Una nueva librería en la ciudad

arte música y literatura, Fotografía, sociedad

En realidad hace ya unas semanas. Abrieron a tiempo para la campaña navideña. No sé exactamente cuándo. Pero hasta ayer no fui a conocer el nuevo establecimiento.

Cuando salgo de viaje por el extranjero, siempre me han dado mucha envidia las librerías que hay en muchas capitales. Algunas de ellas no mucho más grandes necesariamente que Zaragoza. Librerías de varios pisos, con estanterías llenas de títulos de lo más diverso, perfectamente organizados, encuentras en seguida lo que quieres, amplias, con agradables zonas para hojear los volúmenes antes de tomar la decisión de comprar o no comprar. En algunas de ellas no falta una cafetería, o cuando menos una zona con maquinitas para tomarte el café. No sólo es importante la literatura de ficción. En muchas de ellas, otro tipo de libros ocupan extensas estanterías. Siempre me paro un rato en la sección de fotografía. Claro.

Bien. Pues si me llama la atención todo esto, es porque lo hecho a faltar en mi ciudad. Una ciudad que, por tamaño, debería aspirar a disfrutar de varios establecimientos de estos. Las librerías más importantes y surtidas de la ciudad, no voy a mencionar nombres, suelen tener una estructura agobiante, y no siempre es fácil encontrar lo que buscas. Tal es así, que alguna cadena comercial orientada al ocio en general suele ser más visitada como librería a pesar de no estar especializada en el tema. Cierto es que no falta alguna librería más pequeña, con otro estilo, agradable de visitar como la Librería Cálamo (esta si la nombro; es mi preferida). Pero eso. No es la típica librería generalista. Está más especializada.

A lo que iba. La Casa del Libro ha abierto un establecimiento en la Calle de San Miguel y ayer fui a visitarlo. Tres pisos, amplios y bien organizados. Algunas zonas para sentarse. Una decoración despejada y luminosa. Se acerca a lo que me gustaría. No llega. Pero se acerca. Para inaugurarla me compré… un libro, claro está. África de Sebastião Salgado. Un libro de fotografías, que presenta una calidad impresionante sobre en la reproducción de las imágenes. Publicado por Taschen, tiene un precio razonable para la calidad que ofrece, como es propio de la editorial. Eso sí. Es grande, todavía no sé en que estante lo voy a poner.

La foto de hoy está recién salida del horno. Tomada esta mañana en la Plaza de Santa Marta. En un paseo que me he dado aprovechando que el día, aunque frío estaba sereno y con buena luz.

Canon EOS 10D
EF 70-210/3,5-4,5 USM
Focal: 70mm
ISO 400
Exposición: f/5,6 – 1/250s

Ha muerto Oscar Peterson

arte música y literatura, Fotografía personal

Escuchando la radio hace poco, el locutor y conductor del programa sostenía que el jazz, tal y como se conocía clásicamente se podía estar acabando. Poco a poco desaparecen una serie de intérpretes y compositores clásicos. Puede ser. Me gusta esta forma musical, pero no me considero ni mucho menos un entendido. Pero ciertamente parece que van desapareciendo algunos de los clásicos del género.

Ayer me enteré del fallecimiento de Oscar Peterson. Probablemente, no se trata uno de los más grandes de la época. No obstante, con un estilo a caballo entre el swing y el bebop, siendo este último uno de mis estilos favoritos, a mi me gusta. Me parece que produce un ritmo más optimista que otros de su época. Mi disco favorito, y el que tengo y escucho con cierta frecuencia, es Night Train. Vaya mi recuerdo y homenaje desde esta entrada.

La imagen de hoy pertenece a mi álbum sobre el Torneo de Tenis “Conchita Martínez” del que os hablé hace unos días. Con más retraso del que pensaba, he terminado el revelado de las mejores fotos. Difícil el revelado cuando predominan las luces artificiales con dominantes de color insospechadas. He optado por un look más bien frío, para evitar que las caras me salgan demasiado verdosas.

Anabel Medina intenta consolar a un niño pequeñito que se pone a llorar en el momento en el que le corresponde servir, saltando la valla publicitaria mientras grita “No llores, no llores, por favor”.

Canon EOS 10D
EF 200/2,8L USM
ISO 800
Exposición: f/2,8 – 1/50s

Aquella Eurovisión (y 8): Después de Betty Missiego, no recuerdo nada… absolutamente nada

arte música y literatura, sociedad, Televisión

Artículos previos de esta serie:

Cuando llegamos al año 1979, yo estaba en plena adolescencia, y por lo tanto había desarrollados un total y absoluto desprecio hacia lo que suponía el Festival de Eurovisión. En pleno desarrollo de mis propios gustos musicales, con el bullicio de alternativas que permitían los revueltos años de la transición, donde no sólo cualquier adolescente sino todo el país andaba a la búsqueda de nuevas formas y estéticas para superar la casposidad de los años de Paquito Chocolatero, era obvio que el eurofestival no era un referente válido para buscar propuestas. Como mucho, para echar unas risas ridiculizando lo que por allí pasaba. Aun resonaban en 1979 los numerosos chistes generados por el “abanibí aboebé, abanibí aboebé dabotapá” ganador el año anterior.

En dicho año, sin embargo, sucedió el último éxito relativo que recuerdo de España en el festiva. No sé si después ha habido otros. Simplemente, este evento desapareció de mi vida. Se trató del segundo puesto conseguido por la cantante de origen peruano pero nacionalizada española, Betty Missiego. Con una canción de estructura sencilla y ritmo facilón, pero razonablemente elegante, como también lo era la cantante, destinada casi al público infantil, estuvo a punto de ganar el certamen. Llegó a la última ronda de votaciones liderando la clasificación. El último país en votar era España, que no podía votar a su representante… y va y otorga la máxima puntuación a los segundos clasificados hasta el momento… que ganaron. La sensación global es que como nación eramos una panda de gilipollas… razón de más para olvidarse del evento para siempre jamás.

En fin, pondremos el vídeo de la actuación para recordarla:

Después, para mí, como ya he dicho, esta historia dejó de existir por completo. Es obvio que musicalmente nada aportaba ni aporta. Pero la época de las “chicas yeyé” que es la que he repasado por coincidir con mi ignorante e inocente infancia, nos alegró un poco la existencia en un país que no dejo de recordar en “blanco y negro”. Como si el color no se hubiese inventado hasta más tarde… y no me refiero necesariamente a los aparatos de televisión.

Hoy en día hay más color en las calles. Como para el Carnaval Infantil en Zaragoza, este mismo año. No teníamos estas cosas en nuestra infancia, no.

Canon EOS D60
EF 24-105/4L IS USM
Focal: 105mm
ISO 200
Exposición: f/4 – 1/1600s

Y Peter decidió acompañar a Deborah…

arte música y literatura, Cine

Y Peter es Peter Viertel, escritor y guionista, casado con una de mis actores favoritas, Deborah Kerr, que murió apenas 3 semanas antes que su marido. Ya mayores los dos. Siempre se ha dicho que las gentes del cine nunca mueren solos. Siempre se buscan compañía para la última función. En este caso,… ya ven.

No fue un guionista tremendamente prolífico, pero en su trayectoria destacan títulos tan significativos como Sabotaje (Alfred Hitchcock), La Reina de Africa (John Huston) o El viejo y el mar (John Sturges). También escribió libros de ficción como Cazador blanco, corazón negro, adaptada luego al cine bajo la dirección de Clint Eastwood.

De origen alemán, nacido en Dresde, creció no obstante en California, por lo que siempre se consideró norteamericano, llegando a trabajar para los servicios de inteligencia de los EE.UU. durante la II Guerra Mundial en la que se alistó para pelear contra los japoneses y su patria de origen.

En la fotografía de hoy, una imagen de Dresde, la capital sajona donde nació Viertel.

Pentax *ist DS
SMC-DA 21/3,2
ISO 200
Exposición: f/8 – 1/400s

Eurovisión (7): Adios a las chicas yeyé,… llega Mocedades y derivados

arte música y literatura, sociedad, Televisión

Artículos previos de esta serie:

Karina marcó un poco, a pesar de su éxito, el final de la época yeyé. Lógico. En el resto de Europa, esta moda ya estaba de capa caída con anterioridad. Así que el siguiente éxito español llega en 1973 con un estilo totalmente distinto. Representó ese año a nuestro país en el festival celebrado en Luxemburgo, que casualmente también ganó el certamen, el grupo vasco de voces Mocedades. Estos mocetones y mocetonas, capaces de cantar cualquier cosa a 728 voces simultáneas, ofrecieron una canción sencilla y agradable titulada Eres tú. Sorprende que con lo regular que fue cantada en algunos momentos, evidente por los nervios de Amaya, la vocalista, llegase a quedar en segunda posición. Pero bueno,… a saber como lo hicieron los demás. Cosas del directo. En cualquier caso, como siempre, juzguen ustedes:

Yo, todavía era jovencico; 10 añicos de nada. Pero esta historia de los eurofestivales ya me empezaba a sonar entre cursi y repetitiva. Mis recuerdos son mucho menos vivos. Signo indelebre de la decadencia del festival, al menos en mi historia personal. No obstante, quiero todavía comentar que la participación de Mocedades fue con estrambote. Dos años más tarde, en el certamen de 1975, eran Sergio y Estíbaliz, antiguos componentes del grupo los que representaban a España, manteniendo el estilo de los anteriores. Por aquel, entonces a uno ya le iban entrando los picores de la preadolescencia, y encontraba algo atractivo en aquella ñoña vasquita con coletas pero indudablemente guapa, mientras sentía crecer cierto odio hacia su flaco y desgarbado acompañante. En fin, cosas del momento. No pasaron de un modesto 10º puesto… Tal vez si hubieran llevado sólo a la chica, con un “look” un poco menos moñas, y un poco más de marcha… En cualquier caso, también disponemos del documento videosonoro:

En la imagen de hoy, continúo revisitando mi reciente viaje a Berlín; en concreto, el llamativo memorial del Holocausto.

Pentax *ist DS
SMC-A 100/4 Macro
ISO 200
Exposición: f/5,6 – 1/250s

Aquella Eurovisión (6b): Enamorado de las Koivisto Sisters

arte música y literatura, sociedad, Televisión

Artículos previos de esta serie:

La semana pasada comentaba el buen resultado de Karina en la edición de 1971. Con posterioridad, me ha llegado la actuación de los representantes de Finlandia, Markku Aro y las Koivisto Sisters. La canción se titulaba Tie UUteen Päivään. Bueno… es lo de menos. Las pintas del pollo son curiosas de por sí. Pero yo he quedado enamorado de las Koivisto Sisters, gemelas rubísimas, con una coreografia que ya la querría para sí el Bolshoi. En fin, vedlo vosotros mismos.

La fotografía de hoy, como no hay más remedio, corresponde a mis andanzas de este verano por Finlandia. Una de esas rubias que deambulaban alegremente por Turku.

Panasonic DMC-LX2
Focal: 19,2mm
ISO 100
Exposición: f/8 – 1/160s
(Recorte del original)

Berlin, 1945

arte música y literatura

Durante años tuve la costumbre de que cuando salía de viaje en vacaciones, me llevaba siempre como lectura un libro que tuviese una relación directa o indirecta con el lugar a visitar. En los últimos años, esta costumbre había empezado a tener irregularidades, pero en mi reciente visita a Berlín, decidí retomar el hábito. La lectura elegida fue un libro que encontré hace unos meses en la FNAC y que todavía no había encontrado ocasión para empezar y leer de forma continuada. Se trata de Berlín, 1945 de Pierre Frei; en el original en alemán, el título es Onkel Toms Hutte, Berlin, literalmente, La cabaña del tío Tom, Berlín.

El libro trata de la resolución de una serie de crímenes cometidos sobre mujeres guapas y rubias, inmediatamente tras el final de la II Guerra Mundial, en el Berlín destrozado por los bombardeos y la invasión soviética. La acción sucede dentro del sector de ocupación norteamericano en la capital alemana, en los alrededores de la parada de metro (U-bahn) Onkel Toms Hutte. Me parece curioso que los nazis mantuvieran el nombre de una parada de metro dedicada a una novela contra el racismo.

La investigación de los crímenes no está mal, tiene su interés, aunque para su resolución el autor recurre de alguna forma a un Deus ex machina. Hablando en cristiano, se saca el criminal un poco de la manga. También tienen interés algunas historias paralelas de los personajes que rodean el entorno. Pero lo realmente original, lo que da un real interés a la novela, lo que me mantuvo enganchado es que la acción se ve interrumpida por largos flash-backs en los que se nos cuenta la vida de las mujeres asesinadas durante la época de la dictadura nazi y la guerra.

La vida de estas mujeres, diversas, nos ofrece un retrato panorámico de una sociedad con profundas contradicciones, con profundos problemas y que presentó grandes retos a sus habitantes, hasta la catástrofe final. Las mujeres son diversas. Tenemos una noble prusiana y una prostituta de los estratos más pobres de la sociedad. Una enfermera y una vendedora de libros o una actriz de éxito. En resumen, un recorrido por todos los estratos sociales. Y por supuesto, con una visión de simpatía y de solidaridad con esas mujeres que tanto sufrieron ante las aberrantes acciones de los hombres que las rodearon.

En resumen, una novela interesante de leer aunque tenga sus debilidades. A mí me enganchó, y a pesar de su extensión. No me duró más allá de los cinco días de viaje.

En la imagen de hoy, la Puerta de Brandemburgo, testigo de muchas de atrocidades similares a las narradas en el libro que recomiendo hoy.

Pentax *ist DS
SMC-DA 21/3,2
ISO 200
Exposición: f/8 – 1/500s

Aquella Eurovisión (6): Por fin una auténtica chica yeyé "made in Spain"

arte música y literatura, sociedad, Televisión

Tras una semana de vacaciones volvemos a la eurovisiva carga. Artículos previos de esta serie:

Pues sí. En 1971, España lleva a una auténtica chica yeyé al festival, a su chica yeyé por excelencia. La jienense María Isabel Llaudés, más conocida como Karina, representó en la capital irlandesa a nuestro país con la canción En un mundo nuevo. Y no quedó nada mal. Obtuvo el segundo puesto con una canción alegre, pegadiza, muy festivalera, y que quedaba relativamente elegante si no fuera por algunos arreglos muy de charanga que ya habían contaminado otros éxitos de la cantante (no hay más que escuchar el impresentable arreglo instrumental de Aires de fiesta).

Veamos la interpretación de la “rubia” andaluza.

Lamentable el paparabapapapá del final, que estropea una canción bastante digna para lo que se llevaba en estos eventos. Y no negaremos que la chica le ponía ganas, a pesar de pronunciar constantemente la uve casi como “ufes”, una vez pasados los nervios iniciales que llevaron a algún titubeo en la entonación de la canción en los primeros versos. Pero a quien no le pasaría semejante cosa.

La cantante fue elegida para representar a España en un programa-concurso de televisión, antecesor de los actuales “operaciones triunfos”, aunque con cantantes ya consagrados. Se llamó Pasaporte a Dublín, y se impuso a figuras como Nino Bravo o Rocío Jurado. Ahí es nada. Si no recuerdo mal, lo echaban los domingos. Y yo lo veía.

Desde mi punto de vista, Karina ha sido injustamente tratada por la historia… y por sí misma. Ejerció un papel necesario dentro de la música pop de la época. No se trataba de buscar grandes músicas ni letras ni nada de esto. Mero entretenimiento. Música romanticona de guateque. Pero sus reapariciones ya madurita poco afortunadas, su deambular por los programas del “higadillo”, la llevaron a una situación de patetismo que hace que se la recuerde más por estas lamentables situaciones que por su papel en la música intrascendente, pero necesaria, en este país.

Para entender mejor lo que era, veamosla, totalmente yeyé ella, en un “vídeo-clip” al estilo de la época con su Romeo y Julieta. Impagable. Y no menos impagable la coreografía del “ballet” acompañante.

En la fotografía de hoy, como no podía ser de otro modo, una vista de la capital irlandesa.

Canon Ixus 400
Focal: 22,2mm
ISO 50
Exposición: f/4,9 – 1/250s

Aquella Eurovisión (5): Mi corazón quedó con unos grandes ojos y una falda cortita

arte música y literatura, sociedad, Televisión

Artículos previos de esta serie:

Una año después del éxito de Massiel, España organiza el festival por primera y última vez. Teniendo en cuenta que sólo lo organizan los ganadores de la edición anterior, todos entenderemos las malas noticias que esto supone. Pero bueno, todo el mundo estaba encantado. Los españolitos un poco menos acomplejados por una Europa que nos despreciaba; el régimen de Paquito Chocolatero, principal responsable del desprecio de Europa, sacando pecho ante las glorias hispanas. Había que echar el resto.

La representante elegida fue Salomé. Particularmente, no tengo recuerdos previos de esta cantante (difícil dada mi corta edad), pero tampoco los tengo posteriores. Para mí sólo existe como protagonista por una noche del festival de Eurovisión. No recuerdo ninguna otra canción suya. Sólo recuerdo aquel Vivo cantando, una pachanguita de letra mínima, repetitiva y machacona, con música festivalera y poco interesante. La interpretación se veía acompañada de unos movimientos espasmódicos por parte de la cantante, cual ataque comicial, que supongo pretendían estar relacionados con la modernidad de la época. Obviamente, visto en la distancia, una representación malísima. Y lo que son las cosas. Ganó. Para mí, incomprensiblemente, pero ganó. En cualquier caso, juzguen ustedes.

A destacar, el vestidito de color azul clarito, verdadero causante de desprendimientos de retina en el resto de Europa, donde ya tenían tele en color. En España, sin embargo, sumidos en una sociedad gris con la tele en blanco y negro, ese color daba un tono blanco más agradable que si el vestido hubiese sido realmente blanco. Menos mal que tenemos grabaciones alemanas para apreciarlo en todo su esplendor.

Si el año anterior se hizo famoso el “trío lalalá”, en esta ocasión, los acompañantes de Salomé eran tres aguerridos varones, los componentes masculinos de Los Valldemosa. Por esto que no quede.

Pero no todo fue perfecto. España ganó, pero… empatada a puntos con los representantes de otros tres países. Y ahí, en esos tres, está la cantante que robó mi corazón de niño. Se trataba de la británíca Lulu con su Boom Bang a Bang, cantante de grandes ojos y falda cortita, que aportaba un poco del estilo del Swinging London, y una picardía travestida de ingenuidad que no se encontraba en el solar ibérico ni aunque los buscaras con lupa y candil. Para mí, siempre será la auténtica ganadora de aquel festival. Y si no, vean y comparen,… con olé incluido al final.

La canción fue tan popular que hasta los Monty Python hicieron una parodia de la misma. También, por algún motivo que desconozco, me he enterado que fue prohibida en la BBC durante la primera Guerra del Golfo. A saber.

A Lulu también le debemos algún papel en el cine. El que más recuerdo fue en la película To Sir, with love, que en España conocimos con el más dramático título de Rebelión en las aulas, donde Sidney Poitier en su papel de profesor enrollado intentaba domar a unos adolescentes británicos de clase baja, entre los cuales se encontraba nuestra cantante que además cantaba el tema central del filme, con el mismo título.

Una película que siempre me gustó.Para hoy (aunque con retraso), una imagen de la londinense Leicester Square con sus caricaturistas a la caza del turista incauto.

Canon EOS D60
EF 28-135/3,5-5,6 IS USM

Aquella Eurovisión (4): Y España gana el festival

arte música y literatura, sociedad, Televisión

Artículos previos de esta serie:

Si las anteriores entradas respondían a recuerdos prestados o diferidos sobre los hechos acontecidos en la que podríamos conocer como “época yeyé” del festival, en la de hoy ya entramos en lo que forma mis recuerdos propios sobre el mismo. Parece mentira que con lo niño que era yo todavía, poco más de 5 años, y lo que ha llovido desde entonces, tenga unos recuerdos relativamente nítidos sobre aquella noche.

Corria el año 1968, y estaban reunidas un par de familias entorno a un viejo televisor de válvulas, sin marca conocida, montado por un técnico de barrio, por supuesto en blanco y negro. Tras el éxito de Sandie Shaw, Gran Bretaña organiza el festival en Londres, y presenta a un peso pesado del pop inglés, Cliff Richards. Estaba previsto que fuese Joan Manuel Serrat quien representanse a la piel de toro, pero exigía cantar en catalán.

¡Para veleidades vernáculas estaba el panorama nacional!

Así que, apenas sin tiempo, María Félix de los Ángeles Santamaría Espinosa, más conocida como Massiel, con 21 añitos y disfrazada de chica yeyé (que para éso es lo que se llevaba en la época), se lanza con potente chorro de voz a vociferar su ya conocido La la la. Que tampoco había que matarse mucho la cabeza con las letras de un festival como éste. Por mucho que los compositores fueran el Dúo Dinámico. Y además así lo entendían todos sin necesidad de cantar en inglés.

Si no conocen o no recuerdan la canción, con ustedes…

La verdad es que la chica no quedaba mal. No es que tuviera mucha pinta de chica yeyé. Aparentaba más bien bajita, y sin estar gorda ni mucho menos, tampoco era la típica sardinilla que se empezaba a llevar en aquellos momentos. Su voz, poderosa y rotunda, tampoco tenía que ver con la suavidad o la alegría de otras cantantes de la época. Personalmente, siempre he creído que lo que mejor se le dio siempre fue cantar las canciones de Luis Eduardo Aute… Lo hacía francamente mejor que el propio Aute, muchas de cuyas canciones siempre me han gustado, aunque el sea un soso, especialmente en el escenario. Con el tiempo, la Massielona derivó hacia la pachanga más horrenda, y nos tuvo castigados durante un tiempo una tal María de los Guardias. Terrorífico. Hasta que finalmente, paso su tiempo y desapareció.

Resultaba notable también el coro de tres mocetas, a las que se les dio por llamar Trío Lalalá, cuyos vestiditos azules no pegaban ni con cola con el carísimo diseño de la cantante. Pero todo hay que ponerlo en perspectiva. Aunque ahora tengamos la oportunidad de ver el vídeo de la actuación en color, entonces se retransmitía en blanco y negro, y esos tonos azules daban un tono claro en la pantalla más agradable que el blanco puro. Seguiremos con esto la próxima semana.

En fin, éxito patrio. Por fin eramos algo o alguien en el festival. Llegaba la edad dorada de España en Eurovisión.

En la fotografía de hoy, una vista del Royal Albert Hall, donde se celebró el festival del año 1968.

Canon EOS D60
EF 28-135 f/3,5-5,6 IS USM
Focal: 28 mm
ISO 100
Exposición: f/8 – 1/640 s

Aquella Eurovisión (3): La marioneta descalza

arte música y literatura, sociedad, Televisión

Artículos previos de esta serie:

Hay que ver lo que dieron de sí las muñecas en aquellos años sesenta el eurofestival. En la edición de 1967, de nuevo gana el festival una canción utilizando muñecas como metáforas de los enamorados, cantada por la británica Sandie Shaw. Se trataba de Puppet on a String, o como se tradujo al castellano, Marionetas en la cuerda. La canción, muy dinámica y pegadiza, hizo furor durante unos años, apareciendo versiones de la misma en muchos idiomas europeos.

Si France Gall era digna representante del estilo yeyé, debemos recordar que Londres en aquellos momentos era la capital mundial de la moda y del arte. El llamado Swinging London estaba a la vanguardia de muchas cosas en el mundo del cine, de la pintura, de la música, de la fotografía o de la moda. Era un fenómeno cultural mucho más profundo, de más calado que los yeyés franceses. En ese entorno, la simpática Sandie Shaw, cantando descalza en los escenarios o en las televisiones, tal vez no era más que una consecuencia más, muy comercial, de aquel ambiente innovador y avanzado.

Así que sin más comentario, con ustedes Sandie Shaw interpretando Puppet on a String.

No he encontrado en Youtube ningún vídeo con una versión íntegra en castellano. Esta tuvo sus variantes. Desde la inicial que decía “Ah, si me quisïeras lo mismo que yo…”, forzando esa diéresis en la i para romper el diptongo y que quedaba horrible, hasta otras más adelante en la que ajustaban la métrica con el adecuado pronombre, resultando “Ah, si tú me quisieras lo mismo que yo…”. Claro, que los hispanos no solemos utilizar los pronombres personales habitualmente. Para eso tenemos una conjugación difícil del copón. En cualquier caso, daba igual. Los singles se vendían bien. Era la moda.

En la fotografía de hoy, como no podía ser de otra forma, una imagen característica del West End londinense, con una de las salidas de la estación de metro de Leicester Square.

Fujifilm Finepix F10
Focal: 8 mm
ISO: 800
Exposición: f/2,8 – 1/60 s.

Aquella Eurovisión (2): Una muñeca de cera y serrín

arte música y literatura, sociedad, Televisión

Artículos previos de esta serie:

En 1965, yo no tenía conciencia todavía de lo que era la Eurovisión, ni sus consecuencias. Demasiado pequeñito. Ni siquiera recuerdo si teníamos ya la televisión, que sí la teníamos desde hacía unos seis meses, en el pequeño piso del barrio de Torrero, del tamaño de un sello de correos más o menos, en el que vivíamos entonces. Uno de aquellos “logros sociales” del régimen de Paquito Chocolatero, con las flechas de los indios en la fachada (nunca mejor denominado esto de “fachada“).

Digo que sí la teníamos, porque a pesar de que no guardo recuerdos de aquel año, la canción ganadora fue una constante en casa durante los años siguientes. Por el motivo que fuese, mi madre se quedó encantada con aquella adolescente sosita francesa que se presentó por Luxemburgo con una canción que se titulaba Poupée de cire, poupée de son. Aunque mi madre, con nulo conocimiento del idioma galo la denominaba “Pupelisín, pupelisón“. Lo que fonéticamente más le sonaba. La cantante se llamaba France Gall, y supuso el avance de la tendencia dominante durante años en el festival. Fue la época de la moda yeyé, que nos llegaba del otro lado de los Pirineos como adaptación burguesa y conservadora de las tendencias musicales más osadas que se daban en el mundo anglosajón.

La cantante, símbolo para la burguesía francesa de una juventud alegre y virginal, tuvo éxito durante un tiempo. Este éxito se vio favorecido en gran medida por su asociación con Serge Gainsbourg, un tipo feo con gran capacidad para ligar con las guapas, y que le preparaba las canciones más adecuadas para conseguir un éxito tras otros. Pero el tío también tenía un punto de travieso, más bien gamberro, por no llamarlo cabroncete… y un par de años más tarde le prepara a la ñoña de France Gall una canción de aspecto infantil, Les sucettes, pero que… bueno ya lo veréis en el vídeo a continuación. Un escándalo en la sociedad francesa del gaullismo pre-68. Qué cosas les pasan a las niñas burguesas… En cualquier caso, supuso el declive de la francesita como chica yeyé.

En la foto de hoy, una vista nocturna de la parisina Catedral de Notre-Dame, en la ciudad de nacimiento de nuestra heroína musical de hoy.

Canon EOS 100
EF 50/1,8
Fujichrome Provia 100
(digitalizada y convertida a blanco y negro)

Exposición no registrada