Piratas del Caribe 2: El cofre del hombre muerto (2006)

Cine

Pirates of the Caribbean: Dead Man’s Chest (2006), 22 de agosto de 2006

Quince hombres sentados sobre el baul del muerto,
quince, ¡oh, oh, oh!, ¡y una botella de ron!

Estos dos versos, que aparecen en la primera página del capítulo primero de mi edición en castellano de la Isla del Tesoro de Robert Louis Stevenson (Círculo de Lectores, 1967), fueron los responsables de que años después de que mi madre me comprara el libro, me enganchara al mismo, a las novelas de corsarios y piratas, y en general, junto con otros libros considerados como juveniles en la época, que me enganchara a leer. Cuando leí el libro, hacía años que rondaba por casa. Supongo que la previsión de la mujer que me trajo al mundo hizo que lo comprara mucho antes de estar en condiciones de abrirlo, leerlo y disfrutarlo; pero su intuición no falló, y el libro me apasionó.

Quizá de entonces me viene mi pasión por los malos de las historias, porque ¿habrá otro malo tan estupendo como el pícaro Long John Silver?. Después vinieron el Ivan Ogareff de cierto correo del zar, o tal vez Rupert de Hentzau en el reino de Zenda. Quizá Cruella de Vil y su afición a los abrigos de dálmata, por no hablar de la madrastra de Blancanieves. El terrible Sheriff de Nottingham y los temibles templarios a los que ha de enfrentarse Ivanhoe para salvar a la bella judía; o el taimado Sir Daniel Brackley enfrentado a la hermandad de la Flecha Negra. Y tantos otros… Pero sobre todos ellos, esos piratas a la vez terribles y entrañables, pícaros tratados con una benevolencia que en realidad nunca merecieron por la literatura y el cine.

Pues bien. He aquí que llega la factoría Disney, y se propone a contarnos cuál es la historia del “baul del muerto“. O el “cofre del hombre muerto“, como nos lo traduce la distribuidora. La cancioncilla se escucha tímidamente al principio del filme y, al menos para mí, sirve para alcanzar esa tensión tan agradable provocada por las expectativas de lo por venir. No es la única referencia al estupendo libro de Stevenson. También la “mancha negra” es un homenaje claro al mismo, entre otros detalles.

Bien. Luego se trata de una película comercial de las de hoy en día, muy larga, con muchos efectos especiales y con un guion que flojea en muchas ocasiones. He de reconocer que ha habido ratos en la película en los que me lo he pasado muy bien. Me he reído. Me he asustado. Me he maravillado con algunas criaturas. Al Capitán Jack Sparrow (Johnny Depp) ya lo conocíamos de la primera película de la serie, y aunque no llega al nivel de la anterior, pues está muy bien. Es un personaje, el pícaro del que hablaba antes, que cae bien. Hechamos de menos al Capitán Barbossa (Geoffrey Russ) que si aparece es más que nada para anunciar la tercera parte de la saga. La chica y el chico bueno, ¡ay!, están tan sosos como en la primera. El Capitán Davy Jones es demasiado artificial para que llegue, no a eclipsar, sino ni siquierea a arrojar una ligera sombra sobre el añorado Barbossa. El monstruo, sí. El monstruo está muy bien, y a su alrededor se desarrollan algunas de las más emocionantes escenas de la película.

En fin. Todo se queda en un entretenimiento que podía haber sido mucho mejor. A los yanquis se les sigue olvidando que, por impresionantes que sean los efectos especiales, hay que cuidar de las historias, de los guiones. Y la dirección, de nuevo a cargo de Gore Verbinski, deja de ser un arte para ser una mera artesanía con el fin de mostrar el despliegue de artificios más o menos inverosímiles.

Dicho todo esto, es una película perfecta para entretenerse en una tarde verano. O de cualquier época. Las risas y el buen rato en determinadas escenas me inclinan a ponerle un siete (aunque con sólo un seis en la dirección y otro seis en la interpretación, ya que el chico y la chica estropean el excelente trabajo de los demás).

St Michael’s Mount, en la costa de Cornualles, Inglaterra, tierra de piratas, perdón, de nobles sires del mar

Versión completa en inglés de la primera estrofa de la canción que iniciaba este artículo:

Fifteen men on a dead man’s chest
Yo ho ho and a bottle of rum
Drink and the devil had done for the rest
Yo ho ho and a bottle of rum.
The mate was fixed by the bosun’s pike
The bosun brained with a marlinspike
And cookey’s throat was marked belike
It had been gripped by fingers ten;
And there they lay, all good dead men
Like break o’day in a boozing ken
Yo ho ho and a bottle of rum.