Otitis media, Zenda y mis más queridos malos de película

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Hoy me ha tocado sufrir. Después de unos días de molesto catarro, este ha desembocado en una otitis que me ha hecho volver del trabajo antes de la hora, ante la imposibilidad de mantener el tipo en el «frente de batalla» diario. Hay que saber retirarse a tiempo.

Así que a las dos y media en casa. Y puesto que no apetece hacer nada en especial, salvo esperar que la «tormenta auditiva» pase, pongo la tele. Y… ¡oh, sorpresa! En TCM hechan una de mis películas de aventuras clásicas favoritas. El Prisionero de Zenda, versión 1952. En el IMDb.com encontramos 9 versiones de esta historia de aventuras romántica, desde 1913 hasta la versión televisiva de 1996.

Esta versión me gusta. Tal vez por el héroe clásico que representa Stewart Granger, paradigma del caballero inglés, caballeroso y arrojado… mmmmm… no está mal,… pero… no. No es por esto.

Claro. Es que encontramos a la aristocrática Deborah Kerr, interpretando a la bella e impecable Princesa Flavia. Este es un motivo mucho más notable para ver una película. Esta o cualquier otra en la que actúe. ¡Qué actriz! ¡Qué expresividad! ¡Qué elegancia! Cuando sale en pantalla, su presencia expulsa a todos los demás de la misma. No hay nadie más… mmmmm… mucho mejor, ¿verdad?… pero… no. Su presencia es decorativa. Imponente, pero decorativa.

Y nos queda lo mejor. Uno de mis malvados literiario-cinematográficos favoritos. Rupert de Hentzau, interpretado por un impecablemente cínico James Mason. ¿Cómo le van a este actor los papeles tortuosos y cínicos! Un malo sin escrúpulos. Traicionero, con recursos, que ni siquiera tiene el detalle de morir. Que acaba la película tan impecablemente peinado como la empieza, mientras que el héroe acaba con el brazo en cabestrillo y sin chica. Que desparece en la noche como una promesa de ulteriores fechorías. Estupendo.

Y es que uno tiene debilidad por los malos de las películas. El Sheriff de Nottingham en Robin de los Bosques, Sir Daniel Brackley en La flecha negra, el tribuno Mesala en Ben-Hur, los malvados templarios de Ivanhoe, Cruella de Vil y sus abrigos de piel de dálmata, el mascarón del galáctico Darth Vader (aunque aquí siempre he preferido la impecable presencia del Gran Moff Tarkin, interpretado por el estupendo Peter Cushing), el infumable Fu-Manchú, la bruja de Blancanieves, y tantos y tanto otros… ¡Qué hubiese sido el cine de aventuras sin ellos! Rindámoles un sentido homenaje. Muchos dieron la vida para nuestra diversión. Y son lo que realmente ponen la salsa al cine de aventuras. No esos sosos y estirados «héroes».

La fotografía de hoy, una vista de Praga, esa ciudad que pretende ser de cuentos y aventuras, como la Strelsau, capital de Ruritania, el mítico país donde encontramos el Castillo de Zenda.

Scarlett Johansson… que no se malogre, por favor

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Hubo una época en la que los actores y las actrices de Hollywood tenían glamour. Pero un glamour inteligente, a veces provocador, otras veces ingenuo, íntegro o disipado, sobrio o siempre ebrio, de alcohol o de emociones y sentimientos. Pero tenían glamour. La felina y conservada en alcohol Ava Gardner, la estilizada y elegante pícara «Slim» Lauren Bacall, la liberada y sin embargo pringada Katherine Hepburn, la desgraciada Marilyn Monroe, la joven Liz Taylor, la prematuramente malograda ß ,… y muchas otras. Y otros para quienes los prefieran masculinos.

Hoy en día es difícil encontrar ese glamour. Las actrices de hoy son más materiales, más vulgares, más carne de la prensa del higadillo banal, cutres en sus manifestaciones públicas… y qué decir de su presencia en pantalla. Qué difícil es combinar el glamour con una buena interpretación.

Y qué vamos a encontrar entre las actrices más jóvenes. Meras piezas de carne decorativa para para adornar películas de acción donde un testosterónico macho se dedica a realizar exceso altamente increibles, mientras destroza varias docenas de coches con explosiones pirotécnicas. O tontas adolescentes de 15 a 45 años, que viven eternamente en un ambiente estúpido de instituto.

Pero parece que algo de inteligencia aparece de vez en cuando a orillas del Pacífico en el sur de la California estadounidense. O sea Hollywood. Y es el caso de la rubia, pálida, bajita y sensual Scarlett Johansson. Esta joven actriz de aspecto nórdico y talla y curvas más mediterráneas, muestra una capacidad relativamente camaleónica para pasar de la joven desorientada de Lost in Translation a la adolescente que se busca a si misma en el pasado de su madre de A love song for Bobby Long. De la modosita criada flamenca de Girl with a Pearl Earring a la fatal aspirante a actriz que complica la vida del irlandés en Rhys-MeyersMatch Point. Y siempre destilando esa sensualidad, ese glamour de sus labios rotundos, de su voz grave y profunda (para quien disfruta de las versiones originales) y de la rotundidad de sus femeninas formas.

No es que no halla hecho algún bodrio que otro. De esto no se libra nadie hoy en día en Hollywood. A evitar la lamentable The Island. Pero… está empezando… y no hace malas elecciones en sus papeles. Tiene mucho tiempo para madurar y mejorar todavía. Como decía en el título… ¡que no se malogre, por favor! ¡Y que otras sigan su ejemplo!

Ilustraremos la entrada de hoy con algunas bellezas más exóticas como las que procedentes de la India encontramos por las calles de Londres, escenario de la última película de la Johansson, como he comentado en entradas anteriores.

Una canción del pasado (A Love Song for Bobby Long, 2004)

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A Love Song for Bobby Long (2004): Directed by Shainee Gabel

Con cierto retraso, puesto que es una película del año pasado, nos llega esta película dirigida por Shainee Gabel, y protagonizada por John Travolta, Scarlett Johansson y Gabriel Macht. La historia gira entorno a Lorraine, madre del personaje que rerpresenta Johansson, que acaba de morir, dejando en herencia a su hija una casa en la que deberá convivir durante un año con los personajes de perdedores que representan los otros dos. La madre muerta viene a ser el cuarto protagonista de la película, ya que su recuerdo marca el devenir de los acontecimientos y, como se muestra al final, es quien ha planificado los mismos hasta un desenlace que se va adivinando con el transcurso del filme. La película roza el pastelón pero, afortunadamente no lo llega a alcanzar, manteniendo un nivel razonable.

Los dos primeros actores son quienes se van haciendo poco a poco con la película, siendo el alma de la misma, mientras que el tercero ejerce el papel de catalizador para lo que ha de pasar. Travolta demuestra que cuando quiere y le dan el papel, es un excelente actor. Johansson muestra que las cosas no son por casualidad, que las películas más conocidas que va presentando se acompañan de una carrera de trabajos más modestos, pero con consistencia (salvo cuando se mete en berenjenales estúpidos como La Isla, aunque supongo que cobraría bien).

A estos tres personajes se añaden unos cuantos secundarios que pretenden dar un poco de ambiente a la situación intimista en la (tristemente destruida) calida ciudad de Nueva Orleans, quizá el quinto protagonista del largometraje. Quizá están un poco desaprovechados, puesto que con un poco de desarrollo hubieran proporcionado alguna clave extra sobre el pasado de nuestros protagonistas. Entre ellos destaca una muy atractiva y comestible Deborah Kara Unger. Es también una pena que no proporcione un contrapunto femenino al crecimiento de la adolescente Purslane (vaya nombrecito, el de una flor silvestre), siempre rodeada de tanto macho sin rumbo.

La película es recomendable. Especialmente, por los actores que están muy bien. Pero eso sí. El que espere acción, que se vaya a otra película. Es un filme sobre sentimientos. Sobre el proceso de madurar. Sobre la amistad y el amor. En el sentido amplio de todos estos términos. Yo le doy un siete.

Repaso estos días algunas de mis fotografías más antiguas. Yo llegué tarde a esto de la fotografía. Cuando pude costearme un modesto equipo, vamos. Este simpático pingüino me retrotrae al año 1990, a los alrededores del Palacio de la Magdalena. En Santander. No tengo grandes fotografías de aquella época. Pero sí algún buen recuerdo. Pongámonos nostálgicos; como con la película de hoy.

Match Point (2005)

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Match Point (2005): Directed by Woody Allen

Realmente notable, muy notable es esta nueva película del personalísimo Woody Allen, con la colaboración inestimable de un excelente elenco de actores entre los que destacan algunos jóvenes como Jonathan Rhys-Meyers, el cual lleva el peso del filme, Scarlett Johansson, dando una más que adecuada contrarréplica en un papel que se antoja escaso, y un conjunto de británicos como Emily Mortimer, Matthew Goode, Brian Cox y Penelope Wilton, todos ellos conformando la acomodada familia Hewett.

La película va bordeando constantemente diversos géneros, como la comedia romántica, el drama romántico, la tragedia, el thriller, y en ciertos momentos, incluso con la comedia bufa. Pero resumiendo, se trata de un thriller sobre un drama romántico, en el que abundan las eferencias tanto cinematográficas como literarias, siendo especialmente importantes estas últimas. Podemos detectar alusiones a Dostoievski (Crimen y castigo, El idiota), Stendhal (El rojo y el negro), e incluso al ibérico Don Juan, probablemente otras que la limitada cultura de quien esto escribe no identifica. Todo ello sazonado con una banda sonora basada en algunas de las más hermosas y célebres óperas clásicas. Allen abandona el jazz por el género lírico.

El tema de la película, el azar que impregna nuestros destinos, independientemente de los esfuerzos que hagamos para controlar nuestras vidas. La película no tiene la estructura típica del cine del director, pero sí que están presentes los temas habituales en su trayectoria fílmica, siendo la muerte y el sexo, como de costumbre el fondo sobre el que se estructuran la historia y la resolución del drama. Resolución que resulta sorprendente y, sobretodo, un ejemplo de lo rico y lo creativo que puede ser el cine cuando es libre, cuando está atado a las convenciones maniqueas que dominan a la industria cinematográfica norteamericana, la dominante, desde hace ya una buena cantidad de años.

Siempre me siento generoso a la hora de juzgar las películas de Woody Allen. Por supuesto, la recomiendo a los aficionados a sus filmes; pero en esta ocasión, también la recomiendo a cualquier persona que quiera disfrutar de buen cine. Y le planto un nueve.

Alguno de los momentos importantes de la nueva película de Woody Allen, Match Point, transcurre aquí, en el interior de la Tate Modern Gallery.

Flores rotas (Broken Flowers, 2005)

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No había seguido yo la carrera de Jim Jarmusch, director de este Flores rotas, la película que hoy nos ocupa. Con fama de excéntrico, realizador de películas de carácter fuertemente independiente, minoritario, nos ofrece aquí y ahora un recorrido por el interior de los EE.UU., acompañando la crisis existencial de un Don Juan cincuentón, interpretado de una forma absolutamente hierática por Bill Murray, que eleva al paroxismo interpretativo la aparente apatía depresiva que exhibía en Lost in Translation.

Acompañando al personaje de Bill Murray, y a su dinamizador amigo Winston, interpretado por Jeffrey Wright, encontramos un plantel de actrices femeninas con pequeños papeles, realmente cortos algunos aunque de gran trascendencia, que representan a sus antiguos ligues, así como a otras mujeres que encuentra por el camino. Sharon Stone, Frances Conroy, Jessica Lange, Tilda Swinton y Julie Delpy, salpican esta road movie en la que el personaje de Murray busca… lo que tenga que buscar.

La historia es lo de menos. De lo que se trata es de entrar en los sentimientos de Don, el personaje de Murray, y tratar de comprender lo que le pasa, conociendo a las mujeres que conformaron un cierto pasado.

No me atrevo a recomendársela a todo el mundo. Desde luego, no a los partidarios del cine de acción. Pero para quien se sienta interesado por un cine más visual, con menos importancia en los diálogos, y enfocado en las personas y no en la acción, es una opción bastante recomendable. Especialmente por el cuidado trabajo de dirección que lleva consigo la película. Yo le planto un siete.

Mientras redacto esto sale en la TV una actriz portuguesa de cuyo nombre no me acuerdo aunque me gustaría (Lucía Moniz, viva el IMDb.com). Un encanto. Así que coloco a estos serios señores del Monasterio de Batalha en Portugal.

La novia cadáver (Corpse Bride, 2005)

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Corpse Bride (2005): Dirigida por Tim Burton, Mike Johnson

Tim Burton, con La novia cadáver, nos transporta a ese mundo suyo en el que la muerte, lo oscuro y lo misterioso resultan, en realidad, mucho más vivos, coloridos y atractivos que la vida real, la vida cotidiana. El propio planteamiento estético del filme, resalta estas diferencias. Frente a la luz azulada y mortecina del mundo real, lleno de personajes merzquinos y tristes, encontramos un luminoso y colorido mundo «abajo» donde «viven» los muertos, que son solidarios, divertidos, hospitalarios y, sobretodo,… vivos.

La historia, basada en una leyenda de origen eslavo, nos lleva a las desventuras de un joven que acaba «desposado» con una novia muerta, que pena en el submundo por haber tenido una muerte violenta y traicionera. Las aventuras de ambos por volver al lugar al que respectivamente pertenecen, mientras transitan por el mundo de los muertos, nos hace reflexión más que otra cosa sobre el sentido de la vida.

Al ver la película doblada al castellano, uno no puede valorar la calidad de las interpretaciones/voces de los artistas originales (el inevitable Johnny Depp, Helena Bonham Carter, Emily Mortimer, etc.). Y es algo que habrá que resolver cuando llegue la película a los videoclubes con la edición en DVD.

Técnicamente, para quienes sean aficionados al cine de animación, decir que ha sido rodada con la técnicas del stop motion, que consiste en ir fotografiando cada uno de los fotogramas con material fotográfico en lugar de cámaras cinematográficas. En este caso, se utilizó material Canon EOS digital.

Como resumen, la película es absolutamente obligatoria para los aficionados al cine de animación, y totalmente recomendable para el público en general. Yo le daré un ocho.
Hoy nos paseamos por Parliament Street en Londres, a bordo de un viejo autobús de dos pisos, pensando en bajar a refrescarnos con unas pintas en un caluroso día de finales del verano.

The Secret Life of Words (2005)

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Lo cierto es que las expectativas, después de lo que me gustó Mi vida sin mí, eran elevadas. Dirigida por Isabel Coixet e interpretada por Sarah Polley y Tim Robbins, con algunos buenos secundarios para mí desconocidos, aunque también alguno ilustre como Julie Christie, haciendo un pequeño pero importante papel, y otros conocidos pero menos ilustres como el soso de Javier Cámara, que justifica la presencia íbera en el reparto de la película, española de nacionalidad pero rodada en inglés.

Los dos protagonistas están muy bien, convincentes en sus papeles. Personajes torturados con pasados difíciles, el de una mucho más atormentado y dramático que el del otro. Y de trasfondo el dolor. Físico para el lesionado personaje de Robbins, con su componente psicologíco. Psicológico para el introvertido papel de Polley, con su componente físico. El entorno, el limitado universo de una plataforma petrolífera en el Mar de Irlanda. No obstante, dicho intorno no resulta claustrofóbico. Más bien, es el entorno cerrado adecuado para el crecimiento de la intimidad entre los personajes.

La realización de Coixet, en un estilo muy similar a su anterior película, es más que adecuada a la historia que se nos quiere contar. Cercana a los personajes, pero con una buena presencia del ambiente.

La historia transcurre despacio. Realmente, es una historia mínima, pero en la que es necesario desarrollar los personajes para su adecuada comprensión. Ahora bien; mientras que el personaje de Robbins, queda razonablemente bien dibujado conforme vamos conociendo cosas de él, el personaje de Polley permanece hermético en sus motivaciones durante la mayor parte del filme, por lo que en ocasiones puede sufrir la incomprensión del público. La revelación de su pasado, ya muy avanzada la película, en una escena larga pero densa, llega en un momento en el que casi hemos perdido interés por el personaje. Algunas pistas sobre el mismo se podrían haber dado sin romper el climax de la película, que sin embargo para mí se hace obvio simplemente con el dato de la ciudad en la que residía el personaje en un momento dado. En ese momento, prácticamente sabes qué es lo que va a contar. Creo que es la parte más debil del largometraje.

No obstante, la pelícual se lleva un siete alto, sin llegar al nivel que me pareció que tenía su anterior realización, pero altamente recomendable para quien esté dispuesto a vivir y asumir los dramas personales que muchas veces decidimos ignorar… porque así es más cómodo.

Hoy, una vista al atardecer, en los alrededores del puerto de Barcelona.

Una vida por delante (An unfinished life, 2005)

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El título de la película es un epitafio. Afortunadamente esta película no necesita epitafios, puesto que no está muerta sino viva y bien viva. Dirigida por el sueco Lasse Hallström, que previamente nos deleitó con películas de gran sensibilidad (Las normas de la casa de la sidra, Chocolat, Atando cabos), en esta ocasión vuelve a mostrar su buen oficio y su excelente dirección de actores.

Claro que con algunos de ellos la cosa está fácil. ¡Qué podemos decir de Morgan Freeman, o de Robert Redford! Pero es que también obtiene una interpretación más que razonable de la frecuentemente petarda de Jennifer Lopez. La película tiene niña, Becca Gardner, uno de estos especímenes cuasi humanos que habitualmente se dedican a robar las películas a los actores consagrados. Pero en este caso tenemos una niña que no es pegajosa, que se mantiene en su sitio a pesar de su protagonismo y que deja espacio para poder disfrutar de los veteranos intérpretes. ¡Ah! y también está Bart, un oso (y unos gatos, y un mapache, y vacas, y caballos,…)

La historia va de familia rota por tragedia familiar, con reencuentros, duros en muchas ocasiones. Casi todo el mundo arrastra su pequeño o gran drama, pero con un mensaje optimista, de solidaridad y de apoyo mutuo para superarlos.

Creo que es una buena oportunidad para ver una película hecha con oficio, interpretada con más oficio, que nos hará salir bien, y disfrutar de paso de los paisajes de Wyoming. Especialmente, el espléndido valle glaciar donde encontramos la granja de los protagonistas. Yo le doy un siete (alto).

La imagen de hoy corresponde a un brazo del Lough Corrib en Irlanda, Condado de Galway, situado también en un hermoso valle glaciar también.

Obaba (2005)

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Obaba, película dirigida por Montxo Armendáriz, supone un nuevo paso en el cine intimista, cercano, pegado a la tierra que practica el director navarro, que tanto nos gustó con Secretos del corazón.

El reparto es coral, aunque con un personaje central, el de Lourdes la estudiante de periodismo (o algo parecido) que interpreta Bárbara Lennie, para mí hasta ahora una desconocida. Un trabajo para la facultad con una cámara de vídeo por parte de Lourdes nos servirá para ir conociendo diversas historias de la imaginaria localidad de Obaba, que se entrecruzan entre sí, y cuyas repercursiones aparecen todavía en el presente. Protagonistas ilustres de alguna de las historias como Eduard Fernandez, siempre convincente, o menos convincentes como Pilar López de Ayala, en mi opinión una actriz sobrevalorada. También como protagonistas, una pléyade de niños que juegan a favor de la espontaneidad que imprimen en sus actuaciones. De fondo, una serie de sólidos secundarios, poco conocidos pero que dan un soporte esencial a una película de corte coral, como he dicho anteriormente. Entre los secundarios, algunos de lujo con pequeños papeles como Mercedes Sampietro, Juan Diego Botto o Lluis Homar, siempre muy convincentes.

La película está en general muy bien hecha y tiene momentos muy interesantes, salpicados por otros menos atrayentes. La chica protagonista, que en general considero una actriz competente, plantea una historia personal que no se sabe muy bien de donde viene ni a donde va, y en la que no queda claro porqué se siente atraida por el lugar. Y esto, para mí, es una debilidad del filme. Por otro lado, algunas de las historias cortas resultan realmente interesantes, cuando no conmovedoras, y se siguen con gran atención.

En resumen, dado que el cine español no está en sus mejores tiempos y el cine internacional tampoco (qué vamos a decir de la carencia de ideas de los norteamericanos, más entregados al ruido que a las nueces), esta película se puede calificar de muy notable y muy recomendable. Especialmente, para quien guste de las historias cotidianas. Aunque con un puntito mágico. Que siempre viene bien. Le pongo un siete (y eso que la nota en interpretación baja por el excesivo peso en la película de la López de Ayala).


En la imagen de hoy, seguimos paseando por las Ramblas de Barcelona, entre los numerosos mimos que pueblan el bulevar y atraen a los numerosos turistas. Aunque alguno sea realmente trágico.

Método, El (2005)

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Un breve inciso cinematográfico antes de seguir con el reportaje por entregas sobre la Toscana. Ayer fui al cine y vi una película que quiesiera comentar y, si llega el caso, recomendar.

El método, película dirigida por Marcelo Pyñeiro, e interpretada por Eduardo Noriega, Najwa Nimri, Adriana Ozores, Ernesto Alterio, Eduard Fernández, Carmelo Gómez, Pablo Echarri y Natalia Verbeke.

La película, basada en la novela El método Grönholm de Jordi Galcerán, narra un proceso de selección para un puesto de directivo en una empresa de la que poco sabemos, utilizando un moderno método en el que los candidatos van eliminándose entre sí a través de diversas pruebas. El planteamiento, basado en el clásico de un grupo de personas recluidas en una habitación cuyo paradigma es Doce hombres sin piedad, es muy bueno. Si no es original, si que nos encontramos ante un modo de expresión poco utilizado en una época en la que parece que lo más importante es la acción. Y aquí, esta acción sólo puede desarrollarse a través de los dialogo entre los personajes.

Los actores, por lo tanto, deben de estar a buen nivel, así como los diálogos del guion. Y así sucede en líneas generales. Con la excepción de Natalia Verbeke, actriz muy floja, todos los actores llegan al aprobado, siendo varios los que están de notable o de sobresaliente. Uno se queda con la cosa de la pronta desaparición de escena (sí, de escena; porque el filme tiene algo de drama teatral) de gente tan solvente como Carmelo Gómez y Adriana Ozores, ambos muy bien, como de costumbre. Pero te resarces de sobra admirando a Eduard Fernándes y especialmente a Najwa Nimri, que tiene una presencia en pantalla poco habitual para un mujer con un físico no especialmente llamativo, aunque con gran atractivo. Tendremos que quitarnos de la cabeza los prejuicios de una vez. Ernesto Alterio está desde mi punto de vista flojo, no parece tener muchos registros distintos. Lo vemos haciendo el mismo papel con frecuencia, y suficientes Eduardo Noriega y Pablo Echarri, que no desentonan en absoluto, sin llegar al nivel de sus compañeros.

El guíon es correcto en líneas generales, si bien alguna cuestión queda poco comprensible, como las situaciones en los lavabos entre Noriega, Fernández y Nimri, que luego serán fundamentales al constituirse como auténticos protagonistas del filme. Y el final tiene es sabor amargo, que uno está esperando durante todo el metraje, con los mejores momentos de Najwa Nimri, convirtiéndose en la auténtica heroina de la película.

En general, recomiendo la película, a la que otorgo la puntuación de 7/10.

Mercaderes de Venecia y Princesas

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Hace días que no os hablaba de cine, enredado como estoy en ir narrando poco a poco mi viaje por la Toscana.

Pero hoy, acompañando a una imagen de las torres de San Gimignano, comentaré brevemente las dos últimas películas que he visto.

Primera: El Mercader de Venecia, adaptación del drama de Shakespeare, dirigida por Michael Radford, e interpretada por ilustres como Al Pacino como Shylock, Jeremy Irons como Antonio el Mercader de Venecia, otros no tan ilustres pero notables como Joseph Fiennes como Bassanio, y otros más jóvenes, y quizá no siempre a la altura de los anteriores. La película está espléndidamente ambientada, y en ella son notables los pasajes más dramáticos, casi siempre coincidentes con la presencia de Pacino o Irons o, mucho mejor aún, ambos. Más floja y con menos ritmo en los pasajes galantes del buen Bassanio y la bella Portia. No obstante, es de obligada visualización por parte de los fans de las adaptaciones teatrales al cine. En general, yo le daría algo como un siete.

Segunda: Princesas, película de Fernando León de Aranoa, que sigue pintando con maestría un fresco cinematográfico de la sociedad española de hoy. La del Siglo XXI de verdad y no la del Siglo XXI de la propaganda. Dos prostitutas interpretadas por (prostituta española, castiza, del barrio, y actriz de lo mejorcito que hay y ha habido en el cine español) y Candela PeñaMicaela Nevárez (prostituta dominicana, de cuerpo impresionante, pero de más impresionante corazón, también más que estupenda la actriz), representan una buena parte de los conflictos personales de muchos. No sólo de las prostitutas. Por las inseguridades. Por la soledad. Por la necesidad del otro. Realmente, una película que conmueve. Que invita a pensar. Y a sentir. Yo le sacudo un nueve. Pues eso. Que conste.

Mañana, si tengo un rato, os hablaré de San Gimignano.

The Hitchhiker’s Guide to the Galaxy (2005) – La Guía del Autoestopista Galáctico

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The Hitchhiker’s Guide to the Galaxy (2005)

La verdad es que cuando leí el libro, perpetrado por Douglas Adams, no me gustó gran cosa. Conocía que tenía bastante fama en los entornos de la ciencia ficción/fantasía, así que quizá esperaba más de lo que había para ofrecer. La película, basándose en la misma historia, no podía salir mucho más allá. El libro se supone que conlleva una ácida crítica al sistema social británico y, por extensión, al sistema social humano. O por lo menos al de la Europa Occidental. Sin embargo,… pues no sé… no le debí pillar yo el tranquillo.

La película está bien para verla en plan veraniego. Y de hecho creo que está mejor que el libro. Sin que cause ninguna trascendencia en el devenir de la historia del cine, por lo menos pasas el rato. Y disfrutas de algo. Los actores británicos están bien incluso en productos como éste. Y hay un montón de actores británicos. También hay algún figurón hollywoodiano como John Malkovich, a quien no sé si pagaron mucho o poco por este filme, pero seguro que se lo pasó estupendamente haciendo su breve aunque relativamente trascendente papelito.

En fin. Que si queréis pasar un rato absolutamente intrascendente, con aire acondicionado y con buen humor, cucurucho de palomita y una cocacola o una «pecsi»… ésta es la «peli». Pongámosle un seis por ello. Y porque estoy de buen humor; que estoy de vacaciones…


La fotografía de hoy está tomada en Londres (pues si que estoy británico últimamente). La trama de cristal corresponde a un pepino que han debido de colocar en la capital del antiguo imperio alguno de los marcianos de la película.