[Música] Pon un instrumento, al menos, en tu vida

Música

En casa, durante mi infancia, había una armónica. Que se estropeó. No sé de donde vino. Mis padres no la usaron nunca. Quizá de mi abuelo materno. Era grandota. Hohner. Todas las armónicas eran Hohner en aquel entonces, o así me lo parecía. Era de las llamadas armónicas de trémolo, que eran las que más se veían en aquel entonces en mi entorno. El caso es que, siendo niño todavía, empecé a jugar con ella… y se estropeó. Luego, en la adolescencia, me compré otra armónica, Hohner, claro, modelo “Preciosa”, también de trémolo, con la que me entretenía “sacando” melodías. Aunque su limitación a la escala de Do Mayor y a tres escalas de las que sólo una, la central, estaba completa, hacía que se notarán más todavía mis propias y muchas limitaciones.

A los 10 años tuve mi primer instrumento musical. Una flauta dulce, soprano, afinada en Do. También Hohner, de plástico. Como todos los niños de la clase teníamos una para la clase de música, era una flauta de “clase media”. La clase alta eran las Hohner con embocadura de plástico y cuerpo de madera. La clase media eran las Hohner de plástico. La clase baja, eran unas armónicas baratuchas de plástico, de una marca que no recuerdo. Como no se me daba mal, yo era de los que tocaban las segundas voces en las canciones que aprendíamos. Pero una vez que terminó el curso, 5º de EGB, avancé poco más. Aunque durante muchos años la sacaba de vez en cuando e intentaba reproducir alguna melodía. Pero sin una guía adecuada que mejorara mi técnica, nunca pude avanzar mucho. Me costaba mucho hacer sonar de forma adecuada las notas de la segunda octava de las dos que permitía el instrumento.

En aquel 5º de EGB, como aquello de la música me llamaba la atención, en casa aceptaron comprarme una guitarra y apuntarme a la rondalla del colegio. Y así tuve mi guitarra, una clásica con cuerdas de nailon. Estuve en la rondalla hasta 8º de EGB. Y luego, la usé mucho tiempo durante mis tiempos de animador de tiempo libre para acompañar las canciones en las excursiones, las acampados, los campamentos de verano y esas cosas. A mí, cuando tenía 12 o 13 años, me hubiera gustado ira al conservatorio o a una academia para aprenderla de verdad. Pero nunca hubo posibilidades. Fundamentalmente económicas. Y me quedé con las ganas. No pasé de usarla como acompañamiento. Aprendí los principales acordes con cuerdas al aire, y también usé unos cuantos con cejilla de dedo, pero no fui más allá. La conservé durante tiempo y durante años tras aquella etapa la sacaba y trasteaba un rato. Pero nunca me puse en serio a progresar más. Tanto la guitarra como la flauta dulce ya están en posesión de mi sobrino. La armónica “Preciosa” de Hohner seguirá por casa. La caja lo está. Pero vacía. A saber en qué rincón de la casa estará. Algún día aparecerá. Donde menos me lo espere.

Hace unas semanas escuchaba a una buena amiga sus primeros y entusiastas intentos por obtener melodías de un piano. De los electrónicos. Pero un piano. Edad similar a la mía. Y ha comenzado recientemente. El caso es que llevaba un tiempo con un runrún en la cabeza… que se manifestaba en que con frecuencia veía, y veo, vídeos sobre música, diversos, en Youtube. Y por supuesto, no pocos de ellos, de guitarra. Pero también de otras cosas. El caso es que esto me dio un empujón y empecé a considerar la posibilidad de volver a tener un instrumento en casa, y dedicarle tiempo a hacerlo bien. O al menos, lo mejor posible.

Estoy vago para una serie de cosas. Y una guitarra, en sus tamaños habituales, clásica o acústica, no deja de ser un talabarte, que puede dar pereza cuando estás relajado en casa sacar, afinar y ponerte a practicar. Lo cierto es que hay empecé un proceso muy curioso. Empecé a mirar ukeleles. Al fin y al cabo,… dejando de lado que el sonido es distinto al de la guitarra por el pequeño tamaño de su caja, no deja de ser un guitarra requinto con solo cuatro cuerdas, de la prima a la cuarta. Pero he dicho “requinto”, que es el nombre que se suele dar a instrumentos similares a la guitarra, más pequeños, y con una afinación equivalente a si en la guitarra colocáramos una cejilla en el quinto traste. Así, la prima, en lugar de ser un Mi natural, es un La. Y la cuarta, en lugar de un Re, es un Sol. Hay algún otro detalle, que por ahora ignoraré. Las posiciones de los dedos para los acordes son similares, descontando que no hay que usar dedos para una quinta y una sexta cuerdas inexistentes. Con cuerdas de nailon… que siempre son menos dolorosas que las metálicas, la cosa no podía ser muy compleja. Y empecé a mirar. Por cierto, al ukelele se le atribuye un origen hawaiano. Pero a aquellas islas lo llevaron los portugueses. Porque en la península ibérica siempre ha habido instrumentos similares. En Aragón, sin ir más lejos, las rondallas de jota podían llevar, además de guitarras, laúdes y bandurrias, algún guitarrico, de cuatro o cinco cuerdas, que es algo muy muy muy semejante a un ukelele.

Ya casi estaba convencido en comprar un ukelele tenor, que son los más grandes con la afinación que he mencionado, cuando descubrí que había alguno fabricantes de guitarra que fabrican lo que llaman “guitaleles”. Y estas sí que no dejan de ser requintos de seis cuerdas con una caja del tamaño de un ukelele tenor o barítono. Con cuerdas de nailon. Y eso me convenció más. Supe que una tienda en Zaragoza las vendía y fui a ver si tenía algún ejemplar. Y tenían… y estuve un rato trasteando. A pesar de los años, me acordaba más de lo que pensaba, aunque no estuviera entrenado para pisar correctamente las cuerdas y sacar el mejor sonido. La gente de la tienda me recomendó que mirará en casa en su página web más opciones, y así lo hice. Y entonces descubrí que vendían una guitarra de viaje, la SX TG1, que con un cuerpo algo mayor que el “guitalele”, y con un mástil más largo, se afinaba y tocaba como una guitarra de toda la vida. Eso sí, acústica, con cuerdas de metal. A las que aún estoy menos acostumbrado. Pero con un precio razonable, más cara que las otras opciones que había contemplado, eso sí, parecía algo que me podría convenir. Comprobé por la red de redes que el instrumento era serio, y me decidí. Y ya me he puesto a “reaprender” a tocar la guitarra. Ya digo que me acuerdo más de lo que pensaba. Pero me cuesta usar las cuerdas de metal y un mástil más estrecho y con menos espacio para mis dedos que las guitarras clásicas. Pero poco a poco.

Y ya puestos, he vuelto a comprar una armónica, una Suzuki Hammond, muy majeta, una armónica de blues, afinada en Do como la que ya tenía, pero que al contrario que aquella permite forzar las notas y conseguir semitonos entre ella a pesar de no ser cromática sino diatónica. Eso sí… tendré que practicar también bastante para sacarle jugo. Poco a poco, como decía. He vuelto a introducir la música en mi hogar,… y espero disfrutar con ello. Por cierto que hay muchas ayudas en internet para un autoaprendizaje, como esta (de pago) y esta (gratis) para guitarra. Y otras para armónica, que todavía no he analizado.