[Ciencia] La guerra de los mundos, en versión disléxica

Ciencia

La guerra de los mundos (The War of the Worlds) es una novela de H.G. Wells, un par de veces llevada al cine con mayor o menor fortuna, en la que unos malvados habitantes de Marte invadían la Tierra con la aviesa intención de acabar con los humanos y apropiarse del planeta. Fue publicada en 1898. Era la época en que Percival Lowell, rico aficionado a la astronomía, publicaba sus libros en los que estaba convencido de que el planeta rojo estaba surcado por canales que no podían tener otro origen que una especie marciana inteligente. Todo porque el italiano Schiaparelli había creído ver unas líneas rectas surcando la superficie marciana en sus observaciones, y lo había anotado en sus dibujos con la palabra canali.

El tiempo, los astrónomos profesionales y la mejora de la tecnología que permitió afinar la resolución de los instrumentos de observación echaron por tierra, paradójicamente, la existencia de los canales. Y posteriormente, las áridas condiciones y la meteorología de nuestro vecino acabaron con las especulaciones de un planeta lleno de vida, con la posibilidad de civilizaciones inteligentes. En las últimas décadas han sido numerosas las sondas que han orbitado Marte, y han dejado caer objetos de todo tipo, incluyendo pequeños vehículo automotores que han explorado la superficie del planeta, enviando gran cantidad de datos. Algunos de ellos muy por encima de las expectativas puestos en ellos. También ha habido algún fracaso sonado, entre otros más comprensibles, gracias al orgullo anglosajón de permanecer en su particular sistema de medidas. Pero así es la especie humana en su devenir histórica, dos pasitos adelante, un pasito atrás, dos pasitos adelantes, un pasito atrás,… y a veces más de uno. Pero vamos, una cosa es segura. Esto es la guerra de los mundos en versión disléxica. Los humanos invadiendo Marte.

Escultura en Gran Vía

Mientras hablo de los objetivos de la Curiosity, os presento las “primeras luces” del pequeñito EF 40/2,8 STM que me he agenciado para mi Canon. La focal de 40 mm es una de las que más me gustan, y me encanta su aspecto compacto.

En cualquier caso, la ciencia y la ingeniería humana han dado estos días uno de estos pasitos adelante con sabor a gran zancada. Es cierto que no es estos días. Es una planificación y un trabajo de años. Creo conveniente luchar contra la sensación de que el avance científico, y humano en general, se deben a momentos puntuales de fortuna. No. Se deben al progreso y al trabajo continuado. De la misma forma que los errores también suelen deberse al testarudo sostenerla y no enmendarla propias de la parte más irracional de nuestra especie. En fin, que un amplio equipo de científicos e ingenieros han conseguido posar suavemente sobre la superficie marciana, y en el lugar deseado, un vehículo de una tonelada de peso. Como un coche turismo mediano, vaya. Esta expedición, oficialmente Mars Science Laboratory, pero más conocida como Curiosity, buen nombre, ha gozado estos días atrás de un inusitado interés mediático por el éxito de la operación de posado.

Ahora, este vehículo autopropulsado, comenzará su misión. De momento, ya va enviando imágenes de sus muchas cámaras videofotográficas. Primero en blanco y negro, pero ya con alguna en color. Para quienes gustamos de la fotografía, tanto en sus elementos artísticos como en los técnicos, tenemos que agradecer el trabajo de algunos divulgadores expertos que nos traducen al idioma del hombre corriente los aspectos más técnicos de las cuestiones fotográficas de la misión. Entre ellos, Valentin Sama desde DSLR Magazine, nos comenta como los principales “ojos” de la Curiosity, son dos cámaras digitales con sendos captores de “sólo” 2 megapixeles de resolución espacial. 1600 x 1200 píxeles, como las primeras cámaras digitales en popularizarse. Muy legos de los diecimuchos, ventitantos o treintaytantos de los que presumen muchos productos comerciales de hoy en día y sus orgullos poseedores. Eso sí. No deben ser grandotes, pero tampoco pequeñitos como los de las cámaras compactas. Por que nos cuenta que una de las cámaras monta un objetivo de 34 mm de focal, para tomas de 18/15º de campo visual. Aproximadamente como un 110 mm en mi Canon EOS 5D Mk II. La otra monta un objetivo de 100 mm, para tomas 6/5º de campo visual. Aproximadamente como un 270 mm en la EOS de formato grandote. No he hecho lo cálculos con gran finura, pero por ahí le andara. Uno de los motivos para que los archivos no sean grande, es que no nos olvidemos que tienen que viajar unos cuantos millones de kilómetros por el espacio hasta llegar a nosotros, minutos más tarde. En estos momentos, algo más de siete minutos más tarde. Pero esto varía según la posición de los planetas en sus órbitas.

Plantas agostadas

A su máxima apertura, una modesta f/2,8 como corresponde a su diseño “pancake”, se nota un montón el viñeteado en las esquinas. Pero por lo demás no hay mucho que objetar, aunque todavía he hecho pocas fotos con él.

Hablando de fotografías, como curiosidad notable, la Mars Reconnaissance Orbiter, sonda que orbita Marte, ha pillado a Curiosity descendiendo con su paracaidas sobre la superficie marciana. Y ha tomado fotos, como nos cuentan en Microsiervos.

Como indicativo del tipo de equipo que controla la misión me ha llamdo mucho la atención un tweet de un periodista argentino, Axel Marazzi. “El hardware de Curiosity es un 200MHz CPU, 256MB RAM y 2GB SSD. El robot usa eso para explorar marte y yo un quad-core para chatear”. Quien estén al tanto de cómo son los equipos informáticos de consumo hoy en día, comprenderán perfectamente la profunda ironía de la entrada.

Brillante scooter

Aunque austero en su aspecto, el objetivo es mono, muy bien terminado, con un enfoque automático que va como un rayo y es muy silencioso. Creo que es una buena adquisición, más teniendo en cuenta que es de lo más barato de la marca. Ideal para salir de paseo.