Las series de fotografías que ilustran esta entradas de este Cuaderno de ruta pueden verse, comentadas, en Carlos en plata. Paseo por Zaragoza con Fujifilm GFX 50R y un objetivo Canon EF adaptado.
Como ando muy liado con una diversidad de cuestiones, no tengo mucho margen ni tiempo para recoger posibles recomendaciones fotográficas en los últimos tiempos. Pero esta semana me han surgido por ahí un par de ellas tan evidentes que no he podido dejar de marcarlas y, ya puestos, traerlas a estas páginas, aunque sea brevemente.

No hace mucho que mencionaba en estas páginas el obituario del británico Martin Parr, un fotógrafo que lanzó su crítica mirada sobre el ser humano corriente, pero sin deshumanizar nunca a las personas. Crítica sí, destruir no. Una de sus series más antiguas, y para muchos un trabajo seminal, que ha sido reeditado varias veces, son The Non-Conformists. O, en castellano, Los inconformistas. Traigo la recomendación a partir de un artículo en PhotoBook Journal. Como digo, es uno de sus trabajos tempranos. Si estamos acostumbrados al vibrante color y a las ampliaciones de un tamaño respetable de las fotografías de Parr, en esta serie, al contrario, trabajó con blanco y negro, y con pequeñas copias de tamaño postal, para reflejar la vida de los habitantes de una pequeña población inglesa, donde Parr y su esposa vivieron durante unos años, al norte de Inglaterra. En Yorkshire. El nombre bien de alguna de las denominaciones religiosas del lugar, los metodistas inconformistas, protestantes que no estaban conformes con las reglas de uniformidad establecidas para el anglicanismo oficial del país. Las fotografías recogen la vida cotidiana del lugar, con costumbres y hábitos que se encontraban en retroceso o desapareciendo allá por mediados de la década de los años 70 del siglo XX. Un trabajo que ya conocía, pero que cada vez me parece más interesante.
En Another Magazine han echado un vistazo a la obra de Don McCullin. McCullin, reportero que practicó fundamentalmente la fotografía documental, es recordado especialmente por haber cubierto unos cuantos conflictos bélicos del siglo XX, con una mirada muy humana hacia quienes se vieron involucrados en ellos. Algunas de sus fotografías son de ellas que se llama habitualmente como «icónicas», de las que muchos reconocen y han visto, pero no saben quien las hizo. Pero también dedicó tiempo y esfuerzo a otras disciplinas como la naturaleza muerta, el paisaje o la fotografía de viaje. Y en lo que he podido ir viendo, son fotografías excelentes que merecen la consideración del aficionado a la fotografía. Incluso se me ha pasado por la cabeza la posibilidad de adquirir un libro dedicado a esta vertiente de la obra de McCullin. Don McCullin todavía nos acompaña sobre la faz del planeta, aunque ya es nonagenario. Una anécdota curiosa es que, aunque luego ha sido un fotógrafo reconocido y respetado, cuando sirvió en la fuerza aérea británica no ejerció de fotógrafo porque no pasó un examen teórico escrito. Y se conformó con trabajar en ese periodo en un laboratorio de revelado de esa rama de las fuerzas armadas británicas. A saber que «tontás» preguntaban. Ups… acabo de ver que lo de comprar el libro va a ser que no. Viene en un cofre de tres libros distintos, y el cofre cuesta 1250 libras esterlinas. Un pastón. Quizá encuentre otras alternativas.

