es precisamente de mis favoritos. Pero por otro lado, siempre he tenido cierta debilidad por el cine en blanco y negro. Y sale Cate Blanchett, que me gusta. Y siempre he tenido debilidad por el tema de la Alemania o el Berlín de posguerra, un período no bien contado o conocido históricamente, complejo y probablemente apasionante.

Bueno, pues tenían razón. La película flojea mucho. En primer lugar, porque la historia está mal contada, sin fluidez, con más lío del que la trama merece, como si estuviese relegada a los aspectos más formales desde el punto de vista técnico del filme. En segundo lugar, porque el hecho de que esté rodada en blanco y negro, de una determinada forma, no dota de respetabilidad técnica a la película. Querámoslo o no, determinadas soluciones técnicas estaban bien para los años 40 ó 50. Pero hoy en día, pueden llegar a cansar. Se puede hacer buen cine en blanco y negro hoy en día, como ha quedado demostrado. Pero sin renunciar a los avances visuales que han aparecido con los años. En tercer lugar, porque me parece muy bien que un filme tome referencias o haga homenajes a los clásicos. Pero en este caso se limita a copiar sin más, y sin que necesariamente tenga que ver con lo que está contando. Creo que el caso más sangrante es la despedida tipo Casablanca en el aeródromo, donde se ha sustituido la niebla por la lluvia, pero en la que juraría que se han copiado «literalmente» algunos planos. Pero hay otras situaciones similares.

En lo que se refiere a la interpretación, la Blanchett está correcta, George Clooney está en lo que es habitualmente, flojo, y Tobey Maguire, en su corto pero importante papel, está más flojo todavía. Este chico sólo consiguió convencerme en Las normas de la casa de la sidra. En el resto de películas no me suele convencer nada. Existen otros personajes secundarios, interpretados por actores solventes, que se ven anulados por la constante presencia en pantalla de Clooney, con o sin la Blanchett. una lástima.

En fin. Una pena. Una demostración de que sin una buena historia detrás, o sin que la buena historia esté bien contada, los alardes de estilo no sirven para nada. Otra vez será. Le pongo un seis, con un cinco en la dirección y un seis en la interpretación.

El Palacio de Sans-Souci se encuentra en Potsdam, localidad alemana próxima a Berlín, en la que se celebró una famosa conferencia coincidente con los hechos narrados en el filme

Diario de un escándalo (2006)

Cine

Diario de un escándalo (Notes on a Scandal, 2006), 9 de abril de 2007.

Cuando en cartelera ponen una película en la que te proponen un mano a mano intepretativo entre Judi Dench y Cate Blanchett, no cabe la menor duda. Coges y te vas a verla. Son dos de las actrices más solventes de la actualidad. La primera de ellas, una de las más veteranas actrices del panorama actual, tiene tras de sí todo el bagage que se supone a los intérpretes británicos, todos ellos excelentes. La segunda, perteneciente a esa generación de rubias australianas que tanto mal está dando, afortunadamente, aunque irregular en la selección de trabajos, ya ha dado muestras de gran solidez interpretativa cuando le han dado la oportunidad.

Desde ese punto de vista, el interpretativo, el filme dirigido por Richard Eyre no defrauda. Ambas están excelentes en su papel de profesoras de instituto en una zona pobre londinense, especialmente la más veterana, protagonista absoluta del largometraje. En otros aspectos, quizá el filme se resienta de la imposibilidad de tratar a fondo los dos dilemas personales o éticos de las dos protagonistas.

Por un lado, la soledad de la mayor, sumida en una vida sin alicientes, que la induce a acechar a otras personas, inmiscuyéndose en sus vidas y causándoles notables perjuicios. Por otro lado, la compleja relación de la profesora joven, una «pija progre«, con la gente que le rodea; con sus hijos, con su marido mucho mayor, con sus alumnos. Siempre se entiende mejor y está mejor descrita la situación del personaje interpretado por Judi Dench.

En fin. Una película para quien guste de buenas interpretaciones, que no está mal aunque no acaba de aparecer un producto redondo. Un ocho a la interpretación, con un siete en la dirección y en la valoración subjetiva.

Vista desde Camden Lock Market Hall, Londres, donde debería haberse dedicado una de la protagonistas a vender sus artesanías, en lugar de dedicarse a la enseñanza