Fotografías realizadas en Kanazawa, en mayo de 2024. También en versión Substack.
En algún momento encontré un artículo muy elogioso de este misterio criminal escrito por la escritora japonesa Riku Onda en 2005, bajo el título original Yujinia (ユージニア, Eugenia). Libro que comencé a leer en las vacaciones de Semana Santa, en el viaje de ida a Nimes, pero que me llevó un tiempo terminarlo, porque es mucho más denso de lo que yo imaginaba, por lo que sus 341 páginas hay que tomárselas con más tranquilidad de lo que imaginaba.

La novela, de carácter criminal, nos narra dos historias relacionadas entre sí simultáneamente. Un relator no identificando va entrevistando a distintas personas que tienen que ver, bien con un crimen colectivo, un envenenamiento múltiple, en la casa y familia de un prestigioso doctor de una ciudad de provincias japonesa (no se especifica en ningún momento, pero tengo mis motivos para creer que es Kanazawa, y no soy el único que piensa así), bien con el proceso de escritura de un libro sobre ese crimen que realizó una joven estudiante universitaria, que era una niña en el momento en que fue vecina de la familia en la que se produjeron los envenenamientos. Como centro de todo el misterio, la hija de la familia envenenada, que sobrevivió, una niña que había perdido la vista, famosa por su carácter gentil y su belleza, pero que para muchos se convierte en una de las principales sospechosas del crimen. Salvo que este, al parecer lo cometió un joven con problemas de salud mental que se suicidó y confesó el crimen.
La novela es un misterio criminal de carácter fundamentalmente psicológico. En el momento en el que el narrador desconocido y no identificado realiza las entrevistas, han pasado muchos años desde el envenenamiento. Este se produjo en 1973, la joven Makiko, la niña que descubrió los muertos, escribió su novela en 1984, el relato del libro actual es aproximadamente unos 30 años después del crimen, en los primeros años de la década de los 2000. Por lo tanto, las pruebas físicas han desaparecido hace mucho tiempo, aunque se da importancia a alguna de ellas, y fundamentalmente se trata de desentrañar qué pudo suceder, y qué papel desempeñó en la tragedia la joven Hisako, la superviviente.

El interés de la trama es de las que se va incrementando con el paso de los capítulos. Cuantas más información se suministra, más preguntas se realiza el lector. El tratamiento de la tensión, de algo que sucedió décadas atrás, está muy bien gestionado por la autora. Por otro lado, la estructura del libro es muy querida por los autores nipones; el relato de los hechos tal y como lo ven diversos testigos (véase Rashomon). Testigos que tienen una fiabilidad limitada en el mejor de los casos, escasa en muchos de ellos. La resolución quedará inconcluso, en mi opinión, pero tal vez otros lectores opinen de forma distinta.
Globalmente, lo disfruté mucho. Una estructura distinta, un tratamiento de la información muy inteligente, una oferta al lector a que piense por sí mismo y decida por sí mismo con la información ofrecida en el relato. Siempre me ha gustado que el autor no considere al lector como un idiota al que hay que darle todo masticado. O sea, lo contrario a la mucha literatura basura que nos llega hoy en día, especialmente gracias a la “escritura creativa” de los USAmericanos.

