[Televisión] Cosas de series; un nuevo paseo por extremo oriente

Televisión

Uno de los aspectos más interesantes que encontré en una plataforma global de vídeo bajo demanda como Netflix era la posibilidad de acceder a programas o series de televisión, o películas, de una diversidad de nacionalidades. Y cuanto más exóticas mejor. Luego, en la práctica, las opciones son bastante más limitadas de lo que parece. Y menos exóticas de los que parece.

La excepción aparente son las producciones de extremo oriente, especialmente Japón, China y Corea del Sur. De estos países hay más títulos disponibles, y son relativamente exóticos. Luego también las cosas se quedan reducidas a menos opciones reales. Porque parece que cada uno de estos países se ha  especializado en algo concreto.

Acompaño la entrada de instantáneas tomadas en Tokio y de camino a Kamakura. En esta ocasión en ese blanco y negro muy contrastado que tanto gusta por allí a ciertos fotógrafos.

De China no llegan series; fundamentalmente largometrajes. Y con un interés limitado.

De Corea del Sur llegan muchas series. Con temas aparentemente variados. En general, copiando los géneros de éxito de las series americanas. Algún drama médico, tienen algo de aventuras y terror, y muuuuuuuuchos dramas románticos cuyo público objetivo son adolescentes o chicas jóvenes. He ido picoteando algo por aquí y por allá, y en general son productos insatisfactorios con alguna excepción que ya comenté. Hoy traigo otra… que más que satisfactoria,… ha sido corta y curiosa.

De Japón, mucha animación para adolescentes, masculinos o femeninos. Que por cierto, de la divertida Nanatsu no taizai (七つの大罪, Los siete pecados capitales) , de la que ya os hablé hace un par de meses, ha habido un adelanto de lo que sea una próxima segunda temporada. Tampoco me agarran mucho… no es fácil encontrar títulos apetecibles para un adulto. Y mucho menos en series con personas reales, la mayor parte dominado por los “doramas” (pronunciación japonesa de “drama”) o las comedias románticas. También fijándose con preferencia en el público juvenil… femenino.

Pero dentro de este panorama de poco interés he visto algunas cosas completas que voy a comentar. Alguna de ellas bastante interesante.

Me animé con un drama romántico coreano, que en castellano han titulado con el largo y complicade título de El día después de la ruptura (He-eo-jin Da-eum-nal), que venía bien valorado por el público (en Neflix, regulín en IMDb) y que sólo dura 8 episodios de unos 30 minutos. Poco cuesta el esfuerzo de verla. Veamos… es básicamente una versión coreana del día de la Marmota (Groundhog Day (Atrapado en el tiempo)), en el que un tipo se despierta todos los días siendo el 4 de octubre. Y es el único que recuerda qué ha pasado en los ciclos anteriores. En general, cada día la caga, todo va mal. Especialmente en lo relacionado en la que ha sido su novia en los últimos siete años. La serie va en ciclos de dos episodios. Es más bien como una serie de cuatro episodios de una hora. Y el interés va en ascenso, desde un inicio flojo, hasta el ciclo de dos episodios en el que nos cuentan la historia desde el punto de vista de la chica, proporcionándonos todas las claves para entender lo que pasa. La protagonista femenina es mucho mejor intérprete y el personaje se hace más interesante que el masculino. El caso es que a esas alturas han liado mucho la trama, y no saben como salir del follón en el que se han metido con el guion, desembocando en una conclusión poco brillante. Fallida después de todo, aunque un “original de Netflix”.

Otra serie breve, que no aparece como “original de Netflix” pero está en esa línea, es una comedia romántica adolescente con tonos dramáticos, basada en una historieta. O manga para los japonofilos puristas. Se trata de Minami Kun no Koibito (Mi pequeño amor). Un niño y una niña, vecinos desde la infancia, crecieron siendo amigos inseparables. Pero al llegar a la adolescencia, los avatares familiares, especialmente los de él, los han separado, aunque ella se siente atraida por el chaval. Entrando en el terreno de la fantasía, tras una tormenta, la chica queda reducida al tamaño de una muñeca de 15 centímetros. Y será Minami quien la tendrá que cuidar y guardar el secreto hasta que encuentren una solución. Dentro de que es un producto para jovencitos, y sobretodo jovencitas, está hecho e interpretado con dignidad, con algún elemento argumental que tiene su interés, aunque no hay una explotación integral de la situación, que da mucho de sí. De hecho, la historieta en la que se basa debe ser mucho más rica en conceptos. Tomémoslo como una curiosidad, que nos permite conocer aspectos de la vida cotidiana de los nipones. Está muy valorada por el público, tanto en Netflix como en IMDb.

Entrando ya en el terreno de los adultos, me ha gustado bastante Hibana – Spark. La serie, en 10 episodios de entre 45 y 60 minutos, sigue la peripecia durante 10 años de un duo de manzai. Estos son duos cómicos, en los que uno de los participantes es el “serio” y el otro es el “destalentado”. Los conocemos jovencitos e inexpertos y los acompañamos en su carrera. En paralelo, uno de ellos entabla amistad con un excéntrico cómico de otro duo de manzai, que le inspira, entablándose una peculiar relación. Aunque me costó entrar en la serie, puesto que las referencias culturales no eran muy asequibles, pronto empiezas a entender el lenguaje universal de la serie, que va planteando muchos temas sobre las relaciones humanas, sobre la despersonalización de la vida moderna, sobre el mundo de los cómicos, sobre la amistad, sobre la creatividad, sobre ser artista aunque modesto,… Los dos episodios finales llegan a tener diversos momentos emotivos, mezclando la comedia y el drama. Es curioso pero el público votante en Netflix la califica bajo mientras que en IMDb está muy bien considerada. Yo creo que es bastante buena. Recomendable, aunque no de fácil digestión, especialmente al principio.

Y terminaré con una serie simpática, Samurai Gourmet, también basada en una historieta, en la que acompañamos en 12 cortos episodios de unos 18 minutos a un señor japonés de 60 años, que tras toda una vida dedicada al trabajo en una empresa, donde ha llegado a ejecutivo, ahora se encuentra jubilado y sin saber muy bien qué hacer o como adaptarse a su vida. Casado con una simpática señora que tiene su vida absolutamente organizada y plena siendo ama de casa pero muy activa, tendrá que salir a conocer al mundo. Y lo hace… comiendo. Comiendo en distintos ambientes y lugares. Y como es un señor tímido y prudente, surge en sus fantasías un samurái que le da el valor para afrontar las dificultades… que normalmente se resuelven por sí mismas. Es muy simpática, como decía, y nos permite conocer las costumbres y el pensamiento de la sociedad japonesa, con sencillez y sin alaracas. Yo me lo he pasado muy bien con ella.

Como veis, algo se puede rascar. Por lo menos para intentar conocer otras culturas y otros mundos. Y salirnos de los caminos mil veces trillados.