[Televisión] Cosas de series: entre demonios y superhéroes del kungfú

Televisión

No ando con mucho tiempo, pero voy a sacar adelante esta entrada televisiva, porque alguna de las series que comento la tengo ya vista desde hace semanas y al final se me va a olvidar. A la espera de terminar la más curiosa y divertida serie de gente con superpoderes que he visto hasta la fecha, una serie de super-antihéroes, y a la que dedicaré un especial, la cosa va de cosas fantasiosas esta semana.

Hace ya muchos tiempos, yo la veía en ocasiones, Buffy the Vampire Slayer inició de alguna forma el género de los adolescentes peleando contra vampiros, demonios y otras gentes de mal vivir del presunto inframundo. Nunca he entendido por qué está tan valorada,… pero marcó una época. Aunque creo que Sarah Michelle Gellar en estos momentos debe de estar desaparecido en combate o algo así… Da la impresión de que nunca volvió a hacer nada interesante.

Preparando estos días una charla sobre películas negativas en blanco y negro, he estado un buen rato de la tarde seleccionando fotos demostrativas.

Hace unos meses, tirando de Netflix vi la primera temporada de Shadowhunters, que llevaba el asunto de los cazadores de diablos a un extremo presuntuoso y superpijo. Y malísimo. Probablemente, una de las peores series que he visto nunca. Y sin embargo vi su primera temporada de forma integral. Pensaba que se podía convertir en una especie de guilty pleasure. No preocuparse, llegó la segunda temporada, y ya en su primer episodio me entraron escalofríos y náuseas de lo mala que es… y nunca más. Pero curiósamente, en estas estaba cuando me encuentro con Crazyhead, un serie original de Netflix también, británica, cuya primera temporada tiene sólo seis episodios, y en las que encontramos a dos jóvenes inglesas de muy poquito más de 20 años, que también van cazademonios. Pero en lugar de tomárselo totalmente en serio, empiezan a mezclar la aventura de acción con la comedia, a veces humor negro, otras rozando la parodia, y sobretodo con un sentido mucho más adulto y borde del asunto. Yo me lo he pasado muy bien. Y como es una temporada muy cortita, no te cansa nada. A mí me ha reconciliado con el género. O me ha hecho entender que de cualquier tema se puede hacer un producto mínimamente inteligente y entretenido.

Pero lo más serio de las últimas semanas ha sido la llegada del cuarto superhéroe de Marvel a Netflix. La cosa va a desembocar en otra serie en la que salen los cuatro juntos. De momento, el nexo común, además de que todo sucede en el mismo universo, es la enfermera Claire Temple (Rosario Dawson). Que por cierto, ha empezado a dar sus primeros bofetones a diestro y siniestro. Aunque su papel sea la de poner un poco de sentido de común en el asunto. El superhéroe de turno es Iron Fist, el puño de hierro. Sinceramente, tengo dos problemas con esta serie, que no está mal hecha, ya aviso. La primera es que toda la cosa esta de las artes marciales y del kung fú me parece siempre una superchorrada. Si encima se inventan una especie de Shangri-La, parece que andamos un poco justos de inventiva, ya la líamos más. Y si encima el superhéroe es un canelo de marca mayor… pues acabáramos. A mí, todas estas danzas que hacen los de las artes marciales en las que se concentran mucho y dicen cosas muy profundas, es decir, mayormente sin sentido ninguno, me provocan la risa floja. Lo único positivo del asunto es que la chica, Colleen Wing (Jessica Henwick), es muy mona. Que me he enterado que es una de las “Serpientes de la Arena” de Game of Thrones, y una de las pilotos de Alas X del episodio VII de Star Wars. Por lo demás, serie prescindible salvo que seas muy muy muy fan del universo Marvel. Muy muy muy muy por debajo de mi superheroína borracha favorita, muy muy por debajo del mamporrero ciego, y por debajo del afroamericano indestructible. Dicho lo cual, probablemente uno de los principales problemas de la serie es la carencia de un malo en condiciones.