300 (2006)

Cine

300 (2006), 1 de abril de 2007

Debo reconocer que antes de ver la película estaba bastante imbuido de la expectación que había levantado el filme. Como antecedentes, varios:

  • El recuerdo que en mi muy joven mente produjo la película El león de Esparta, cuando la vi hace muchos, muchos, muchos años. Probablemente, este peplum, hoy en día me gustaría más bien poco. Pero es lo que tienen los recuerdos…
  • Mi tradicional interés por las películas de carácter histórico, que tradicionalmente me lleva a sumirme en profundas decepciones.
  • La moda de las adaptaciones de aventuras o novelas gráficas, con resultados dispares, pero que cuando menos refrescan los aspectos visuales del cine. Particularmente, el buen sabor de boca que me dejó Sin City del mismo autor que la que aquí nos ocupa, Frank Miller.

Por lo tanto, con una particular disposición de ánimo, con la mente lo más abierta posible y aprovechando que donde mejor se está en una lluviosa y desapacible tarde de domingo es en una sala de cine, me dispuse a apreciar el largometraje dirigido por Zack Snyder.

En primer lugar, los aspectos técnicos. Hay que reconocer que las técnicas modernas en las que se combinan las actuaciones humanas con los decorados digitales, películas por lo tanto a caballo entre el trabajo con actores y la animación, no dejan de impresionar por su capacidad de transportarnos a ambientes o mundos muy específicos, siendo muy aptos para las traslación fiel del cómic a la gran pantalla. Desde este punto de vista, poco hay que reprochar. Aunque tal vez no siempre se obtiene todo el impacto que se debiera de lo que es el paso de las Termópilas, la cosa funciona.

En segundo lugar, la historia. Aquí la cosa empieza a fallar. No he leído la aventura gráfica, pero aquí la historia da para poco, y algunas cosas, como las «aventuras» de la reina (interpretada por Lena Headey) aparecen un poco forzadas y sin que tengan gran cosa que aportar, salvo en cuestiones que comentaremos más adelante. Con un desarrollo de la batalla que tiene más del «señor de los anillos» que de otra cosa, la cuestión no da para mucho. Aunque la película no tiene un metraje excesivo, aun se podría haber contado en menos tiempo. Todo es muy lineal, y con poca sutileza, no hay sorpresas.

En tercer lugar, la interpretación. Pues nada. Da igual. Todo es demasiado elemental para que se pueda apreciar. Lo importante es que todos los buenos esté muy cachas y parezcan tremendos bistecs, empezando por Gerard Butler, como rey Leonidas. Del resto, no hay gran cosa que comentar… personajes lineales, sin matices, al servicio de una imagen visual.

Finalmente, lo que desde mi punto de vista crucifica la película. Es un panfleto. Un panfleto que podría haber firmado cualquier ideólogo ultraconservador, convencido de la supremacía europea y blanca, y con ese peligrosísimo discurso según el que hay una misteriosa y para mí incógnita relación entre los valores militares y la libertad. Veamos algunos casos:

  • Los persas de la película y de la novela gráfica son negros o deformes, mientras que los persas de la realidad eran un pueblo de origen indoeuropeo, al igual que los helenos, los celtas, los germanos u otros pobladores o culturas que actualmente reconocemos como europeos. Pero parece que a los creadores de este evento no les parece que eso sea suficiente, y deciden que tienen que ser negros y feos. El idioma persa también tiene raíz indoeuropea tanto en la actualidad como en la época de los aqueménidas. Pero esto es lo de menos. El problema está en que para algunos los malos han de tener un aspecto racial distinto. Es perpetuar más de lo mismo en un mundo que no anda sobrado de tolerancia entre culturas.
  • La película tiene un fuerte tufillo homófobo, especialmente por la representación del rey Jerjes I como si fuera una drag queen al uso, siendo estúpidamente ridículo. Por supuesto, los espartanos son unos machotes de tomo y lomo sin la menor ambigüedad. Es curioso todo ello, porque es conocido que en aquella época, donde todavía no se habían impuesto las religiones monoteistas, las relaciones bisexuales no estaban mal vistas, especialmente en Grecia clásica, donde estaba reconocida dentro del esquema social la institución de la pederastia (que es distinta del delito que actúalmente conocemos con el mismo nombre, y que por supuesto a mí me repugna; esta es una palabra que cambia de sentido según el tiempo y las sociedades).
  • Por alguna razón desconocida, frente a la belleza corporal de los leales espartanos, el traidor Efialtes es un jorobado deforme, opción que haría palidecer de envidia a simpáticos propagandistas de la supremacia europea o «aria» como un tal Goebbels.
  • Por supuesto, para los autores de este panfleto, los espartanos, militares ellos, son nobles y de alto espíritu, mientras que los que no son militares son débiles, cobardes, dados a la traición, e incluso políticos en asambleas representativas.
  • Por supuesto, los espartanos luchan por la «libertad»,… olvidando cuidadosamente mencionar o arrinconando por «motivos creativos» que era una sociedad esclavista, con una sociedad dividida en tres castas. Los espartiatas o ciudadanos, un grupo reducido dedicado a la milicia, los únicos con plenos derechos, los periecos, que se dedicaban al comercio y a la artesanía, que no eran esclavos pero carecían de derechos políticos, y los hilotas, esclavos agricultores, frecuentemente diezmados y humillados, y cuyo origen era los derrotados habitantes prehelénicos del Peloponeso. Esta es la «libertad» defendida por Leónidas y sus 300.

Sé que muchos dirán. Bueno,… pero es que todo esto no pretende estar basado en la historia real… que es un cómic. Sí. Pero un cómic con unos contenidos tremendamente reaccionarios, no inocentes, que aprovecha el halo de modernidad del medio para colarnos unas ideas tremendamente rancias; militarismo, racismo, homofobia, eugenesia… lo que «prefiráis».

Así que después de esto, y pese a las bondades tecnológicas del filme, no le puedo dar el aprobado, y le pondré un cuatro, con un seis en la dirección y otro en la interpretación.

Escultura griega clásica en el British Museum, Londres

Hannibal, el origen del mal (2007)

Cine

Hannibal, el origen del mal (Hannibal Rising, 2007), 20 de marzo de 2007

Acudimos a ver este filme con una mezcla de escepticismo y esperanza. El escepticismo viene de que la mayor parte de las secuelas y «precuelas» (curioso neologismo, que se está poniendo de moda) son productos oportunistas, que intentan ordeñar la vaca más allá de lo que muchas veces es razonable cuando alguna película tiene éxito. La consecuencia es que en contadas ocasiones el producto derivado alcanza la calidad del producto original, si es que alcanza calidad alguna. La esperanza es que los derivados de la exitosa El silencio de los corderos han tenido en general una calidad razonable, aunque no hayan sido necesariamente santo de mi devoción. El hecho de que algunas críticas sobre el filme que nos ocupa fueran razonablemente buenas, nos decide a sacar la entrada correspondiente.

El largometraje rodado por Peter Webber está correctamente realizado desde el punto de vista formal. La historia, que se refleja en una duración algo larga para lo que hay, está razonablemente bien planteada. Por otra parte, no es más que una más de las historias sobre venganzas que ya conocemos en el cine, sin aportar mayores novedades que los elementos gore, esperados dada la tónica general de la saga. Por lo tanto, tampoco son novedades en sentido estricto.

Donde en mi opinión falla la película es en la definición de los personajes. Es difícil de creer que la evolución del joven Lecter sea así por las circunstancias que pasan en su Lituania natal. Un carácter sociopático como el que hemos conocido en las películas anteriores no se hace; con él, se nace. El personaje de Gong Li es un florero puro y duro, en el que difícilmente podemos entender de dónde sale, porqué es como es, y porque narices es necesario que sea japonesa. Ni siquiera las presuntas enseñanzas hacia el joven Lecter tienen mucho que ver en cómo las cosas suceden después. El personaje del policía es bastante pobre, con muy credibilidad. Los malos tienen un perfil de malvados muy planos, sin matices. Da igual los intentos de los actores por hacerlo bien, empezando por el protagonista, Gaspard Ulliel. De donde no hay, no se puede sacar.

En resumen, una película que no aburre, de factura correcta, pero que no dice nada de especial. Simplemente, ordeñar la vaca del canibal para que siga produciendo beneficios. Con un siete en la interpretación por las ganas, lo dejaremos en un seis en la dirección por que no basta con que sea técnicamente correcta, tiene que haber algo más, y un seis en la apreciación global porque por lo menos te entretienes.

No es un castillo en Lituania, pero es un castillo… en Uncastillo, Zaragoza

"Switch Off And Let’s Go" – Que bitácora tan estupenda

Cine, sociedad

En diversas ocasiones me he quejado en estos pequeños artículos de las nefastas traducciones de los títulos de las películas extranjeras, así como de las pequeñas catástrofes que pueden escucharse en el doblaje de las mismas. Hoy, a través de un enlace que aparece en una entrada de Blog de cine, he conocido la bitácora Switch Off And Let’s Go (Apaga y vámonos) que trata sobre el problema de las traducciones en el cine, como no puede ser de otro modo con abundantes ejemplos y con mucho humor. Lleva poco tiempo en activo, pues sólo he visto en el histórico 8 entradas, correspondientes a los meses de febrero y marzo de este año. Pero me han encantado. Espero que tengan mucho éxito y permanezcan mucho tiempo abiertos, porque creo que vendrán muy bien. Un saludo y ánimo.

Cuerno tallado en el museo del castillo de Uncastillo, Zaragoza

El velo pintado (2006)

Cine

El velo pintado (The painted veil, 2006), 11 de marzo de 2007.

El filme, dirigido por John Curran, es una adaptación de la novela del mismo título de W. Somerset Maugham, un escrito frecuentemente llevado al cine. De hecho, The painted veil fue llevada ya al cine en 1934, haciendo el papel de Katty, la única, la divina, la inconmensurable, la Garbo. También el filme de 1957 protagonizado por Eleanor Parker, The Seventh Sin, está basado en la misma novela.

La aventuras y desventuras de una esposa británica infiel en la revuelta China de principios de siglo, dan lugar a un drama de redención personal en el que dos son los personajes que se enfrentan son el matrimonio formado por la esposa, interpretada por la guapa Naomi Watts, y el bacteriólogo, interpretado por el camaleónico Edward Norton.

La película se deja ver, pero no llega a emocionar. El comienzo es un poco brusco y apresurado, y más o menos entrevemos más que comprendemos de dónde vienen y quienes son los personajes. Este comienzo esquemático hace que nos resulte difícil que nos importe lo que les va a pasar. Tienen que pasar muchos minutos para empezar a entenderlos y para ese momento probablemente estaremos distraidos por los impresionantes paisajes que se nos ofrecen para deleite visual. Desde ese punto de vista, la película es un poco fallida. Siendo como es una historia de caracteres, estos no aparecen bien dibujados, quedando especialmente penalizada la esposa, por lo que ni siquiera el buen hacer habitual de la guapa actriz australiana consigue salvar. Más dibujado y más digno queda el papel del bacteriólogo, que permite a Norton cumplir como de costumbre con el cometido.

En fin, como resumen, un drama de principios de siglo que se salva por la buena factura técnica, la belleza de las localizaciones y determinados momentos y destellos en la historia, pero que nos deja un regusto a que algo le ha faltado para ser un producto redondo. Le pondremos un siete en la dirección por la corrección general, otro en la interpretación por el esfuerzo actoral, pero lo dejaremos en un seis en la valoración subjetiva.

Ríos, lagos y montañas son los escenarios de la película, aunque no estos que encontramos en el Lago Maggiore, Italia

Apolo, tengo un cilón en la cola

Cine, Televisión

Como buen adolescente varón de mi época, culminé esa etapa de mi desarrollo personal admirado por el universo que se nos abría, aunque fuera de ficción, en aquella estupenda película de aventuras que fue La guerra de las galaxias. Un universo que ya se había abierto de forma más refinada con la tremendamente novedosa 2001, una odisea del espacio, y que nos manifestó alternativas no menos interesantes con los blade runners persiguiendo «replicantas» que estaban como un queso, o sargentas estupendas sufriendo el acoso de tremendos lagartos alienígenas en la mítica Nostromo.

Pero claro, todo aquello que tiene éxito tiene subproductos, que se nos presentan con mayor o menor éxito. Creo que el bodrio más tremendo que siguió al éxito galáctico fue una infumable Starcrash de la que recuerdo poco salvo quizá a una más que comestible Caroline Munro condenada a trabajos forzados en un mina de un material de nombre no recordado pero de aspecto fosforescente en la que vestía con un sexy bikini, que como todos sabemos es lo más adecuado para un condenado a trabajos forzados. Claro que también salía David Hasselhoff; para qué os voy a contar más.

Entre todo este panorama, hay que destacar un producto televisivo que también se pudo ver en la pantalla grande, agrupando los dos primeros capítulos del serial. Se trata nada más y nada menos que de Estrella de combate: Galáctica. Todo un icono kitsch de la época, con aquellos cilones malvados y metálicos que vestían unas curiosas falditas, con su ojo rojo bamboleante, con sus sables. Y que vamos a decir de los impagables diseños de los uniformes de la flota estelar. No nos olvidaremos tampoco de las escenas de combate repetidas una y otra vez, con diálogos incluidos, provocando la hilaridad del espectador, derivada de la evidente escasez presupuestaria de la producción. O de los chistes sobre el hecho de que Boomer, Apollo o Starbuck tuvieran con frecuencia un cilón en la cola.

Pues bien, desde hace unos años se viene emitiendo por el mundo lo que se llama Battlestar Galactica «reimaginada«. En esencia, es lo que podría haber sido la serie con un esfuerzo de producción razonable, con unos guiones más currados y centrándose en los aspectos dramáticos, y olvidando la parte de comedia que acompañaba a los alegres camaradas que protagonizaban la serie «clásica«. Este fin de semana tuve ocasión de ver los dos primeros capítulos que se emitieron en su momento en forma de miniserie… y he de confesar que es la space opera más decente que he visto en muchos, muchos, muchos, muchos años. Mucho más atractiva argumentalmente que casi todo lo que se ha hecho en las dos últimas décadas en el cine sobre este tema, demuestra que en EE.UU. el talento en los guiones se ha ido a la televisión ya que en la pantalla grande todo se basa en el pim-pam-pum de los efectos especiales. Curiosamente el esquema argumental básico es el mismo que en el de la serie antigua; pero transformado en un verdadero drama espacial, que resulta mucho más que digno. Los efectos especiales quizá resulten modestos en comparación con los de las superproducciones cinematográficas. Pero son razonables y proporcionados, sin caspa alguna, y siendo capaces de hacer de la necesidad virtud, como por ejemplo haciendo humanoides a los cylones, que de esta forma son interpretados por actores de carne y hueso. Esto ahorra gastos de producción y permite nuevos giros argumentales mucho más ricos.

En fin. Que no todo está perdido. Que con un poco de inteligencia e imaginación todo se puede hacer. Y últimamente, cada vez me voy convenciendo más de que los herederos de la época dorada del cine norteamericano no están en las grandes pantallas, sino en los muñequitos que nos hablan desde la caja tonta de nuestros salones domésticos. Eso sí; a consumir con moderación, con mucha moderación.

¿Restos metálicos de un antiguo cylon, o un viejo pozal en Ojos Negros, Teruel?

Diamante de sangre (2006)

Cine

Diamante de sangre (Blood Diamond, 2006), 5 de marzo de 2007.

Pues lo resumiré en pocas palabras. Es una película entretenida con pretensiones. Pretensiones de película con contenido social, de gran producción, de película de aventuras,… Pero se queda en una película entretenida.

Dirigida por Edward Zwick, plantea el problema de la violencia en África, con el trasfondo del tráfico de diamantes y de la rapiña de los países occidentales. Pretende seguir los pasos de El jardinero fiel, y hasta cierto punto lo consigue, tanto desde el aspecto formal como del fondo. Pero se mueve en un terreno mucho más superficial.

La interpretación, principalmente de Leonardo diCaprio y Djimon Hounsou, es correcta, incluso bastante buena en el caso del segundo. Jennifer Connelly merecería un mejor desarrollo de su papel, que queda peligrosamente en el borde de la definición de «florero», lo cual es injusto dadas las posibilidades de la actriz.

En resumen, una película entretenida, con una duración excesiva, en general correcta en sus aspectos formales, y de la que no sales con la impresión de haber perdido el tiempo. Le pondremos un siete en todo, interpretación, dirección y valoración subjetiva.

No son los cielos de África, que son los de Almudévar (Huesca), pero tampoco están mal

La vida de los otros (2006)

Cine

Leben der Anderen, Das (2006), 26 de febrero de 2007.

Son diversas las obras literarias o cinematográficas que nos trasladan a sociedades distópicas. Ejemplos tenemos en Un mundo feliz, el cómic V de Vendetta, la reciente película Hijos de los hombres, aquella tremenda La Naranja Mecánica, Farenheit 451, y cómo no, 1984. La distopia, como utopía negativa, nos lleva a sociedades totalitarias, a personas reprimidas, a conductas anómala, en ocasiones bajo el disfraz de un orden, una felicidad o un paraíso aparente.

Pero nada nos estremece más que aquellas obras que nos traslada a sociedades reales, que han alcanzado terriblemente, un estado de sociedad distópica, que nos llevan a dictaduras reales, con sufrimientos reales, con falso paraísos convertidos en infiernos reales.

Tengo la sensación de que no es por casualidad que este filme alemán dirigido por Florian Henckel von Donnersmarck, nos devuelve al año 1984 precisamente. Aunque en este caso no se trate de un futuro hipotético y terrible, sino de un pasado real y tambien temible. El lugar, la dictadura prosoviética de la antigua República Democrática Alemana en sus últimos años, pero con todo su aparato de represión y de allanamiento de los derechos civiles en pleno funcionamiento. En este entorno, una pareja formada por un autor de éxito y relativamente integrado en el régimen y una actriz en las mismas circunstancias se ve sometida a vigilancia por la Stasi. Y no por razones políticas o criminales, sino por el capricho de un alto cargo del gobierno y del partido.

Esto nos lleva a ser nosotros también espías de la pareja espiada, de su círculo de amigos y, sobretodo, del oficial responsable de la vigilancia. Conoceremos su evolución personal, aprenderemos de ellos,… y hasta aquí puedo contar. La película es un drama, con sus tonos trágicos,… y sus tonos de esperanza. La ambientación, la iluminación, la puesta en escena en el Berlín oriental del otro lado del muro, nos lleva sin dificultad a las distopias de ficción que antes hemos comentado.

La interpretación es magnífica; de lo mejor. Conocía ya a Martina Gedeck, a quien pude admirar en la «deliciosa» Deliciosa Martha, y en la curiosa Las partícula elementales. También a Sebastian Koch, oficial de las SS en la reciente El libro negro, recientemente comentada en este Cuaderno de Ruta. Ambos están excelentes. Pero sobre todo me ha impresionado la actuación de Ulrich Mühe, componiendo un capitán de la Stasi que es todo manual del buen hacer interpretativo, con algunos momentos y escenas antológicas.

En resumen, una película excelente. De lo mejor que he visto en los últimos años, y con ventaja. Le coloco un nueve, con un diez en la interpretación y otro nueve en la dirección. Por favor, más como esta.

Check Point Charlie, uno de los puestos fronterizos entre el Berlín oriental y el occidental, conservado como reclamo turístico

Letters from Iwo Jima (2006)

Cine

Letters from Iwo Jima (2006), 19 de febrero de 2007.

Se ha planteado la combinación de esta película junto con Banderas de nuestros padres, como un díptico que muestra la visión del director, Clint Eastwood, sobre este impresionante hecho bélico que fue la Batalla de Iwo Jima. Tras ver los dos filmes, mi opinión es distinta. En este momento, creo que la primera película, que por sí sola es absolutamente prescindible, fue la causa desencadenante que permitió la creación de la segunda, que por sí sola es absolutamente imprescindible.

Desde mi punto de vista, estamos ante una de las películas bélicas más importantes de la historia del cine. El planteamiento es sumamente valiente. Un director norteamericano, relativamente conservador, decide meterse en la cabeza y en las entrañas del enemigo y exponer sin maniqueismos ni excesivos apriorismos las razones y los sentimientos de esos japoneses tan odiados en su momento, como despreciados o temidos en otros. No estamos ante una película que narra hechos bélicos, que están presentes como un transfondo condicionante y necesario para conocer a una serie de personajes más o menos reales, que arrastran (y arrostran) unos profundos condicionantes históricos y culturales, pero que sufren y sienten de forma muy similar a como lo harían si hubiesen nacido en cualquier otra parte del globo.

Dos son los protagonistas del filme.

Por una lado, la cabeza de la división japonesa en defensa del triste y sulfuroso islote, el teniente general Tadamichi Kuribayashi, excelentemente interpretado por Ken Watanabe. Su discurso no es muy distinto del de muchos generales de todos el mundo. Estan ahí para defender a la patria (la maldita y eterna «patria»), al emperador, el honor y la familia. Valores conservadores que han servido de excusa secular para las más tremendas carnicerías y desmanes. Sin embargo, se presenta como un hombre mesurado, respetuoso con sus hombres, amante de su familia, absolutamente convencido de que esa guerra no debería haber comenzado nunca.

Por otro lado, el soldado más modesto y calamitoso del contingente nipón, Saigo, no menos excelentemente interpretado por Kazunari Ninomiya. Torpe con las armas, incapaz de comprender la mayor parte de las cosas que le rodean, sólo sabe que es un simple panadero, a quien le gustaría seguir al frente de su panadería, con su esposa y su hija, bebé a quien no conoce.

Alrededor, una serie de personajes, diversos, unos buenos, otros malos, otros ni buenos ni malos, que responden de forma distinta a situaciones similares o diversas. Simplemente gente, y una descripción de cómo reaccionaron a una situación imposible. Apenas 21.000 hombres abandonados a su suerte por el Imperio del Japón, aun a sabiendas de la imposibilidad de la victoria, y con la orden de morir antes de reconocerse derrotados. Todo se mezcla, y es difícil de separar. Heroísmo, generosidad, crueldad, fanatismo, sacrificio por el otro, sacrificio por nada.

La parte norteamericana aparece poco, y también aparece ambivalente, no hay buenos ni malos en este negocio.

Técnicamente, la película es casi perfecta, pese a la dificultad de tener como escenario casi continuo unas claustrofóbicas cuevas. La fotografía, con colores muy poco saturados, casi monocromos, pero cálida, acompaña perfectamente la ambientación del filme. El metraje es un poco largo, pero no te cansas, aunque si que te sientes aliviado cuando el desenlace llega.

Evidentemente, en materia de dirección, y a pesar del poco interés que suscitó la predecesora de este filme, Eastwood es un de los referentes actuales en materia de autoría cinematográfica, y así se pone de manifiesto año tras año. A esta película yo le pongo un nueve, con idéntica nota en dirección e interpretación, ya que son muy poquitas las cosas que la alejan de la perfección.

La única nota lamentable de esta experiencia cinematográfica fue la nota expuesta por la sala de cine (el Cinema Elíseos de Zaragoza), lamentándose de tener que exhibir el largometraje en versión original subtitulada por «exigencias del director». Qué pena esta actitud, cuando uno de los atractivos del filme, motivo de publicidad positiva, tendría que ser la oportunidad de escuchar y sentir a los actores y a sus personajes tal cual, sin la adulteración del doblaje. O que pena de país, si somos tan paletos y papanatas que todavía somos incapaces de admitir nada que no esté hablado, aunque de forma falsa, en nuestro idioma materno.

Amanecer cerca de Almudévar, Huesca, preludio del Sol Naciente, emblema del Imperio del Japón

Juegos secretos (2006)

Cine

Juegos secretos (Little Children, 2006), 12 de febrero de 2006

Una vez más, con este filme de Todd Field, a quien ya pudimos admirar en la triste En la habitación, el peligroso psicópata que traduce los títulos de las películas extranjeras al castellano ha vuelto a hacer de las suyas. El título en inglés, que traducido sería Niños pequeños, tiene todo su sentido tanto por la presencia de estos diminutos seres como personajes de esta adaptación de la novela del mismo título escrita por Tom Perrotta, como por su valor como metáfora de los sentimientos y de los comportamientos de los personajes adultos de esta obra de ficción. Supongo que la distribuidora habrá pensado que vale más dar una falsa sensación sobre el contenido real de la película, un drama, y hacer creer que estamos ante una película de alto contenido erótico. Lo cual no es cierto a pesar de las escenas de sexo explícito entre sus protagonistas. Para qué vender una posible calidad cinematográfica si puedes vender carnaza.

Situada la acción en el ficticio (creo) condado de East Wyndam, Massachussets, en lo que pretende ser el corazón de la civilizada, rica y feliz Nueva Inglaterra, el entorno invita a pensar en una vida tranquila, sin grandes preocupaciones, con un nivel de vida razonable, pura clase media de la costa este norteamericana. Y allí nos encontramos una serie de personajes que navegan por el mundo a punto de naufragar, si no lo han hecho ya. Una mujer (Kate Winslet) y un hombre (Patrick Wilson), ambos de profesión «amas de casa», con insatisfacción en sus teóricamente perfectos y acomodados matrimonios. Un antiguo policía (Noah Emerich) marcado por un error cometido en el pasado en relación con un adolescente, casi un niño. Un pedófilo que ha cumplido su pena en prisión (Jackie Earle Haley) y que se ve en el brete de tener que volver a vivir en sociedad, con sus compulsiones aún vivas. Los temas son varios. La intolerancia, la soledad, el adulterio, los matrimonios vacíos… todo siempre desde el punto de vista de los niños, pero no de los que tienen tres o cuatro años, que están ahí, que aglutinan o desencadenan, sino de los niños de 30 ó 40 años, que son los que realmente necesitan cuidados y atención en esta historia.

La película, que peca de un metraje ligeramente excesivo probablemente por el interés de adaptarse a la obra literaria de origen, se ve bien. Produce momentos de desasosiego o tristeza contenidos, pero también echa guiños a la esperanza. Es un verano, lo que nos cuenta; pero sobretodo es un proceso de maduración de estos niños adultos que tienen que comprender qué es lo que les está pasando.

De la interpretación, destacaremos especialmente a la Winslet, que está en estado de gracia, así como a los «protagonistas secundarios» Emerich y a Haley. Wilson, que siendo hombre para variar lleva el peso de ser el «florero» de la película, cumple razonablemente con su papel gracias a un físico particularmente adaptado, con su aspecto de cachas con cara aniñada. Un papel secundario, aunque aparezca tercera en los títulos, tiene la guapísima Jennifer Connelly, a quien nos gustaría ver más.

En resumen, una película que no es especialmente fácil de ver o de digerir, que se aleja de los paradigmas actuales, pero que tiene atributos cinematográficos interesantes sin duda alguna. Yo le pondré un siete, con un ocho en la interpretación y otro siete en la dirección.

Pues no, no es Nueva Inglaterra; es la vieja Inglaterra, Catedral de Wells, Somerset

¡Oh, maravilloso Miles!

arte música y literatura, Cine

A la gente no le suele gustar el jazz. Todo lo más algunas piezas vocales más o menos populares de fácil escucha. Y sin embargo, hay cuestiones de este género musical que me apasionan. La libertad de los músicos, el diálogo que establecen los instrumentos entre sí, el ritmo,… La gente te mira raro si les dices que te gusta el jazz,… piensan que eres un pedantillo en esto de la música. Salvo que te muevas en un ambiente predispuesto… entonces si no te vuelves realmente un pedantillo corres el peligro de desentonar también. Vamos que es difícil acertar. Es difícil que te guste sin más. Sin entrar en raros análisis, simplemente porque te apetece. Sin tener que aprenderte de memoria las grabaciones de los distintos músicos. Pero sin tener que pedir disculpas por preferirlo 10 veces de cada 10 a O.T.

Y recuerdo perfectamente uno de los momentos en los que decidí que me gustaba. Hace muchos, muchos años. Escuchando la banda sonora de Ascenseur pour l’échafaud, película de Louis Malle, a la que puso magistralmente música Miles Davis. Recientemente he recuperado esta banda sonora, y últimamente la escucho con frecuencia. Como muchas otras obras de Davis, o de John Coltrane, o de Oscar Peterson, o de Charlie Parker, o…

Bueno. Pues eso. Ya he salido del armario. Lo confieso. Me gusta el jazz. Soy incapaz de soltar erudiciones sobre el tema, nunca recuerdo el título de los temas, y de los músicos sólo recuerdo el nombre de la mitad, pero es así. Me gusta el jazz.

Sesión en el Hot Clube de Portugal, en la Praça da Alegria de Lisboa

El libro negro (2006)

Cine

El libro negro (Zwartboek, 2006), 5 de febrero de 2006

Paul Verhoeven, director holandés a pesar de que poca gente conoce sus trabajos en su país natal, es un director que se prodiga poco. Afortunadamente dirían muchos, dado el carácter de alguno de sus bodrios. Y no sólo uno. Claro que también recordaremos alguna divertidísima parodia de las películas de ciencia ficción, o el calentón que nos dio con cierto cruce de piernas. Y desde principios de los años 80, básicamente ha desarrollado su carrera en los EE.UU.

Bueno. Pues hete aquí que se nos vuelve a sus Países Bajos natales y se pone a rodar una superproducción de 145′ de duración (¿alguna vez he dicho que la mayor parte de las historias se pueden contar, cinematográficamente en 100′?). Eso sí, con un ambiente y unos actores totalmente europeos.

La historia no es especialmente nueva. Parte del estereotipo, muy popular en los países anglosajones de la «damsel in distress«; vamos, una dama en apuros. En este caso, ambientada en los movimientos de resistencia europeos a la invasión nazi. Hay diversos antecedentes de filmes basados en heroínas que se meten en apuros tremendos, sufriendo la violencia, el acoso (muchas veces sexual), e incluso torturas diversas, en sus peripecias contra las malvadas SS. Vamos, los elementos típicos de las historias de damsels in distress.

Lo que cambia en el planteamiento de Verhoeven es que rompe notablemente con ciertos maniqueísmos, según los cuales los malos son extremadamente malos y los buenos, buenísimos. De trasfondo reside una crítica del director a su propio pueblo, poniendo en solfa las actitudes tanto individuales como colectivas, en temas como las diferencias políticas entre los resistentes, las actitudes de intolerancia religiosa, o la existencia de abundantes colaboracionistas… como en todos los países y en todas las guerras.

Determinados aspectos del desenlace de la historia son previsibles, cosa que como ya he dicho en alguna ocasión, no me gusta. Especialmente cuando la historia tiene intriga. Se intuye quienes vamos a ser los malos ocultos. A pesar de su excesiva duración, la historia es entretenida, y te engancha razonablemente.

La interpretación está total y absolutamente centrada en el personaje que interpreta con razonable solvencia la guapa Carice van Houten. Pero está muy bien acompañada especialmente por los alemanes Sebastian Koch y Waldemar Kobus, y los holandeses Thom Hoffman y Dolf de Vries, entre otros.

En general, la película se merece un siete, ya que me parece una de aventuras razonablemente entretenida, que no me ha producido tanto entusiasmo como a algunos críticos, con la misma nota en la interpretación y la dirección.

Maldición, no tengo a mano ninguna de las fotos de La Haya que tomé en 1993, para ilustrar un historia que transcurre en la capital holandesa; así que nos conformaremos con esta vista de Cap Frehel, Bretaña (Francia), tomada el mismo año

Los almacenes Harper

Cine, Televisión

Leía recientemente en ¡Vaya tele! que tras unos pocos capítulos, La Sexta iba a dejar de emitir la sitcom norteamericana Cómo conocí a vuestra madre. Esta teleserie la he seguido en inglés subtitulado y me parece una de las más divertidas que he visto en mucho tiempo. Al estilo de Friends (a ratos diría que algunos decorados son comunes), pero con unos guiones que me parecen más ágiles y más incisivos, ha conseguido arrancarme unas cuantas carcajadas. Uno de los motivos que comentaban para su desaparición es que muchos de los chascarrillos tienen muy difícil traducción al castellano. Y aquí quería ir yo… al problema de los doblajes al castellano… infames doblajes…

Ayer mismo, me apoltroné en casa para pasar la tarde del domingo con un maratoncillo de películas de Hitchcock que echaban en TCM clásico. Una de las películas era La ventana indiscreta. En un momento dado, la guapísima y en algunas escenas muy sensual Grace Kelly (que morros saca en esta peli… ya los quisieran muchos para sí), comenta al «lisiado» James Stewart que tiene previsto ir a cenar con los directivos de los «almacenes Harper«. Es obvio que el traductor no había oído hablar nunca de la prestigiosa revista de modas Harper’s Bazaar, para la cual trabajaba el personaje de la rubia y bella actriz en el filme.

O pasándonos de nuevo del cine a la televisión, la anatómica Meredith Grey comenta en la versión en castellano del último capítulo de la segunda temporada de Anatomía de Grey que no sabe dónde ha metido unas medias negras, tras unos escarceos poco profesionales en una sala de curas. Curiosamente, se verá en la continuación de la tercera temporada que surge un tremendo problema con unas bragas negras. El problema, en realidad, es que parece que el traductor de la serie no se ha enterado que panties en inglés de los EE.UU. significa bragas, por mucho que en la Península Ibérica denominemos pantis a cierto tipo de medias.

No me meteré con los asesores médicos de las teleseries que no impiden que en un momento dado a alguien le practiquen una oximetría del pulso (que horror, aunque… ¿tendrá que ver con que le pongan un pulsioxímetro?). Son términos especializados, que en realidad al espectador ni le van ni le vienen. Con que sean raros, ya están bien.

Parece inevitable que en este país se doblen las películas y las teleseries. Es una lástima. No es más que un índice de haste que punto somos paletos y cerriles. Pero bueno… ya que se ponen… ¿por qué no lo hacen bien? Porque estos son sólo dos ejemplos cogidos al vuelo… que todos los días podríamos sacar varios… País…

Espero que si algún día vuelva a interesarse por How I met your mother, lo hagan con un doblaje digno. Porque si no, realmente no merece la pena que lo intenten… y puestos cerramos las televisiones españolas… que para lo que echan…

Paisaje nevado en las proximidades de Ojos Negros, Teruel