[Viajes] De paso por Oslo

Viajes

Después de una semana de viaje por las islas Lofoten en el norte de Noruega, más allá del Círculo Polar Ártico, aunque dudosamente el clima que hemos tenido tenga que ver con nada “ártico”, el viaje de vuelta nos dejó con un intervalo de siete horas, que acabaron siendo nueve, entre un vuelo y otro en Oslo, la capital del país.

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Lluvia y fresquito al salir del aeropuerto de Evenes (Hardstad/Narvik); una rareza en este viaje.

Así que nos cogimos el tren y nos plantamos en un momento en la estación central de esta agradable, aunque no demasiado llamativa, ciudad nórdica.

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Fiero tigre ante la estación central de Oslo.

Como ambos habíamos estado previamente en Oslo, nos lo tomamos con calma. Básicamente el plan era ir paseando tranquilamente por Karl Johans Gate… Breve inciso. Siempre me hace gracia esta calle dedicada al rey Carlos XIV Juan de Suecia, y que también lo fue de Noruega, nacido Jean-Baptiste Bernadotte, aquí al lado, en Pau, al otro lado de los Pirineos, que pasó de ser general de la Francia republicana, a ser uno de los mariscales del imperio napoleónico, para terminar siendo rey de dos países nórdicos, durante bastante tiempo. Al morir, se le encontró un tatuaje que decía “Mort aux rois” (Muerte a los reyes). Muy propio. Curiosamente, Hollywood hizo más famosa a su mujer, Desirée Clary, hija de un comerciante que acabó en madre de la actual dinastía sueca, por su noviazgo con el tirano Bonaparte, que acabó prefiriendo a la criolla Josefina de Beauharnais.

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Pues bien, a un francés de los Pirineos está dedicada la más populosa calle de Oslo.

En fin, basta de anécdotas. Decir que fuimos por esta calle hasta llegar al Teatro Nacional, desde nos dirigimos al barrio de Aker Brygge, donde se concentra la modernez de la capital noruega, donde nos encontramos con un nuevo museo de arte moderno, que no visitamos, y donde pasamos una hora bebiéndonos una cerveza viendo pasar al personal. Bueno… os dejo las fotos.

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Subiendo en… cosa con ruedas las cuestas de la Ópera de Oslo.

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Mmmmm, no…. estas no son vikingas de la zona.

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Muy cuca esta zona porticada de tienditas y barecitos. Barecitos que se pasan un montón. Hasta aquí han llegado los “Aperol Spritz” del norte de Italia. Pero no cuestan los 2,50 o 3 euritos de su lugar de origen, sino 130 coronas noruegas, unos 13 “aurelios” comunitatios. Como se pasan.

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Mercado de flores y señor que parece un mosquetero tipo “D’Artagnan”.

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Vimos varios de estos, de distintos colores, que no sabemos qué representan. Será como lo de los osos de Berlín o las vacas de Madrid de hace unos años.

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En estos países nórdicos, en cuanto hay un poco de sol, se ponen a recargar baterías en plan placa solar como locos. Y más si es un sitio agradable y animado como Aker Brygge.

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No entramos en el nuevo Astrup Fearnley Museet, en construcción creo cuando estuve en 2012, dedicado al arte moderno. Pero contemplamos los “Ojos” de Louise Bougeois mientras tomábamos unas cervezas. Ojos, sí, ¿que os habíais pensado?

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Aquí sí que podéis ser mal pensados. Esta escultura en las calles de Aker Brygge está enseñando el potorro.

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Lo que parecen dos políticos ante el parlamento noruego partiéndose el pecho después de grabar algo. Prefiero no pensar mal… Lo curioso es que luego coincidimos en el tren que nos llevó de vuelta al aeropuerto de Oslo.

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