La Caja Kovak (2006)

Cine

La Caja Kovak (2006), 30 de enero de 2007.

Contra todo pronóstico, en la lluviosa tarde de martes acabo en el cine con unos amigos. No elijo película, pero tampoco le pongo pegas. En algún sitio, había visto que el filme de Daniel Monzón no estaba mal.

Pues bueno. No. La película está mal. Un thriller con cierto aire de ciencia ficción que bastante mal interpretado por un internacional Timothy Hutton (o alguien que se ha comido y a tomado el aspecto del protagonista de la estupenda Beautiful Girls) y la maciza pero sosa y con cara de estreñida Lucía Jiménez.

No perderé mucho tiempo. La historia no se sostiene, los actores no se lo creen, el privilegiado entorno de la Isla de Mallorca no es aprovechado en la medida adecuada, no te crees nada, y lamentas profundamente no haberte dedicado a tomarte unas cañas que era el plan inicial para la tarde. Y es que hay que estar a lo que se está. Que hay que tomarse lo del cine muy en serio… y si los cineastas no lo hacen lo tendremos que hacer los aficionados.

Le daremos un cuatro, con un cinco para la interpretación por aquello del beneficio de la duda de lo que podían haber hecho en otras condiciones, y un tres para la dirección (ufff, que dureza la mía hoy).

Paisaje costero cerca de Banyalbufar, Mallorca

(Por cierto, con esta llego a mis primeras 500 entradas en el blog; mira tú que bien)

El truco final (El prestigio) (2006)

Cine

The Prestige (2006), 21 de enero de 2007

Reconozcámoslo. Cuando veo una película de intriga o misterio, con un desenlace que se supone ha de sorprender al espectador, y hacia la mitad de la película ya he descubierto parte de ese misterio, y cuando sólo que una cuarta parte de la misma ya me imagino casi completamente de qué va a ir el final, esta película pierde muchos enteros en mi valoración.

Cuando nos enfrentamos a una película con misterio, pueden pasar tres cosas. La primera es que consigamos averiguar «antes de tiempo» el desenlace. Obviamente, hay un problema en la concepción de la historia o en cómo se ha trasladado al guion cinematográfico. El desenlace debe actuar de auténtico climax del filme, nos ha de sorprender, y si esto no es así, hay cierto grado de fracaso. Y esto es lo que me ha pasado con este largometraje, firmado por Christopher Nolan. Con cierta frecuencia, en el cine actual no conseguimos adivinar el desenlace; pero desgraciadamente no se debe a la habilidad del guion y de su traslación a la pantalla, sino porque el guion es tramposo, nos ha hablado de unas cosas y al final se saca de la manga una sorpresa con elementos que no estaban en el planteamiento y en el nudo de la historia. Muy típico de esta época de malos guiones, donde priman los efectos especiales. Lo ideal es que en la historia estén todos los elementos que necesitamos, pero combinados de tal forma que nos mantega en un vilo, que nunca estemos seguros de qué va a pasar y que al final tengamos esa sensación de sorpresa que acompaña a la magia del buen cine. Es lo que yo esperaba aquí… y no he tenido. Todo me ha parecido demasiado obvio.

La historia es una de rivalidades, realmente encarnizadas, por no decir odio, entre dos ilusionistas de principios del siglo XX que se dedican a hacerse la cusca el uno al otro constántemente.

Los dos personajes principales, interpretados por Hugh Jackman y Christian Bale, absorben casi toda la película, lamentablemente porque hay algunos personajes secundarios que merecerían un mejor trato. Michael Caine nos ofrece uno de esos secundarios entrañables, y con su buen hacer nos sabe a poco. Dos de los personajes femeninos, los interpretados por Rebecca Hall y Scarlett Johansson, se me hacen escasos; creo que su incidencia en la historia personal de los protagonistas es importante, y en el filme quedan reducidos poco más al rol de necesarios «floreros«. Un pena. El tercer personaje femenino, interpretado por Piper Perabo, tiene un corto desarrollo más ajustado a las necesidades de la historia. El hecho de que el científico e ingeniro Nikola Tesla esté interpretado por un irreconocible David Bowie me parece intrascendente. Todos ellos cumplen sin mayor problema, no pudiendeseles achacar especialmente las debilidades del filme, que además de previsible es innecesariamente largo.

Entre los meritos de la película está sin duda la impecable producción, con una acertadísima ambientación en el Londres de la época, y una más que adecuada fotografía que nos permitiría introducirnos bien en el ambiente de la historia.

En fin, que dado como está el panorama, tampoco es que la vayamos a suspender, ya que le daremos un seis, pero una vez más las espectativas del espectador se ven defraudadas. La dirección no pasará tampoco de seis, con un siete en la interpretación.

Por cierto, el vil traductor de títulos ha vuelto a hacer de las suyas. ¿Qué necesidad había de cambiarle el título al largometraje para luego poner el título traducido entre paréntesis? ¿Es que no hay nadie con dos dedos de frente y una pizca de sentido común en las distribuidoras de este país? ¿Tan tarados nos creen como para pensar que con el título original la película no interesará?

Me permitiré un punto macabro con esta imagen de una momia egipcia del British Museum, Londres, Reino Unido

Hollywoodland (2006)

Cine

Hollywoodland (2006), 15 de enero de 2007

Es curioso comprobar cómo a veces las películas vienen por características o temática de dos en dos, y a veces de tres en tres, como los animalitos del anuncio. Así, hace unas semanas veíamos una de ilusionistas, y ahora tenemos en la agenda ver otra, eso si contar la que vimos de Woody Allen, que va por otros derroteros, pero que también incluye ilusionista. También veíamos hace unas semanas una película sobre un asesinato en el Hollywood de posguerra, y aquí tenemos este filme de Allen Coulter, en el que se vuelve a insistir en la época y en la temática, estando basados ambos aunque sin ser fieles a determinados hechos reales.

En este caso, se trata de darle unas vueltas a la muerte de George Reeves (interpretado por Ben Affleck), el primer Superman que alcanzó cierta fama en la pantalla, en este caso en la pequeña pantalla. Este fue un actor, secundario en el cine, de poco éxito, frecuente en las series B hasta que pasó en la televisión, cuando esta se iniciaba. Se le conocen diversos amoríos, entre otros con Toni Mannix (interpretada por Diane Lane), una mujer algo mayor que él, que fue amante primero y después esposa de E.J. Mannix (interpretado por Bob Hoskins), un alto ejecutivo de la Metro Goldwin Mayer, al que se asoció con el mundo del gangsterismo y de quien se sospechó aunque nunca se demóstro estar vinculado con diversas muertes de personas allegadas que «le molestaban» por uno u otro motivo. En el filme, aparecen las presuntas relaciones entre todos estos y otros personajes, como la novia formal del muerto (en el filme, Robin Tunney), la madre (encarnada por Lois Smith) y otros. Se presentan varias hipótesis derivadas de las investigaciones de Louis Simo, detective imaginario interpretado por Adrien Brody, aunque fuertemente basado en el real Milo Speriglio. Obviamente, no adelantaré aquí, cuál es la resolución del caso.

La película esta realizada con corrección aunque, desde mi punto de vista, carece de un poco de «alma». Las interrelaciones entre los personajes aparecen muy superficialmente dibujadas, y hay muchas cosas que suceden que no entiendes porqué suceden. Se utiliza con profusión el flashback para ir desde los hechos actuales que le pasan al detective a la vida previa del muerto, con variaciones en la fotografía para resaltar los cambios. Técnica muy habitual en estos casos. La resolución del caso es… bueno,… hay para todos los gustos. Hubo quien se sintió defraudado y otros entendimos que era la única posible aunque quizá no todo lo bien narrada que hubiese debido.

La interpretación queda en correcta por parte de Brody y Affleck (lo de este último ya es un mérito, en cualquier caso, porque mira que es mal el condenado), a muy buena en el caso de Lane y Hoskins, que nos dejan con ganas de que salgan más en pantalla y nos deleiten al mismo tiempo que enseñan a interpretar a otros.

En resumen, una película que entretiene sin más, que se hace un poquito larga, por lo que hay algún momento de cierto aburrimiento, y que no aporta nada de especial al genero. Le pondremos un seis, con lo mismo en la dirección, y un siete a la interpretación como homenaje a los momentos buenos proporcionados por los antes mencionados.

Nos miran, vayamos por donde vayamos, nos miran

Hasta la vista, Lily Munster

Cine, Televisión

Me llega por distinta vías la noticia del fallecimiento de Yvonne de Carlo. Y se me llena el corazón de la nostalgia de los días de la infancia, cuando no había televisiones para elegir, y teníamos la elección mucho más sana de ver la televisión o irnos a jugar. De vez en cuando tocaba ver la televisión, y un programa que no había que perderse era La familia Munster (no Monster como alguno dicen). Y allí estaba ella, ama de casa de atractivo gótico y vampírico, verdadera adelantada a siniestras tribus urbanas más actuales, derrochando clase y humor. Era Lily Munster, verdadero pilar de la «terrorífica» y divertida familia. Los auténticos. A mí, los Adams siempre me han parecido unos advenedizos, a pesar de que como viñeta vienen ya de los años 30 del siglo pasado, y por lo tanto ser casi 30 años anteriores conceptualmente.

Pero no pensemos sólo en Yvonne (que nombre tan rotundo y sugerente) como la «encantadora» Lily. Hay que pensar en ella también como una de las más guapas novias de los vaqueros que por el western se han movido. Por no hablar de ser la esposa de ese hierático Moises que compuso Charlton Heston en la mastodóntica y deMilliana Los Diez Mandamientos. Quizá le faltaron papeles de relumbrón para hacer de ella la estrella que otras fueron, pero para mí siempre será única. Quizá haya algo de fetichista en esta admiración, pero qué se le va a hacer. Uno, que es humano. Y ya lo dice su artístico apellido, siempre será mi Yvonne.

Cementerio en Glasgow, Escocia (Reino Unido)

María Antonieta (2006)

Cine

María Antonieta (Marie Antoinette, 2006), 8 de enero de 2007

Aprovechando que estaba de fiestecilla estos días atrás, he aprovechado para que me cundiera el tiempo de ocio, así que en pocos días he visto otra película. La tercera de Sofia Coppola, un nombre que tras sus dos primeros filmes, me inspiraba confianza en los resultados.

En esta ocasión, la directora abandona las tribulaciones de adolescentes y jóvenes de hoy en día para darnos a conocer las de una adolescente y joven de hace 250 años. Y nos referimos a Maria Antonia von Habsburg-Lothringe, que a la joven edad de 14 años se convirtió en delfina de Francia, y con 18 años en la desafortunada reina del país vecino. Esta fue una reina joven, que en el momento en que comienza la Revolución tiene 34 años, y 38 en el momento en que perdió (literalmente) la cabeza. Y en esta juventud, radica la tesis de la película, que prentende mostrarnos con ojos amables la personalidad de una joven, que lo que busca en la vida es lo que buscan todos los jóvenes, ser admitidos por los demás y divertirse, y que los acontecimientos la llevaron a un final trágico, cuando ella no estaba especialmente interesada en políticas y otros males.

El resultado es un largometraje excesivamente largo, en el que constantemente aparece en pantalla la actriz que da vida al personaje histórico, Kirsten Dunst, una actriz que aunque físicamente dé el papel, creo que tiene excesivas limitaciones interpretativas para decirnos algo con la profundidad necesaria sobre el personaje. La historia está poco centrada, se expande por un período de 20 años y no explica bien porqué pasan muchas de las cosas que pasan. Tampoco queda claro el paso del tiempo. Las elipsis no son evidentes. La propia actriz resulta poco creíble como evolución a lo largo de los años. Todo es demasiado superficial. Demasiada preocupación por decorados, vestidos y peinados no ocultan las debilidades del guion (que no de la historia, que da para mucho más). Se dan por dadas cuestiones que no están claras históricamente (como ciertos amoríos), mientras se ocultan aquellas situaciones que causaron la indignación popular hacia el personaje, fueran ciertas o falsas.

Del resto de los intérpretes, son demasiado secundarios para que les prestemos mucha antención, aunque siempre me gusta ver a Judy Davis, a quien aprecien en su momento en algunos filmes de Woody Allen, y quizá debamos mencionar al actor que interpreta a Luis XVI, Jason Schwartzman, que cumple sin más.

En fin, que el esfuerzo de producción hace que a la película se lleve un seis, aunque sin más, con la misma nota para la dirección, también por el esfuerzo, y para la interpretación, por que todos los demás intérpretes no tienen la culpa de las limitaciones de la protagonista.

Jardines de Versalles – Por algún motivo, en la película se insiste en que a Marie Antoinette le gustaban los amaneceres mirando hacia estos jardines y estanque, cuando por más vueltas que le doy el Sol sale por el lado opuesto

Banderas de nuestros padres (2006)

Cine

Banderas de nuestros padres (Flags of our fathers, 2006), 7 de enero de 2007

Después de sus últimas y maravillosas películas, uno se acerca a ver una película de Clint Eastwood con una mezcla de reverencia y temor. Reverencia por el oficio y la maestría que ha conseguido el veterano por no decir anciano director en el arte de realizar películas. Algo que hoy en día no se puede decir de muchos directores cinematográficos. Temor por el miedo a que la buena racha se acabe, y en un momento dado nos sintamos decepcionados.

Otra cuestión a tener en cuenta al acercarnos a esta película es que en la producción anda metido el para mí siempre contradictorio Steven Spielberg. Uno siempre se preguntará hasta que punto los productores cinematográficos son capaces de influir en una película. Y si esto será para bien o para mal. Y tengamos en cuenta que Spielberg ya nos ofreció su particular visión de la guerra, con resultados que para mí fueron muy contradictorios. Especialmente, desde sus aspectos éticos. Si bien las producciones de Spielberg suele gozar de gran calidad, lo que aumenta las expectativas, su capacidad de manipular, aumenta de forma proporcional el temor. En estos momentos desconozco hasta que punto ha influido en el resultado del filme.

Un filme que para mí adolece de un elemento fundamental, sin el cual ni el mejor de los directores es capaz de hacer milagros. Esta película carece de un buen guion. La historia que nos cuenta, la recogida de información del hijo de uno de los «héroes» de Iwo Jima que aparecen fotografiados en la famosa imagen de Joe Rosenthal del izado de la bandera en el Monte Suribachi, se hace prolija y pesada en determiandos momentos. Los momentos de acción bélica, en forma de reflexivos flashbacks duros pero impecablemente rodados, apenas consiguen paliar la monotonía de las peripecias de los soldados en su gira para recaudar fondos. La realización por lo demás es impecable,… pero uno se aburre.

Las interpretaciones de la multitud de personajes que salen son razonables, aunque yo me atrevería a echar de menos la intensidad de Tony Curtis interpretando la nativo americano Ira Hayes en El Sexto Hombre.

En fin, qué se le va a hacer. Una lástima. Y creo que la culpa de todo la tiene el guion… y también Eastwood por no haber sabido sacarle todo el partido a la historia. Sólo le voy a poner un seis, con un siete en la dirección y otro siete en la interpretación.

Osados «estrategas» analizan la situación en el escenario de otro famoso desembarco, el de Normandía

Babel (2006)

Cine

Babel (2006), 2 de enero de 2007

Después de comenzar el año NO EXACTAMENTE del modo que yo prefería, pero afortunadamente con bien, opto por ir al cine, a lo que a priori es un valor seguro. Los dos anteriores filmes que he visto de Alejandro González Iñárritu me sorprendieron por su ejecución formal, moderna, pero alejada de moderneces, por su capacidad para desarrollar guiones no lineales pero altamente coherentes, por la dureza de las historias que se plantearon, con cierta desesperanzadora visión del ser humano, pero a la vez con algún destello de luz, y por el buen trabajo de los actores y actrices que participaron.

El conjunto de historias aparentemente inconexas al principio pero íntimamente interrelacionadas finalmente ilustra la siguiente tesis. Pequeños actos humanos, inofensivos por sí mismos, incluso cargados de las mejores intenciones, pueden abocarnos a dramas e incluso tragedias, relacionadas en muchas ocasiones por el constante ejercicio de incomprensión que realizamos en nuestras relaciones diarias. También evoca la existencia de ciudadanos de primera categoría que puede salir airosos con facilidad de estos dramas, y de ciudadanos que ni siquiera son ciudadanos para los que estos dramas se convierten en sistemáticamente en tragedias. Y no parece que hagamos gran cosa por evitarlo Todo ello, nos situemos en San Diego, en el Atlas marroquí o en Tokio. Hablemos castellano, inglés, árabe, japonés o el lenguaje de signos. Aunque dudo de que el motivo de la incomunicación sea el babel linguísitico y no el de los prejuicios y el de la injusticia. Resumiendo, el problema es la incomunicación global que absorbe a la especia humana.

No existen protagonistas definidos que arrostren el peso de las historias. Una vez recae en dos niños marroquíes que aparecen injustamente sepultados en la lista de intérpretes, Boubker Ait el Caid y Said Tarchani, otra vez cae en la excelente Adriana Barraza, en su papel de criada ilegal mejicana, o en la sordomuda japonesa Rinko Kikuchi, e incluso en los reyes del reparto, aunque no necesariamente los mejores de él, Brad Pitt y Cate Blanchett.

Esta es una película para la reflexión. Profunda. Al mismo tiempo es una película para el amante del cine. Para quien gusta de un guion elaborado, complejo, al servicio de un historia también elaborada y compleja. Quien quiera ver héroes y finales redondos que se quede en casa. Aunque ellos se lo pierden. Por mi parte de lo mejor que he visto últimamente. Le pondremos un nueve a la valoración global y a la dirección, y un ocho a la interpretación.

Nos miran, en la calle Sancho Lezcano, Zaragoza

Déjà vu (2006)

Cine

Deja vu (2006), 17 de diciembre de 2006

Si uno se va a ver una película de Tony Scott tiene que asumir las consecuencias. Es relativamente probable que sea mala o, cuando menos, floja. Habrá abundancia de fuegos de artificio y violencia. Tendrá una realización cuasimareante (o sin cuasi). Con esto claro, y sin llamarse a engaño vamos a ello.

La película es de viaje en el tiempo. Esta es una temática difícil. Jugar con las paradojas del viaje en el tiempo es difícil y, a estas alturas, para quien guste de la ciencia ficción, con muchos caminos ya explorados. La primera parte de la película, en la que encontramos la investigación de dos crímenes que resultan estar relacionados, tiene su interés. Uno intuye por donde van a ir los tiros, pero hay ritmo. La parte de ciencia ficción está tratada con simplismo. Se sueltan una serie de frases difíciles, se mencionan los pliegues en el espacio-tiempo y los agujeros de gusano, y ya está todo. No se han calentado mucho la cabeza. Al fin y al cabo, se supone que estamos aquí para ver chocar coches y explotar todo aquello que en la cabeza de una yanqui se entienda que pueda explotar. No sé con qué hacen las cosas en el imperio, pero todo explota que es la leche. Una vez que nos metemos en la dinámica del pimpampum, la película baja de nivel y se queda en algo que todos hemos visto un montón de veces. Entretenida, pero sin más.

El chico es Denzel Washington, haciendo su típico papel de negro, guapo, listo y esas cosas. Un poco a su aire. Cumple, sin más. La chica se llama Paula Patton, y hace el clásico papel anglosajon de las damsels in distress. Es decir, cae en poder de un malo malísimo, y el bueno guapo las pasa putas para salvarla… si es que lo consigue. Eso sí. Está como un queso. Por allí aparece Val Kilmer en un papel que es más secundarios que otros secundarios a los que nadie conoce. Además el chico empieza a estar muy deteriorado.

En fin, un entretenimiento, mejor de lo que esperaba, pero que no pasará por lo demás a la historia del cine. Nada. Le ponemos un seis, con la misma nota para dirección e interpetación, y todos contentos.

Así me gusta, que la policía nos proteja eficazmente contra todo riesgo. Seguro que con esas cintas nadie corre el riesgo de caer al Canal Imperial de Aragón a su paso por Zaragoza.

El ilusionista (2006)

Cine

The Illusionist (2006), 12 de diciembre de 2006

El motor de esta película de Neil Burger es el mundo de la ilusión. Y nunca deberemos confundir la ilusión con la magia, hecho que es frecuente en el mundo del espectáculo, o mejor dicho, de los espectadores. No insistiré en la cuestión.

La acción se sitúa en una Viena, capital del Imperio Austrohungaro, en la que un ilusionista, Edward Norton , que de campesino adolescente se enamoró de una no menos adolescente duquesita. Y van y se recueentran, dándose el caso de que la duquesita, una guapísima Jessica Biel, es la novia del malvado y racional príncipe heredero (erróneamente traducido literalmente como príncipe de la corona en algún momento del film) interpretado por Rufus Sewell. Toda la historia, la vemos interpretada y matizada por los ojos de ese inspector de policía, siervo del príncipe, que compone Paul Giamatti. La acción tiene ciertos componentes de seudohistoria. El Príncipe Rodolfo es un personaje que existió y que se hizo famoso por determinados hechos relacionados con su amante, la baronesa húngara Marie Vetsera, en el Palacio de Mayerling. No diré en que consistieron, para que aquel que no sepa del tema no tenga pistas de por donde pueden ir los tiros.

La película, filmada con una iluminación casi monocroma, en tonos cálidos, fundamentalmente ocres se deja ver bien y te sumerge en un cierto grado de intriga que ayuda a pasar el rato. Sin embargo el guion no está todo lo bien resuelto que debería, con algún rato de sensación repetitiva, de que la cosa no avanza y de que falta ritmo. El personaje del príncipe es excesivamente estereotípico lo cual tampoco ayuda a mejorar la calidad del conjunto. La interpretación de Norton y de Giamatti está muy bien, siendo ambos excelentes actores. Algo que puede extenderse a Sewell, salvo porque su personaje es más lineal y luce menos. La chica, a priori el florero del filme, cumple con razonable dignidad el cometido, lo cual es mucho más de lo que cabía esperar con la carrera previa de la actriz.

En resumen, una película correcta pero que le falta algo para ser notable y que viene ayudada por el buen hacer de sus protagonistas. Le pondré un seis, con idéntica nota en la dirección y un siete en la interpretación.

Tarde de invierno entre Belchite y Fuendetodos, Zaragoza

El perfume. Historia de un asesino (2006)

Cine

Perfume. The story of a murderer (2006), 3 de diciembre de 2006.

Yo leí en tiempos, hace bastantes años, esta novela del alemán Patrick Süskind. Pero me acordaba muy poco. Fue un experimento. Era la primera vez que leía un novela en un idioma distinto del castellano. No tenía mucho sentido; la leí en francés que también era un idioma ajeno al original del libro. Pero me lo regalaron. Con el tiempo me familiaricé con el hecho de leer en idiomas extranjeros. Pero en aquel momento, fue más un esfuerzo que un disfrute.

Así que en la práctica, llego al filme como si no hubiese leído nada. Mejor. Que si no un se lleva disgustos.

En primer lugar, el esfuerzo de producción ha sido impresionante y la misma es lujosa. Una ambientación esquisita, unos efectos digitales para reproducir los paisajes urbanos de hace dos siglos y medio bastante correctos,… vamos que no han escatimado. Con una iluminación cálida pero no monótona que nos sumerje en la historia. La película es visualmente muy bella, incluso en aquellos momentos más escatológicos (en ambos sentidos de la palabra). Es gracioso que para ambientar determinados parajes de la Provenza francesa, se haya recurrido a exteriores en Cataluña . Pero no va mal, son dos territorios similares; ambos bellos (que sí, que lo de antes era broma).

El filme descansa sobre la actuación de su protagonista, el casi desconocido por estos pagos Ben Wishaw, que creo que hace un papel perfectamente creible y muy ajustado. Es una de las claves de lo positivo que tiene la película. Y también influye en la interpretación la aparición de algúnos ilustres que dan un toque de clase al filme, bien sea como perfumista en horas bajas o como padre desesperado. Un papel especial tienen las dos pelirrojas de la película, claves en diversos momentos de la historia, y ambas, tanto la pobre frutera como la rica adolescente heredera cumplen perfectamente con su papel. Ambas son monas, adorables, seductoras en su inocencia y en lo que les toca lo hacen sin menoscabo.

En cuanto a la dirección, a cargo del alemán Tom Tykwer, y al desarrollo de la historia… pues está muy bien durante mucho rato. Uno entra en lo que sucede, casi siente los olores… hay ritmo, misterio,… uno sabe quién es el asesino, pero no se sabe cómo va a acabar la cosa… y así va hasta que… al final el tema queda impreciso. Siendo un drama, hay alguna escena que promueve más la risa que la reflexión sobre lo que está sucediendo, queda burlesco, y hay cosas que no se entienden. No se ha sabido darle un resolución correcta a los pasajes finales de la historia.

En fin, no por ello la suspenderemos. Pero pudiéndosele otorgar un siete en la interpretación, no pasará de seis en la dirección y en la valoración subjetiva. Un pena, porque el tema durante buena parte del metraje aspiraba a mucho más.

Aunque más modesta en su tamaño, la villa de Alquézar (Huesca) viene a la memoria cuando aparecen las vistas de la provenzal Grasse

Casino Royale (2006)

Cine

Casino Royale (2006), 26 de noviembre de 2006.

Con las de 007, me pasa siempre lo mismo. Nunca me han parecido nada del otro mundo, salvo como colección de excesos pirotécnicos, pero por un motivo u otro en muchas ocasiones acabo viéndolas. Y con esta ha pasado lo mismo.

Había algunos alicientes. El primero es que Casino Royale fue la primera novela de la saga 007 escrita por Ian Fleming. Así que, de alguna forma, podemos considerar este filme como una «precuela» (término que se ha puesto de moda y que me parece horrible), del resto de la saga. Salvo por que los acontecimientos se situan claramente en 2006 y no en 1950. Pero vamos, parece poca cosa de la que preocuparse. Además, con coherencia cronológica imposible servir de vehículo anunciador de todo tipo de coches y gadgets, que es una de las funciones principales de estos largometrajes.

En segundo lugar, ha habido cambio de protagonista, siendo Daniel Craig el encargado de encarnar al agente especial más famoso del cine. Ya adelanto que me parece que no lo hace mal; desde luego mucho mejor que la mayoría del resto. Quizá sólo le supere el genuino Sean Connery. El resto del reparto, pues qué más da. Están para lo que están. La guapa principal en esta ocasión ha sido Eva Green, moza que realmente me parece guapa, pero que todavía no sé si es buena actriz. Y son muchas las que no han levantado cabeza artísticamente después de ser chica bond, aunque hayan ganado óscares. Salen un par de guapasa más, y el consabido ramillete de malos con cara de malos.

En tercer lugar, porque se ha comentado que con este filme, cambia el tono del personaje, que se vuelve más humano y más vulnerable, y menos dado a violar las leyes de la física. Pues sí, le dan más mamporros, y se lo tiene que currar para matar a los malos, pero sigue siendo inverosimil en el universo tal cual lo describe la física moderna.

En general, el filme dirigido por Martin Campbell me parece que está algo por encima de la media del resto de la saga, pero sin más. No dejan de ser aventuretas hechas con mucho dinero, cuyo último fin es vender muchas palomitas (a parte de largo y caro anuncio, como antes he mencionado). El guion presenta altibajos, especialmente en el último tercio de la película, pero tampoco sé si eso tiene mucha importancia en este tipo de filmes. En fin que le daremos un seis tanto en valoración global, como en dirección e interpretación. Y va que chuta. Que hoy me coge generoso y de buen humor.

Como comenté hace un par de meses, esta villa en el Lago de Como (Italia), ya ha servido como escenario cinematográfico en otras ocasiones, así como en la película que aquí nos ocupa

Van dos

Cine

Leí en alguna parte que las gentes del cine mueren de tres en tres. Y van dos en una semana. Tras la noticia del fallecimiento de Robert Alman, nos llega ahora la de Philippe Noiret. En este país, a este actor se le recuerda por pocas películas a pesar de que fue extraordinariamente prolífico en casi seis décadas de trabajo. Il Postino (El cartero (y Pablo Neruda)) o Nouvo Cinema Paradiso (Cinema Paradiso) son los más conocidos en los útlimos tiempos. En ambos excelente.

Lo he visto en alguna que otra película francesa que ha ido llegando en la última década a este país a trancas y barrancas, casi siempre penalizado por el horrendo doblaje que suelen tener los filmes galos. El cine francés es irregular, y por lo tanto esa es la imagen que me queda a mí un poco de lo que he visto de este actor, donde junto con alguna cosa realmente interesante como las mencionadas antes, también ha actuado en soberanos tostones (por guapa que sea la Marceau).

En cualquier caso, vaya también desde aquí un recuerdo para este buen profesional, quizá injustamente poco conocido por estos lares. Y que no se cumpla, a corto plazo, lo del tercero (a larga plazo, inevitable será).

La Piramide, Museo del Louvre, París