Alatriste (2006)

Cine

Alatriste (2006), 4 de septiembre de 2006

La cuestión era casi inevitable. Había que ir a verla. Y mira que no estaba yo muy convencido. Que pocas adaptaciones de novelas de Pérez-Reverte me han convencido, si acaso El maestro de esgrima y, en cierta medida, Territorio comanche. Y hay queda todo. Vamos. Que era la crónica de una desilusión anunciada.

Empecemos por lo positivo. La ambientación, salvo las últimas escenas de la batalla de Rocroi, estupenda, magnífica. Muchos goyas técnicos para esta película. El vestuario, la fotografía imitando la iluminación de los cuadros de Velázquez, el rigor histórico en ciertas situaciones, bien. Algunos secundarios. Y en esta película los secundarios son tremendamente secundarios, porque todo parece hecho para más gloria del protagonista. Pero ahí está Ariadna Gil, que además de guapa, siempre da destellos de calidad. O ese estupendo Quevedo que compone Juan Echánove. O ese aragonés, Sebastián Copons, duro y fiel que encarna el siempre solvente Eduard Fernández.

Cosas neutras. El protagonista, Viggo Mortensen, da el tipo, tiene la prestancia. Pero el extraño acento que saca, no sé si me acaba de convencer. No entiendo mucho tampoco la elección de Blanca Portillo como inquisidor. No es que lo haga mal, pero no le veo la necesidad a esta pirueta del reparto.

En el debe. El guion. También,… el guion. Y por supuesto,… el guion. Hecho de retales de historias, sobre las que nos gustaría saber más, pero que no están bien hilvanadas y que nos dejan a rato desconcertados y a ratos aburridos, sobretodo cuando vemos que el metraje se alarga y se alarga. A ver si nos enteramos. Da igual la cantidad de dinero y técnica que metamos en una película. Sin algo interesante que contar, sea una historia, sean unos sentimientos, sean unas ideas, las películas son malas. Y esta, también. Tampoco están acertados algunos de los personajes importantes, especialmente Unax Ugalde y Elena Anaya (y mira que me parece guapa esta chica). No me los creo. Y a su relación le falta química y enjundia. Ni a Eduardo Noriega, que me parece que era mejor actor cuando empezaba, que ahora que cada vez está peor. Y el final,… el final es una patrioterada que no lleva a ninguna parte. Me da igual el cariño que Pérez-Reverte le tenga a la «fiel infantería«. Creo que hay formas más dignas de reivindicar al individuo sencillo o al pueblo llano. Y además es de dudoso rigor histórico. Los acontecimientos de la batalla de Rocroi fueron más complejos. Y además creo que es lo que peor ambientado está. Por supuesto, una patrioterada a tiempo siempre viene bien para que los simples salgan contentos de la película, orgullosos de los numantinos españoles, aunque el filme haya sido muy flojo.

Por el esfuerzo, le pondré un cinco, por los secundarios, en interpretación un seis, y si la dirección se salva del suspenso es porque aun es posible encontrar alguna escena que muestra destellos de lo que podía haber sido y ya no podrá ser, otro cinco.

Esto es un Casco Viejo, el de Zaragoza; no un tercio viejo, y menos, de Flandes

La noche de los girasoles (2006)

Cine

La noche de los girasoles (2006), 1 de septiembre de 2006

Últimamente el cine español no nos da con tanta frecuencia las satisfacciones que hace unos años nos daba. Temas muy repetitivos, comedia zafia, o experimentos poco conseguidos. Por lo tanto, uno se acerca a nuestro ciene patrio con precaución.

Hace unos días, decidimos acercarnos a una de las películas estrenadas este verano, protagonizada por el excelente Carmelo Gómez, y dirigida por el prácticamente novato en el largometraje, Jorge Sánchez Cabezudo.

Y lo que nos encontramos es un filme de intriga, con crímenes, con peculiares detectives patrios bajo la forma de viejos cabos de la guardia civil, con una reflexión sobre eso que unas veces se llama la España profunda, otras veces el hecho rural, y que con una realización atrevida tanto desde ciertos puntos de vista formales, especialmente en el campo de la fotografía y la iluminación, como sobre todo desde el punto del guion, consigue atrapar el interés del espectador.

Estamos ante una película en la que todos los personajes o las instituciones son víctimas o héroes en algún momento. Todos tienen su historia, parcial para ellos, que se convierte en global para el espectador, a quien no se le niega ninguna información, quedando el suspense y la sorpresa para las reacciones de los personajes, ricas e inesperadas.

El reparto lo hace fráncamente bien, especialmente los muchos secundarios veteranos, siéndome especialmente simpático Celso Bugallo con su excelente interpretación del viejo caimán de la Guardia Civil. Los jóvenes no están tan a la altura, pero tampoco consiguen estropear el filme.

La nota global será un siete, con idéntica nota para interpretación y dirección.

Bayas silvestres en el puerto de Aguarón, en la Sierra de Algairén, Zaragoza

La joven del agua (2006)

Cine

Lady in the water (2006), 28 de agosto de 2006

De M. Night Shyamalan, algunas cosas me habían gustado, otras no y alguna me había parecido curiosa. Como el género de terror, fantasmas o cosas sobrenaturales tampoco es mi fuerte… pues eso. Que salvo El Sexto Sentido, que está muy bien, y ciertas sorpresas del argumento de El Bosque, poco más.

El trailer de la película tampoco me la hacía más atractiva. Como muchos, es engañoso. Te ofrece un producto que luego no es. Un trailer lleno de acción y de sustos, que te indica que es una película de miedo al uso… pues no me apetecía.

Pero la insistencia de mis acompañantes y la crítica en Lo que yo te diga me hicieron ceder.

Vamos a ver. Esto no es una de miedo. Sí. Hay algún monstruo y algún susto. Pero no va de esto. Esto es un cuento de hadas. Lo que pasa es que en lugar de situarse en un remedo de la Europa medieval o de vaya usted a saber qué otro sitio más o menos fantástico, todo pasa en una comunidad de vecino de Filadelfia, que tienen piscina y encargado.

En general, me parece entretenida. Hay muchos actores que están muy bien, como Paul Giamatti, convertido en absoluto protagonista, o Cindy Cheung, una secundaria muy divertida, y otros que son muchos y que tampoco voy a mencionar a todos. Os miráis la ficha en IMDb que para eso la enlazo en el título de este artículo. La chica que hace de ninfa o hada del agua da el pego, porque ayuda su físico. Su interpretación queda muy bien, porque tampoco tiene que hacer mucho. Sólo estar y poner caras; que las pone bien. Quizá el que peor queda es el propio director haciendo un papel que tiene su importancia y que a mí me parece que no lo hace bien. Que es un soso. Seguro que hay un millón o más de indios (de la India, por si alguien no se ha enterado) que lo podrían haber hecho mucho mejor.

Con que nada. Para ver cine bien hecho y con buenas intenciones, y donde todos son muy buenos, ésta es la película. Le pongo un siete (y otro para la dirección y un ocho a la interpretación).

En un patio de vecinos, corriente y moliente, sucede todo. Tal vez como este de Zaragoza, pero con piscina.

Tarde de filmoteca: Three… extremes (2004)

Cine

Saam gaang yi (2004), 26 de agosto de 2006

Empieza a ser ya una costumbre lo de pasarse por la filmoteca la tarde del viernes o el sábado. O por lo menos mientras dure el veranico. Ayer por la tarde, la opción era una película asiática, sobre la cual la propaganda nos advertía que se afiliaba dentro del tan actual género de terror que nos llega de extremo oriente. Esto último no era una buena referencia para mí. No me gustan las de «miedo». Especialmente si se basan en sustos y «casquería». También nos decía que no había llegado a estrenarse comercialmente en España. Sorprendente, para ser de 2004, momento en el que ya parece que lo moderno es traese este tipo de películas y a continuación su horrible «remake» norteamericano. Nos informaba, asimismo, de que era una película multinacional, con tres episodios independientes rodados cada uno en Hong-Kong (idiomas, chino cantonés y mandarín), Corea del Sur (idioma, coreano) y Japón (idioma, japonés). Las críticas internacionales habían sido muy buenas.

Mi impresión es que la película hay que valorarla como tres filmes distintos. Cada uno de ellos presenta soluciones formales distintos, dando uno de los valores más importantes del conjunto; el contraste cultural en países teóricamente vecinos, cuyas diferencias observamos desde occidente de forma muy confusa. Al fin y al cabo «todos los chinos son iguales«, oímos decir con frecuencia. Pues no.

Otra cosa en común es que las situaciones de «terror» no responden a fenómenos que debamos considerar sobrenaturales. En dos de ellas, el «terror» procede de las propias conductas humanas, que desde la aparente normalidad se pueden trasladar a los extremos a los que hace referencia el título internacional en inglés. Dirigidas por Fruit Chan (el film de Hong-Kong, Dumplings) y Chan-wook Park (la coreana Cut), son mis preferidas del trío, y consiguieron atraparme notablemente en la butaca. Probablemente, esa ausencia de elementos sobrenaturales, el hecho de que estas situaciones sean físicamente posibles y que el comportamiento humano haya mostrado una capacidad de variabilidad tan grande es lo que un reflexión sobre lo que vemos nos ponga los pelos como escarpias.

El filme japonés, Box, dirigido por Takashi Miike, no se sale tampoco de los cauces de lo naturalmente plausible, pero se introduce en el mundo de lo onírico. Esto hace que, aunque muy virtuosista en lo formal, y muy efectista en su conclusión, nos aleje de la realidad y el regusto final se aleje de la impresión causado por los anteriores episodios.

En fin. Que como he dicho antes, no soy aficionado al género de «terror«. Pero la película me ha gustado bastante, con interpretaciones muy notables, de actores y actrices prácticamente desconocidos por estos pagos. Lo que demuestra que hay que ignorar el «género» de los filmes y centrarse en lo que importa. Su calidad intrínseca. Le pondré un siete, en valoración global (que hubiera sido un ocho sin el filme japonés), con un ocho en la dirección y otro tanto en interpretación.

Puerto de Aguarón, Zaragoza

Joe Rosenthal, 1911 – 2006, y el cine alrededor de Iwo Jima

Cine, Fotografía

Con cierta frecuencia, traigo a estas páginas un comentario sobre un fotógrafo que me gusta especialmente por uno u otro motivo. Con cierta frecuencia, también, ese fotógrafo acaba de fallecer, y el comentario se convierte en una especia de necrológica u homenaje póstumo. Y este es el caso que nos ocupa hoy.

Joe Rosenthal se hizo famoso especialmente por su fotografía como reportero de guerra en la que un grupo de soldados norteamericanos alzaban la bandera de los EE.UU. tras la cruenta batalla de Iwo Jima. Aparte de esta fotografía, son numerosas las imágenes de alta calidad que el fotógrafo nos lega.

Me voy a permitir realizar un par de comentarios cinematográficos a propósito de esta imagen y de la Batalla de Iwo Jima.

El primero se refiere a una película, The outsider (El sexto héroe en España), protagonizada por Tony Curtis y dirigida por Delbert Mann, en la que se narra la historia de posguerra de uno de los seis soldados que alzaron aquella bandera. En concreto, Ira Hayes, un nativo norteamericano que cayó en la depresión y en el alcoholismo. Hace muchos años que vi la película por televisión, pero recuerdo que me impactó notablemente.

El segundo comentario se refiere a las grandes expectativas que tengo puestas en el próximo trabajo de Clint Eastwood como director. Este estupendo cineasta ha afrontado el rodaje de dos películas que abordan el desarrollo de la sangrienta batalla de la Segunda Guerra Mundial. En una de ellas, el punto de vista será el que más o menos conocemos (aunque todos esperamos que Clint aporte algo nuevo), el punto de vista de los vencedores, los norteamericanos. La otra de ellas, de estreno posterior, nos ofrecerá la batalla desde el punto de vista de los japoneses. Interesante. Más que interesante experimento. Y viendo el oficio y el arte del director, creo que debemos espera algo cinematográficamente interesante… por fin.

Antenas de comunicaciones en las Tres Huegas, cerca de Alcubierre, Huesca

Piratas del Caribe 2: El cofre del hombre muerto (2006)

Cine

Pirates of the Caribbean: Dead Man’s Chest (2006), 22 de agosto de 2006

Quince hombres sentados sobre el baul del muerto,
quince, ¡oh, oh, oh!, ¡y una botella de ron!

Estos dos versos, que aparecen en la primera página del capítulo primero de mi edición en castellano de la Isla del Tesoro de Robert Louis Stevenson (Círculo de Lectores, 1967), fueron los responsables de que años después de que mi madre me comprara el libro, me enganchara al mismo, a las novelas de corsarios y piratas, y en general, junto con otros libros considerados como juveniles en la época, que me enganchara a leer. Cuando leí el libro, hacía años que rondaba por casa. Supongo que la previsión de la mujer que me trajo al mundo hizo que lo comprara mucho antes de estar en condiciones de abrirlo, leerlo y disfrutarlo; pero su intuición no falló, y el libro me apasionó.

Quizá de entonces me viene mi pasión por los malos de las historias, porque ¿habrá otro malo tan estupendo como el pícaro Long John Silver?. Después vinieron el Ivan Ogareff de cierto correo del zar, o tal vez Rupert de Hentzau en el reino de Zenda. Quizá Cruella de Vil y su afición a los abrigos de dálmata, por no hablar de la madrastra de Blancanieves. El terrible Sheriff de Nottingham y los temibles templarios a los que ha de enfrentarse Ivanhoe para salvar a la bella judía; o el taimado Sir Daniel Brackley enfrentado a la hermandad de la Flecha Negra. Y tantos otros… Pero sobre todos ellos, esos piratas a la vez terribles y entrañables, pícaros tratados con una benevolencia que en realidad nunca merecieron por la literatura y el cine.

Pues bien. He aquí que llega la factoría Disney, y se propone a contarnos cuál es la historia del «baul del muerto«. O el «cofre del hombre muerto«, como nos lo traduce la distribuidora. La cancioncilla se escucha tímidamente al principio del filme y, al menos para mí, sirve para alcanzar esa tensión tan agradable provocada por las expectativas de lo por venir. No es la única referencia al estupendo libro de Stevenson. También la «mancha negra» es un homenaje claro al mismo, entre otros detalles.

Bien. Luego se trata de una película comercial de las de hoy en día, muy larga, con muchos efectos especiales y con un guion que flojea en muchas ocasiones. He de reconocer que ha habido ratos en la película en los que me lo he pasado muy bien. Me he reído. Me he asustado. Me he maravillado con algunas criaturas. Al Capitán Jack Sparrow (Johnny Depp) ya lo conocíamos de la primera película de la serie, y aunque no llega al nivel de la anterior, pues está muy bien. Es un personaje, el pícaro del que hablaba antes, que cae bien. Hechamos de menos al Capitán Barbossa (Geoffrey Russ) que si aparece es más que nada para anunciar la tercera parte de la saga. La chica y el chico bueno, ¡ay!, están tan sosos como en la primera. El Capitán Davy Jones es demasiado artificial para que llegue, no a eclipsar, sino ni siquierea a arrojar una ligera sombra sobre el añorado Barbossa. El monstruo, sí. El monstruo está muy bien, y a su alrededor se desarrollan algunas de las más emocionantes escenas de la película.

En fin. Todo se queda en un entretenimiento que podía haber sido mucho mejor. A los yanquis se les sigue olvidando que, por impresionantes que sean los efectos especiales, hay que cuidar de las historias, de los guiones. Y la dirección, de nuevo a cargo de Gore Verbinski, deja de ser un arte para ser una mera artesanía con el fin de mostrar el despliegue de artificios más o menos inverosímiles.

Dicho todo esto, es una película perfecta para entretenerse en una tarde verano. O de cualquier época. Las risas y el buen rato en determinadas escenas me inclinan a ponerle un siete (aunque con sólo un seis en la dirección y otro seis en la interpretación, ya que el chico y la chica estropean el excelente trabajo de los demás).

St Michael’s Mount, en la costa de Cornualles, Inglaterra, tierra de piratas, perdón, de nobles sires del mar

Versión completa en inglés de la primera estrofa de la canción que iniciaba este artículo:

Fifteen men on a dead man’s chest
Yo ho ho and a bottle of rum
Drink and the devil had done for the rest
Yo ho ho and a bottle of rum.
The mate was fixed by the bosun’s pike
The bosun brained with a marlinspike
And cookey’s throat was marked belike
It had been gripped by fingers ten;
And there they lay, all good dead men
Like break o’day in a boozing ken
Yo ho ho and a bottle of rum.

Blade Runner (1982)

Cine

Blade Runner (1982)

Como ya comentaba hace ahora una semana, estos días hay un ciclo de Ciencia-Ficción en la Filmoteca de Zaragoza. Y mira por donde, este fin de semana programaban la que para mí es una de las referencias de todos los tiempos en este género. No voy a entrar en mucho detalles hoy, puesto que ya realicé un comentario hace poco más de un año cuando leí ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?. Ale, seguid el enlace y conoceréis lo que opino (mira que estoy vago).

Bueno. Lo que sí que voy a hacer es darle puntuación. Y le coloco un diez (con un diez en la dirección y un nueve en la interpretación, especialmente gracias a Ford y Hauer).

Este paisaje de los Monegros, en las cercanías de Alcubierre es más propio del final de la primera versión de Blade Runner, que del de la segunda, el Director’s Cut

Agentes secretos (Agents Secrets, 2004)

Cine

Agents secrets (2004), 14 de agosto de 2006.

Seguimos buscando desesperadamente películas suficientemente interesantes que ver durante el verano. Y nos surge la idea de ir a ver esta película francesa dirigida por Frédéric Schoendoerffer, y protagonizada principalmente por Vincent Cassel y su estupenda esposa (desde muchos puntos de vista), Monica Bellucci. El reparto es relativamente coral, con una intervención incluso de la española y siempre interesante, Najwa Nimri. Intervención corta, pero trascendente.

El filme es uno de espías, con misiones secretas, traiciones, dobles intenciones, dobles agentes, y todo lo que toca. La acción es razonablemente entretenida, y los actores están bien. Sin embargo, no acabamos de entender algunas de las motivaciones de los personajes, que por lo tanto nos quedan algo distantes. La película, correctamente realizada, nos resulta fría, y al final, no parece que nos preocupe mucho lo que va a pasar. El filme se precipita a un final que, aunque razonablemente coherente, nos deja muchas cuestiones en el alero.

Bueno. No está mal del todo. Pero tampoco creo que nos acordemos mucho del filme cuando pase un tiempo. Un seis (con la misma nota para la dirección, y un siete para la interpretación, porque lo hacen bien y no son culpables de la definición de los personajes).

Paisaje desde las Tres Huegas, en Alcubierre, Huesca

20 Million Miles to Earth (1957)

Cine

20 Million Miles to Earth (1957) 12 de agosto de 2006

En las sosas tardes del puente de agosto en Zaragoza, una buena opción es asomarse a ver qué echan en la Filmoteca. Y me encuentro con un ciclo de ciencia ficción, cuya programación es de lo más heterogénea, yendo desde películas de serie B o Z de los años 50, hasta la inconmensurable Blade Runner (para la semana que viene). Opto en estos momentos por una de las primeras.

La ciencia ficción cinematográfica en los EE.UU. en los años 50 estaba caracterizada por dosis elevadas de imaginación, de incomprensión por los impresionantes avances científicos de la primera mitad del siglo XX y de buenas intenciones. Quizá las más emblemáticas, para mí, fuesen Forbiden Planet y The Day The Earth Stood Still. La primera, dándole vueltas al psiconálisis, en una especie de interpretación moderna del viejo pensamiento de Goya; «el sueño de la razón produce monstruos». La segunda, con un pacifismo ingenuo y bienintencionado, que poco puedo hacer para evitar las desastrosas consecuencias bélicas de la guerra fría.

La película que hoy nos ocupa es mucho más simple, y no alcanza el nivel de las anteriores. Básicamente es un King Kong de origen venusiano (no nos narran los hecho que suceden en Venus, nos los cuentan someramente en el curso de la acción), donde en lugar de gorila encontramos un reptil humanoide, y en lugar de Nueva York, paseamos por Roma persiguiendo al monstruo de turno. El guion en ocasiones nos parece de opereta, y la realización es elemental, aunque determinados planos por el Coliseo de Roma nos permite suponer que el director no es del todo un iletrado cinematográfico.

No vamos a poner nota a este filme. Uno va, lo ve, se divierte y aprende un poco de historia del cine. La gente lo pasó bien. Algunos entraron en la hilaridad ante el cartón-piedra, los básicos diálogos, o la simplicidad de las situaciones. Quizá no se den cuenta que muchas de las modernas películas con maravillosos efectos especiales estén igual de vacías, pero no nos damos cuenta. Hubo espectadores a los que se notaba una molestia ante esta hilaridad gratuita, y la falta de respeto ante un género que cumplió su misión en su momento. En fin, que por apenas 3 euros, uno pasa la tarde de verano entretenido y curioso, alejado por un rato del mundanal ruido.

Una puesta de sol desde el Alto de Alcubierre en los Monegros no deja de ser una especie de ventana al Universo; el Alto de Alcubierre está en la provincia de Huesca, el paisaje que vemos pertenece a la provincia de Zaragoza

Poseidon (2006)

Cine

Poseidon (2006)

Es verano. Y la tarea de ir al cine se vuelve difícil. La cartelera da pena. Algunas películas de carácter infantil, unas cuantas de miedo, restos de serie de la primavera, unos cuantos adolescentes descerebrados, y la correspondiente ración de películas de aventuretas. Y viendo el panorama, optamos por una de estas últimas.

En primer lugar decir que no soy especialmente al género de catástrofes, excepto cuando las películas son buenas. Como con cualquier género. Lo que pasa es que en este, lo normal es que las cuestiones básicas del cine como son el guion, la dirección o los personajes queden supeditados a una acción más o menos desenfrenada con exhibición de abundantes efectos especiales. Pero cuando el filme lo firma Wolfgang Petersen, que no es nuevo en esto de películas marinas, una cierta esperanza aparece. Claro que en lugar de recordarnos a Das Boot, obra maestra del género bélico, nos podemos encontrar con La Tormenta Perfecta, obra maestra del género aburrido.

Pues bien, el resultado es intermedio. Desde luego esto no es una obra maestra. Ni siquiera una película realmente buena. Esto es un mero entretenimiento, donde hay unos personajillos que importan poco (desde luego al director no le han importado mucho, y por lo tanto a los espectadores tampoco), típicos y tópicos, que da igual lo que les pase. De hecho ni siquiera repasaremos el reparto. No importa. Tampoco te aburres; además, apenas dura hora y media. Podría quedar como una película palomitera de verano, que vale para pasar el rato en un sitio con aire acondicionado, salvo… Salvo que uno recuerda la original Aventura del Poseidón, que aventaja a esta película por mucho y que hace que el rodaje de la actual sea absolutamente superfluo. Más hubiera valido que hubiera repuesto la anterior. Pero el showbusines es así. Qué se le va a hacer.

Por ponerle algo le pondré un seis (con un seis al director, que tiene oficio, y un seis a los intérpretes, que no tienen culpa de lo insulso de sus personajes).

Mientras llegan los piratas, podéis ir pasándoos por mi blog de viaje, para daros una vuelta por el finisterre inglés.


La última y la primera casa de refrescos de Inglaterra, típica coña en Land’s End Cap, Cornualles, Inglaterra

El cinerama, curioso experimento

Cine

TCM lleva unos meses programando de vez en cuando La conquista del Oeste (How the west was won). No es que a mí me gusten particularmente las películas épicas de transfondo histórico, generalmente falseado, para mayor gloria de los gringos. Pero no puedo evitar sentir curiosidad por esta película, que una de los poquísimos filmes de ficción rodados con el sistema Cinerama.

Este sistema de rodaje y proyección, cuyo nombre procedía de la contracción de las palabras cinema y panorama, consistía en rodar y proyectar con tres cámaras, cuya imagen se ensamblaba creando una única imagen muy alargada y de gran tamaño. La mayor parte de las películas que se rodaron fueron documentales. Pero muy pocas salas de cine eran aptas para proyectar estas películas por lo que frecuentemente se montaban carpas provisionales que de forma itinerante llevaban el espectáculo por distintas ciudades. Yo tengo el recuerdo de haber visto de niño una de estas películas documentales en Zaragoza, aunque no recuerdo el título de la misma. La imagen nos parecía espectacular aunque tengo el recuerdo de que las transiciones entre las imágenes de los distintos proyectores se hacían muy evidentes. Y lo son todavía en las películas que se han adaptado a video como la que daba lugar a este artículo.

En fin, sólo me queda recordar lo que decía Hitchcock sobre los formatos panorámicos extremos que tanto se usaron en los años 50 y 60 para competir con la pujante televisión. Sólo los consideraba aptos para rodar las aventuras de un perro salchicha.

Sigo actualizando mi diario de viaje por Gales e Inglaterra. Y hoy os sugiero una visita a Glastonbury y Wells.

Vista de las ruinas de la abadía de Glastonbury, Somerset, Inglaterra

De aquí a la eternidad, alguien viene a cenar esta noche; así nos vamos olvidando del deprimente "telediario"

Cine, política

No, no he dejado de ser profundamente antibélicista. No han dejado de caerme mal los ejércitos. No ignoro la barbaridad que está haciendo el militarizado Estado de Israel (nada tengo contra las etnias, pero sí contra los gobiernos bárbaros). De punta me ponen los pelos con sus declaraciones los políticos de fuera, como los mandamases del imperio, como algunos de los de dentro, como sus lacayos del PP. Pero uno se tiene que evadir de vez en cuando, y qué mejor que la programación de cine de TCM. Así que luchando contra las noticias y el calor, paso la tarde con De aquí a la eternidad y Adivina quien viene esta noche. Que también nos sirven para reflexionar sobre la sinrazón en los ejércitos y sobre la convivencia étnica.

Sigo actualizando mi diario de viaje por Inglaterra y Gales. Visitaremos hoy la costa de Pembrokeshire.

Camino de la playa en Tenby, Gales