[Cine] La cabaña en el bosque (2012)

Cine

La cabaña en el bosque (The Cabin in the Woods, 2012), 10 de noviembre de 2013.

Dicen que hay que renovarse o morir. Adaptarse a los nuevos tiempos. Tener cintura. Luchar contra la incoherencia de la industria. Lo que sea. Tradicionalmente, mis reseñas de cine se suelen limitar a aquellas películas que veo en pantalla grande, en la sala de cine. Para mí, ver cine en salas propias para este fin es rito y necesidad. Porque me gusta sentir la pantalla grande ante mis ojos, porque me gusta ver las películas tal y como las concibió su director para ser vistas, porque hay algo de liturgia en ir con los amigos y compartir lo que has visto y sentido. Pero son tiempos de cambio. Las industrias del cine llevan una década o más con el pie cambiado, y en ocasiones suceden incoherencias tremendas. La película que aquí nos ocupa fue estrenada el viernes pasado en nuestro país, pero llega con un año de retraso. Dicen que todos los interesados ya la han visto por otro medios, porque la película levantó no poca expectación en las redes. Llega con una distribución desigual. De hecho, a Zaragoza, el quinto municipio de España por población, no ha llegado en el fin de semana de su estreno. Pero el colmo del asunto es que el viernes, cuando comprobé qué películas se habían grabado de forma automática durante la semana en mi aparato de Digital plus, resulta que algún día antes de su estreno en salas de cine se estrenó en Canal plus. Y ahí la tenía. Para verla cuando tuviera un rato. Y todavía se preguntan por qué la gente no va tanto al cine. Bueno. Vamos a ver qué a dado de sí esta opera prima como director de Drew Goddard, con guion que también firma el últimamente omnipresente Joss Whedon.

El comienzo de la película es estereotípico de otras “mil” películas de terror. Un grupo de amigos universitarios, la chica guapa y modosita (Kristen Connolly), la maciza y desinhibida sexualmente (Anna Hutchison), el guaperas de inteligencia limitada y mucho músculo (Chris Hemsworth), el nuevo intelectual y sensible (Jesse Williams) y uno que es un friqui pirado (Fran Kranz), preparan un fin de semana en una cabaña en el bosque cerca de un lago. Un escenario idóneo, claro está, para que aparezca cualquier tipo de amenaza de tipo sociopático o sobrenatural que los vaya apiolando progresivamente. Lo que pasa es que en paralelo, van a apareciendo escenas de unos tipos que parece que están montando el fin de semana de los cinco jóvenes un poco en plan “show de Truman”. Por supuesto, pronto empezará la charcutería.

Soto de Cantalobos

No sé qué manía tienen los usamericanos en considerar los bosques como un sitio tétrico, peligroso y lleno de maniacos o seres sobrenaturales malignos.

Una declaración de principios. El cine de “terror” al que hace referencia constantemente la película no me interesa, no me interesado y dude que me interese en un futuro. Lo más cerca que he estado de engancharme a algo relacionado con el terror en los últimos tiempos ha sido la serie de los zombis, y tampoco duró más allá de la segunda temporada mi relación con la misma, independientemente del éxito que está cosechando. Por lo tanto, todos los comentarios previos referidos a la película con una variedad de epítetos que van desde “parodia inteligentes y distinta” hasta “deconstrucción en los elementos básicos del género de terror desde los años 80 hasta hoy”, me resbalaban un poco. Lo cierto es que el inicio de la película me hizo suponer un más de lo mismo, y puesto que la estaba viendo en la televisión y con otras alternativas para hacer en mi casa, a punto estuve de apagar el aparato. El mosqueo sobre los “otros”, los que parecen controlar la aventura de los cinco jóvenes, y que entre estos me parecía apreciar un poco más de interés interpretativo que en otras películas similares, me hizo aguantar. Al final, mi impresión general es que, más allá de la expectación levantada, se trata de una película que introduce unos elementos de guion originales en el género aunque prestados de otras obras y géneros, hay una cierta mezcolanza de “homenajes” o referencias, para que al final quede una peliculilla entretenida y con un algún golpe original. Irónico que la actriz que ha representado la determinación firme contra viento y marea de hacer frente al monstruo, Sigourney Weaver en su antiguo papel de Ripley, acabe recomendando a la protagonista del filme que nos ocupa que se deje matar por el bien de todos.

Las interpretaciones me dan la impresión de que están ligeramente por encima de lo que conozco del género, y resulta razonablemente convincente el papel de la protagonista Connolly, que sabe aportar algunas dosis de ironía cuando corresponde, aparte de que sea suficientemente mona. El resto no aporta gran cosa, ni tampoco se les pide gran cosa. Estar y aparentar lo que aparentan ser.

Finalmente, la película me parece de una facilidad de digestión y de un interés superior a lo que me suelen parecer las películas del género con un par de escenas que me parecen curiosas. Pero en ningún momento me surge el entusiasmo que parece haber suscitado en “medios especializados”. Un entretenimiento pasable para una sobremesa del domingo, que además tiene la ventaja indudable de su duración ajustada, y que no molesta. Eso sí. Dudo que me hubiese atraído ir al cine a verla. Si lo he hecho habrá que debérselo al programador de Canal Plus que la ha incluido entre el cine recomendado en la semana pasada, y que se me grabó automáticamente en algún momento dado y ahí quedó esperando a que decidiera qué hacer con ella.

Valoración

  • Dirección: *** Por lo menos, no nos tratan como tontos, que es lo que me parece que sucede en la mayor parte de las películas de género.
  • Interpretación: *** Se salva por la protagonista; si no, no creo que pasase de la mediocridad, dejando aparte algún detalle de algún secundario.
  • Valoración subjetiva: **  No está mal, pero no es una película que caiga normalmente en mi área de interés.
Soto de Cantalobos

Por su escasez de seres humanos, me parecen uno de los sitios más hermosos, más tranquilos y menos peligrosos. Las fotos son del paseo del pasado sábado por el soto de Cantalobos, un bosque de ribera a las afueras de Zaragoza, río abajo del Ebro.