Se fué Anthony Minghella…

Cine

Me enteré ayer martes de que había fallecido Anthony Minghella, director, productor y guionista de cine. Era joven. 54 años. No tenía una carrera larga, con muchísimas películas en su haber como director. Pero hay dos de ellas que me han gustado mucho. Y lamento que no esté ahí, para ofrecernos más de éstas, aunque sea una vez cada década.

Las dos películas son El paciente inglés y Cold Mountain. La primera recibió el reconocimiento internacional, ganó muchos óscares y fue muy celebrada en su tiempo. La segunda fue recogida con más frialdad, quizá por el mensaje antibelicista que mandaba, las dos lo hacen, justo en un momento en el que en Estados Unidos sonaban tambores de guerra.

El paciente inglés es una de mis películas favoritas. Es un peliculón con todas las letras. Tiene una historia de fondo, tiene una historia de amor, tiene historias paralelas que confluyen y dan sentido al conjunto, tiene personajes carismáticos, tiene localizaciones maravillosas, tiene una banda sonora sensacional, tiene una luz magistral… desde mi punto de vista lo tiene todo. La fui a ver dos veces en el cine. Una en mi ciudad, Zaragoza, en el ya extinto Cine Mola, uno de los más incómodos que he conocido. No me enteré de que era incómodo. Otra en Barcelona, en versión original subtitulada en español, momento en el que acabé siendo incodicional del filme para siempre jamás. Tengo una copia en DVD. Pero la veo poco; al final del filme, me invade una sensación de tristeza que conviene dosificar. También me atrevo a recomendar sin reparos la novela en la que está basada, escrita por Michael Ondaatje.

Cold Mountain por su parte tiene muchos de los ingredientes que hemos mencionado en la anterior. Siendo historias distintas, tienen muchos paralelismos. Y en esta película en particular, nos ofrece una visión distinta de las tradicionales ofrecidas por los norteamericanos sobre su guerra civil. Menos heroica, menos caballeresca, más sórdida; aunque también más cercana, más humana. Si bien no tiene el mismo nivel que la anterior, creo que merece estar más arriba en el recuerdo de los aficionados al séptimo arte.

Sirva esta entrada como modesto homenaje a quien tanto me hizo disfrutar y sufrir en la oscuridad de la sala de cine.

Estoy melancólico y minimalista. Un detalle de la corteza de un árbol otoñal.

Herida

(Pentax *ist DS; SMC-A 100/4 Macro)