[Cine – obituario] Yo vi a Omar Sharif (1932 – 2015) en persona

Cine

Corría el año 1990. Agosto. Con unos amigos, nos habíamos buscado un viaje económico para pasarnos casi tres semanas completitas, menos los días que salíamos de excursión al Loira, Chartres, Brujas,… en París. Para muchos españolitos, especialmente de mi generación, aunque intuyo que hoy en día también pasa, el salir de España y ver mundo es algo que comienza en la capital francesa. Para los más afortunado, sólo es el primer paso para ir conociendo el mundo. Para los menos, es el recuerdo que les acompañará toda la vida, y que provocará que la ciudad francesa adquiera unas cualidades ultraterrenas, llenas de romanticismo, como si no existiesen los atascos, las filas, los policías con subfusiles amenazadores y, lo más peligroso, el mal humor y la antipatía de muchos parisinos, que injustamente dan mala fama a todos sus compatriotas franceses.

En estas estábamos, tres jóvenes de Zaragoza y una chica de Palencia, metidos en las populosas Galeries Lafayette en el boulevard Haussmann, cuando nos percatamos de que en el centro de planta baja de estos grandes almacenes parisinos se aglomeraba una muchedumbre en torno a un puesto de perfumería. Y ahí estaba. Omar Sharif, el apuesto jerife de Lawrence of Arabia, o el enamorado médico de la rubia y guapísima Larissa en en la revolucionaria Rusia de Doctor Zhivago, firmando envases de perfume que se vendían bajo su nombre.

Reconozcámoslo. Como actor fue irregular, bordeando en numerosas ocasiones la mediocridad. Pero dio un par de pelotazos que harán que permanezca imborrable en nuestra memoria cinematográfica para siempre, y que merecen la pena que esté ahí. Que descanse en paz. Como digo siempre, en el cielo de las gentes del cine, el único paraíso ultraterreno que en el improbable caso de que exista una vida después de esta, merece la pena que exista.

Eso sí, tendrá que esperar todavía un tiempo para reencontrarse con su adorada y perdida Lara, que sigue vivita y coleando por este valle de lágrimas.

Carlos Carreter

Disculpad la baja calidad de la imagen, pero en 1990, con un nivel adquisitivo muy justito, con diapositivas de las baratas con revelado incluido de 100 ISO, en interiores y en la distancia, es difícil conseguir mucha nitidez. Pero el señor del pelo cano… ese era Omar Sharif a sus 58 o 59 años.

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