Viajes – día final, de vuelta de Islandia

Viajes

Durante una semana he estado en modo “solo fotos”, lo que quiere decir es que estoy de viaje, y voy mandando imágenes tomadas con el móvil o con alguna de las cámaras que se conectan con el móvil a través de wifi, y que tras recibir un tratamiento determinado en Snapseed, mando por correo electrónico al Cuaderno de ruta. Bastante directo y rápido.

Ayer fue el último día del viaje, que básicamente consistió en deshacer lo andado hasta el Aeropuerto Internacional de Keflavik desde Smyrlabjörg, 47 km antes de llegar a Höfn yendo desde Reikiavik. En total, 450 kilómetros, que se hicieron alguno más, por algún desvío puntual que tomé, especialmente en la capital islandesa como veréis.

Por el camino, llovió. A ratos, bastante. Pero cuando salió el sol o la luz fue razonable, paré a hacer alguna foto. Por ejemplo, en los glaciares secundarios al Vatnajökull que hay en Skaftafell.

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Skaftafellsjökull

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Skeiđarárjökull

Lo cierto es que la mayor parte del tiempo llovió mucho. En la parada en Vik, que parecía soleado cuando llegué, en pocos minutos, mientras repostaba gasolina, se me cayó el diluvio encima. No hubo más fotos hasta la parada para comer en Hvolsvöllur.

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Desde Hvolsvöllur no se podían dejar de mirar con aprensión las densas nubes que tenía ante mí en el camino.

Tras un paisaje magnífico de campos de lava y actividad geotérmica entre Selfoss y Reikiavik, en el que no pude parar entre la lluvia y las condiciones del tráfico y la carretera para hacer ninguna fotografía, y como iba bien de tiempo, me acerqué al centro de la capital islandesa para hacer unas últimas compras. Regalos para la familia.

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Esculturas en las calles del centro de Reikiavik.

Finalmente, devolví el coche que modesta pero fielmente me había llevado por todo el sur de la isla, y tocaba una larga espera en el aeropuerto… que se iba a hacer todavía más larga de lo planeado porque el avión de Vueling decidió salir de Barcelona para venir a buscarnos con casi tres horas de retraso… Y como me ponen de los nervios la forma que tienen las compañías aéreas de suministrar la información… Y todas son igual… Lo tendrán estudiado que funciona bien para la mayor parte de los viajeros. Pero los que somos raros… que mosqueos pillamos.

En fin, pues de vez en cuando tocaba hacer alguna fotografía.

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Interior de la terminal de pasajeros del Aeropuerto Internacional de Keflavik.

Ayer 30 de junio, el sol se puso en el aeropuerto hacia las doce menos cuarto de la “noche”. Como tienen horario de verano, hay que tener en cuenta que la media noche real, astronómica, será en torno a la una de la madrugada. Quizá la una y media… porque el sol leí que salía hacia las tres y algo de la madrugada.

En cualquier caso, situación ideal para hacer fotos a algunas de las obras de arte que rodean al aeropuerto.

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Arco iris de Ruri; me recuerda al monumento al puente aéreo del antiguo aeropuerto de Tempelhof en Berlín. Pero con mucho más colorido.

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De este huevo gigantesco, parece que sale la lengua de un gran lagarto o dragón, o un extraño pico de un ave. Luego me he enterado que la obra se llama “Jet Nest” y que del huevo sobre las rocas volcánicas se asoma el ala de un reactor comercial, según su autor Magnús Tómasson.

Finalmente, pudimos contemplar la puesta del sol. Sin que corriese una pizca de viento y con la atmósfera muy limpia por la lluvia de todo el día, el sol brillaba con intensidad cuando se puso en la lejanía. Ni de coña por el oeste como nos contaban en la escuela. Eso sólo pasa con cierta precisión dos días al año. De hecho, vimos como se ponía detrás de unas montañas, más que probablemente, por lo que he comprobado en los mapas, de la península de Snæfellsnes, donde se encuentra el volcan Snæfells, famoso por la novela de Julio Verne, “Viaje al centro de la tierra”. Me hubiera gustado acercarme, pero no hubo tiempo ni ocasión dentro del plan de viaje. Para otra ocasión.

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El sol se pone en el horizonte tras los montes de la península de Snæfellsness.

A partir de ahí, sólo quedó esperar pacientemente a que pasaran las cuatro horas que tardó en despegar el avión pasada la medianoche, hora oficial islandesa. Y despedirse de esta bella tierra con la sensación de que igual merece la pena otro viaje… Ya veremos.

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Ya sobre la capa de nubes, volvemos a ver el sol en una posición muy distinta en el fimamento, mientras entre las capas de nubes nos parece ver la masa de hielo del Vatnajökull, aunque por la blancura global es difícil de discernir.

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