Fotos en Incheon, Corea del Sur, con Olympus OM-D E-M5. Versión Substack.
Ya llevo algo más de un mes sin Netflix. Y de lo que más veía en los últimos años en esa plataforma, ese placer inconfesable de los fines de semana, eran las series surcoreanas. A veces decentes, e incluso buenas,… pero la mayor parte del tiempo… lo dicho. Placeres inconfesables. Guilty pleasures que dicen los anglófonos. ¿He renunciado a ellas? ¿Tengo alternativas? Qué ha pasado.

Nop. No he renunciado a ellas. Por mucho que critiquemos en ocasiones la calidad de sus guiones, la calidad de sus interpretaciones, el absurdo de sus romances, la afición al lujo y al elitismo, el excesivo y a veces humorístico (sin que lo pretendan) emplazamiento publicitario de productos… pueden ser adictivas. Y luego está otra cosa. De vez en cuando, encuentras series que están bien, o incluso muy bien.
Amazon Prime Video, plataforma a la que estoy suscrito simplemente por la tarifa plana anual para pagar los envíos de las compras, también estrena y emite serie surcoreanas. No tantas, no tan variadas como Netflix… pero siempre hay alguna en danza. Ya, previamente a darme de baja de Netflix, ya había visto unas cuantas. Y ahora son el recurso principal para las sobremesas modorras de los fines de semana.

Por ejemplo, Gyeongdoreul gidarimyeo (경도를 기다리며, Esperando a Gyeongdo), en castellano Tal vez mañana, una dramedia romántica, sobre una pareja de distinta extracción social que parece que están destinados a enamorarse continuamente, a los 20, a los 28 y las treinta y tantos años, pero no a seguir juntos. Interpretaciones decentes, guiones razonables, buena química entre los protagonistas… se puede ver sin considerarla un placer inconfesable, salvo por el emplazamiento de producto llevado al absurdo.
O Gungminsahyeongtupyo (국민사형투표, El voto nacional sobre la pena de muerte), en castellano El voto de la muerte. Una serie que prometía y que tiene buenos momentos, pero que al final se desinfla un tanto. Unos enmascarados misteriosos infectan todos los teléfonos móviles con un programa, y empiezan unas votaciones para decidir que hacer con criminales que han burlado a la justicia. Y al final, asesinan al criminal. Un policía poco ortodoxo con un pasado atrás, una policía de ciberdelitos, y un hombre que asesinó al asesino de su hija, se ponen a buscar a estos enmascarados. Y… al final es un lío de argumento. Las cosas hay que hacerlas más sencillas, y menos melodramáticas.

Ha habido también una tontada de comedia romántica entre una profesora de instituto y el tío y tutor de uno de sus estudiantes, entretenida, de reciente estreno, y una dramedia buenrollista sobre un convicto que sale de la cárcel y acaba ayudando a los voluntarios de un hospital de cuidados paliativos para enfermos terminales. Se pueden ver, son entretenidos, pero sin más. Entre el placer inconfesable y el producto digno… según momentos y episodios. No. No me lo he tragado todo esto de repente. Algunas de estas series, las estrenadas hace tiempo, ya las llevaba siguiendo desde hace meses.
Pero la ironía ha venido de la mano un estreno de Netflix, que he podido ver gracias unos amigos, a pesar de ya no tener Netflix. Nada ilegal, ¿eh? Lady Dua [레이디 두아, la señor Dua], en castellano El arte de parecer Sarah. Una mujer aparece muerta… y parece que es la directora regional de una marca de bolsos de lujo… Parece. Porque luego resulta que es una mujer con varias identidades, que puede no estar muerta, y que puede ser la sospechosa del asesinato. Con un policía y su equipo a la caza. Un drama policial con pretensiones, que empieza muy bien, los primeros episodios llegan a ser casi brillantes, pero que va decayendo poco a poco, porque los guionistas no saben muy bien cómo salir del embrollo que ellos mismos han creado con un mínimo de dignidad. Pero se deja ver a pesar de todo. La protagonista, Shin Hye-sun, lo hace bastante bien. Así que, aun sin Netflix, no me he desecho del todo de las series surcoreanas de Netflix. Qué cosas.

