Fotografías realizadas en Inotani, una estación de tren en las montañas de Japón, entre Takayama y Toyama. También en versión Substack.
Un comentario breve de un relato gráfico que leí hace unas semanas. Se trata de la adaptación a manga de la novela del mismo título de Yasunari Kawabata realizada por Sakuko Utsugi. No las tenía conmigo cuando vi este título en una de mis librerías físicas habituales. Kawabata es un escritor japonés de referencia, el primer premio Nobel de literatura del País del Sol Naciente. Y País de nieve es una de sus obras más emblemáticas, que ya leí y comenté en su momento. Fue el primero de las cinco obras de Kawabata que he leído. Y es una obra que ha crecido con el tiempo en mi memoria y en mi apreciación.

La novela, y también su adaptación a manga, nos relata las relaciones entre un hombre acomodado de Tokio con una geisha rural. El hombre más que trabajar tiene aficiones que llama su trabajo. Y de vez en cuando deja atrás se desplaza a las montaña donde mantiene esta relación con la geisha. Muy lejos de la imagen de sofisticación que tenemos de las geisha, esta, en parte hace las funciones habituales de entretener a los clientes, eventualmente acepta mantener relaciones sexuales, de alguna forma se prostituye, aunque ella no se ve así. Unas relaciones que no van a ninguna parte, pero que ninguno de los dos va a romper. Ella, enamorada; él, aburrido de su vida y de su matrimonio, fascinado por la joven.

Como ya he dicho, la novela de Kawabata me dejó un recuerdo que ha ido creciendo en la memoria. Ha ido tomando peso, y es el motivo por el que después de ella haya seguido leyendo obras del autor. Algunas, muy poderosas. Pero la adaptación al manga no me ha despertado las mismas sensaciones. Son dos medios literario, la novela y el relato gráfico, pero cada uno con sus ritmos, sus lenguajes y sus procesos. Y la traslación de la novela al relato gráfico le hace perder. Y además, la forma en que Utsugi diseña y ve a los personajes, de aspecto muy joven, muy hermosos, se aleja de la sensación que me dejó la novela. Aquella me mostró un mundo entre bello y sórdido, igual que la propia relación entre los dos protagonistas. Mientras que Utsugi estiliza en exceso a los personajes, y creo que no refleja correctamente la esencia de la novela.
Dicho lo cual, no está mal el manga como curiosidad, aunque es difícil que me sienta atraído en un futuro por este tipo de adaptaciones. Es lo que hay.

