Viajes – a la tercera va la vencida, China, resumen de viaje

Viajes

Fotografías realizadas con Fujifilm X100VI y Panasonic Lumix G9 II. El comentario técnico de las fotografías que ilustran esta entrada los podéis encontrar en Carlos en Plata, como es habitual. Esta publicación está también disponible en Substack.

Por fin hemos realizado nuestro viaje gafado. Al tercer intento. Y ha salido en un 95 % como lo habíamos pensado. Pero es curioso cómo hemos seguido con un punto gafado. El punto central de cualquier viaje a China que incluya Pekín. La plaza de Tiananmen. Nop. No la hemos podido visitar. La visita de estado de Donald Trump a la capital china, y que coincidió en el tiempo con la nuestra, nos desbarató algunos planes, que pudimos ir corrigiendo, salvo, por despiste, el de la visita a este famoso punto central de Pekín.

Sí. Ha sido el tercer intento de hacer el viaje. No. No es la primera vez que estamos en China. En 2015 tuve ocasión de visitar Hong Kong y Macao. En 2018, la “díscola” Taiwán, que va por libre. Aunque ellos piensan que los “díscolos” son los de la China continental. En 2019, primer viaje a esta China continental; Shanghái, Nanking, Suzhou, Hangzhou, las montañas Huangshan… Íbamos lanzados. Y a finales de 2019, en diciembre, con precios muy viajes en vuelos directos a Pekín, decidimos que había que ver la capital y algunos otros hitos importantes del país. Y lo íbamos a hacer en… la primavera de 2020. Sí. “Esa” primavera en la que en lugar de visitar nosotros China, fue un virus chino el que nos visitó a todos en todo el mundo. Primer intento.

Conforme se fueron normalizando los viajes, y aprovechando la retirada del requisito de visado para viajeros españoles por ocio en viajes de menos de 30 días al país al gigante asiático, volvimos a planificar el mismo viaje (casi, teníamos un día menos) para mayo de 2025. Y todo iba bien hasta que llegamos a Barajas y nos encontramos con un problema, aparentemente informático, que impidió la expedición de nuestras tarjetas de embarque. No indemnizaron; pero aun no entendemos lo que pasó. Y no, no fue un problema de overbooking. Lo hemos investigado.

Así que… o lo dejábamos o lo volvíamos a intentar. Pero tenía que ser ya. En el mes de febrero nos enteramos que Sichuan Airlines, una compañía aérea regional de bajo coste, pero servicio digno por lo que hemos comprobado, ofrecía viajes directos entre Madrid y Chengdú por un precio ridículo para tal y como está el patio. Poquito más de 600 euros. Y Chengdú siempre ha sido el principio planificado del viaje que ya habíamos suspendido dos veces. Así que… a por ello. Y esta vez, a la tercera, fue la vencida.

¿Por qué empezar por Chendgú, que no es la ciudad más conocida por el turista habitual? Primero, por los pandas. Me hubiera gustado ir a la reserva de Wolong, patrimonio de la humanidad por la Unesco, pero exigía mucho tiempo para algo muy contento. Pero vimos pandas. Y otros patrimonios de la humanidad como Leshan, Qinchengshan, Dujiangyan, todos en excursiones de día desde Chengdú. Nos acercamos a Chongqing, que nos decían que estaba de moda,… pero no nos convenció mucho.

Después vino Xían, y su mausoleo del primer emperador de la dinastía Qin, o sea, de China, y sus guerreros de terracota. Una ciudad que nos gustó mucho, con mucho ambiente, muy alegre, limpia, despejada, agradable de pasear.

Y finalmente, la inabarcable Pekín, en la que como ya he dicho tuvimos que adaptarnos a las circunstancias, por la visita de Donald Trump a la capital china. Esto nos alteró la visita al Templo del Cielo y la la plaza de Tiananmen. El primero lo recuperamos, pero la segunda no. En un momento dado, ya se nos fueron de la cabeza los requisitos para visitarla, y a la que supimos que estaba abierta… no teníamos ticket de entrada. Y no se podía conseguir en el acto. Mala suerte.

Y como no, la Gran Muralla. Optamos por una excursión organizada al tramo de Jinshanling, que es una sierra muy bella escépticamente, lo que hace que el recorrido por ese tramo de la Gran Muralla sea lo suficientemente exigente, y apartado de la capital china, como para que sea un lugar tranquilo sin las aglomeraciones de otros tramos visitables de la Gran Muralla. Merece la pena el esfuerzo, y el cansancio derivado, porque se puede disfrutar mucho del lugar y la experiencia.

Y todo esto moviéndonos en trenes de alta velocidad, pagándolo casi todo con Alipay, y sufriendo las consecuencias de que estábamos en una una dictadura muy autoritaria, que impone todo tipo de controles policiales y de otros tipos, que anula por completo el concepto de privacidad de la persona, con grandes niveles de control sobre la población. Y esto hace que la China continental, estando como está llena de maravillas, sea un lugar que en estos momentos nos cae bastante antipático. ¿Y pensar que tanta gente en estos momento parece añorar regímenes autoritario de antaño? ¿Son tontos o están locos? Sabor agridulce nos deja la visita al gigante asiático, como la salsa del cerdo,… que nunca nos han ofrecido en el país. Sólo en los restaurantes chinos en España.