[Televisión] Cosas de series; reinas y soldados nos llegan de la pérfida Albión

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La vuelta de vacaciones no me ha proporcionado claridad sobre cómo quiero ver y seguir las series de televisión. Se me empiezan a acumular posibilidades, y además hay que atender a las novedades de la cartelera. Por otra parte, me he acostumbrado tanto a lo cómoda que es una plataforma como Netflix, que me pregunto si realmente me apetece agobiarme con otras programaciones. Más cuando parece que últimamente no está para series muy sesudas y se conforma fácilmente con entretenimientos para pasar el rato. No obstante he de decir que he visto los primeros capítulos de tres series, Westworld, Timeless y Divorce. Ninguna me ha parecido mala, ninguna me ha entusiasmado. Se habla de Westworld como la baza de HBO para cuando se despida Game of Thrones. Bueeeeeno… tiene pinta de estar bien hecha, parece que va a ser una enésima vuelta de tuerca al problema de las inteligencias artificiales de aspecto humano (cylones, replicantes, robots de Asimov, etc). Pero el hecho de que el ambiente sea del far west no me entusiasma… Seguiré pensando.

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La entrada de hoy me ha quedado muy “british”, así que nos daremos una vuelta por Londres, con soldado y reina Victoria incluidos.

Me ha hecho gracia ver el primer episodio de Timeless, serie de acción basada en una patrulla de tres, uno de ellos una mujer inteligente del mundo de las humanidades, otro un soldado,… que se desplaza a momentos clave de la historia de los Estados Unidos para evitar que esta se vea alterada. Los “minhistéricos” españoles se han llevado las manos a la cabeza y han empezado a gritar “plagio, plagio”. Las semejanzas son obvias. Pero también hay diferencias evidentes. Y por otra parte, las series con viajes en el tiempo están empezando a surgir como setas. Yo que nos los “minhistéricos” me preocuparía de mejorar los guiones y el nivel interpretativo de alguna de sus protagonistas, y me dejaría de preocupar por otras historias. Salvo de lo que se trate sea de ingresar pingües beneficios por los derechos de autoría de la idea… y no tanto sobre la digna presentación al espectador de buenas producciones televisivas.

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Lo que sí he hecho es terminar de ver dos series de origen británico.

Una de ellas ha sido la corta segunda temporada, cinco episodios, de Our Girl. La primera temporada seguía las aventuras de una chica de clase trabajadora que acaba metiéndose en el ejército de su graciosa majestad para buscar su lugar en el mundo. En esta segunda temporada, que ha tardado en llegar, han cambiado de protagonista. La primera temporada era evidentemente complaciente y poco crítica con la institución castrense y sobre sus actuaciones. La sociedad civil británica no ha tenido excesivos encontronazos con su ejército, bastante respetuoso con el ordenamiento legal y constitucional del país, lo cual ha sido más raro en el resto del continente europeo y del mundo en general. Los desmanes causados por el ejército británico hay que atribuirlos a los propios gobiernos que dirigen el país. En general. Pero esta segunda temporada ha tenido un carácter especialmente propagandístico, y ha acabado cargándome un poquito. No creo que vuelva a ver esta serie en el caso de que llegase una tercera temporada. Fuera.

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La otra serie tenía de partida aspecto de miniserie. Cerrada en una temporada. Victoria, los años jóvenes de la longeva monarca británica cuyo reinado ha dado nombre a toda una época y cultura de la historia del país, la era victoriana. Con la pizpireta Jenna Coleman en el papel protagonista, humanizando notablemente la imagen de la adusta monarca, desde el principio no hemos podido dejar de pensar que en el ADN de la producción de esta serie había genes comunes con Downton Abbey. Con tramas entre los de “arriba” y tramas entre los de “abajo”, el personal al servicio de palacio, hemos asistido al acceso al trono de la reina, su consolidación y su compromiso y matrimonio con Alberto de Sajonia-Coburgo-Gotha. Al final,… pues no va a ser una miniserie. Ya nos anunciaba el cierre del último episodio que en 2017 habría más reina Victoria. No ha estado mal, pero tampoco ha sido entusiasmante. Ya me pensaré si sigo interesándome por los residentes del palacio de Buckingham. Probablemente, no.

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[Televisión] Cosas de series; de venganzas y “conspiranoias”

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Tras haber terminado de ver la segunda temporada de Mr. Robot, puedo dar por finalizada la temporada televisiva de verano. Pero antes de comentar esta, hay que hablar de otra serie, un “guilty pleasure” de los que ya hablaba hace unos días, y con la que sorprendentemente me he enganchado.

Hace unos años pude ver el piloto de una serie protagonizada por adolescentes. Aunque en realidad fueran todas veinteañeras… pero estoy ya es una tradición. Que cuando se hizo Grease, algunos de los actores que representaban a los alumnos del Rydell High School estaban ya en la treintena. Se titulaba Pretty Little Liars, y de entrada no me llamó la atención y la dejé. Curiosamente, ahora se pueden encontrar cinco temporadas de la serie en Netflix. Porque tuvo éxito y sobrevivió. De hecho, ya lleva seis temporadas, y está prevista su séptima y última, más breve, para la primavera del 2017. En una tarde tonta, en la que no me apetecía pensar en nada, me puse los dos primeros episodios… y me pasó como con Revenge, una serie con la que comparte ADN conceptual. Se ha convertido en un “guilty pleasure”, un placer culpable como los comenté hace unos días. No es cutre, ni mucho menos. Un buen nivel de producción y abundancia de gente guapa. Pero interpretaciones regulares, guiones que oscilan entre lo apasionante y lo absolutamene ridículo, constante presencia de “cliffhangers” que se desinflan echando virutas, y una huida constante hacia adelante en unos argumentos, una venganza hacia un gurpo de chicas adolescentes tras la muerte de su miembro más popular, que se agotarían en si mismos rápidamente si no funcionarán con el “y ahora, más gorda”. No sé cuanto aguantaré viéndola. Son tempordas de 20 o más episodios que tienen muchos altibajos. Me recuerda mucho, como ya he comentado, a Revenge, otro “guilty pleasure” con la venganza como tema central, que abandoné cuando a sus responsables no les quedó más remedio que cerrar el arco argumental principal que la sustentaba para luego intentar reinventarla. No sé qué pasará con esta. Si eso, más adelante os lo cuento. Mientras, me sirve de serie de relleno, o para cuando no quiero pensar en nada.

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“Mr. Robot” transcurre mayormente a caballo entre Manhattan y Brooklyn, y con frecuencia de noche. Y ahí nos vamos, fotográficamente hablando.

Pero el asunto principal es que me he visto la segunda temporada de Mr. Robot. Recordatorio para los que nos esté al tanto. Se trata de una serie en la que un grupo de ciberactivistas busca tumbar el sistema financiero del mundo capitalista atacando a alguna de las empresas más significativas, mientras estas intentan consolidar su posición de plutócratas que constituyen el poder en la sombra, y todo alrededor de la figura de Elliot (Rami Malek), un joven programador que sufre algún trastorno de salud mental más serio de lo que imaginábamos al principio de la serie. La serie se caracteriza por ser rompedora en cuanto a su realización, demostrando que se puede hacer cine de primera calidad para la pequeña pantalla. Guiones cuidados, interpretaciones mesuradas y potentes, fotografía y encuadres de cámara arriesgados, todo ello para crear un clima opresivo. Todos los personajes viven en un conflicto continuado, al mismo tiempo que se generan constantemente dilemas éticos, que se pueden trasladar fácilmente de la ficción a la realidad cotidiana, y que son los que mueven a los personajes. Mentiría si dijese que no me pierdo de vez en cuando. Me pasa como con las primeras temporadas de Game of Thrones. La variedad de personajes, lo complejo de las tramas, el ambiente agobiante,… hacen que se me vaya el oremus. Que no tenga claro como avanza la trama. Pero me da igual, porque no hay episodio que no tengo al menos una secuencia o grupo de secuencias de los que te dejan sentado al sillón diciendo “olé, así se hace el cine”. Por lo tanto, para mí, lo de menos es cómo vaya la trama de género “conspiranoico”, que de hecho nunca han sido de mis preferidas. Lo importante es disfrutar de esos momentos de cine para la pequeña pantalla que difícilmente encontramos hoy en día en la mayor parte de las ficciones para la pantalla grande. Dicho lo cual,… serie imprescindible.

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Empieza la temporada otoño-invierno. Estoy cicatero a más no poder con las nuevas incorporaciones a mi parrilla televisiva. Ninguna serie nueva de temporada larga, de esas de 20 a 24 episodios. Y probablemente abandone las que ya seguía de estas características. Salvo uno o dos. Cada vez más aficionado a ver la series de tirón. Y dos cosas graciosas.

Ha vuelto Lucifer. Con un episodio en el que se presentaba un personaje nuevo, interpretado por Tricia Helfer, la añorada Número Seis de Battlestar Galactica. Y lo hizo bajo los acordes del All Along the Watchtower de Bob Dylan. Canción que tuvo un protagonismo importante en esta “space opera”.

Estoy viendo la segunda temporada de Our Girl, aventuras y desventuras de una clase de tropa sanitaria del ejército británico. Con un cambio de protagonista. Da lo mismo. Ya la comentaré. El caso es que en el episodio tercero me partía de risa mientras miraban la radiografía de tórax de un aguerrido oficial de operaciones especiales herido. Porque se apreciaban claramente los contornos de unas mamas de notable tamaño, aparte de que la forma del esqueleto sugería su pertenencia a una señora. Soy médico. No me he dedicado a la clínica, sino a la salud pública y la planificación sanitaria, pero en tuve matrícula de honor en la asignatura de radiología y hay cosas que no se me han olvidado. Me partía de risa cuando se me iba la mirada de la radiografía al apuesto oficial que estaba sentado en la camilla de exploración en plan pecho lobo…

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[Televisión] Cosas de series; la chica se va a la mili

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En medio del medio parón debido a las festividades norteamericanas en las que dan gracias a algún dios porque comenzó el exterminio sistemático de nativos norteamericanos y de pavos, y sin grandes novedades que destacar en lo que se refiere a las series que llevo en cartelera, me dedico esta semana pasada a recuperar una miniserie, que puede ser la primera temporada de una serie con continuidad futura, de la televisión inglesa.

Se trata de Our Girl. Esta serie comenzó siendo un telefilme en el año 2013 de hora y media de duración, que a mi me pasó totalmente desapercibido. Y dado el éxito del telefilme, le dieron la oportunidad de desarrollar un poco más la historia con una serie de cinco episodios más de una hora de duración, que se emitió en este otoño. En un principio no me interesó, las aventuras y desventuras de una chica en el ejército británico no me llamaban la atención. Pero un par de reseñas que hablaban de aspectos interesantes me hizo recuperarla, y con la circunstancias  que he comentado al principio de esta entrada, verla casi de tirón.

Carlos Carreter

Mucho Londres en la serie,… no las partes monas, como Westminster, en la foto; más bien el East End, en el muy racialmente diverso Newham.

 

En principio, el telefilme inicial tenía un tono social. Molly Dawes (Lacey Turner), una “choni” del East End londinense que acaba de cumplir los 18 años, con una familia que si no es completamente disfuncional se esfuerzan por ello, en un entorno de diversidad social mal asumida, sobretodo debido a la inmigración, que ha terminado el instituto sin perspectivas de seguir estudiando, y por lo tanto entrando en una espiral de empleos basura,… Y en estas está en medio de una crisis absoluta cuando decide entrar a preguntar a una oficina de reclutamiento de las fuerzas armadas británicas. Y contra todo pronóstico, entra en el centro de instrucción donde se lo curra para intentar pasar el período de entrenamiento y formar parte de la clase de tropa de la sanidad militar británica. Como telefilme, me parece que tiene elementos interesantes en su planteamiento, aunque progresivamente se va convirtiendo poco menos que un programa propagandístico de las fuerzas armadas de la “Perfida Albión“. En condiciones normales, llega un momento en el filme en el que hubiera apagado la tele… salvo que hay algo que la sujeta y es el personaje central y la soltura con que lo interpreta su protagonista. La peliculilla está bien realizada, los ingleses tienen oficio para estas cosas, pero fundamentalmente sigues adelante porque la chica es un encanto, te cae bien y empatizas con el personaje lo suficiente para saber qué va a ser de ella. Aunque es ampliamente previsible.

Carlos Carreter

También muchos soldaditos, claro está, aunque no los pijos de la Home Guard y similares que sirven para entretenimiento de turistas en Whitehall o Buckingham Palace.

 

La serie lo que hace es darnos a conocer sus aventuras ya como soldado del cuerpo de sanidad militar, encuadrada en una compañía en servicio en Afganistán. Nuevamente nos encontramos con una situación de partida interesante, con mucho potencial. Nuevamente adquiere una deriva que hace que pierda interés por momentos. Nuevamente si sigues adelante es por la empatía de Molly/Lacey que hace que te apetezca saber qué va a ser de ella. Porque donde desde mi punto de vista la “cagan” en esta ocasión es montando un tríangulo amoroso en el que los dos catetos que se pelean por la hipotenusa protagonista son un soldado compañero de la chica y el apuesto capitán al mando. Está claro que el soldado no tiene nada que hacer, está algo venado (desaprovechado Iwan Rheon, a quien recordamos de su inquietante papel en Game of Thrones). Por lo tanto, a pesar de la buena factura técnica, esta serie rodada a caballo entre el Reino UnidoSudáfrica se convierte en algo muy parecido a un guilty pleasure, esos placeres culpables que combinan elementos positivos con otros infumables, pero que acabas viendo irremediablemente. Al público votante en IMDb le ha encantado. ¿Una mayoría de “marujitas” encantadas con el pitagórico romance? La crítica está más dividida, un poco conflictuada entre los elementos que he mencionado, la potencialidad de la historia y la banalidad de su desarrollo. Y parece relativamente probable que pueda haber una segunda temporada. Las líneas argumentales principales han quedado razonablemente resueltas, pero hay margen para retomar la historia. Si vuelve… ya veré lo que hago. Soy débil con los guilty pleasures; tengo varios en cartelera… 

Nota idiomática: Cuando en la versión original, en el ambiente militar se usa la palabra medic, nunca hay que traducirlo como “médico” (en inglés doctorphysician). La traducción más correcta sería la de “soldado de sanidad” o “sanitario” por hacerlo más breve. El error es muy común, demasiado común; lo he visto en doblajes de muchas películas cuyo idioma original es el inglés. En muchos sitios en castellano he visto que decía que la chica de dieciocho se convertía en “médico” del ejército tras una instrucción específica de seis meses. Una tontería como una piano de grande.

Bath

Y también una visita a la coqueta ciudad de Bath, de donde es originario uno de los “catetos” del triángulo amoroso de la serie; el apuesto capitán. Mucho más pijo que el East End de la protagonista o la galesa Newport del otro “cateto”.