La verdad oculta (Proof, 2005)

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Es inevitable comparar esta película con la presunta y oscarizada «mente maravillosa» con la que nos torturaron hace unos años. Pero bueno. La comparación termina pronto. Aquella era una película mediocre; la que aquí nos ocupa, sin embargo, es bastante interesante.

Dirigida por John Madden, y realizada para mayor gloria de la delgaducha pero (para mí) estupenda rubia, Gwyneth Paltrow, es una clara demostración de que esta pareja funciona. Ya lo hicieron en la romátinca Shakespeare in love. Aquí dejan la comedia romántica y se encaminan directamente al drama. Un drama que ha de girar en torno a la figura del (fallecido) personaje que interpreta con la solvencia habitual Anthony Hopkins. El grupo interpretativo lo completan el «cowboy» Jake Gyllenhaal y una estupenda secundaria en esta ocasión que el Hope Davis. Hace de hermana de la «prota» y vaya, qué acierto; su parecido físico hace creible el parentesco, pero manteniendo perfectamente las diferencia caracteriales de los dos personajes.

La película hace un recorrido por varios temas: la locura asociada a la genialidad, el sacrificio de la mujer como cuidadora del pariente dependiente, la soledad personal, el miedo a la desintegración personal, la discriminación de la mujer ante su capacidad por ser genial,… pero todo ello bien mezclado e integrado.

No vamos a decir que sea una película perfecta. Hay elementos en la historia que no te acabas de creer. Pero globalmente funciona. Y funciona por la solvencia en la realización, pero sobre todo por unas interpretaciones ajustadas y creibles. También es una demostración de que una actriz guapa puede hacer un papel atormentado sin necesidad de deformarse. Simplemente con su actitud y sus gestos (ya lo demostró Naomi Watts, en 21 gramos).

En fin, que contra todo pronóstico (tuve la desgracia de ver un nefasto trailer hace unas semanas que me desmotivó a verla) me ha gustado. Me he entretenido, y he sentido simpatía por los personajes. Yo le pongo un siete (con la misma nota para la dirección y un ocho para la interpretación).

La película transcurre en un ambiente académico, universitario,
como el ambiente de Oxford, Inglaterra (Reino Unido)

Los tres entierros de Melquiades Estrada (2005)

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The Three Burials of Melquiades Estrada (2005)

El excelente actor Tommy Lee Jones nos sorprende en esta su primera incursión en la dirección para la pantalla grande con un western en la época actual, pero que reúne mucho de los mejores tópicos del género. No es que yo sea especialmente aficionado a las «pelis del oeste», pero entiendo que las hay de gran calidad.

Y aquí nos encontramos ante un filme con un indudable interés. En primer lugar por la propuesta, en la que enlaza elementes clásicos del género, con temas modernos como la inmigración ilegal, la violencia cotidiana, la incomunicación conyugal, o la comprensión del otro a través de dolorosos procesos de aprendizaje. En segundo lugar, por el guion, firmado por Guillermo Arriaga, que sin llegar a la osadía de su anterior trabajo en 21 gramos nos sigue sorprendiendo con sus saltos temporales y sus elipsis. En manos de otro, podrían dar lugar a una película confusa, pero aquí todo va encajando, va tomando forma y va tomando sentido hasta entrar en una última parte de la película más lineal pero que va permitiendo sosegar las ideas y los sentimientos al espectador conforme va descubriendo las intimidades de los tres personajes fundamentales: el severo vaquero Pete (Tommy Lee Jones), el arrogante guarda fronterizo Mike (Barry Pepper) y el desafotunado «espalda mojada» Melquiades (Julio Cedillo). Y aquí llegamos al tercer punto importante, la excelente interpretación de los actores a la hora de encarnar sus personajes, liderados por el propio director, siempre solvente como actor. Incluso el presunto «florero» de la película, la rubia y delgaducha January Jones, nos ofrece muy buenos momentos interpretativos en su papel de joven esposa descolocada, apática y cuasi-anoréxica.

La película tiene escenas duras, con violencia implícita y explícita; otras desesperanzadas, como una de las escenas de sexo menos eróticas que haya visto yo últimamente, o la constatación de las vidas inventadas o inexistentes de alguno de los personajes. Pero también nos ofrece una cierta esperanza, una cierta confianza en que las cosas pueden ser mejores, y que incluso en los más inhospitos lugares se puede encontrar belleza.

Mi impresión personal es que es una buena película. No la obra maestra que algunos quieren ver, pero sí una buena película. A que le pondré un siete (con la misma nota a la dirección, y un ocho para la interpretación).

Greenwich, Londres (Reino Unido)

Truman Capote (Capote) (2005)

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Connemara – Fucsias en Kylemore Abbey

Capote (2005)

En esta ocasión, nos enfrentamos a una biografía. O más bien deberíamos decir a un fragmento de biografía, ya que el título de la película es algo engañoso sobre lo que nos vamos a encontrar. No conoceremos la vida del escritor norteamericano Truman Capote, sino lo que se supone son los hechos y los sentimientos que lo rodearon cuando se enfrentó a los hechos de un asesinato múltiple en la América profunda, y los asesinos que cometieron el delito.

De entrada he de decir que al ver el planteamiento me sentí muy interesado por el filme. A sangre fría, la novela a la que dieron lugar los hechos, es una de mis favoritas de entre los escritores norteamericanos, pareciéndome también muy interesante la película que con el mismo título traslado la narración al cine. Revivir la historia desde otro punto de vista. Sentir lo que pudo sentir el escritor que como periodista primero y como creador después trata de trasladar los hechos y de transmitir unas emociones, me parece un ejercicio cinematográfico poco frecuente.

La dirección corresponde a Bennett Miller, del que yo no conocía ningún trabajo previo. Me parece correcta, aunque relativamente convencional, y a ratos un poco fría. No sucede así con la interpretación, más que correcta en general. Desgraciadamente, vi la película en versión doblada, lo cual es un problema contando la peculiaridad en el comportarse y en el hablar del personaje de Capote, interpretado por Philip Seymour Hoffman. No obstante, se puede considerar una muy buena interpretación, así como la del resto de los personajes entre los que destacaremos a Catherine Keener como la escritora Harper Lee, al excelente Chris Cooper como jefe de policia, al discreto pero eficaz Bruce Greenwood como pareja de Capote, y sobretodo a uno de los asesinos, interpretado por Clifton Collins Jr.

En resumen, me pareció un filme interesante, aunque quizá no tenga un aspecto o un tema especialmente comercial. Me entretuvo y me interesó en todo momento. Así que si os interesa la cuestión, no dudéis en ir a verlo. Le pondré un siete (con también un siete en la dirección, y un ocho en la interpretación).

PS: Detalle curioso. Hay una escena en la Costa Brava, con un taxi con matrícula de París. Pequeño problema de producción.

Y de nuevo el tío Óscar…

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Parque de La Granja, Zaragoza

Como todos los años, la noche pasada hemos podido disfrutar de la gala de los OSCAR.com – 78th Annual Academy Awards – Home Page. Bueno… digo «hemos» pero debiera haber dicho «hubiéramos». Porque a ver quien es el guapo que se queda una madrugada de lunes a chuparse una ceremonia de sopotocientas horas, más bien rollo.

Pero bueno… normalmente, hay ambientillo. Se comentan las películas. Hay expectación… Pues… tampoco mucha. Reconozco que entre las candidatas había películas majas. Otras no me ha dado tiempo a verlas o no he tenido ocasión. Pero así que me supusieran una ilusión por el tema, pues no muchas. O no estaban. No sé. Tengo la sensación de que el gusto del mundo y el mío cada vez están más alejados. O por lo menos el de los norteamericanos. O el de Hollywood. O el de… vayaustéasaberquién.

En fin. Otro año será. Eso sí. No dejéis de ir al cine. Que más cornadas da la vida.

The Killer Angels – Wikipedia, the free encyclopedia

arte música y literatura, Cine, Historia
Plaza de San Francisco, Zaragoza

En enero comentaba haber visto en vídeo la película Gettysburg, que describía la batalla del mismo nombre, decisiva para orientar el resultado final de la Guerra Civil en los Estados Unidos. Esta película está basada en la novela The Killer Angels de Michael Shaara.

La película, aunque interesante desde el punto de vista de la recreación histórica, no acababa de ser un producto del todo satisfactorio. Aunque buscaba una fidelidad minuciosa a las reflexiones del libro, los interludios entre escenas bélicas, pensados para transmitirnos los pensamientos y los sentimientos de algunos de los protagonistas de la acción, resultaban fríos o poco claros. Bien es verdad que vi la versión doblada, en la que claramente, el trabajo de doblaje era bastante malo, llegando a confundir o desvirtuar algunos pasajes de la acción. Por ejemplo, en un momento dado afirman que dos cuerpos de ejército confederado se está encontrando con la fuerte resistencia de dos regimientos federales. Absurdo. Es como plantear que 500 hombres estén sujetando a 30.000. En realidad se enfrentaban a dos cuerpos de ejército federales y no dos regimientos.

Insatisfecho por lo tanto por estos aspectos, conseguí una copia de la obra literaria original, así como de los dos libros que escribió el hijo del autor en la misma tónica sobre otros episodios de dicho conflicto. Y me lo he leído. En inglés… ufff… Me ha costado un poquito, pero creo que merece la pena. Para quien guste de la literatura histórica (histórica de verdad y no las chorradas sobre enigmáticos códigos, enigmas, templarios, masones, etc. que se están poniendo de moda), es un libro interesante. Con una acción bien descrita. Basado en hechos reales, pero novelizado, y por lo tanto, trasladando emociones e intereses. Finalmente, ha merecido la pena. Y a uno le deja claro algunos de los factores que contribuyeron al desenlace de un conflicto clave en el siglo XIX, y que aunque muchas veces no se reconoce, tanto marca la historia del siglo XX y la actual.

Recomendación, quien guste de la buena historia y de las buenas historias, si consigue un ejemplar y lee en inglés, que no se lo pierda. No me constan versiones traducidas al castellano. O por lo menos yo no he sido capaz de localizarlas.

Orgullo y prejuicio (Pride & Prejudice) (2005)

Cine
Cambio de la guardia a caballo, Londres (Reino Unido)

Pride & Prejudice (2005)

Un poco conocido Joe Wright nos ofrece una adaptación más a la pantalla (grande o pequeña) del clásico de Jane Austen. Confieso que no soy yo un gran aficionado a las historias de la autora, propias de un tiempo que particularmente me interesa más bien poco. Frente a la compleja historia de la Europa continental del momento (finales del siglo XIX y principios del siglo XX), la autora nos presenta una aristocra fría y amanerada que, si bien en aquellos momentos constituía una fuerza dominante en el mundo, no deja de parecerme aburrida.

Dicho esto, es caldo de cultivo para generar películas de época, en las que lucir un diseño de producción, un vestuario y una ambientación, así como para foguear a actores y actrices en el mundo de los clásicos. La realización de Wright, en cualquier caso, no puede considerarse clásica. Movimientos de cámara continuos que acompañan a los personajes en sus recorridos por las múltiples habitaciones y jardines de las más o menos suntuosas mansiones que constituyen el escenario de la acción. Inmersión en los bailes, primeros planos enmarcados por la silueta borrosa del interlocutor, de los árboles o de las ventanas. En cualquier caso, interesante, y compensa la cierta desgan que en algún momento muestra al conducir el guion, por lo demás convencional.

La interpretación, como muchas veces sucede en los tiempos actuales, excesivamente justita en los actores y actrices más jóvenes. La protagonista absoluta de la historia, Keira Knightley, aunque globalmente creíble en su papel, muestra limitaciones a la hora de transmitir los intensos y contradictorios sentimientos que constantemente sacuden al personaje. El oponente masculino, interpretado por Matthew Macfadyen, aparece desde mi punto de vista excesivametne acartonado y poco expresivo. Otra cosa son los secundarios de cierta edad, con un entrañable y simpático Donald Sutherland, una aristocrática y odiosa Judy Dench, y una chirriante y enervante Brenda Blethyn, todos ellos a su acostumbrado buen nivel. Me llamó la atención la actriz Rosamund Pike, haciendo de hermana guapa, tímida y modosa, cuando la identifique con una de las chicas-bond malas de los últimos años. Mucho mejor en esta tesitura.

Como resumen. Quien quiera ver una película de las «bonitas», entretenida y razonablemente bien hecha, esta es una ocasión tan buena como cualquier otra. Quien no soporte la tontería de la época, los valores y las costumbres trasnochadas, que se vaya a ver otra cosa. Yo le pondré en general un siete (con idéntica nota para la dirección, y un más modesto seis para la interpretación).

Casanova (2005)

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Regata histórica, Venecia, Italia

Casanova (2005/I).

El siempre elegante y sutil director Lasse Hallström, nos ofrece su visión del legendario seductor veneciano Giacomo Girolamo Casanova. Hallström nos tiene acostumbrados a su buen oficio a la hora de dirigir, y ha sido capaz de transmitir sensualidad en algunas de sus anteriores realizaciones. Cómo no recordar la estupenda e presuntamente ingenua Charlize Theron en Las normas de la casa de la sidra. O la gastronómica sensualidad de la maternal Juliette Binoche en Chocolat. Por lo tanto, las espectativas están claras. La belleza de Venecia y de las actrices (en este caso Sienna Miller, Natalie Dormer, y la ya veterana pero siempre estupenda Lena Olin) al servicio de la sensualidad como espectáculo cinematográfico.

Pero… no. La verdad es que no. Es cierto que Venecia sale estupenda. Y las chicas son guapas. Pero no tenemos esa sensualidad, esa sutileza en el enredo que esperábamos de la Venecia del Siglo de las Luces. Sólo encontramos una comedia de enredo, lujosamente ambientada en la ciudad de los canales, con un chico, Heath Ledger, que cualquier suegra anticuada lo quisiera como yerno, porque en ningún momento te lo acabas de creer como calavera. Y eso que lo suyo pone de su parte para remedar a aquel estupendo Vicomte de Valmont que interpretó John Malkovich, pero que no le llega ni a la suela de los zapatos porque le falta ese punto trágico y elegante que aquel tenía.

En fin. Que se deja ver, si se va sin prejuicios como los míos, y te planteas que es un entretenimiento. Bonito, por los paisajes urbanos y los vestuarios, pero un entretenimiento. Con un guion que se enmaraña sin mucho sentido, y con un desenlace que ya supones que va a ir bien y que da igual como acaba. Como las chicas me parece guapas le pondré un seis (dirección e interpretación, también un seis para ambos).

Munich (2005)

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Parque de La Granja, Zaragoza

Munich (2005): Directed by Steven Spielberg.

Spielberg vuelve a traernos la cuestión judía, esta vez desde un punto de vista muy distinto al que nos ofreció en La lista de Schindler. Si en esta nos ofrecía su visión del holocausto, en la que hoy nos ocupa nos traslada a los últimos treinta años de vida del Estado de Israel, y en particular a su peculiar forma de «defenderse» de los refugiados palestinos, los cuales tienen la curiosa «pretensión» de recuperar las que fueron sus tierras.

La reflexión que propone el autor es clara. ¿Es lícito utilizar la violencia fuera del sistema legal para combatir la violencia? ¿Es el terrorismo un arma contra el terrorismo? Claramente, tras reflexionar sobre el tema a través del personaje interpretado con bastante solidez por Eric Bana, el director opina que no. Pero como digo, tras reflexionar. Tras exponer las consecuencias globales de la guerra sucia contra el terrorismos, pero también las consecuencias personales que la renuncia a la ética tiene para quien participa. La degradación, el miedo, la pérdida de los valores… todo ello queda reflejado en la película.

No vamos a decir que sea una de las películas magistrales del director. Pero dentro de su habitual solidez realizadora, sí que podemos decir que es de las más honestas. En la que la manipulación emocional típica de él es realmente consecuencia de una reflexión racional y razonable y no mero efecto de unas tripas revueltas.

Quizá las pegas que podemos encontrar es el excesivo metraje del filme, y algún elemento relativamente superfluo en el guion. También puede ser cuestionable alguna de la violencia explícita que se nos muestra, aunque en peores plazas hemos toreado. Acompañada de una más que razonable y sólida interpretación, es esta un película de tema ético y político que es recomendable ver. Le pondré un siete (con un ocho a la dirección, y un siete a la interpretación).

Memorias de un geisha (Memoirs of a Geisha, 2005)

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Gran Arco de La Defense, París (Francia)

Ayer hubo fútbol en La Romareda. Uno de esos partidos que quedan para la historia,… dicen. Bueno. Había que aprovechar, e irse al cine. Todos los maromos en casa o en el campo, aborregadillos ante 22 mozos en calzón corto dándole patadas a una pelota. Algunos aprovechamos para ir a ver…

Memoirs of a Geisha (2005)

La película que nos ofrece Rob Marshall tiene una cualidad principal. Es una de esas películas que llamamos «bonitas». Nos ofrece todo aquello que tradicionalmente ofrecen las películas «bonitas». Un ambiente exótico, drama, amores, bonita fotografía, una banda sonora orquestal adecuada, protagonistas guapos y un final… «razonablemente» feliz.

Sin embargo, no pasará a la historia del cine como uno de esos peliculones que han sido muchas de las películas «bonitas» clásicas. A la historia le falta un poco de rasmia. Todo lo ves a gusto, pero no te emocionas. Unos te caen bien, otros mal,… siempre de acuerdo a lo previsto,… pero tampoco te pasa nada. Ni lloras cuando la chica llora, ni te ríes cuando las cosas van bien. Simplemente contemplas lo bonito que es el Japón, lo guapas y elegantes que son las geishas, y lo apuestos que son los «caballeros» que las cortejan/contratan. Es una pena que le falte ese puntito de sangre caliente, de emoción. Algo que el director conseguía sobradamente en su única película anterior, la para mí inolvidable Chicago.

Entre los actores, reconocer la delicada belleza de la protagonista, Ziyi Zhan, que sin embargo no es una chinita sosa sin más. Tiene su rasmia y su interés como se ha visto en otras películas. También son destacables las muy notables Michelle Yeoh y Li Gong, también habituales en algunos de los mejores ejemplos que nos han llegado en la última década del cine del Lejano Oriente. Así como otros personajes secundarios femeninos todos ellos estupendos, destacando la niña que hace el protagonista en su niñez, Suzuka Ohgo. Los personajes masculinos, también están perfectamente interpretados, especialmente por Ken Watanabe y Kôji Yakusho, aunque eclipsados por el esplendor de las geishas.

Bien. En resumen. Aunque larga, es una película de las «bonitas». Así que uno puede ir a verla sin mayor problema. No será la película de su vida, pero es bonita. También sin las comillas. Le daremos un siete (el siete del director un poco justito, pero pase; a la interpretación le daremos un ocho, por las chicas, generoso, pero que también pase).

Brokeback Mountain (2005)

Cine
Estación de esquí de Artouste, Pyrénées-Atlantiques (Francia)

Brokeback Mountain (2005)

La fama que ha precedido a esta película de Ang Lee me produjo unas expectativas que siempre me dan miedo. El miedo a la decepción. A que la película no sea para tanto. No obstante, la sensibilidad del director me hacía mantener la esperanza. Al final, ni lo uno ni lo otro. Ni decepción ni entusiasmo.

La película se ve más que bien. El director tiene oficio para dar y vender, y ni siquiera se apoya en los magníficos paisajes de Wyoming para encandilar al espectador, ya que va alternando la pureza de los grandes escenarios naturales norteamericanos con la cutredad de las pequeñas poblaciones relativamente deprimidas de las zonas rurales del medio oeste y del oeste de los EE.UU. Pero la historia no me acaba de alcanzar, y no creo que sea por insensibilidad hacia la homosexualidad, sino hacia la cultura y la sociedad que nos presenta la película. Una sociedad que me es ajena y con valores que me resultan extraños. Los vaqueros americanos están muy bien para las películas de aventuras, pero por lo demás me interesan poco.

En lo que se refiere a la actuación, los dos protagonistas Heath Ledger y Jake Gyllenhaal están razonablemente bien, especialmente el segundo aunque el que lleva el marchamo de protagonista es el primero. A mi me parece correcto, pero sin más. Las que me han gustado mucho, a pesar de la brevedad de sus papeles son las mujeres. Especialmente la televisiva Michelle Williams en un personaje que merecía una mejor resolución ya que durante una parte de la película lleva una carga dramática. No está mal tampoco la hija mayor a su 19 años, Kate Mara, que consigue reflejar el carácter del padre incluso mejor que el propio actor que hace de su padre.

En fin, que la película se ve bien. Que le pondré un siete (repartido a parte igual entre la dirección y la interpretación).

De un lugar en el sol a un partido de tenis

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Desde el puerto de Portalet, frontera hispano-francesa

Hace un par de meses aproximadamente, comentaba con cierto entusiasmo la última película estrenada de Woody Allen, Match Point. Una película sobre el ascenso social de aquellos menos afortunados; también sobre el efecto del azar en las consecuencias de nuestras acciones.

Este fin de semana he tenido ocasión de ver por televisión en el canal TCM, la película Un lugar en el sol, protagonizada por Montgomery Clift, siempre con cara de estreñido, y una jovencísima Elizabeth Taylor, de apenas 19 años y en plenitud de belleza, dirigidos por George Stevens. No la conocía. No sabía con claridad qué me iba a encontrar, y la comencé a ver sin más, como un entretenimiento de una tarde de domingo. Y… oh, sorpresa. Conforme iba transcurriendo la película, tuve una inmensa sensación de déjà vu. Era la misma historia que en Match Point. Con muy ligeras variaciones, pero la misma en esencia hasta que… hasta que todo lo que en la película de Woody es una tesis sobre el azar, sobre la ausencia de maniqueismo en las consecuencias de nuestras acciones, aquí es moral tradicional. Si pecas… aunque sea de pensamiento o por omisión… lo pagas… y lo pagas caro. El ejercicio de ver las dos películas es sin duda interesante, incluso apasionante. Además… las dos películas están francamente bien.

Perfecto. Una rutinaria tarde de domingo convertida en una apasionante velada cinematográfica. Quién pide más.

Crash (2004)

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Valle de Ossau, Pyrénées-Atlantiques (Francia)

Crash (2004) de Paul Haggis es una película del tipo Short Cuts. Aquella, dirigida por Robert Altman, se tituló en España el poco literal Vidas cruzadas. Y efectivamente estas películas van de las vidas de diversos personajes, sin aparente relación entre sí, que en un momento dado confluyen en torno a un acontecimiento, o bien simplemente se entrecruzan, mostrando la pequeñez de este aparentemente gran mundo.

Son éstas, películas corales por definición. No mencionaré aquí los actores, que son muchos y de diversa calidad, aunque en general la interpretación se lleva un buen notable. Por lo que es necesario un tema de fondo que nos atraiga y que dé ligazón al conjunto de historias. En este caso es el racismo. El escenario, la ciudad de Los Angeles, ciudad en la que son relativamente frecuentes las noticias relacionadas con brotes de racismo, con revueltas callejeras por este motivo, y en la que marca mucho la situación el gran abanico de condiciones sociales que encontramos. Desde los blancos anglosajones de clase alta, gente guapa, bronceada por el sol del Pacífico, hasta los suburbios de inmigrantes latinoamericanos, muchos de ellos ilegales, y sometidos en ocasiones a situaciones de auténtica esclavitud. Y todo esto es lo que la película muestra. No sé si con acierto, puesto que es una realidad que (todavía) no vivimos por estas latitudes en tan gran medida. Pero sí con eficacia narrativa, ya que poco a poco, el espectador se va centrando ante la inicialmente desconcertante variedad de personajes, hasta ir entrando en sus vidas y compartiendo las contradicciones profundas con las que conviven, no sólo como sociedad, sino como personas en general. Así el canalla policía abusador, se convierte en héroe, mientras quien se plantea unos principios firmes y elevados, acaba cayendo víctima de sus propios prejuicios.

No me atreveré a recomendarla a quien simplemente guste del cine como espectáculo de entretenimiento. Pero quien busque buenas historias, buenas realizaciones y un poco de reflexión, que no lo dude. Que vaya a verla. Le pondré un ocho (siendo para la dirección otro 8 y para la interpretación un 7).