[TV] Cosas de series; el diálogo más esperado de los Jennings y Beeman

Televisión

Si algo hemos sabido siempre en los últimos cinco años, y seis temporadas, que hemos disfrutado de The Americans, es que tarde o temprano tendríamos un diálogo, una confrontación, entre los Jennings y su vecino, el agente especial del FBI Stan Beeman (Noah Emmerich). Por suerte o por desgracia, ya se ha producido. Por suerte, porque llegar a ver algo que siempre has deseado tiene su punto de satisfacción, y te puedes plantear otras cosas, dejar atrás unas vidas y adentrarte en otras. Por desgracia, porque significa que ha llegado a su fin una de las mejores series de los últimos años. Una de las mejores series que he visto en mi vida. Quizá no tan afamada como otras, pero de las que merecen una puesto destacado en la historia de la ficción televisiva.

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La Guerra Fría enfrentó durante década a los Estados Unidos y sus aliados de la OTAN contra la Unión Soviética y los suyos del Pacto de Varsovia. Pues nos iremos a Varsovia y otras bonitas ciudades polacas, porque de Washington DC, donde transcurre la mayor parte de la serie, no tengo fotos.

Alguna vez he dicho que pocas veces he tenido la ocasión de ver un primer episodio, o episodio piloto, como los llaman algunos, que me produjese un enganche inmediato e incondicional a una serie como cuando nos presentaron por primera vez a la pareja de espías soviéticos “durmientes” del KGB en Washington DC, Elizabeth/Nadezhda (Keri Russell) y Philip/Mischa (Matthew Rhys) “Jennings”. Una serie que desde el principio ha tenido un ritmo propio, alejado del desenfreno habitual de la acción de espías, para procurar una visión más profunda y reflexiva sobre los personajes de la serie. Dos agentes que como equipo funcionan como un reloj, pocas veces los vemos fallar, especialmente en las primeras temporadas, pero como pareja matrimonial típica norteamericana con su parejita de vástagos, tienen sus más y sus menos. Iba a decir que como todas las parejas convencionales… pero claro, los “Jennings” son cualquier cosa menos convencionales. Como pareja, como personas, como espías,… como lo que queráis. Y encima, de vecino, un agente de contraespionaje del FBI, que tiene su correspondiente dosis de problemas cotidianos.

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La serie es una historia de espías, por lo tanto de acción, o cierto grado de acción. Pero también es una serie sobre ética. El punto de partida de la ficción occidental es que durante la guerra fría hubo buenos, Estados Unidos y sus aliados, y malos, los Soviéticos y los suyos. Pero claro, este es un punto de vista, que puede no ser compartido por algunas de las personas que vivieron en el “otro lado”. Y quien es un héroe para unos, es un criminal para otros. Sólo la historia decide, a través del juicio de los vencedores, juicio siempre parcial, quienes son “malos” y “peores”. Si me preguntáis a mi, en una guerra no hay buenos y malos. Hay malos y peores. El obvio carácter dictatorial y totalitario del régimen soviético lo hace el más firme candidato a “peores” en esta historia. Pero no porque el otro bando carezca también de candidatos al título. En cualquier caso, esta no es una historia de blanco o negro, sino de una infinita gama de grises. Y lo paradójico, buscado y bien desarrollado, es que los fríos criminales que nos son presentados en el primer episodio de la serie… acaban siendo los “héroes” de la historia. No podemos dejar de empatizar con ellos de alguna forma. Aunque podamos odiar lo que representan. Gran mérito, lo diré una vez más y ya para siempre, del impresionante trabajo actoral de todo el elenco de la serie.

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En cualquier caso, el constante equilibrio entre las tramas de espionaje y las relaciones interpersonales de los protagonistas, a los que se suma en un momento dado la hija de la pareja, Paige (Holly Taylor), un personaje complejo y que su joven actriz, no al mismo nivel que sus compañeros de reparto por experiencia, saca adelante con dignidad. Por el camino quedan otros entre los que destacan una habitualmente consistente Margo Martindale, y la chica de la que nos enamoramos todos, con permiso de la protagonista, Annet Mahendru. Pero estos sólo representan de los muchos y diversos secundarios que han desfilado por la serie como Richard ThomasFrank Langella o el fenomenal personaje que construye Alison Wright.

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Cuando termina una serie, se suelen hacer numerosas referencias al episodio final. Como si este pudiera decantar la balanza entre la bondad y la mediocridad del conjunto. En este caso, quizá el episodio final no ha tenido la espectacularidad que algunos esperaban. En vísperas de su emisión leí algunas cosas sobre las expectativas de algunos. Pero fue tremendamente coherente con el tono melancólico que ha dominado en el conjunto. Esa melancolía derivada de no saber nunca qué está bien o qué está mal por parte de muchos de los personajes de la serie. La confrontación final entre los “Jennings” y el agente Beeman se produce. Con una sensación compleja. Acorde a la ambigüedad moral del conjunto, nunca sabemos qué hay de verdad y de mentira en lo que ahí se dice. Sólo sabemos una cosa, Beeman es el personaje más íntegro de la serie,… incluso cuando no lo es. La serie comienza con la llegada al poder de Ronald Reagan y termina con Gorbachev al frente de la Unión Soviética y en vísperas de lo que nosotros, los espectadores, sabemos que es el final de una era. Pero los personajes no lo saben. Aunque saben que muchas cosas están cambiando en el mundo. Y ellos nunca serán lo nunca han sido.

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[Televisión] Cosas de series; la sufrida vida doméstica de una familia de espías

Televisión

Ha llegado a su final la cuarta temporada de The Americans, la teleserie que nos cuenta la vida de mi familia de espías favorita. Cada vez me sorprende más cómo funciona el mundo, en el que los más visto, consumido o apreciado no guarda necesariamente relación con la calidad… ni de lejos. Y series como esta, donde la calidad rezuma por arrobas por todos sus costados, las ven cuatro gatos…

Recordemos para quien no este el tanto… Elizabeth (Keri Russell) y Philip (Matthew Rhys) parecen ser un matrimonio común y corriente, de clase media normalita, que regentan una agencia de viaje, y que viven en una zona residencial de Washington D.C. en los años 80, durante la administración Reagan. Tiene dos hijos, adolescentes, la mayor Paige (Holly Taylor), sensible, comprometida, curiosa e inteligente, el más joven Henry (Keidrich Sellati), más dedicado a las tontadas propias de su edad. Mantienen unas excelente relaciones de vecindad con Stan (Noah Emmerich), que tras una difícil separación y subsiguiente divorcio, vive en la casa de enfrente con su hijo Mathew (Danny Flaherty). Todo bien, ¿no? Pues sí… todo bien,… salvo que Elizabeth se llama en realidad Nadezhda y el nombre original de Philip es Misha. Y son agentes soviéticos del KGB, una célula durmiente desde los años 60 que se activa cuando se ve necesaria, no dudando en robar, engañar, matar, mantener relaciones sexuales, “casarse” o lo que sea, con quien sea y a quien sea, para desempeñar a cabo sus misiones. Y Stan es un agente de contraespionaje del FBI, que es destinado a la capital norteamericana después de años trabajando de incógnito en el mundo de la droga.

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No he estado en Washington DC, donde transcurre la acción… la ciudad más de espías donde he estado es Berlín… especialmente con su red de S-Bahn.

La serie tiene su propio ritmo, que sabe acelerar o ralentizar cuando conviene. En general, se toma su tiempo para desarrollar sus tramas, para colocar en cada temporada sus peones hasta la jugada final, en la que siempre temes el jaque mate, si no para sus protagonistas, que asumes que duraran al menos lo que dure la serie, sí para alguno de sus colaterales.

La calidad de la serie es más que notable. Las interpretaciones están bastante por encima de los trabajos actorales televisivos habituales, y los guiones son muy buenos. En medio de una situación aparentemente anodina, hay que estar atento ante un diálogo demoledor, ante una situación de estrés imposible, ante un giro de la trama inesperado.

Ahora, advierto de posibles descubrimientos de la trama… por si alguien no se quiere enterar de lo acontecido en algún momento durante la serie…

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Así que nos iremos al Berlín “oriental” para ambientarnos en los paisajes de la guerra fría.

Las tramas colaterales son también notables y pueden dejar momentos sublimes. La subtrama de Nina Krilova (Annet Mahendru) nos mantuvo en vilo durante episodios. El destino, probablemente funesto, de la bella espía rusa se mantuvo incierto durante muchos muchos minutos. Su ejecución fue una de las escenas más maravillosa y sorprendentemente ejecutadas, valga la redundancia, que he visto en mucho tiempo en televisión. O en cine, si te pones. Todavía me estremezco. O que decir del sinvivir y sufrir permanente de la buena de Martha (Alison Wright), que tuvo la mala suerte de ser una administrativa del FBI y de sentirse atraída por uno de las encarnaciones de Philip, cuando tira de disfraz en modo Mortadelo pero en serio. Todavía nos preguntamos qué será de su vida, después de esos angustiosos episodios en los que se veía engañada, descubierta y amenazada por todos los bandos.

Terminaba la temporada pasada con los descubrimientos de Paige sobre quién era realmente su familia. De aquí viene una de las principales amenazas para los Jennings; no porque Paige no quiera a sus padres, sino porque se ve sometida continuamente a tiras y a flojas éticos muy superiores a lo que corresponde a una adolescente de quince o dieciséis años. Y termina, la temporada actual con Paige todavía más sumida en la confusión… a lo que se añade que el mundo avanza, y el terreno de seguridad para los espías de la KGB se hace más angosto y escabroso. Difícil lo van a tener en un futuro. Muy difícil… Dos temporadas más tienen apalabradas para resolver el destino de los Jennings. Creo que la mayoría apuesta por un destino nefasto… Pero su capacidad de supervivencia es tal… que habrá que verlo para creerlo. Yo no me lo pienso perder. De lo mejor en la televisión mundial. De verdad. Aunque lo vea poquita gente…

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Con “soldado soviético” incluido ante la puerta de Brandemburgo.