Esta serie de fotografías que ilustran esta entrada de este Cuaderno de ruta puede verse, comentada desde un punto de vista de la técnica fotográfica, en Carlos en plata. Paisaje urbano con Leica M6, Zeiss Planar 50 mm f2 con filtro amarillo e Ilford FP4 Plus.
Tras volver de las vacaciones en Japón, y antes de la escapada del cambio de hora a Málaga,… comenzó el otoño. Bueno. El otoño, astronómicamente hablando, había comenzado varias semanas antes. Pero realmente, en Zaragoza, hasta después de las fiestas del Pilar no sientes que estás propiamente en otoño. E incluso en estos últimos años, el otoño es tan benigno que casi parece una segunda primavera. En cualquier caso, la fotografía en otoño se asocia con determinada luz y, sobretodo, determinados colores. Colores amarillo, ocres, hojas caídas. Esas cosas. Aunque siempre he dicho que esos colores ocres son más propios de los países nórdicos o de otros continentes que de los países templados próximos al Mediterráneo. Sí… las hojas amarillean… y cuando viene un tiempo frío y ventoso, se caen. Pero poco más. La cosa es que también cabe la fotografía en blanco y negro. Que aprovecha otras cualidades de la luz. Y de eso va esta entrada. Espero que os gusten las fotos.








