Letters from Iwo Jima (2006)

Cine

Letters from Iwo Jima (2006), 19 de febrero de 2007.

Se ha planteado la combinación de esta película junto con Banderas de nuestros padres, como un díptico que muestra la visión del director, Clint Eastwood, sobre este impresionante hecho bélico que fue la Batalla de Iwo Jima. Tras ver los dos filmes, mi opinión es distinta. En este momento, creo que la primera película, que por sí sola es absolutamente prescindible, fue la causa desencadenante que permitió la creación de la segunda, que por sí sola es absolutamente imprescindible.

Desde mi punto de vista, estamos ante una de las películas bélicas más importantes de la historia del cine. El planteamiento es sumamente valiente. Un director norteamericano, relativamente conservador, decide meterse en la cabeza y en las entrañas del enemigo y exponer sin maniqueismos ni excesivos apriorismos las razones y los sentimientos de esos japoneses tan odiados en su momento, como despreciados o temidos en otros. No estamos ante una película que narra hechos bélicos, que están presentes como un transfondo condicionante y necesario para conocer a una serie de personajes más o menos reales, que arrastran (y arrostran) unos profundos condicionantes históricos y culturales, pero que sufren y sienten de forma muy similar a como lo harían si hubiesen nacido en cualquier otra parte del globo.

Dos son los protagonistas del filme.

Por una lado, la cabeza de la división japonesa en defensa del triste y sulfuroso islote, el teniente general Tadamichi Kuribayashi, excelentemente interpretado por Ken Watanabe. Su discurso no es muy distinto del de muchos generales de todos el mundo. Estan ahí para defender a la patria (la maldita y eterna «patria»), al emperador, el honor y la familia. Valores conservadores que han servido de excusa secular para las más tremendas carnicerías y desmanes. Sin embargo, se presenta como un hombre mesurado, respetuoso con sus hombres, amante de su familia, absolutamente convencido de que esa guerra no debería haber comenzado nunca.

Por otro lado, el soldado más modesto y calamitoso del contingente nipón, Saigo, no menos excelentemente interpretado por Kazunari Ninomiya. Torpe con las armas, incapaz de comprender la mayor parte de las cosas que le rodean, sólo sabe que es un simple panadero, a quien le gustaría seguir al frente de su panadería, con su esposa y su hija, bebé a quien no conoce.

Alrededor, una serie de personajes, diversos, unos buenos, otros malos, otros ni buenos ni malos, que responden de forma distinta a situaciones similares o diversas. Simplemente gente, y una descripción de cómo reaccionaron a una situación imposible. Apenas 21.000 hombres abandonados a su suerte por el Imperio del Japón, aun a sabiendas de la imposibilidad de la victoria, y con la orden de morir antes de reconocerse derrotados. Todo se mezcla, y es difícil de separar. Heroísmo, generosidad, crueldad, fanatismo, sacrificio por el otro, sacrificio por nada.

La parte norteamericana aparece poco, y también aparece ambivalente, no hay buenos ni malos en este negocio.

Técnicamente, la película es casi perfecta, pese a la dificultad de tener como escenario casi continuo unas claustrofóbicas cuevas. La fotografía, con colores muy poco saturados, casi monocromos, pero cálida, acompaña perfectamente la ambientación del filme. El metraje es un poco largo, pero no te cansas, aunque si que te sientes aliviado cuando el desenlace llega.

Evidentemente, en materia de dirección, y a pesar del poco interés que suscitó la predecesora de este filme, Eastwood es un de los referentes actuales en materia de autoría cinematográfica, y así se pone de manifiesto año tras año. A esta película yo le pongo un nueve, con idéntica nota en dirección e interpretación, ya que son muy poquitas las cosas que la alejan de la perfección.

La única nota lamentable de esta experiencia cinematográfica fue la nota expuesta por la sala de cine (el Cinema Elíseos de Zaragoza), lamentándose de tener que exhibir el largometraje en versión original subtitulada por «exigencias del director». Qué pena esta actitud, cuando uno de los atractivos del filme, motivo de publicidad positiva, tendría que ser la oportunidad de escuchar y sentir a los actores y a sus personajes tal cual, sin la adulteración del doblaje. O que pena de país, si somos tan paletos y papanatas que todavía somos incapaces de admitir nada que no esté hablado, aunque de forma falsa, en nuestro idioma materno.

Amanecer cerca de Almudévar, Huesca, preludio del Sol Naciente, emblema del Imperio del Japón

Juegos secretos (2006)

Cine

Juegos secretos (Little Children, 2006), 12 de febrero de 2006

Una vez más, con este filme de Todd Field, a quien ya pudimos admirar en la triste En la habitación, el peligroso psicópata que traduce los títulos de las películas extranjeras al castellano ha vuelto a hacer de las suyas. El título en inglés, que traducido sería Niños pequeños, tiene todo su sentido tanto por la presencia de estos diminutos seres como personajes de esta adaptación de la novela del mismo título escrita por Tom Perrotta, como por su valor como metáfora de los sentimientos y de los comportamientos de los personajes adultos de esta obra de ficción. Supongo que la distribuidora habrá pensado que vale más dar una falsa sensación sobre el contenido real de la película, un drama, y hacer creer que estamos ante una película de alto contenido erótico. Lo cual no es cierto a pesar de las escenas de sexo explícito entre sus protagonistas. Para qué vender una posible calidad cinematográfica si puedes vender carnaza.

Situada la acción en el ficticio (creo) condado de East Wyndam, Massachussets, en lo que pretende ser el corazón de la civilizada, rica y feliz Nueva Inglaterra, el entorno invita a pensar en una vida tranquila, sin grandes preocupaciones, con un nivel de vida razonable, pura clase media de la costa este norteamericana. Y allí nos encontramos una serie de personajes que navegan por el mundo a punto de naufragar, si no lo han hecho ya. Una mujer (Kate Winslet) y un hombre (Patrick Wilson), ambos de profesión «amas de casa», con insatisfacción en sus teóricamente perfectos y acomodados matrimonios. Un antiguo policía (Noah Emerich) marcado por un error cometido en el pasado en relación con un adolescente, casi un niño. Un pedófilo que ha cumplido su pena en prisión (Jackie Earle Haley) y que se ve en el brete de tener que volver a vivir en sociedad, con sus compulsiones aún vivas. Los temas son varios. La intolerancia, la soledad, el adulterio, los matrimonios vacíos… todo siempre desde el punto de vista de los niños, pero no de los que tienen tres o cuatro años, que están ahí, que aglutinan o desencadenan, sino de los niños de 30 ó 40 años, que son los que realmente necesitan cuidados y atención en esta historia.

La película, que peca de un metraje ligeramente excesivo probablemente por el interés de adaptarse a la obra literaria de origen, se ve bien. Produce momentos de desasosiego o tristeza contenidos, pero también echa guiños a la esperanza. Es un verano, lo que nos cuenta; pero sobretodo es un proceso de maduración de estos niños adultos que tienen que comprender qué es lo que les está pasando.

De la interpretación, destacaremos especialmente a la Winslet, que está en estado de gracia, así como a los «protagonistas secundarios» Emerich y a Haley. Wilson, que siendo hombre para variar lleva el peso de ser el «florero» de la película, cumple razonablemente con su papel gracias a un físico particularmente adaptado, con su aspecto de cachas con cara aniñada. Un papel secundario, aunque aparezca tercera en los títulos, tiene la guapísima Jennifer Connelly, a quien nos gustaría ver más.

En resumen, una película que no es especialmente fácil de ver o de digerir, que se aleja de los paradigmas actuales, pero que tiene atributos cinematográficos interesantes sin duda alguna. Yo le pondré un siete, con un ocho en la interpretación y otro siete en la dirección.

Pues no, no es Nueva Inglaterra; es la vieja Inglaterra, Catedral de Wells, Somerset

¡Oh, maravilloso Miles!

arte música y literatura, Cine

A la gente no le suele gustar el jazz. Todo lo más algunas piezas vocales más o menos populares de fácil escucha. Y sin embargo, hay cuestiones de este género musical que me apasionan. La libertad de los músicos, el diálogo que establecen los instrumentos entre sí, el ritmo,… La gente te mira raro si les dices que te gusta el jazz,… piensan que eres un pedantillo en esto de la música. Salvo que te muevas en un ambiente predispuesto… entonces si no te vuelves realmente un pedantillo corres el peligro de desentonar también. Vamos que es difícil acertar. Es difícil que te guste sin más. Sin entrar en raros análisis, simplemente porque te apetece. Sin tener que aprenderte de memoria las grabaciones de los distintos músicos. Pero sin tener que pedir disculpas por preferirlo 10 veces de cada 10 a O.T.

Y recuerdo perfectamente uno de los momentos en los que decidí que me gustaba. Hace muchos, muchos años. Escuchando la banda sonora de Ascenseur pour l’échafaud, película de Louis Malle, a la que puso magistralmente música Miles Davis. Recientemente he recuperado esta banda sonora, y últimamente la escucho con frecuencia. Como muchas otras obras de Davis, o de John Coltrane, o de Oscar Peterson, o de Charlie Parker, o…

Bueno. Pues eso. Ya he salido del armario. Lo confieso. Me gusta el jazz. Soy incapaz de soltar erudiciones sobre el tema, nunca recuerdo el título de los temas, y de los músicos sólo recuerdo el nombre de la mitad, pero es así. Me gusta el jazz.

Sesión en el Hot Clube de Portugal, en la Praça da Alegria de Lisboa

El libro negro (2006)

Cine

El libro negro (Zwartboek, 2006), 5 de febrero de 2006

Paul Verhoeven, director holandés a pesar de que poca gente conoce sus trabajos en su país natal, es un director que se prodiga poco. Afortunadamente dirían muchos, dado el carácter de alguno de sus bodrios. Y no sólo uno. Claro que también recordaremos alguna divertidísima parodia de las películas de ciencia ficción, o el calentón que nos dio con cierto cruce de piernas. Y desde principios de los años 80, básicamente ha desarrollado su carrera en los EE.UU.

Bueno. Pues hete aquí que se nos vuelve a sus Países Bajos natales y se pone a rodar una superproducción de 145′ de duración (¿alguna vez he dicho que la mayor parte de las historias se pueden contar, cinematográficamente en 100′?). Eso sí, con un ambiente y unos actores totalmente europeos.

La historia no es especialmente nueva. Parte del estereotipo, muy popular en los países anglosajones de la «damsel in distress«; vamos, una dama en apuros. En este caso, ambientada en los movimientos de resistencia europeos a la invasión nazi. Hay diversos antecedentes de filmes basados en heroínas que se meten en apuros tremendos, sufriendo la violencia, el acoso (muchas veces sexual), e incluso torturas diversas, en sus peripecias contra las malvadas SS. Vamos, los elementos típicos de las historias de damsels in distress.

Lo que cambia en el planteamiento de Verhoeven es que rompe notablemente con ciertos maniqueísmos, según los cuales los malos son extremadamente malos y los buenos, buenísimos. De trasfondo reside una crítica del director a su propio pueblo, poniendo en solfa las actitudes tanto individuales como colectivas, en temas como las diferencias políticas entre los resistentes, las actitudes de intolerancia religiosa, o la existencia de abundantes colaboracionistas… como en todos los países y en todas las guerras.

Determinados aspectos del desenlace de la historia son previsibles, cosa que como ya he dicho en alguna ocasión, no me gusta. Especialmente cuando la historia tiene intriga. Se intuye quienes vamos a ser los malos ocultos. A pesar de su excesiva duración, la historia es entretenida, y te engancha razonablemente.

La interpretación está total y absolutamente centrada en el personaje que interpreta con razonable solvencia la guapa Carice van Houten. Pero está muy bien acompañada especialmente por los alemanes Sebastian Koch y Waldemar Kobus, y los holandeses Thom Hoffman y Dolf de Vries, entre otros.

En general, la película se merece un siete, ya que me parece una de aventuras razonablemente entretenida, que no me ha producido tanto entusiasmo como a algunos críticos, con la misma nota en la interpretación y la dirección.

Maldición, no tengo a mano ninguna de las fotos de La Haya que tomé en 1993, para ilustrar un historia que transcurre en la capital holandesa; así que nos conformaremos con esta vista de Cap Frehel, Bretaña (Francia), tomada el mismo año

Los almacenes Harper

Cine, Televisión

Leía recientemente en ¡Vaya tele! que tras unos pocos capítulos, La Sexta iba a dejar de emitir la sitcom norteamericana Cómo conocí a vuestra madre. Esta teleserie la he seguido en inglés subtitulado y me parece una de las más divertidas que he visto en mucho tiempo. Al estilo de Friends (a ratos diría que algunos decorados son comunes), pero con unos guiones que me parecen más ágiles y más incisivos, ha conseguido arrancarme unas cuantas carcajadas. Uno de los motivos que comentaban para su desaparición es que muchos de los chascarrillos tienen muy difícil traducción al castellano. Y aquí quería ir yo… al problema de los doblajes al castellano… infames doblajes…

Ayer mismo, me apoltroné en casa para pasar la tarde del domingo con un maratoncillo de películas de Hitchcock que echaban en TCM clásico. Una de las películas era La ventana indiscreta. En un momento dado, la guapísima y en algunas escenas muy sensual Grace Kelly (que morros saca en esta peli… ya los quisieran muchos para sí), comenta al «lisiado» James Stewart que tiene previsto ir a cenar con los directivos de los «almacenes Harper«. Es obvio que el traductor no había oído hablar nunca de la prestigiosa revista de modas Harper’s Bazaar, para la cual trabajaba el personaje de la rubia y bella actriz en el filme.

O pasándonos de nuevo del cine a la televisión, la anatómica Meredith Grey comenta en la versión en castellano del último capítulo de la segunda temporada de Anatomía de Grey que no sabe dónde ha metido unas medias negras, tras unos escarceos poco profesionales en una sala de curas. Curiosamente, se verá en la continuación de la tercera temporada que surge un tremendo problema con unas bragas negras. El problema, en realidad, es que parece que el traductor de la serie no se ha enterado que panties en inglés de los EE.UU. significa bragas, por mucho que en la Península Ibérica denominemos pantis a cierto tipo de medias.

No me meteré con los asesores médicos de las teleseries que no impiden que en un momento dado a alguien le practiquen una oximetría del pulso (que horror, aunque… ¿tendrá que ver con que le pongan un pulsioxímetro?). Son términos especializados, que en realidad al espectador ni le van ni le vienen. Con que sean raros, ya están bien.

Parece inevitable que en este país se doblen las películas y las teleseries. Es una lástima. No es más que un índice de haste que punto somos paletos y cerriles. Pero bueno… ya que se ponen… ¿por qué no lo hacen bien? Porque estos son sólo dos ejemplos cogidos al vuelo… que todos los días podríamos sacar varios… País…

Espero que si algún día vuelva a interesarse por How I met your mother, lo hagan con un doblaje digno. Porque si no, realmente no merece la pena que lo intenten… y puestos cerramos las televisiones españolas… que para lo que echan…

Paisaje nevado en las proximidades de Ojos Negros, Teruel

La Caja Kovak (2006)

Cine

La Caja Kovak (2006), 30 de enero de 2007.

Contra todo pronóstico, en la lluviosa tarde de martes acabo en el cine con unos amigos. No elijo película, pero tampoco le pongo pegas. En algún sitio, había visto que el filme de Daniel Monzón no estaba mal.

Pues bueno. No. La película está mal. Un thriller con cierto aire de ciencia ficción que bastante mal interpretado por un internacional Timothy Hutton (o alguien que se ha comido y a tomado el aspecto del protagonista de la estupenda Beautiful Girls) y la maciza pero sosa y con cara de estreñida Lucía Jiménez.

No perderé mucho tiempo. La historia no se sostiene, los actores no se lo creen, el privilegiado entorno de la Isla de Mallorca no es aprovechado en la medida adecuada, no te crees nada, y lamentas profundamente no haberte dedicado a tomarte unas cañas que era el plan inicial para la tarde. Y es que hay que estar a lo que se está. Que hay que tomarse lo del cine muy en serio… y si los cineastas no lo hacen lo tendremos que hacer los aficionados.

Le daremos un cuatro, con un cinco para la interpretación por aquello del beneficio de la duda de lo que podían haber hecho en otras condiciones, y un tres para la dirección (ufff, que dureza la mía hoy).

Paisaje costero cerca de Banyalbufar, Mallorca

(Por cierto, con esta llego a mis primeras 500 entradas en el blog; mira tú que bien)

El truco final (El prestigio) (2006)

Cine

The Prestige (2006), 21 de enero de 2007

Reconozcámoslo. Cuando veo una película de intriga o misterio, con un desenlace que se supone ha de sorprender al espectador, y hacia la mitad de la película ya he descubierto parte de ese misterio, y cuando sólo que una cuarta parte de la misma ya me imagino casi completamente de qué va a ir el final, esta película pierde muchos enteros en mi valoración.

Cuando nos enfrentamos a una película con misterio, pueden pasar tres cosas. La primera es que consigamos averiguar «antes de tiempo» el desenlace. Obviamente, hay un problema en la concepción de la historia o en cómo se ha trasladado al guion cinematográfico. El desenlace debe actuar de auténtico climax del filme, nos ha de sorprender, y si esto no es así, hay cierto grado de fracaso. Y esto es lo que me ha pasado con este largometraje, firmado por Christopher Nolan. Con cierta frecuencia, en el cine actual no conseguimos adivinar el desenlace; pero desgraciadamente no se debe a la habilidad del guion y de su traslación a la pantalla, sino porque el guion es tramposo, nos ha hablado de unas cosas y al final se saca de la manga una sorpresa con elementos que no estaban en el planteamiento y en el nudo de la historia. Muy típico de esta época de malos guiones, donde priman los efectos especiales. Lo ideal es que en la historia estén todos los elementos que necesitamos, pero combinados de tal forma que nos mantega en un vilo, que nunca estemos seguros de qué va a pasar y que al final tengamos esa sensación de sorpresa que acompaña a la magia del buen cine. Es lo que yo esperaba aquí… y no he tenido. Todo me ha parecido demasiado obvio.

La historia es una de rivalidades, realmente encarnizadas, por no decir odio, entre dos ilusionistas de principios del siglo XX que se dedican a hacerse la cusca el uno al otro constántemente.

Los dos personajes principales, interpretados por Hugh Jackman y Christian Bale, absorben casi toda la película, lamentablemente porque hay algunos personajes secundarios que merecerían un mejor trato. Michael Caine nos ofrece uno de esos secundarios entrañables, y con su buen hacer nos sabe a poco. Dos de los personajes femeninos, los interpretados por Rebecca Hall y Scarlett Johansson, se me hacen escasos; creo que su incidencia en la historia personal de los protagonistas es importante, y en el filme quedan reducidos poco más al rol de necesarios «floreros«. Un pena. El tercer personaje femenino, interpretado por Piper Perabo, tiene un corto desarrollo más ajustado a las necesidades de la historia. El hecho de que el científico e ingeniro Nikola Tesla esté interpretado por un irreconocible David Bowie me parece intrascendente. Todos ellos cumplen sin mayor problema, no pudiendeseles achacar especialmente las debilidades del filme, que además de previsible es innecesariamente largo.

Entre los meritos de la película está sin duda la impecable producción, con una acertadísima ambientación en el Londres de la época, y una más que adecuada fotografía que nos permitiría introducirnos bien en el ambiente de la historia.

En fin, que dado como está el panorama, tampoco es que la vayamos a suspender, ya que le daremos un seis, pero una vez más las espectativas del espectador se ven defraudadas. La dirección no pasará tampoco de seis, con un siete en la interpretación.

Por cierto, el vil traductor de títulos ha vuelto a hacer de las suyas. ¿Qué necesidad había de cambiarle el título al largometraje para luego poner el título traducido entre paréntesis? ¿Es que no hay nadie con dos dedos de frente y una pizca de sentido común en las distribuidoras de este país? ¿Tan tarados nos creen como para pensar que con el título original la película no interesará?

Me permitiré un punto macabro con esta imagen de una momia egipcia del British Museum, Londres, Reino Unido

Hollywoodland (2006)

Cine

Hollywoodland (2006), 15 de enero de 2007

Es curioso comprobar cómo a veces las películas vienen por características o temática de dos en dos, y a veces de tres en tres, como los animalitos del anuncio. Así, hace unas semanas veíamos una de ilusionistas, y ahora tenemos en la agenda ver otra, eso si contar la que vimos de Woody Allen, que va por otros derroteros, pero que también incluye ilusionista. También veíamos hace unas semanas una película sobre un asesinato en el Hollywood de posguerra, y aquí tenemos este filme de Allen Coulter, en el que se vuelve a insistir en la época y en la temática, estando basados ambos aunque sin ser fieles a determinados hechos reales.

En este caso, se trata de darle unas vueltas a la muerte de George Reeves (interpretado por Ben Affleck), el primer Superman que alcanzó cierta fama en la pantalla, en este caso en la pequeña pantalla. Este fue un actor, secundario en el cine, de poco éxito, frecuente en las series B hasta que pasó en la televisión, cuando esta se iniciaba. Se le conocen diversos amoríos, entre otros con Toni Mannix (interpretada por Diane Lane), una mujer algo mayor que él, que fue amante primero y después esposa de E.J. Mannix (interpretado por Bob Hoskins), un alto ejecutivo de la Metro Goldwin Mayer, al que se asoció con el mundo del gangsterismo y de quien se sospechó aunque nunca se demóstro estar vinculado con diversas muertes de personas allegadas que «le molestaban» por uno u otro motivo. En el filme, aparecen las presuntas relaciones entre todos estos y otros personajes, como la novia formal del muerto (en el filme, Robin Tunney), la madre (encarnada por Lois Smith) y otros. Se presentan varias hipótesis derivadas de las investigaciones de Louis Simo, detective imaginario interpretado por Adrien Brody, aunque fuertemente basado en el real Milo Speriglio. Obviamente, no adelantaré aquí, cuál es la resolución del caso.

La película esta realizada con corrección aunque, desde mi punto de vista, carece de un poco de «alma». Las interrelaciones entre los personajes aparecen muy superficialmente dibujadas, y hay muchas cosas que suceden que no entiendes porqué suceden. Se utiliza con profusión el flashback para ir desde los hechos actuales que le pasan al detective a la vida previa del muerto, con variaciones en la fotografía para resaltar los cambios. Técnica muy habitual en estos casos. La resolución del caso es… bueno,… hay para todos los gustos. Hubo quien se sintió defraudado y otros entendimos que era la única posible aunque quizá no todo lo bien narrada que hubiese debido.

La interpretación queda en correcta por parte de Brody y Affleck (lo de este último ya es un mérito, en cualquier caso, porque mira que es mal el condenado), a muy buena en el caso de Lane y Hoskins, que nos dejan con ganas de que salgan más en pantalla y nos deleiten al mismo tiempo que enseñan a interpretar a otros.

En resumen, una película que entretiene sin más, que se hace un poquito larga, por lo que hay algún momento de cierto aburrimiento, y que no aporta nada de especial al genero. Le pondremos un seis, con lo mismo en la dirección, y un siete a la interpretación como homenaje a los momentos buenos proporcionados por los antes mencionados.

Nos miran, vayamos por donde vayamos, nos miran

Hasta la vista, Lily Munster

Cine, Televisión

Me llega por distinta vías la noticia del fallecimiento de Yvonne de Carlo. Y se me llena el corazón de la nostalgia de los días de la infancia, cuando no había televisiones para elegir, y teníamos la elección mucho más sana de ver la televisión o irnos a jugar. De vez en cuando tocaba ver la televisión, y un programa que no había que perderse era La familia Munster (no Monster como alguno dicen). Y allí estaba ella, ama de casa de atractivo gótico y vampírico, verdadera adelantada a siniestras tribus urbanas más actuales, derrochando clase y humor. Era Lily Munster, verdadero pilar de la «terrorífica» y divertida familia. Los auténticos. A mí, los Adams siempre me han parecido unos advenedizos, a pesar de que como viñeta vienen ya de los años 30 del siglo pasado, y por lo tanto ser casi 30 años anteriores conceptualmente.

Pero no pensemos sólo en Yvonne (que nombre tan rotundo y sugerente) como la «encantadora» Lily. Hay que pensar en ella también como una de las más guapas novias de los vaqueros que por el western se han movido. Por no hablar de ser la esposa de ese hierático Moises que compuso Charlton Heston en la mastodóntica y deMilliana Los Diez Mandamientos. Quizá le faltaron papeles de relumbrón para hacer de ella la estrella que otras fueron, pero para mí siempre será única. Quizá haya algo de fetichista en esta admiración, pero qué se le va a hacer. Uno, que es humano. Y ya lo dice su artístico apellido, siempre será mi Yvonne.

Cementerio en Glasgow, Escocia (Reino Unido)

María Antonieta (2006)

Cine

María Antonieta (Marie Antoinette, 2006), 8 de enero de 2007

Aprovechando que estaba de fiestecilla estos días atrás, he aprovechado para que me cundiera el tiempo de ocio, así que en pocos días he visto otra película. La tercera de Sofia Coppola, un nombre que tras sus dos primeros filmes, me inspiraba confianza en los resultados.

En esta ocasión, la directora abandona las tribulaciones de adolescentes y jóvenes de hoy en día para darnos a conocer las de una adolescente y joven de hace 250 años. Y nos referimos a Maria Antonia von Habsburg-Lothringe, que a la joven edad de 14 años se convirtió en delfina de Francia, y con 18 años en la desafortunada reina del país vecino. Esta fue una reina joven, que en el momento en que comienza la Revolución tiene 34 años, y 38 en el momento en que perdió (literalmente) la cabeza. Y en esta juventud, radica la tesis de la película, que prentende mostrarnos con ojos amables la personalidad de una joven, que lo que busca en la vida es lo que buscan todos los jóvenes, ser admitidos por los demás y divertirse, y que los acontecimientos la llevaron a un final trágico, cuando ella no estaba especialmente interesada en políticas y otros males.

El resultado es un largometraje excesivamente largo, en el que constantemente aparece en pantalla la actriz que da vida al personaje histórico, Kirsten Dunst, una actriz que aunque físicamente dé el papel, creo que tiene excesivas limitaciones interpretativas para decirnos algo con la profundidad necesaria sobre el personaje. La historia está poco centrada, se expande por un período de 20 años y no explica bien porqué pasan muchas de las cosas que pasan. Tampoco queda claro el paso del tiempo. Las elipsis no son evidentes. La propia actriz resulta poco creíble como evolución a lo largo de los años. Todo es demasiado superficial. Demasiada preocupación por decorados, vestidos y peinados no ocultan las debilidades del guion (que no de la historia, que da para mucho más). Se dan por dadas cuestiones que no están claras históricamente (como ciertos amoríos), mientras se ocultan aquellas situaciones que causaron la indignación popular hacia el personaje, fueran ciertas o falsas.

Del resto de los intérpretes, son demasiado secundarios para que les prestemos mucha antención, aunque siempre me gusta ver a Judy Davis, a quien aprecien en su momento en algunos filmes de Woody Allen, y quizá debamos mencionar al actor que interpreta a Luis XVI, Jason Schwartzman, que cumple sin más.

En fin, que el esfuerzo de producción hace que a la película se lleve un seis, aunque sin más, con la misma nota para la dirección, también por el esfuerzo, y para la interpretación, por que todos los demás intérpretes no tienen la culpa de las limitaciones de la protagonista.

Jardines de Versalles – Por algún motivo, en la película se insiste en que a Marie Antoinette le gustaban los amaneceres mirando hacia estos jardines y estanque, cuando por más vueltas que le doy el Sol sale por el lado opuesto

Banderas de nuestros padres (2006)

Cine

Banderas de nuestros padres (Flags of our fathers, 2006), 7 de enero de 2007

Después de sus últimas y maravillosas películas, uno se acerca a ver una película de Clint Eastwood con una mezcla de reverencia y temor. Reverencia por el oficio y la maestría que ha conseguido el veterano por no decir anciano director en el arte de realizar películas. Algo que hoy en día no se puede decir de muchos directores cinematográficos. Temor por el miedo a que la buena racha se acabe, y en un momento dado nos sintamos decepcionados.

Otra cuestión a tener en cuenta al acercarnos a esta película es que en la producción anda metido el para mí siempre contradictorio Steven Spielberg. Uno siempre se preguntará hasta que punto los productores cinematográficos son capaces de influir en una película. Y si esto será para bien o para mal. Y tengamos en cuenta que Spielberg ya nos ofreció su particular visión de la guerra, con resultados que para mí fueron muy contradictorios. Especialmente, desde sus aspectos éticos. Si bien las producciones de Spielberg suele gozar de gran calidad, lo que aumenta las expectativas, su capacidad de manipular, aumenta de forma proporcional el temor. En estos momentos desconozco hasta que punto ha influido en el resultado del filme.

Un filme que para mí adolece de un elemento fundamental, sin el cual ni el mejor de los directores es capaz de hacer milagros. Esta película carece de un buen guion. La historia que nos cuenta, la recogida de información del hijo de uno de los «héroes» de Iwo Jima que aparecen fotografiados en la famosa imagen de Joe Rosenthal del izado de la bandera en el Monte Suribachi, se hace prolija y pesada en determiandos momentos. Los momentos de acción bélica, en forma de reflexivos flashbacks duros pero impecablemente rodados, apenas consiguen paliar la monotonía de las peripecias de los soldados en su gira para recaudar fondos. La realización por lo demás es impecable,… pero uno se aburre.

Las interpretaciones de la multitud de personajes que salen son razonables, aunque yo me atrevería a echar de menos la intensidad de Tony Curtis interpretando la nativo americano Ira Hayes en El Sexto Hombre.

En fin, qué se le va a hacer. Una lástima. Y creo que la culpa de todo la tiene el guion… y también Eastwood por no haber sabido sacarle todo el partido a la historia. Sólo le voy a poner un seis, con un siete en la dirección y otro siete en la interpretación.

Osados «estrategas» analizan la situación en el escenario de otro famoso desembarco, el de Normandía

Babel (2006)

Cine

Babel (2006), 2 de enero de 2007

Después de comenzar el año NO EXACTAMENTE del modo que yo prefería, pero afortunadamente con bien, opto por ir al cine, a lo que a priori es un valor seguro. Los dos anteriores filmes que he visto de Alejandro González Iñárritu me sorprendieron por su ejecución formal, moderna, pero alejada de moderneces, por su capacidad para desarrollar guiones no lineales pero altamente coherentes, por la dureza de las historias que se plantearon, con cierta desesperanzadora visión del ser humano, pero a la vez con algún destello de luz, y por el buen trabajo de los actores y actrices que participaron.

El conjunto de historias aparentemente inconexas al principio pero íntimamente interrelacionadas finalmente ilustra la siguiente tesis. Pequeños actos humanos, inofensivos por sí mismos, incluso cargados de las mejores intenciones, pueden abocarnos a dramas e incluso tragedias, relacionadas en muchas ocasiones por el constante ejercicio de incomprensión que realizamos en nuestras relaciones diarias. También evoca la existencia de ciudadanos de primera categoría que puede salir airosos con facilidad de estos dramas, y de ciudadanos que ni siquiera son ciudadanos para los que estos dramas se convierten en sistemáticamente en tragedias. Y no parece que hagamos gran cosa por evitarlo Todo ello, nos situemos en San Diego, en el Atlas marroquí o en Tokio. Hablemos castellano, inglés, árabe, japonés o el lenguaje de signos. Aunque dudo de que el motivo de la incomunicación sea el babel linguísitico y no el de los prejuicios y el de la injusticia. Resumiendo, el problema es la incomunicación global que absorbe a la especia humana.

No existen protagonistas definidos que arrostren el peso de las historias. Una vez recae en dos niños marroquíes que aparecen injustamente sepultados en la lista de intérpretes, Boubker Ait el Caid y Said Tarchani, otra vez cae en la excelente Adriana Barraza, en su papel de criada ilegal mejicana, o en la sordomuda japonesa Rinko Kikuchi, e incluso en los reyes del reparto, aunque no necesariamente los mejores de él, Brad Pitt y Cate Blanchett.

Esta es una película para la reflexión. Profunda. Al mismo tiempo es una película para el amante del cine. Para quien gusta de un guion elaborado, complejo, al servicio de un historia también elaborada y compleja. Quien quiera ver héroes y finales redondos que se quede en casa. Aunque ellos se lo pierden. Por mi parte de lo mejor que he visto últimamente. Le pondremos un nueve a la valoración global y a la dirección, y un ocho a la interpretación.

Nos miran, en la calle Sancho Lezcano, Zaragoza