Las series de fotografías que ilustran esta entradas de este Cuaderno de ruta pueden verse, comentadas, en Carlos en plata. Agfa Synchro Box con Ilford Pan F Plus en revelado desatendido con Kodak HC-110.
Una pequeña ronda de recomendaciones fotográficas con cosas que he encontrado esta semana. Como podréis comprobar, esta sección, antaño fija los domingos, se ha convertido en algo más esporádico. Pero siempre que tenga un grupo de posibles recomendaciones que me apetezca compartir, aquí volverá.
Me llamó la atención un artículo en el blog de noticias de Magnum Photos. Agencia fotográfica prestigiosa, que siempre ha presumido de independiente y comprometida, gestionada por fotógrafos para fotógrafos, aunque no cualquiera puede apuntarse a la misma, presume de haber denunciado las calamidades del mundo y sido testimonio de las injusticias sociales. Pero supongo que son tiempos complejos, y no siempre, por mucho prestigio que tengas, las financias navegan a tu favor. Por ello hace «creative commisions«,… «encargos creativos» que no dejan de ser participaciones publicitarias con marcas de prestigio. Como la de hace unos días con el conocido champaña Veuve Clicquot. El que piden los «refugiados» más prestigiosos en Rick’s Café Americain en Casablanca. Los «refugiados» de entonces sí que tenían estilo, no como los depauperados de hoy en día. El caso es que las fotografías, obras de varios fotógrafos de la agencia en 2023, y en la que los tonos cálidos, dorados, de la luz solar tienen una predominancia, me gustaron mucho. Y por eso, traigo esta historia, que no deja de tener su punto de crítica ante la invasión publicitaria de todos los ámbitos de la creatividad y la comunicación.


Por diversas circunstancias, tanto familiares como profesionales, yo he visitado en innumerables ocasiones algún que otro hospital psiquiátrico. Desde mi infancia hasta los tiempos recientes. Bueno… últimamente, trabajo de vez en cuando con algún profesional de estos centros sanitarios, pero hace bastante que no pongo el pie en uno de ellos, a pesar de trabajar a unos cientos de metros de los límites de uno de ellos. La mayor parte de la población no sabe qué pasa dentro de estos centros. No sabe cómo son realmente sus pacientes. O sus profesionales. Tiene ideas preconcebidas sobre lo que pasa entre sus paredes. Y muchas de estas ideas preconcebidas proceden del cine americano. Y no son precisamente nada representativas de la realidad. Al menos de la realidad española. No pasan cosas tan tétricas. No son prisiones, ni centro de tortura como algunos imaginan, estúpidamente. Pero sí que tienen su punto de tristeza, como cualquier hospital, se dedique a lo que se dedique, cuando estamos trabajando con enfermos crónicos. Es la fragilidad y la finitud de la persona como ser vivo,… como ser pensante, como ser con una personalidad diferenciada,… tenga la enfermedad que tenga, del cerebro, del hígado, de las articulaciones o de donde sea. Nuestro destino lo marca, pienso desde hace tiempo, el segunda ley de la termodinámica. En Oldskull, hace unos días, se publicaban las fotografías que realizó en 1930 el fotógrafo Alfred Eisenstaedt para la revista Life, en un hospital pisquiátrico de Nueva York. Un momento en el que la atención a estos enfermos era nefasta, por los escasos recursos, los prejuicios y la falta de conocimiento científico. Ahora, las cosas no son así. Pero las fotos están muy bien. Y las cosas… pueden volver así. Ustedes sigan votando como votan en las elecciones y ya lo comprobarán. Que no les toque.
Veía hace unos días un vídeo en Youtube sobre la fotógrafa japonesa Hiromix. Me pareció muy interesante. Os lo pongo aquí.
Hiromix, nacida Hiromi Tosikawa en 1976, sorprendió a mediados de los años 90, cuando era apenas una adolescente de 19 años, por su trabajo sobre la vida diaria de las chicas de diecisiete años. Un tema que luego se ha trillado mucho por fotógrafos adultos, en aquellos momentos suponía una mirada directa y desde dentro de lo que era ser una adolescente del Japón posterior a la burbuja financiera del País del Sol Naciente. En Japón, desde los años 70, había una generación muy potente de fotógrafos, que habían roto con muchas convenciones de la práctica fotográfica documental y artística, pero con una escasa presencia de mujeres entre sus filas. Hiromix rompió en gran medida esta situación y dio inicio a un impulso de las fotógrafas, chicas, mujeres, en la escena fotográfica nipona. Con una visión propia. Con unos temas propios. En mis recomendaciones fotográficas aparecen con frecuencia. Sin embargo, hoy en día, aparece poco con trabajo reciente. No he encontrado mucho.
Y la última recomendación de este domingo viene de una revista de fotografía de naturaleza en formato electrónico a la que estoy suscrito, Wild Eye. Se trata de un reportaje sobre la obra del fotógrafo ruso Sergey Gorshkov, que uriliza cámaras trampas para fotografiar a los grandes felinos del Asia Oriental, el tigre siberiano y el leopardo del Amur. Al borde de la extinción hasta hace unos años, hoy en día todavía no están fuera de peligro, el leopardo en peor situación que el tigre, su ámbito se encuentra en en el noreste de China, sudeste de Rusia y, antaño, la península de Corea. Ese rincón del mundo tan complejo, donde pasaban las cosas que nos contaba Kurosawa en Dersu Uzala. Probablemente no podáis acceder al artículo en Wild Eye Magazine, porque está reservado a suscriptores. Pero la cuenta en Instagram de Gorshkov presenta muchas de las fotos del artículo. Y esto es todo por hoy.


