[TV] Cosas de series; alegres romances en París, trágicos romances en Seúl

Televisión

Entrada televisiva de transición antes de hacer otras más temáticas las próximas semanas. Lo único que tienen en común las dos de hoy es que hay romances. Y triángulos anómalos. Si los triángulos más habituales involucran a dos catetos y una hipotenusa… estos son de dos hipotenusas y un cateto. Es lo que hay.

Hoy, nos iremos a París. A ver si nos encontramos a Emily en algunos de estos tópicos y típicos lugares.

Emily in Paris es una comedia llena de topicazos, de la que he podido ver recientemente su segunda temporada. La primera temporada me pareció una posibilidad improbable… una de esas comedias que uno esperaría que se emitiesen en Cosmopolitan Tv o algo así, pero que en Netflix programaron a bombo y platillo. Y sin ser una cosa del otro mundo, resultó entretenida. Y la segunda… no puedo decir que me haya gustado más. Los amoríos y líos de trabajo de la publicista de Chicago en tierras parisinas tiene altibajos. Los altos suelen conllevar interacciones con sus compañeros de trabajo franceses. Los bajos suelen asociarse a los americanos… y a los momentos en que el episodio parece un publirreportaje turístico. En cualquier caso, los episodios son suficientemente breves como para ser un entretenimiento intrascendente que no molesta. Y si los franceses se quejaron en la primera temporada por una visión demasiado tópica de nuestro país vecino, hay que reconocer que la serie es más crítica aún con la mentalidad yanqui que con la gabacha.

Neoreul Dalm-eun Saram 너를 닮은 사람, que significa Alguien que se te parece, y que en inglés han traducido como Reflection of you y en España como Tu viva imagen, es un drama romántico en Netflix que creo que tenía unas pretensiones que tengo la sensación que no ha cumplido. A mí, cuando leí la sinopsis y vi que no era comedia… me dio un poco de pereza. Pero el hecho de que una de las protagonistas fuese Shin Hyeon-bin, que me gustó bastante en una de mis series coreanas favoritas y en un interesante largometraje del año pasado, me animó a verla. Al principio de la serie conocemos a una pintora, esposa y madre en una familia muy muy acomodada, que de repente se reencuentra con otra artista más joven, que ahora da clases, y con quien tuvo un pasado… un pasado que consiste en que le birló el novio, con quien vivió una aventura en Irlanda, estando ya casada, un niña de unos años y un bebé de meses. Y resulta que el «novio» de las dos, que creían muerto… está vivo, aunque amnésico. Una historia de una venganza que al final se lía para todos los implicados. Me ha dejado con un sensación un poco… meh… Creo que los productores surcoreanos se manejan mal con estos dramones cuando duran 16 episodios de 65 – 70 minutos. Y es que no dan para tanto… En fin… Dentro de unos días nos pasaremos a la comedia.

[TV] Cosas de series; comedia polémica, drama menos polémico de lo previsible y apocalipsis

Televisión

Se me están empezando a acumular las teleseries. Pasa. De repente terminas varias series o temporadas. Luego pasan unas semanas… hasta que vuelves a terminar varias. A veces voy amortizando los comentarios, otras se me acumulan. Hoy tenemos dos series y un corto. Interesante. Empecemos por este.

El ruido solar es un corto de ciencia ficción que se pudo ver brevemente en Filmin. No tenía claro si incluirlo en el apartado televisión o en el de cine. Lo voy a comentar aquí… pero creo que lo añadiré a mis estrenos cinematográficos. Si incluí el cortometraje de Almodóvar, ¿por qué no éste? Ya veré. El caso es que se trata de un curioso e interesante ejemplo de ciencia ficción realizada con cuatro perras. Dirigido por Pablo Hernando, nos cuenta cómo un evento cambió el mundo para siempre. En el año 2020 se produjo una especie de gran destello solar, que hizo que cada persona percibiese durante ese instante un momento de su futuro. Un futuro de carácter apocalíptico. Un futuro que anunciaba el fin del mundo tal y como lo conocemos. Este tipo de cortos tienen su punto experimental. Por ello, pueden no ser del gusto de todo el mundo, pero esto no les resta valor. A mí me pareció interesante. Por si lo incluyo entre los estrenos de cine, hay van mis estrellas: Dirección: ***, Interpretación: ***, Valoración subjetiva: ****.

Uno de los efectos negativos de mi rechazo a la cuestión vasca es que llevo 20 años sin viajar por ese bello país, pero en el que, entre unos y otros, no siempre me he encontrado a gusto. Aunque hubo momentos en que sí. Porque gente maja hay en todas partes. Hasta en el infierno. O sobre todo en los infiernos.

Emily in Paris es una nueva comedia de situación protagonizada por Lily Collins, que se estrenó a principios de octubre en Netflix. Me estuve pensando si ver o no ver. Tenía pintas de americanada. Y de hecho, transcurriendo en nuestro país vecino, los franceses pronto protestaron por la visión estereotipada y reduccionista que la serie transmitía de su cultura y de su sociedad. Pero también surgieron voces que decía que la serie repartía a diestro y siniestro. Que tan parodia resulta de los valores y la sociedad francesa como de la usamericana. Al final me decidí a verla. Rodada de forma «bonita», el traslado laboral de Emily a París… no es al París real, con atascos, horas puntas en el metro, días grises, gente seria, casi malhumorada yendo de casa al trabajo y viceversa. Es un París peliculero, luminoso, colorido, con cafés ideales donde siempre hay sitio y mucho romance. Y no poco sexo. Es una ficción al servicio del lucimiento de Collins, que también aparece como productora, o sea que su salario tendrá un fijo y un variable por beneficios, que se ve con agrado. Que tiene gracia en no pocos momentos. Y que efectivamente parodia a todos. Porque si los defectos aparentes de los parisinos son típicos y tópicos, tiene su gracia que en el episodio 8 la protagonista haga algo que en buena parte de los EE.UU. sería delito… y en Francia no. Pero bueno, la serie es yanqui y Collins es la heroína que siempre sale airosa de los líos en los que se mete.

Y luego está una de las series españolas más destacadas del año. La adaptación en HBO de la novela de éxito de Fernando Aramburu de estos últimos años. Patria. No he leído la novela. Hace un tiempo, me lo plantee. Incluso leí otro libro de Aramburu para ver que tal. Y aunque disfruté de aquella lectura, el tema de la historia que toca estos libro y serie, me tira para atrás. Me explico. Desde hace 35 años, cada vez que he mantenido conversaciones sobre el tema del terrorismo y la política en el País Vasco, me he encontrado sistemáticamente emparedado entre dos posturas que al parece se consideran exhaustivas y mutuamente excluyentes. Y he acabado sintiéndome tan incomprendido y tan rechazado tanto por unos como por otros. Harto de que los «vascos» me digan que si no soy de allí no puedo opinar. Parece ser que eso me hace ser incapaz de pensar, reflexionar y sacar conclusiones por mí mismo. Y harto también de que los «españoles» me digan constantemente cómo tengo que ser y pensar para ser «español». Mi conclusión es que estoy hasta las narices de los «vascos» y que no quiero que se me considere «español» más que como una situación administrativa. El problema es que ha habido un conflicto entre dos ideologías nacionalistas… y yo ODIO PROFUNDAMENTE los nacionalismos tengan la bandera que tengan. Y ODIO PROFUNDAMENTE la violencia, la ejerza quien la ejerza, no importa en nombre de qué ideales o de que legitimidades. Y ODIO LOS FASCISMOS, tanto los que me dicen si puedo o no puedo opinar o pensar sobre algo, como los que me dicen lo que tengo que opinar o pensar. No encontrando con facilidad interlocutores racionales ni razonables, me he apartado del tema. Y he tendido a rechazar aquello que lo trate.

Dicho lo cual, al final, una vez puestos a disposición del público los ocho capítulos de los que consta la miniserie, me decidí a verla. Y puedo decir que es una magnífica producción, sobresalientemente realizada y con unas interpretaciones de matrícula de honor, como pocas veces se pueden ver en las series de televisión españolas. Y no sólo su excelente protagonista, Elena Irureta, que está fenomenal. Todos, hasta el último de los secundarios están muy bien. Y que no me arrepiento nada de haberla visto. Dicho lo cual, sobre el tema que trata, sobre el trasfondo político y social,… seguiré ignorándolo y sin hablar de él. Y no por falta de opinión. Al fin y al cabo, ya sé que voy a ser rechazado por unos y por otros. Pues que les den a todos, con ikurriñas o con rojigualdas. Hasta los mismísimos c.j.nes de las p.ñ.t.ras banderas. Todas me asquean por igual.