Creo… por fin creo…

sociedad

Es tremendo el tema de las religiones en el mundo. En los últimos días (no pondre los enlaces,… no los he marcado), he leído cosas de lo más diversas.

En el Reino Unido, unos kurdos, musulmanes ultraconservadores, estrangularon a un chica porque se había dado un beso con el hombre a quien quería, y que era distinto del hombre que su padre le tenía reservado. El besado se encuentra bajo protección en lugar incógnito. Todo ello en nombre de Alá,… por lo que se ve.

En Iraq, no contentos con el follón montado por el Imperio, sunníes y chíies se dedican a darse mutuamente “matarile” con fervor religioso paroxístico.

En España, la confesión religiosa que se dice mayoritaria (y probablemente es así), es decir, los católicos de toda la vida, recomiendan a las familias que no lleven a sus hijos a una nueva asignatura que se denomina “Educación para la ciudadanía y los derechos humanos“. Dicen que atenta contra la libertad de las familias… y lo dicen quienes nos impusieron su catecismo durante décadas… Supongo que si se enseña a los niños un esquema ético y ciudadano más amplio, temerán por su monopolio secular. Claro… si cogemos el primer tema del currículo, nos encontramos con un enunciado tan impío y peligroso como “Reconocimiento de los sentimientos propios y ajenos, resolución dialogada y negociada de los conflictos“. ¡Para qué vamos a aprender a compartir de forma dialogada nuestros conflictos, si ya existen los clérigos o sus caudillos laicos para ordenar lo que debemos pensar y hacer!

Y que conste que creo que la ciudadanía y el respeto a los derechos humanos es difícil que se aprendan en clase, cuando en la vida cotidiana nos comportamos como burros (ver al respecto las noticias sobre accidentes de carretera, comportamiento en los campos de fútbol, reacciones ante los trabajadores extranjeros, etc).

Por otra parte, desde Brasil nos cuentan como un santo ha obrado su primer milagro a través de internet… si es que hay para todos los gustos…

Podría seguir… Pero desde luego, me extraña que no haya más gente que no mande a tomar por donde escuecen las guindillas a las religiones y a sus clérigos.

No obstante, he decidido que es hora de escoger un credo, y de lo que he visto por ahí, lo único asumible es el credo pastafari. Es un “decálogo” de ocho “mandamientos”, o mejor dicho, de ocho “no me gustaría que…”. De verdad… el único que encuentro razonable. Con diferencia.


Hoy, en las fotos, un poco de multiculturalidad (algo ficticia, pero menos da una piedra) en el Mercado Medieval, alrededores de La Seo de Zaragoza