[Libro] Sueño

Literatura

Asistí hace unas semanas, un sábado al mediodía a la hora del aperitivo, a la celebración con tertulia del décimo aniversario de Los Libros del Zorro Rojo en la librería Cálamo. Esta es una pequeña editorial, a caballo entre Buenos AiresBarcelona, especializada en libros ilustrados. No historietas o novelas gráficas, sino libros con una historia en prosa o poéica que se ve acompañada del trabajo de un ilustrador. Me interesó conocer algo más de este concepto de libros que siempre me han atraído, aunque no tengo muchos, y me pasé. Hubo una pequeña tertulia antes de tomar los aperitivos y permitir las charlas informales, en la que participaron Fernando García, dos ilustradores Elisa Arguile, José Luis Cano y un representante de la editorial, Samuel Alonso. Aunque breve, se pusieron sobre la mesa ideas interesantes sobre el libro ilustrado, a favor y en contra. Más sobre ellas cuando comente el libro que nos ocupa.

El caso es que al final de la tertulia y del breve aperitivo, decidí llevarme uno de los libros de la editorial, optando por un relato corto de Haruki Murakami, ilustrado por Kat Menschik. Para quienes me sigan con cierta asiduidad, no hará falta recordarles que el escritor japonés es uno de mis favoritos en la actualidad. Así que no podía dejar escapar la oportunidad. Aunque hay otro libro del mismo autor y editorial que también me atraía. Para Navidad.

Sueño
Haruki Murakami, relato; Kat Menschik, ilustraciones; Lourdes Porta, traducción
Libros del Zorro Rojo, 2013
Edición en tapa dura

Invitados a la tertulia previa al sencillo aperitivo de celebración del aniversario de los Libros del Zorro Rojo en la librería Cálamo.

Invitados a la tertulia previa al sencillo aperitivo de celebración del aniversario de los Libros del Zorro Rojo en la librería Cálamo.

La protagonista de esta corta historia, seis capítulos leídos en seis noches consecutivas antes de conciliar el sueño, me pareció lo oportuno, es una mujer joven, en el Japón actual en el momento en que se escribió la historia, ama de casa, casada con un dentista que pasa buena parte del día trabajando, y con un niño del que se ocupa con la atención que se espera de una madre. Una familia a la que quiere, pero por la que no siente una pasión desbordante. Una mujer que se ve a sí mismo todavía atractiva, pero atrapada en una rutina sin fin y sin muchos alicientes. Siendo estudiante en la universidad, pasó por un periodo de tres semanas de insomnio, que le afectaron mucho física y psicológicamente. Ahora, cerca de cumplir los treinta años, en una extraña noche, con sombras que acechan en su dormitorio, vuelve a perder el sueño. Pero al contrario que en la ocasión anterior, se siente más viva que nunca. Comienza a leer impulsivamente, en principio Ana Karénina, luego otras obras, durante toda la noche y buena parte del día. Comienza a recorrer la ciudad en coche por las noches. Se ocupa de su familia en lo justo y preciso, pero desarrolla toda una actividad paralela de la que su marido y su hijo nada saben. Se siente fuerte, vital,… a pesar de la ausencia absoluta de horas de sueño. Lo único que percibe es que todo esto habrá de terminar de algún modo.

Murakami nos traslada de nuevo, aunque sea por breves páginas, a un mundo en el límite entre la realidad de lo cotidiano y el reino de lo fantástico, o incluso de lo onírico. Aunque tradicionalmente los héroes de las historias del escritor nipón son hombres, en esta ocasión sitúa en el centro del conflicto a una mujer. Una mujer que sufre de muchas de las características de los protagonistas de Murakami. Un vacío o una levedad en la existencia, un distanciamiento de los sentimientos más apasionados, un hartazgo de las rutinas cotidianas. Y eso lleva a un flirteo con las conductas alternativas, incluso peligrosas, como un modo de salpimentar la existencia personal.

La noche se abate sobre las calle más tradicionales de Gion, en Kioto. Sería la hora de dormir y los sueños, pero no para la protagonista del relato.

La noche se abate sobre las calle más tradicionales de Gion, en Kioto. Sería la hora de dormir y los sueños, pero no para la protagonista del relato.

Uno de los argumentos recurrentes en el coloquio con el que comenzaba esta entrada era sobre la conveniencia o no de ilustrar una obra que en principio no ha estado concebida para ser ilustrada. Entre los propios ilustradores presentes, parecía que la opinión predominante es que hay que reservar la ilustración para obras concebidas de este modo desde un principio, y de este modo dotarlas de una coherencia interna adecuada. Sin embargo, la obra literaria pura supone la capacidad del lector de sumergirse en el universo de la narración, y representarlo mediante su imaginación, ilustrarlo con su mente. Una ilustración actuaría restringiendo la libertad del lector para imaginar, al presentarle unas imágenes definitorias del mundo conceptualmente creado con las palabras. No lo sé.  No me ha pasado nunca. Aunque no muchos tengo varios libros en el que la narración se acompaña de alguna ilustración, o incluso en alguna colección, de fotografías. Sin embargo, nunca me ha pasado que esas imágenes sustituyan las que yo creo en mi propia imaginación. De alguna forma, las complementan o incluso las enriquecen. En el caso en que nos ocupan, mi imaginación me presenta fácilmente el mundo cotidiano de la protagonista. Le puedo poner cara, puedo visualizar su dormitorio, su casa, la piscina donde se ejercita, incluso el interior del viejo utilitario con el que recorre la ciudad por la noche. Puedo imaginar sin problemas, a mi modo, las sombras que acechan en la noche, y que dan comienzo a su periodo insomne. Pero la ilustración de Kat Menschik me aporta una dimensión extra. No siendo ilustraciones de carácter realista, sino que de alguna forma tienen una aire onírico, como procedentes de esas ensoñaciones que la protagonista ha dejado de generar, me trasladan a una interpretación de la realidad que yo imagino como si la protagonista viviera una ensoñación en sí misma. Considero un acierto la combinación de relato e ilustraciones, incluso si el primero no fue concebido en primera instancia para ser ilustrado.

Con un final abierto a la imaginación del lector, elemento muy importante en las obras de Murakami, es también un final inquietante, casi en el reino del terror, de una forma más efectiva que las obras adscritas formalmente a ese género. En cualquier caso, es un libro que se puede leer en un rato, aunque recomiendo una lectura pausada. Empapándote de las vivencias de la protagonista. Y en cualquier caso, un libro bastante recomendable en sí mismo.

Murakami utiliza a su favor como siempre la riqueza imaginativa de las mitologías tradicionales nipones, llenas de dioses y espíritus que ocasionalmente interfieren en los asuntos de los humanso; incluso si no lo presenta exactamente así, sus propuestas tienen una influencia clara de este origen.

Murakami utiliza a su favor como siempre la riqueza imaginativa de las mitologías tradicionales nipones, llenas de dioses y espíritus que ocasionalmente interfieren en los asuntos de los humanso; incluso si no lo presenta exactamente así, sus propuestas tienen una influencia clara de este origen.