[Cine] Entre Miss Sloane y los “hijos” marcianos del Alien

Cine

Creo que ya comentaba hace unos días, que estábamos de bajón cinematográfico. No sé muy bien si es que la cartelera no nos motiva, si es que estoy muy entretenido con otras cosas o una mezcla de ambas. Pero en los últimos días aun nos dio para que me arrastraran a una sala de cine, y para ver otra película reciente, no en sala comercial, que ya está retirada, pero sí en unas condiciones que no puedo mencionar que hacen la experiencia equivalente. En cualquier caso, un poco de cine antes de pasar durante unos días al modo “sólo fotos”.

Miss Sloane (2016; 232017 – 3105)

El tema de esta película de John Madden, los grupos de presión e influencia en la política norteamericana, no me interesaba especialmente. No obstante, siempre es interesante ver actuar a Jessica Chastain, una de las mejores actrices de la actualidad, y entre el resto del reparto había algún otro nombre interesante, entre ellos el de la británica Gugu Mbatha-Raw, a la que en poco tiempo le he visto algunas cosas interesantes.

Todo va de cómo la señorita Sloane del título se apunta a una presunta causa perdida, la de ejercer de grupo de presión a favor de una ley que exija algunos requisitos en la compra de armas de fuego en los Estados Unidos. Y para ello se tendrá que enfrentar a los poderosísimos grupos conservadores que las defienden y a la industria armamentística con las peores armas que pueda utilizar.

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Utilizaré la entrada de hoy para dar un poco de visibilidad a un carrete de Kodak Tri-X expuesto con la Olympus mju-II, con motivos variados, que he revelado recientemente.

Es una película intriga política de manual, pero quizá excesivamente previsible, y que tampoco entra mucho a profundizar en el tema que toca.

Vehículo de lucimiento de Chastain, que está un poco más sobreactuada de lo que debería, pero que de todos modos se sostiene por las razonablemente buenas interpretaciones.

Se deja ver, pero sin más.

Valoración

  • Dirección: ***
  • Interpretación: ***
  • Valoración subjetiva: ***

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Life (2017; 242017 – 0406)

Cuando vimos los avances de esta película, una space opera en la ISS, que no sé por qué siempre acaba destrozada en las películas en las que sale, no nos sentimos especialmente atraídos. Incluso aun después de ver que el reparto tenía cierto interés. Veamos lo que ha dado de sí esta película de Daniel Espinosa, sueco él, a pesar del nombre.

Estamos ante un grupo de astronautas en la ISS (Estación Espacial Internacional, por si alguno no se cosca), entre los cuales esta el veterano del espacio y melancólico David Jordan (Jake Gyllenhaal) y la jefa de los protocolos de seguridad, Miranda North (Rebecca Ferguson, qué atractiva me parece esta mujer) además del obligatorio conjunto de astronautas en plan anuncio de Benetton, de todos los colores y nacionalidades. Da igual, al final siempre destacan más los de “determinadas” nacionalidades. Su misión es rescatar una sonda espacial que regresa de la superficie de Marte, donde ha recogido unas muestras que pueden traer las pruebas de la existencia de vida en el planeta rojo. Al final resulta que… aviso de espoileres, aunque es un poco absurdo si habéis visto los avances o sabéis un poco de que va,… sí que hay vida, que al principio parece mona y simpática, pero que se convierte en un bicho malo, cruce del xenomorfo de Alien y una estrella de mar.

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La película es absolutamente previsible, y sólo un “relativamente” imprevisible/previsible giro final le da cierta gracia al asunto. Una pena que durante la película predomina el tono serio-dramático. Si le hubieran introducido un poco de humor o ironía al asunto, el final podría haber quedado mejor integrado, y la película hubiera ganado.

Interpretaciones que podrían ser buenas si no fuese porque hay momentos en los que los diálogos son un poquito de vergüenza, o los planteamientos un poco estúpidos.

¿Se deja ver? Pues se deja ver,… pero dado el material de partida, tanto humano como material, no deja de ser una película fallida, que no sabría si calificar como innecesaria o excesivamente poco arriesgada.

Valoración

  • Dirección: ***
  • Interpretación: ***
  • Valoración subjetiva: **

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[Libro] The Art of Space Travel

Literatura

En los tiempos que corren son diversos, muchos, demasiados quizá, los sitios en internet dónde podemos leer obras de escritores que normalmente no tendrían fácil o posible el publicar a través de los canales tradicionales de edición y publicación literaria. Siempre he sido un poco escéptico ante esa visión de que con internet todos lo tenemos más fácil para hacer llegar nuestra creatividad. Hay varias “malas noticias” al respecto.

La primera es la más políticamente incorrecta. Lo siento, pero no todo el mundo está cualificado para escribir y tener éxito. Hay mucha gente que escribe con ilusión, que incluso genera su cla de amigos y familiares, pero que escribe cosas infumables. Suponiendo un funcionamiento “perfecto” del mundo editorial, existen filtros que hacen que lo que no tiene calidad no llega al público. Pero los críticos dirán que las editoriales son empresas y que sus intereses están en hacer dinero y no en valorar calidad; publican lo que vende, aunque sea malo. Y cierta razón tiene. Hay superventas absulutamente nefastos… y son superventas. Pero eso no quiere decir que todos los damnificados del negocio editorial que no consiguen publicar sean buenos. De hecho, probablemente la mayor parte de ellos sean malos.

Nos vamos a Londres... porque Heathrow es uno de los principales aeropuertos de la capital británica... no precisamente al lado de la abadía de Westminster, aunque sobre la misma se ven pasar los vuelos con ese destino.

Nos vamos a Londres… porque Heathrow es uno de los principales aeropuertos de la capital británica… no precisamente al lado de la abadía de Westminster, aunque sobre la misma se ven pasar los vuelos con ese destino.

La segunda es que en la red de redes hay mucho “ruido” de fondo. Quizá lo que tienes que decir y cómo lo dices es muy interesante y muy bueno. Pero, ¿cómo llamar la atención ante la avalancha de información que llega a las redes? Puede ser más fácil publicar, pero eso no quiere decir que sea más fácil que te lean. Y mucho menos que te ganes la vida con dicha actividad. Comparemos el mundo editorial con otros maltratados por la sobreabundancia. El periodismo, la fotografía, la música,… todo el mundo puede dar su opinión, colgar y exhibir sus fotos, poner sus composiciones… Cada vez hay más periodistas en paro, la mayor parte de los fotógrafos profesionales lo pasan mal para llegar a final de mes… y los músicos… acaban yéndose con la música a otra parte.

No obstante, puede haber cosas interesantes por ahí… y a mí me llegó la noticia de esta novela corta en el campo de la ciencia ficción que he leido recientemente. Os lo cuento.

The Art of Space Travel
Nina Allan
http://www.tor.com/2016/07/27/the-art-of-space-travel
Último acceso: 22 de agosto de 2016

Solo en dos viajes en pasado por ese aeropuerto, un viaje a Londres en 2004... donde nos aburrimos de esperar la salida, y una escala camino de Escocia en 2013.

Solo en dos viajes en pasado por ese aeropuerto, un viaje a Londres en 2004… donde nos aburrimos de esperar la salida, y una escala camino de Escocia en 2013.

Emily tiene veintitantos años y trabaja en un hotel cerca del aeropuerto de Heathrow. En un futuro. No excesivamente distante. Su madre es científica. Y madre soltera. Está perdiendo la memoria y su intelecto se deteriora. Tiempo atrás, dentro de su campo de conocimiento, actúo como perito en un grave accidente aéreo con sustancias tóxicas. Quizá su enfermedad sea consecuencia de aquel incidente. En el hotel van a acoger a los miembros de una expedición a Marte. La segunda. La primera fracasó. Murieron todos los astronautas en Marte. La madre también trabajó con ellos en su juventud. Y uno de ellos puede ser el padre de Emily. O alguien del equipo que trabajó en aquel proyecto. Todo el movimento actual a su alrededor despiertan en Emily las inquietudes sobre quién es realmente.

Disfrazada de relato de ciencia ficción, nos encontramos ante un drama sobre las relaciones humanas. Sobre la familia, sobre la identidad personal, sobre dónde podemos encontrar la relación que nos colme… sobre muchas pequeñas cosas cotidianas que muchos damos por dadas, pero que añoraríamos notablemente si carecieramos de ellas. Todo ello planteado por la autora, Nina Allan, como una reflexión en primera persona de la protagonista del relato, que hace que sintamos empatía, que nos importe lo que piensa y lo que siente. Escrito con un estilo sencillo, que no simple, estamos ante un relato realmente agradable de leer. Y que casi nos sabe a poco.

Veis. También en este tipo de forma de publicar es posible encontrar cosas majas. Lo que pasa es que es más difícil.

Tampoco soy un entusiasta de hacer fotos en los aeropuertos... pero a veces las hago al aterrizar, o como en este caso al despegar, sobrevolando el Támesis.

Tampoco soy un entusiasta de hacer fotos en los aeropuertos… pero a veces las hago al aterrizar, o como en este caso al despegar, sobrevolando el Támesis.

[Libro] Eran morenos y de ojos dorados

Literatura

Uno de los libros que más me han impresionado a lo largo de mi vida es el que reúne las Crónicas marcianas del estadounidense Ray Bradbury. Es curioso, a pesar del acuerdo unánime en considerarlo un libro de ciencia ficción, la realidad es que yo nunca lo he leído como tal, especialmente la segunda vez que lo hice. Con un tono profundamente poético y melancólico, el hecho de que el escenario de estas historias que se comenzaron a escribir en 1948 se sitúen en un hipotético planeta Marte en torno al cambio de milenio no impide que siempre las haya visto con una profunda reflexión a temas profundamente humanos, con la guerra como eje central. A rebufo de la catástrofe humana que supuso la Segunda Guerra Mundial y con la reciente amenaza que el descubrimiento y uso de la energía atómica como arma de destrucción masiva, se plantea un futuro apocalíptico para la humanidad, con Marte como salvavidas de la especie. Una especie, la humana, que si algún momento viaja a las estrellas, esperemos que no arrastre todas sus miserias como lo hace ficticiamente a este Marte alternativo y poético en el que nos emplaza Bradbury.

El paisaje y especialmente los nombres de los accidentes geográficos tiene un valor simbólico importante en este relato.

El paisaje y especialmente los nombres de los accidentes geográficos tiene un valor simbólico importante en este relato.

Recientemente, la pequeña editorial aragonesa Tropo Editores (la página web funciona de pena) ha retomado para uno de sus volúmenes un relato corto que no pertenece a las Crónicas marcianas. Pero que podría pertenecer, porque nos movemos en un escenario similar al de la recopilación ordenada de relatos en el planeta rojo. Huyendo de una Tierra a punto de entrar en una conflagración mundial de carácter devastador, algunos colonos apuntan sus cohetes a Marte para iniciar una nueva vida. Un Marte con restos de una antigua civilización que acoge a unos colonos en los que percibimos el aroma de los pioneros de lejano oeste norteamericano. Pero el Marte de Bradbury tiene un carácter especial, casi mágico. Y los montes, valles, ríos, tienen sus propios nombres y no los que los colonos les atribuyen. Aunque ellos no lo saben todavía.

Cuando conocí la cronología de publicación de las Crónicas marcianas siempre me sorprendió cómo Bradbury se adelantó a su sociedad. La psicosis atómica se dio en la posguerra, durante la guerra fría, pero fue posterior. Es algo más propio de los años 50 y que afectó mucho a la literatura de anticipación y al cómic de los años sesenta e incluso de los setenta. Pero aquí estamos hablando de relatos de los años 40, cuando la guerra fría ya había comenzado, pero el único país que disponía la bomba atómica eran los Estados Unidos. El primer ensayo con éxito soviético de una bomba de estas característica es coincidente con la publicación original de este relato, agosto de 1949. Y la visualización de la guerra nuclear como un evento apocalíptico vino más tarde. De forma difusa se presenta en forma de inquietante e invisible radiación en algunos relatos, como la novela On the Beach (1957) de Nevil Shute. Que daría lugar al filme del mismo título de Stanley Kramer, titulado en España como La hora final (1959). Pero conceptos como el de invierno nuclear y las catástrofes climáticas consecuentes a una guerra nuclear masiva no aparecieron hasta los años 80 del siglo XX.

El Moncayo, sus hayedos, sus robledales, sus pinares, sus cortados,...

El Moncayo, sus hayedos, sus robledales, sus pinares, sus cortados,… anda que si algún aragonés con el sentimiento de pertenencia que hay del monte a pesar de que es en su mitad castellano iba a permitir que vinieran de fuera a ponerle otro nombre.

De todas formas, de lo que va el relato es de otras cosas, aunque el desastre apocalíptico este presente de fondo. El relato nos habla del desarraigo, de la pérdida de identidad, de la repetición de los errores, de la soberbia del ser humano al considerarse dueño del paisaje, de las montañas, de los valles,…

El libro, de gran formato a pesar de que el relato es corto y se lee enseguida, es un libro ilustrado. Y las ilustraciones de Óscar Sanmartín Vargas, de gran calidad, incluyendo un mapa desplegable que no tiene mayor trascendencia para el seguimiento de la historia, pero que aporta simbolismo a la misma, contribuyen a sostener visualmente el tono poético y melancólico, con unos tonos ocres otoñales, al del relato de Bradbury.

Absolutamente imprescindible para quienes gusten de Bradbury y de la buena literatura de ciencia ficción y de fantasía, creo que también puede gustar a lectores en general siempre que busquen relatos escritos con sensibilidad y que juegan con las metáforas de forma magistral. Yo estoy encantado vamos.

La traducción del relato al castellano es de Miguel Marqués.

En cualquier caso... leed el libro. O al menos el relato. Que merece la pena.

En cualquier caso… leed el libro. O al menos el relato. Que merece la pena.

[Cine] The Martian (2015)

Cine

The Martian (2015); vista el 20 de octubre de 2015.

Sí “el marciano” en inglés y no “Marte (The Martian)”, porque la he visto en versión original. Que es como hay que ver las películas, especialmente si nos regalan una interpretación como la de esta que hoy comento. Una película que os ya adelanto sirve para reconciliarse con su director, Ridley Scott, que llevaba muchos, muchos, muchos, muchos años decepcionándonos, después de su época dorada en los años 80.

Creo que a estas alturas, con la publicidad que le han dado al filme, es conocido por todos los aficionados al cine que la cosa va de un astronauta, Mark Watney (Matt Damon), que es abandonado, dado por muerto, después de un accidente en la superficie del planeta rojo, cuando su equipo se ve obligado a abandonar una misión por una peligrosa tormenta que pondría en peligro su capacidad de retorno. Pero por una serie de circunstancias, Watney, el botánico de la misión, sobrevive al accidente y se toma en serio lo de sobrevivir en la superficie del planeta hasta la llegada de la siguiente misión tripulada a Marte, cuatro años después. Cosa difícil. Pero en la Tierra se dan cuenta antes de que está vivo, e intentarán rescatar al científico.

Si descontamos los matorrales,...

Si descontamos los matorrales,…

Vamos a dejarlo claro. Esto es un entretenimiento de clase superior. Las casi dos horas y media de película se me pasaron sin sentir. No hay complicaciones filosóficas ni más angustias de las necesarias para hacer la supervivencia un poquito más difícil de lo que es y la película aguante esas dos horas y media sin aburrir. El mensaje está claro. Viva la ciencia, viva la capacidad de pensar y aplicar el conocimiento científico, la ciencia nos puede salvar de nuestros propios desastres. Lo cual me parece un buen mensaje. Y luego, un poco de buenrollismo general, un poco ingenuo en el mundo en qué vivimos. O quizá planteado como tal, convirtiéndose Scott en un Capra de la ciencia ficción, para contrarrestar el exceso de egoísmo del mundo actual.

Todo ello aderezado por unas cualidades técnicas superiores. Montaje, fotografía, una banda sonora muy animada a base de música de los años 70, y una demostración de que Scott tiene oficio de sobras para hacer grandes espectáculos visuales. Cosa que demostró por ejemplo en su última película de ciencia ficción, pero que sin embargo hacía aguas en por todos los demás agujeros.

... y las construcciones de origen claramente humano...

… y las construcciones de origen claramente humano…

Y como guinda del pastel, un actor habitualmente poco expresivo como Damon, que para mí sólo había destacado realmente en su papel como Jason Bourne, destapa su tarro de las esencias y nos muestra su capacidad para hacer creíble una situación muy muy muy difícil. Además del protagonista, una pléyade de secundarios excelentes, Kristen WiigJeff DanielsSean BeanKate MaraChiwetel Ejiofor, y otros varios que también lo hacen muy bien, y de lo que sólo nos queda la queja, como ya sucedió en la película de ciencia ficción del año pasado, de que la estupenda Jessica Chastain sale demasiado poco.

Parece que se ha puesto de moda que cada año no pongan en otoño una película de ciencia ficción seria y bien hecha. Cosa de lo que no me quejo en absoluto. La de este año me ha parecido estupenda. Y es una demostración palpable de que se puede hacer buenísimo cine de acción sin necesidad de mamarrachos con disfraces de colores, o monstruos extraños, o protagonistas testosterónicos inexpresivos haciendo tonterías con coches, motos, aviones, o lo que sea. Sinceramente, estoy encantado.

Valoración

  • Dirección: ****
  • Interpretación: ****
  • Valoración subjetiva: ****
... no es difícil imaginar en nuestras áridas tierras de Aragón los paisajes marcianos.

… no es difícil imaginar en nuestras áridas tierras de Aragón los paisajes marcianos.

[Fotografía] Recomendaciones semanales; revistas, película y otras recomendaciones diversas

Fotografía

Tras un ratito escuchando jazz, esta mañana comienzo a hablar de fotografía mientras escucho la notabilísima voz de Alison Krauss, en su recopilatorio A Hundred Miles or More: A Collection.

De lo primero que se me ocurre hablar es de que cada vez me lo paso mejor con la revista Black+White Photography, revista británica que antaño era posible encontrar con facilidad en algún quiosco zaragozano, pero que ahora recibo puntualmente mediante mi suscripción a través del iPad. Aun cuando decidáis que no merece la pena gastaros el parné en sus interesantes artículos, recomiendo suscribiros a su página en Facebook, donde publican con frecuencia bellas imágenes en cualquier color siempre y cuando sea negro,… o blanco. Llevo varios días hipnotizado con esta fotografía de Albert Watson.

En el fotoblog Lens de The New York Times, nos cuentan la historia de Jock Cobb, médico retirado que ya muy anciano vive todavía en Albuquerque, Nuevo Méjico. Siendo cuáquero, hizo objeción de conciencia a participar como soldado en la Segunda Guerra Mundial, pero en ella estuvo como conductor civil de ambulancias. De allí se trajo dos cosas, una compasión enorme hacia sus semejantes de cualquier bando o nacionalidad, lo cual le hizo estudiar medicina al terminar la contienda, y una colección de fotografías con un punto de vista distinto, muchas veces obtenidas clandestinamente y reveladas en la trasera de su ambulancia convertida en cuarto oscura, para evitar la censura militar. Merece la pena verlas por la humanidad que rezuman, aparte de su calidad. Se han recuperado en un proyecto llamado Fragmentos de paz en un mundo en guerra.

Land's End

En todos los países atlánticos encontramos lugares que fueron considerados el final de la tierra, Finisterres diversos, pronunciados con varias pronunciaciones y acentos.

Si esta noticia nos llega desde un medio neoyorquino, en la ciudad de los rascacielos permanecemos. Motivado estoy además por un próximo viaje a la misma. Una de las fotografías icónicas de la ciudad es la de los obreros almorzando en una viga durante la construcción del RCA Building, hoy en día conocido como GE Building, parte del Rockefeller Center. Esta hilera de obreros colgado a gran altura sobre la ciudad, con Central Park difuminado a sus espaldas es conocida por todo el mundo. No se conoce con exactitud quien fue el fotógrafo. ¿Charles Ebbits? ¿Thomas Kelley? ¿William Leftwich? Todos trabajaban para el New York Herald Tribune que la publicó en octubre de 1932. Todo ello y alguna cosa más sobre la fotografía la podemos encontrar en un artículo de Smithsonian Magazine en línea.

Hace una semana me estaba dedicando a revelar algunos carretes en blanco y negro. De vez en cuando me gusta, como sabéis mis habituales, fotografiar con mis cámaras clásicas. Esta semana he encontrado un sitio interesante para quien guste de los bellos procesos tradicionales. Su nombre es muy expresivo, Film’s not dead (la película no ha muerto). Que así sea por muchos años.

Land's End

También en Inglaterra, aunque allí, menos latinizados es Land’s End; pero es lo mismo, el final de la tierra.

He descubierto que Rafael Roa esta repitiendo sus artículos sobre algunos fotógrafos. Me he dado cuenta con uno que me gustó en tiempos y traje a estas páginas, Jason Langer, cuya dirección web antigua no funciona y hay una nueva. Parece que ya lo ha hecho con varios, así que si encontráis algún enlace en alguna recomendación semanal que no va, es por esto. Por cierto, que Langer me sigue pareciendo muy recomendable. Desde sus paisajes urbanos llenos de misterio y sabor a novela negra, a sus hermosos y sensuales desnudos. También recomendado por Roa me ha interesado la obra del ucraniano Boris Savelev, que fotografío con un bella estética en color los últimos años de la URSS. Lamentablemente, el fotógrafo pone muchas trabas para acceder a su obra en su sitio web.

Del blog Cada día un fotógrafo/Fotógrafos en la red traigo dos recomendaciones esta semana. Una las fotografías en blanco y negro con positivado lith de Susan de Witt, y otra la pulcritud y precisión de las fotografías de Dennis Mecham, especialmente en blanco y negro. Su página para trabajos más comerciales.

En Raw File de Wired me ha gustado mucho el trabajo de Jeff Rich sobre la relación entre los ríos y las industrias y asentamientos humanos que hay junto a ellos. Una reflexión sobre la acción humana sobre el paisaje, con una bella estética.

En F-Stop me llamó la atención una fotografía, que parecía sacada de un cuento de Holly Andres. Así que me fui a su página web y vi que desde la página de acogida efectivamente nos introducíamos en un mundo donde la fantasía tenía mucho que decir. ¿Alicia en un país de las “maravillas” moderno? Donde cualquier mujer o joven puede ser Alicia.

Land's End

Y los acantilados de Cornualles, escarpados y azotados por el viento y las olas, debían infundir tiempo atrás mucho temos a lo que podía haber en el mar más alla de este final de las tierras.

El blog de 500px nos trae los retratos de las gentes de Jartum (Sudán) realizados por Qusai Akoud. Creo que merece la pena detenerse un rato a poner rostro humano a las gentes de lugares que fundamentalmente conocemos por las tristes noticias que se dan con frecuencia en ellos.

Finalemente, es difícil asignar un autor a las fotografías de Marte que aparecieron hace unos días en el Tumblr Photographs on the Brain de LPV Magazine. Bajo el título de Postcards from Mars, están tomadas por las sondas que enviamos al planeta rojo. Pero son paisajes igualmente bellos e impresionantes. Supongo que el mérito está en quien hace la selección de las muchas fotografías recibidas y realizadas robóticamente. O del técnico que trabajando con el retraso de minutos debido a la lenta velocidad de la luz, dirige las cámaras de las sondas hacia el punto adecuado.

Pequeño dolmen, cerca de Land's End

Fenómenos naturales mal comprendidos, que dieron lugar a cultos supersticiosos y creencias de todo tipo, que nos legaron monumentos de épocas muy antiguas, como los megalitos que podemos encontrar dispersos por la península de Penwith.

[Ciencia] La guerra de los mundos, en versión disléxica

Ciencia

La guerra de los mundos (The War of the Worlds) es una novela de H.G. Wells, un par de veces llevada al cine con mayor o menor fortuna, en la que unos malvados habitantes de Marte invadían la Tierra con la aviesa intención de acabar con los humanos y apropiarse del planeta. Fue publicada en 1898. Era la época en que Percival Lowell, rico aficionado a la astronomía, publicaba sus libros en los que estaba convencido de que el planeta rojo estaba surcado por canales que no podían tener otro origen que una especie marciana inteligente. Todo porque el italiano Schiaparelli había creído ver unas líneas rectas surcando la superficie marciana en sus observaciones, y lo había anotado en sus dibujos con la palabra canali.

El tiempo, los astrónomos profesionales y la mejora de la tecnología que permitió afinar la resolución de los instrumentos de observación echaron por tierra, paradójicamente, la existencia de los canales. Y posteriormente, las áridas condiciones y la meteorología de nuestro vecino acabaron con las especulaciones de un planeta lleno de vida, con la posibilidad de civilizaciones inteligentes. En las últimas décadas han sido numerosas las sondas que han orbitado Marte, y han dejado caer objetos de todo tipo, incluyendo pequeños vehículo automotores que han explorado la superficie del planeta, enviando gran cantidad de datos. Algunos de ellos muy por encima de las expectativas puestos en ellos. También ha habido algún fracaso sonado, entre otros más comprensibles, gracias al orgullo anglosajón de permanecer en su particular sistema de medidas. Pero así es la especie humana en su devenir histórica, dos pasitos adelante, un pasito atrás, dos pasitos adelantes, un pasito atrás,… y a veces más de uno. Pero vamos, una cosa es segura. Esto es la guerra de los mundos en versión disléxica. Los humanos invadiendo Marte.

Escultura en Gran Vía

Mientras hablo de los objetivos de la Curiosity, os presento las “primeras luces” del pequeñito EF 40/2,8 STM que me he agenciado para mi Canon. La focal de 40 mm es una de las que más me gustan, y me encanta su aspecto compacto.

En cualquier caso, la ciencia y la ingeniería humana han dado estos días uno de estos pasitos adelante con sabor a gran zancada. Es cierto que no es estos días. Es una planificación y un trabajo de años. Creo conveniente luchar contra la sensación de que el avance científico, y humano en general, se deben a momentos puntuales de fortuna. No. Se deben al progreso y al trabajo continuado. De la misma forma que los errores también suelen deberse al testarudo sostenerla y no enmendarla propias de la parte más irracional de nuestra especie. En fin, que un amplio equipo de científicos e ingenieros han conseguido posar suavemente sobre la superficie marciana, y en el lugar deseado, un vehículo de una tonelada de peso. Como un coche turismo mediano, vaya. Esta expedición, oficialmente Mars Science Laboratory, pero más conocida como Curiosity, buen nombre, ha gozado estos días atrás de un inusitado interés mediático por el éxito de la operación de posado.

Ahora, este vehículo autopropulsado, comenzará su misión. De momento, ya va enviando imágenes de sus muchas cámaras videofotográficas. Primero en blanco y negro, pero ya con alguna en color. Para quienes gustamos de la fotografía, tanto en sus elementos artísticos como en los técnicos, tenemos que agradecer el trabajo de algunos divulgadores expertos que nos traducen al idioma del hombre corriente los aspectos más técnicos de las cuestiones fotográficas de la misión. Entre ellos, Valentin Sama desde DSLR Magazine, nos comenta como los principales “ojos” de la Curiosity, son dos cámaras digitales con sendos captores de “sólo” 2 megapixeles de resolución espacial. 1600 x 1200 píxeles, como las primeras cámaras digitales en popularizarse. Muy legos de los diecimuchos, ventitantos o treintaytantos de los que presumen muchos productos comerciales de hoy en día y sus orgullos poseedores. Eso sí. No deben ser grandotes, pero tampoco pequeñitos como los de las cámaras compactas. Por que nos cuenta que una de las cámaras monta un objetivo de 34 mm de focal, para tomas de 18/15º de campo visual. Aproximadamente como un 110 mm en mi Canon EOS 5D Mk II. La otra monta un objetivo de 100 mm, para tomas 6/5º de campo visual. Aproximadamente como un 270 mm en la EOS de formato grandote. No he hecho lo cálculos con gran finura, pero por ahí le andara. Uno de los motivos para que los archivos no sean grande, es que no nos olvidemos que tienen que viajar unos cuantos millones de kilómetros por el espacio hasta llegar a nosotros, minutos más tarde. En estos momentos, algo más de siete minutos más tarde. Pero esto varía según la posición de los planetas en sus órbitas.

Plantas agostadas

A su máxima apertura, una modesta f/2,8 como corresponde a su diseño “pancake”, se nota un montón el viñeteado en las esquinas. Pero por lo demás no hay mucho que objetar, aunque todavía he hecho pocas fotos con él.

Hablando de fotografías, como curiosidad notable, la Mars Reconnaissance Orbiter, sonda que orbita Marte, ha pillado a Curiosity descendiendo con su paracaidas sobre la superficie marciana. Y ha tomado fotos, como nos cuentan en Microsiervos.

Como indicativo del tipo de equipo que controla la misión me ha llamdo mucho la atención un tweet de un periodista argentino, Axel Marazzi. “El hardware de Curiosity es un 200MHz CPU, 256MB RAM y 2GB SSD. El robot usa eso para explorar marte y yo un quad-core para chatear”. Quien estén al tanto de cómo son los equipos informáticos de consumo hoy en día, comprenderán perfectamente la profunda ironía de la entrada.

Brillante scooter

Aunque austero en su aspecto, el objetivo es mono, muy bien terminado, con un enfoque automático que va como un rayo y es muy silencioso. Creo que es una buena adquisición, más teniendo en cuenta que es de lo más barato de la marca. Ideal para salir de paseo.

Noticias del sábado: no, hoy no… mejor humor y ciencia

Ciencia, Humor

Tengo que compensar. Y el miércoles me salté la norma no escrita y autoimpuesta de hablar de las noticias de actualidad sociopolítica sólo los sábados. Así que hoy voy a dedicar las Noticias del sábado a otro tipo de noticias.

Cuando comencé con esto de las Noticias del sábado, todos los sábados comentaba la viñeta de Ramón en ElPaís.com con sus entrañables hipopótamos, Hipo, Popo, Pota y Tamo. Después dejé de mencionarlos. Pero sigo ahí. Sigo visitándolos todos los días, y no sólo los sábados, para que me ayuden a mantener mi conciencia sobre los problemas ambientales del planeta, pero, eso sí, con una sonrisa en la boca.

Pero es que hoy sábado, además del ¡Salvad el clima! de Ramón, el resto de las viñetas han estado particularmente inspiradas. Mencionaré dos especialmente. La siempre desasosegante viñeta del Roto nos muestra una calavérica imagen sentenciando:

La pandemia ha sido un fracaso.

Suponiendo, y creo que supongo bien, que se refiere a la difusión del virus de la gripe A (H1N1) de nueva aparición, es muy atinada, dada la baja gravedad de los casos de gripe que está produciendo, las más que moderadas incidencias, y todo ello pese al especial interés de los medios de comunicación de hablar más de muertos que de otra cosa en este ámbito. Vamos, que lo mismo que una alegoría de la muerte, podría aparecer en la viñeta con la misma frase el redactor en jefe de cualquier medio escrito o no escrito que os queráis imaginar.

Por otro lado, Forges ácidamente critica ciertas tendencias del arte conceptual, que probablemente no entiende ni sus propios autores. En desagravio por el no siempre justificado dominio de estas formas artísticas sobre otras más comprensibles, pero probablemente más honestas, mañana hablaré de Gervasio Sánchez como Premio Nacional de Fotografía.

Pero entre las cosas de la prensa, me he encontrado con una de esas entradas con las que nos obsequia The Boston Globe de vez en cuando en su galería de imágenes The Big Picture, en este caso dedicada a los paisajes marcianos. Impresionante, tanto por la belleza como por el detalle con el que se nos muestran las tierras que configuran la superficie del planeta Marte. No os lo perdáis. Como las imágenes son de la NASA y están a libre disposición del público, pongo una de las formas generadas por la erosión cerca del polo sur marciano.

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Formaciones erosivas en el polo sur de Marte (NASA/JPL/University of Arizona)

Finalmente, esta mañana cuando me he levantado he leído con interés, casi diría con avidez, uno de los excelentes artículos de Mikelnai sobre naves espaciales propulsadas por agujeros negros. Pero lo que más me ha gustado es que me ha llevado a otro del mismo blog sobre las naves espaciales de un g. Este artículo no lo conocía por haber sido publicado con antelación a mi conocimiento del blog, pero me ha encantado especialmente por su cuantificación del tiempo en los viajes a velocidades relativistas. Vamos, que sólo costaría llegar 60 años en tiempo de la nave en llegar a la Galaxia Andrómeda, situada a 2.480.000 años-luz. Lástima que sería de poca utilidad para los que nos quedásemos en el planeta Tierra. Porque mientras que en la nave sólo pasarían los mencionados 60 años, en la Tierra habrían pasado… 5.000.000 años… y aun quedaría el viaje de vuelta. Ufff…

Una pena que de momento nos tengamos que conformar los mortales comunes con el lento arrastrarse de los aviones comerciales.

Jet

Un reactor sobrevuela el parque Pignatelli de Zaragoza - Panasonic Lumix LX3