La fotografía como documento histórico; el ejemplo "yanqui"

Cine, Fotografía, Historia, sociedad
Cabecera de la pista de Huegas en Formigal, Huesca

Ayer fue el primer día que esquíe esta temporada, que no el primer día que lo intenté. Vaya la foto por delante para recordar un agradable día de buen tiempo y disfrute.

Pero no era de esto de lo que quería hablar. Al volver a casa, y después de trabajar un ratito en unos asuntos, decidí ver una grabación de la película Gettysburg, un filme sobre la más famosa batalla de la Guerra de Secesión Norteamericana, que sin ser una maravilla de la interpretación, sí que tiene el mérito de ser relativamente rigurosa en la ambientación y en la descripción de los hechos que describe.

En paralelo a la visualización de la película, accedí a diversas páginas en internet para contrastar la narración fílmica con los hechos históricos, y entre ellas me encontré con una página de la Administración de los Estados Unidos de América dedicado a la fotografía durante este sangriento conflicto.

Y sobre esto quería reflexionar hoy. Sobre la importancia de la fotografía como documentación histórica y sobre lo bueno que es que esté disponible de forma amplia, libre y gratuita para el público en general. Reconozco que este archivo fotográfico me produce una extraordinaria envidia. La cantidad y variedad de las imágenes es notable, así como sus descripciones y documentación. La calidad de la digitalización de estas imágenes es más que impresionante con archivos TIFF, y he podido comprobar que están disponibles tamaños de por ejemplo 20 megapíxeles. Siento envidia por la capacidad de los estadounidenses para ordenar su historia y su documentación. Espero que algún día en España dispongamos de simialres archivos, sin racaneos, sin tasas, sin costes, demostrando que queremos que la historia, escrita o visual, esté al alcance de cualquiera.

Barrido por el viento… o lo que el viento se llevó

Cine, Historia
Cerca de Ayerbe, Huesca


Barrido por el viento
…, esta es la traducción más precisa en cuanto al significado del Gone with the wind de Margaret Mitchell. Más que Lo que el viento se llevó, que es como se ha conocido en castellano. Y originalmente es una novela, aunque para la mayor parte del mundo ha sido, es y será una de las más espectaculares y maravillosas películas de la historia del cine. La egoista Scarlett O’Hara y el crápula Rhett Butler han pasado a la historia como una de las parejas de personajes más atractivas del cinematógrafo, con la colaboración inestimable de Vivien Leigh y Clark Gable que se encargaron de darles un rostro y una actitud. Para mí, es una de las películas que merece un diez.

Pero hoy no quería comentar la película. Hoy lo que me interesa es la novela. Aunque un gran éxito en su país de origen, Estados Unidos, hace tiempo que dejó de tener interés en otras partes del mundo. Tenida por una novela romántica al uso, para marujas y marujitas de los años cuarenta, es sin embargo un gran fresco de la sociedad sureña. Un fresco sesgado. Un fresco que pinta de colores vivos y brillantes, aunque con un aire de nostalgia, una sociedad feudal en el momento en que el resto del mundo occidental experimentaba profundas transformaciones derivadas de la revolución industrial. Así como el tremendo choque que se produce cuando se enfrenta a esa revolución industrial y al auge de la potencia que en el siglo XX se convertiría en dominante del mundo, los Estados Unidos de América. Un choque que hace que ese mundo desaparezca, como barrido por el viento. Viento de guerra y violencia, pero también de evolución y revolución social y cultural.

Quien sea capaz de superar el prejuicio de la imagen que esta novela tiene en la actualidad, y sea capaz de salvar la sorpresa ante traducciones que utilizan un castellano que ya tiene sus años, y que hoy día nos empieza a sonar raro, se encontrará con un libro interesante, divertido, emocionante, con amoríos y (bajas) pasiones humanas, con aventuras, con interés histórico y, dado su volumen, con entretenimiento para bastante rato.

La joya de la familia (The Family Stone, 2005)

Cine
Canal Imperial de Aragón, Zaragoza

The Family Stone (2005)

Qué penita, señor, señor. Esto de ir al cine, a la película que eligen otros, y sin haberse uno informado bien de qué iba a ver. Porque con lo que caía en Zaragoza, pues uno se queda en casa, se enchufa Cinemanía Clásico, y a disfrutar de alguan peli que realmente esté bien. Y no este panfleto navideño, escondido como si fuera otra cosa, y estrenado cuando ya se terminan las navidades. Como queriendo disimular.

Esta presunta comedia filmada por Thomas Bezucha (en su casa lo conoceran a la hora de comer), empieza relativamente bien (los dos primeros minutos). Es como si fuera la excelente Beautiful Girls, pero con familia en vez de amigos. Y aparte de que hay mucha nieve en el pueblecito, aquí se acaban todos los parecidos. Con un reparto relativamente conocido (Diane Keaton, Dermot Mulroney, Claire Danes, Sarah Jessica Parker) y otros menos conocidos, sobre los que no haré mayor comentario, se dibujan una serie de personajes bastante tópicos, que no tienen ni chicha ni limoná. Con un montón de situaciones basadas en lo políticamente correcto, se dedican a pelar a la novia del hijo mayor, que no les cae bien, y con la que son bastante maleducados. Ella es un pija,… y esas cosas… poco enrollada. Luego aparece la hermana de la pija, no se sabe muy bien a cuento de qué, que es muy mona y muy maja,… y les cae muy bien a todos… y en la tele Judy Garland canta Have yourself a merry little christmas, aunque tampoco venga mucho a cuento. Bueno… es navidad y esas cosas. Bueno. En realidad da igual todo lo que pasa después, ya que todo es un pastelón con un drama que no te enternece ni nada… y al final todos son amigos. Hasta la pija.

Pues eso. Que salvo estéis muy desesperados… que vayáis a ver otra cosas. La nota. Pues un cinco, que es lo que doy a todas aquellas películas que no me gustan pero que no alcanzan el nivel horroroso de los peores horrores norteamericanos (Dirección: 5; interpretación: 5).

El Ferrocarril en la Historia del Cine – Actualización

Cine, ferrocarril, mis páginas en internet
Riglos – apeadero, Huesca

Como sabéis, una de mis páginas en la telaraña mundial está dedicada al ferrocarril con una sección que lleva como título El Ferrocarril en la Historia del Cine. Pues bien, tocaba actualización, y he subido una reseña de la película de Luis García Berlanga de 1957, Los jueves, milagro. Abundancia de circulaciones vaporosas en la España de la posguerra.

Los 2 lados de la cama, (2005)

Cine
Parque grande, Zaragoza

2 lados de la cama, Los (2005) de Emilio Martínez Lázaro.

Pero mira que lo sabía yo. Que algo me lo decía. Que tenía que pasar de esta película. La primera no estaba mal. No pasará a la historia del cine como una obra maestra, pero era salada. Las chicas eran frescas y graciosas. Las canciones cuajaban bien. Los chicos, inseguros y catastróficos, hacían gracia. No sé. Sonreías…

Pero claro, como fue bien en taquilla, tenían que hacer una segunda parte de la cama. Donde los chicos hacen exactamente el mismo papel, toque o no toque. Las chicas son flojas, pero flojas (me refiero como actrices, que en lo demás, para gustos los colores). Las canciones no siempre van bien, y otras veces… tampoco. Carecen de la gracia. Las coreografías son más flojas. Y la historia es una cagarriña pinchada en un palo. Ni siquiera mencionaré nombres ni nada. Mejor olvidarlo.

Pero… lo que me tiene más cabreado es que me confié porque mi crítico favorito le había puesto un «siete«. Y es que uno ya no se puede fíar de nadie.

Ah,… la nota… pues no sé. Un cinco, por no ponerla al nivel de las películas yanquis que suelo suspender sin paliativos (dirección: 5; interpretación: 3).

El año nuevo, Cecil B. deMille y la ira de Dios

Cine
Helada en las cercanías de Ayerbe (Huesca)

Como buen día de Año Nuevo, festividad pensada para «atocinarse» en casa tras los excesos de la víspera, las televisiones nos premian/castigan con grandes superproducciones cinematográficas o con estúpidos resúmenes de los no menos estúpidos programas de celebración de la Nochevieja anterior.

Para cualquiera que haya seguido con cierta frecuencia este Cuaderno de ruta habrá supuesto que yo he optado por «apoltronarme» ante alguno de los habituales «películones» propios de la fecha. Y para peliculones, Cecil B. deMille. Y entre ellos, cómo no, Los Diez Mandamientos, con el caracartón de Charlton Heston haciendo lo que más le gusta, el fantochón carca. He de reconocer que la película es un alarde. Y no aburre en absoluto. Aunque chicos/as… yo… qué queréis que os diga… a mi los que me gustan son los malos. Yul Brynner de faraón, Ann Baxter de princesa/faraona rencorosa y despechada, o Edward G. Robinson de gobernador que se beneficia a la más estupenda esclava hebrea. Y el súmmum, las orgias de los hebreos en el desierto, dados a la gula, la pereza y la lujuria. ¡Qué gozada! ¡Qué orgía! ¡Qué desefreno!

Lo que pasa es que ya se sabe… llega el de las barbas con Moises de vocero, se cabrea, empieza a tronar, unas cuantas llamaradas, unos cuantos primogénitos apiolados, y se acabó la diversión. Nada más aburrido que las consecuencias de la ira de Dios.

King Kong (2005)

Cine
Avenida de San José, Zaragoza

Vamos a ver. Una cuestión tiene que quedar clara. King Kong, en cualquiera de sus versiones, es la típica película de aventuras en la selva. Y el esquema vale para esta película, para Tarzán, para las Minas del Rey Salomón, o para George de la Jungla. Van unos pocos buenos con un montón de malos y antipáticos destinados a caerse por un precipio o a que se los coma una fiera. Corretean de peligro en peligro por la jungla hasta que vuelven con la bestia (sean animal o bruto humnano) a la civilización donde, si las cosas van mal, la bestia muere, y si van bien el bruto se casa con la chica y vuelven a la selva donde se montan un dúplex en la copa de un baobab. Y en lo que se refiere a la historia no hay más. Se cuente en algo menos de hora y media, rodado en blanco y negro con escenarios de cartón piedra, o dure tres horas largas, con los más maravillosos recursos infográficos que la tecnología moderna ofrece, para dar verismo a la historia. Porque claro, nada hay más verosimil que un gorila de 30 metros que convive con tiranosauros, diplodocus, cangrejos gigantes y babosas con colmillos.

Dejemos en paz la historia que da para lo que da y no da más.

Una película como esta que nos ofrece Peter Jackson es un alarde tecnológico. Un espectáculo al estilo de hoy en día, más preocupado por los fuegos de artificio que por contar algo nuevo. Eso sí. Lo que cuenta lo cuenta bien. El tipo tiene oficio. Que no es poco. Al fin y al cabo, se entrenó con las casi 12 horas que dura la versión en DVD de El Señor de los anillos. Obra de la que es heredera visualmente y conceptualmente este King Kong cibernético. Los actores están bien. Son secundarios, en relación con el simio, pero están bien. La chica, Naomi Watts, es buena actriz. Lo cual se agradece en un filme en el que su principal cometido es poner caritas al mono. Por lo menos que las ponga bien. Y además es atractiva. Que no sólo le gusta a los primates extremadamente peludos; al resto de los primates también.

La fografía de Andrew Lesnie, clavadica a la del enredo de las sortijas; al fin y al cabo es el mismo iluminador. La banda sonora, muy parecida también a la que compuso Howard Shore para el culebrón de la Tierra Media. Digno, pero con bastante menos nivel; no es Shore el compositor.

Y ahora, vamos a lo realmente interesante.

En primer lugar, la presentación inicial del Nueva York de la depresión. Con un ambiente basado en las fotografías de la época como las de Charles Ebbets, tomadas entre los trabajadores de la construcción que levantaron los rascacielos de la ciudad. También en la obra de otros fotógrafos como Walker Evans, o Dorothea Lange, entre otros.

En segundo lugar, conviene y mucho ver la versión del año 33 antes que esta. Yo tuve la ocasión de hacerlo el fin de semana en el canal Cinemanía clásico. La nueva película tiene un montón de guiños a aquella, además de ser razonablemente fiel a su argumento. Una escena en el puente del barco, un anuncio de Chevrolet, unos sostenes de coco, los disfraces simiescos de unos danzarines, son detalles que sin ser necesariamente idénticos a la original, no hacen más que referenciarla y homenajearla constantemente.

En fin. Que después de todo, y a pesar del excesivo metraje y sobrecarga de peripecias, a pesar de alguna inconsistencia en la historia, alguna elipsis un poco forzada, algún personaje que sobre, la película no se hace aburrida y entretiene. La realización bastante buena (un 7), una interpretación ajustada (otro 7), salvan una película que aparte de los efectos especiales ya esta vista. Así que le damos un seis.

Las 100 escenas más maravillosas del cine

Cine
Parque grande, Zaragoza

Si ayer comentaba las 10 películas que no deben dejar de ver los fotógrafos, hoy propondrá las 100 escenas más maravillosas del cine según la revista Variety. Como siempre, cualquier clasificación de estas será discutible para cualquiera que conozca el cine es el orden de las mismas o si sobra o falta alguna. Pero siempre vienen bien para recordar aquellos momentos más mágicos del séptimo arte, o como propuesta para ver en un futuro ante películas que hemos olvidado o que nunca hemos visto. Yo mismo hubiera colocado la escena del aeropuerto de Casablanca, por delante de otras, pero… Lo que me ha sorprendido es ver entre las diez primeras la escena del piano y Michelle Pfeiffer en Los fabulosos Baker Boys. La película, aunque bastante digna y con una estupenda música de jazz, no deja de ser menor en comparación con otras de la lista en los primeros lugares. Pero he de reconocer que muchos, especialmente los varones, nos quedamos prendados para siempre de la Pfeiffer a partir de entonces.

Pero no tenemos que quedarnos sólo en esto. También nos ofrece la revista los 100 mejores momento de la música en el cine, y aquí sí con As time goes by (El tiempo pasará) de Casablanca en primer lugar. Y también nos ofrece, aunque desde mi punto de vista un asunto menos interesante, los 100 momentos más glamurosos en la ceremonia de los Oscars, con una siempre elegante Grace Kelly en cabeza, recibiendo su premio por The Country Girl (La angustia de vivir).

10 películas que todo fotógrafo debería ver

Cine, Fotografía
Parque grande, Zaragoza

Hace unos días, Michael Reichmann en su página sobre fotografía The luminous landscape, absoluta y totalmente recomendable, nos ofrecía la opinión de Greg Stott sobre las 10 películas de cine que ningún fotógrafo, profesional o aficionado, debería dejar de ver. Las películas están seleccionadas desde el punto de vista de las propuestas en materia de imagen e iluminación cuyos autores nos ofrecen. Tanto los directores de los filmes como los directores de fotografía.

En el mundo del blanco y negro, quizá encontremos a faltar algún título más, si bien el seleccionado, The Third Man es absolutamente paradigmático de lo que es una película monocroma bien fotografiada.

Del resto, en color, destaca la presencia de Vittorio Storaro como director de fotografía en dos de ellas, Il Conformista y The Last Emperor. Storaro es probablemente uno de mis directores de fotografía favoritos actuales, sino el que más me gusta. En España lo hemos podido disfrutar con cierta frecuencia, gracias a las espléndidas colaboraciones que realiza en las películas de Carlos Saura. Particularmente, nunca me canso de ver Tango, por la maravillosa iluminación que proporciona a los números musicales y a la polícula en general.

No voy a comentar todas las películas. Para eso os he puesto el enlace al artículo. Disfrutadlo como yo lo he disfrutado. Yo me conformo mientras tanto con los colores de finales del otoño en las hojas de los plátanos en los parques de Zaragoza.

También vuelvo hoy a aumentar el número de entradas en la página inicial. Parece que es lo que prefieren quienes se asoman a esta página de vez en cuando y no todos los días.

La importancia de la fotografía en el cine

Cine, Fotografía

Comentaba en en mi entrada del lunes, 5 de diciembre, la importancia de la fotografía en la película de Fernando Meirelles, The Constant Gardener.

En general, cuando el público comenta lo buena que es la fotografía de una película, he observado que preferentemente se refiere a aquellas películas en las que hay estupendos paisajes, con estéticos encuadres; muchas veces se trata de películas que transcurren como una serie de postales, una tras otra.

Sin embargo, la importancia del director de fotografía en la película es otra. La etimología de la palabra fotografía es «pintar con luz». Y esa es exactamente la labor del director de fotografía en el cine, proponer la combinación de luces que mejor se ajusta a los deseos del director del filme para alcanzar el propósito buscado. El dominio técnico y artístico de la iluminación. De hecho, en otros tiempos al director de fotografía se le ha denominado el iluminador de la película. En el cine, corresponde al director de la película el decidir cual es el mejor encuadre o cómo han de discurrir los planos. Los matices que se alcanzan en dichos planos, mediante el adecuado uso de la luz es la responsabilidad del director de fotografía.

En la película que comentaba el lunes, los distintos ambientes del filme son acentuados por el uso de la iluminación. Cuando digo que me gusta la fotografía de The Constant Gardener no se debe a los áridos y bellos paisajes del Lago Turkana, de la sabana africana o del desierto sudanés. No. Se debe a que se nos transmite algo cuando las escenas en los suburbios africanos estan llenas de ricos y constrastados colores cálidos, la metrópoli londinesa y en general el ambiente de los occidentales es frío y mórbido, y las escenas íntimas entre la pareja protagonista son cálidas y suaves. Mediante la iluminación, se nos transmite también una sensación y un sentimiento.

Por supuesto, la iluminación por sí sola no basta. Ha de haber un adecuado montaje, una selección de planos y secuencias, y sobre todo, una historia. Pero qué importante es la luz en nuestras historias… o en la vida.

Siguiendo con mis paseos con mi D60, me he permitido componer un pequeño panorama de la Cartuja de Aula Dei desde la carretera de Zaragoza a San Mateo de Gállego.

Actualización de "Trenes de ayer y de hoy"

Cine, ferrocarril, mis páginas en internet

Hacía tiempo que no actualizaba mi página en la telaraña mundial sobre ferrocarriles, Trenes de ayer y de hoy. Supongo que con el tiempo, la actualización diaria de este Cuaderno de ruta, así como el mayor interés por mi página de fotografía y viajes, han hecho que los ferrocarriles hayan pasado a segundo plano.

No obstante, y puesto que ayer me zampé en la tele del satélite tres horas de «peliculón» como los de antes, ahí va una reseñita sobre Doctor Zhivago. De amor y de sombras en los tiempos de la revolución soviética. Y con muchos trenes. Y todos ellos españoles.


Que nadie se engañe. En el año 65, los soviéticos no hubieran permitido rodar esta película en los Urales. Así que Soria y la sierras ibéricas hubieron de tomar su lugar. Buena parte de la película se rodó al otro lado de este nevado Moncayo que aquí podemos ver desde los alrededores de San Mateo de Gállego.

El jardinero fiel (The Constant Gardener)

Cine

Fernando Meirelles, brasileño, saltó a la fama internacional tras rodar la socialmente comprometida Cidade de Deus. En esta ocasión, con El jardinero fiel entra en la adaptación al cine de una novela del escritor de best-sellers John Le Carré. Ahora bien; sin olvidar el compromiso social.

Protagonizada brillantemente por Ralph Fiennes y Rachel Weisz, muy sólidos y creibles, que se acompañan por buenos secundarios entre los que destacaremos principalmente a Danny Huston, Bill Nighy, Archie Panjabi, Pete Postlethwaite y otros muchos. Como buen producto británico, independientemente del origen del director, las actuaciones son sobrias pero consistentes y convincentes.

El argumento, en cuanto novela de intriga, es habitual en el género de los best-sellers. Una activista social se enfrenta contra una multinacional farmacéutica al descubrir las oscuras y poco éticas actividades que la tal multinacional desarrolla en África. Como consecuencia de ello, será asesinada. El marido, un diplomático hasta ese momento poco interesado por el activismo social y muy interesado por la jardinería, decide continuar la investigación de su esposa, entrando en el clásico devenir de viajes por el mundo, amenazas, y aventuras diversas. Hasta aquí podría ser un historia banal al uso del cine comercial.

La novedad viene de las intensas imágenes que nos muestra el director sobre la pobreza en el continente africano, las diferencias entre los blancos y los negros (muy notable el plano-secuencia que nos lleva desde un campo de golf para pijos europeos en Nairobi hasta las chabolas vecinas, en medio de una escombrera), la falta de ética de las empresas y los gobiernos occidentales, la crueldad de las guerras larvadas en el Continente Africano, y un largo etcétera, apoyado por una realización atrevida, dinámica y muy bien apoyada por una fotografía que merecerá algún comentario extra en mi Cuaderno de ruta.

En general, la película es muy interesante y merece la pena verse. Las principales pegas hay que buscarlas en su excesiva duración, para la que la historia de intriga no es justificación suficienciente. Sólo se explica por el interés del director en mostrarnos una diversidad de situaciones de injusticia, que tienen el efecto negativo de no centrar la denuncia en nada en concreto que el espectador pueda llevarse a su casa como conclusión final. Son muchas las razones por las que debemos denunciar la situación en el Mundo pobre, y todas ellas causas justas; pero quizá sea más conveniente narrativamente hablando de centrarse, para mayor provecho cinematográfico. De todas formas, le coloco un siete (Dirección: 7; interpretación: 8).

En mis paseos con mi «nueva» D60, llegué el domingo hasta el mercadillo de antigüedades, o más bien de cosas viejas, de la Plaza San Bruno. Una buena animación y ambientillo multicultural.