[Cine] Eye in the Sky (2015)

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Eye in the Sky (2015; 342016-1506)

Esta película lleva ya un tiempo en cartelera, más de mes y medio. Y en un primer tiempo habíamos desechado la idea de ir a verla, puesto que su tema bélico no nos llamaba la atención. Quizá porque la mayor parte de las sinopsis no enfocan correctamente la película. Bien es cierto que la película de Gavin Hood cuenta con un reparto muy atractivo. De hecho, si al final decidimos ir a verla, aunque fuera a una hora intempestiva, fue porque se trata de una de las últimas películas en las que trabaja el fallecido Alan Rickman, la última en la que aparecía en carne y hueso y no sólo aportando la voz. El conocimiento que de este actor británico se tiene en estos tiempos está muy sesgado, especialmente entre las generaciones más jóvenes, por su participación en un papel destacado en un conocida saga de películas sobre magos adolescentes. Pero quienes lo conocemos de tiempo ha, no podemos dejar de reconocer su notable calidad interpretativa.

La película la vimos, tristemente, en versión doblada en pantalla grande. Esto cada vez me parece más una catástrofe. Un atentado contra la obra cinematográfica. Así que si la podéis ver de alguna forma en versión doblada, yo lo hice ayer, un par de días después, en mi casa, mejor… y si no os dejan pagar un justo precio por ello… peor para ellos. Además el título en castellano, “Espías desde el cielo”,  queda desvirtuado sobre los significados del original en inglés.

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Inevitablemente nos vamos a Londres en esta ocasión… más cuando hoy en día las guerras no se dirigen desde el campo de batalla sino desde la comodidad de los despachos ministeriales.

Planteada inicialmente como la historia de una intervención militar contra unos terroristas islámicos en algún suburbio de Nairobi, una operación conjunta británica, estadounidense y keniata, bajo el mando británico, lo cierto es que su fuerte no es la tensión bélica. Lo importante del filme es las reflexiones éticas. En esto de la ética estoy metido últimamente bastante por motivos profesionales. No en la militar, afortunadamente, pero ética al fin y al cabo… me extenderé un poco.

En nuestro quehacer diario, tomamos constantemente decisiones que nos guían, muchas veces de forma inconsciente. Estas decisiones están basadas en nuestras necesidades como personas, que van desde la más básicas de alimentación, techo y vestimenta hasta las más elevadas como son la necesidad de reconocimiento de quienes nos rodean y del cariño de los más cercanos. Y para tomarlas no sólo entran en juego los aspectos elementales de nuestro ser biológico, sino también el conjunto de valores que hemos ido incorporando en nuestro desarrollo como personas. Lo que sucede es que en ocasiones los valores que ponemos sobre la mesa, de forma más o menos consciente o inconsciente, entran en conflicto. Hablando en plata, para hacer tortillas tenemos que romper algunos huevos. En algún momento, para alcanzar alguna meta puede que tengamos que causar algún perjuicio a otra persona. O incluso a nosotros mismos. O tenemos que elegir entre causar dos tipos de daños distintos, y entre los que inevitablemente tendremos que elegir.

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No son infrecuentes las películas británicas que intentan poner distancia ética por medio entre la forma de hacer de sus políticos y la de sus aliados norteamericanos.

En el caso de la película… intervenir matando a cinco terroristas y probablemente a una niña inocente que pasa por allí, o proteger la vida de esta inocente abriendo la oportunidad de que los terroristas realicen una escabechina en un lugar poblado… vete tu a saber con cuantos niños muertos… pero que son hipotéticos. No conocemos su aspecto y su sonrisa y sus juegos como en el caso de esta niña a la que vemos con todo detalle gracias a esos aeroplanos no tripulados, drones les llamamos, que lo mismo nos permiten espiar que matar desde miles de kilómetros de distancia.

Por lo tanto, la gracia del filme no está en las escenas de acción, que alguna hay para dar un poquito de dramatismo a la historia, sino en las deliberaciones sobre la conveniencia o no del ataque ante los valores contrapuesto puestos en cuestión, y teniendo en cuenta la estrategia militar, lo aspectos jurídicos y la conveniencia política. Lo cual plantea un cóctel de características explosivas. Como se señala al principio del filme, la primera víctima de una guerra es la verdad. Frase que la película y otras fuentes atribuyen a Esquilo, pero que otros atribuyen a autores más modernos. Consta que aparece en un libro del pacifista británico de principios del siglo XX, Arthur Ponsonby.

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Cosa que tiene su gracia, porque por mucho que intenten los británicos mantener su imagen de gran potencia, y sueños de imperios perdidos, se les ve constantemente haciendo seguidismo más o menos ciego de lo que se decide desde la Casa Blanca.

La película no está nada mal, aunque es tramposa en varios momentos y, en lugar de dejar juzgar la situación ética al espectador con una presentación razonablemente ecuánime de hechos y opiniones, lo manipula emocionalmente en varias ocasiones.

El reparto no está mal. Los actores y actrices británicos siempre están correctos, incluso en sus papeles más normalitos, como puede ser el caso de Helen Mirren, y el del resto de los países cumplen.

Película entretenida y con más miga de la que pensábamos que nos alegramos haber visto aunque haya sido casi por casualidad. Aunque supongo que le queda ya muy muy muy poquita vida comercial en la gran pantalla. De hecho me sorprende que haya aguantado tanto tiempo. Supongo que por la flojera de otras propuestas esta primavera.

Valoración

  • Dirección: ***
  • Interpretación: ***
  • Valoración subjetiva: ***
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En cualquier caso, no ha sido infrecuente que se hayan olvidados de los escrúpulos a la hora de intervenir militarmente… como en la guerra de Crimea, que me viene a la memoria ante el monumento a Florence Nightingale, flanqueada como está por tan aguerridos soldados.

Sweeney Todd: El barbero diabólico de la calle Fleet (2007)

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Sweeney Todd: El barbero diabólico de la calle Fleet (Sweeney Todd: The Demon Barber of Fleet Street, 2007), 18 de febrero de 2008.

Hay un hecho que está ahí. Voy a ver las películas de Tim Burton de forma casi compulsiva. Desde hace mucho años, me atrae casi patológicamente la imaginación visual del original director norteamericano, y no me pierdo ni una. Así que, no podían pasar muchos días tras el estreno de esta nueva película del realizador para que fuera a verla.

En primer lugar, se trata de cine musical puro, adaptación de un musical teatral del mismo título, con la misma música y las mismas letras. Recuerdo que hay que distinguir las películas musicales de las películas con canciones; en estas últimas priman los diálogos, pero de vez en cuando cantan. En las películas musicales, todo gira alrededor de la música. Para que se aprecie de forma idónea, las canciones no se deben doblar, y es obligatorio que se subtitulen para entender la trama. Esto, más la carencia de cultura sobre este tipo de obras en España, hace que sean películas que gustan menos a la gente. También influye que durante años fue un género infrecuente, aunque últimamente se ha reforzado con filmes como Moulin Rouge, El fantasma de la ópera, Chicago o Hairspray. Como tal musical, desde mi punto de vista está excelentemente adaptado, a lo que contribuye notablemente la perfecta ambientación que se ha desarrollado. Visualmente es una gozada. Quizá, la principal pega está en que se han buscado actores conocidos para los principales papeles y no actores de musical; no son cantantes en origen, sino actores que cantan. No lo hacen mal, pero podría ser mejor.

El desarrollo de la historia no está mal, aunque el carácter triste y tenebroso de las canciones hace que falte un poquito de chispa de vez en cuando. En cualquier caso, se va animando mucho conforme se acerca el final, que por lo demás se va haciendo muy previsible; poco a poco va pasando del drama a la tragedia. Es inevitable.

La interpretación es buena. Johnny Depp está contenido, mucho más sobrio que en otros papeles, lo cual le beneficia notablemente. Helena Bonham Carter no está mal, pero me entran dudas de que se adapte bien a su papel; tengo la impresión de que Mrs. Lovett tendría que ser algo mayor y tener más cara de mala leche. Entre los malos, tanto el siempre solvente Alan Rickman como el peculiar Timothy Spall lo hacen muy bien.

En general una película razonablemente entretenida, a la que daré un siete, con un ocho en la dirección y otro siete en la interpretación.

Desde la fachada de la Catedral de San Pablo en Londres, vemos Ludgate Hill. Siguiendo todo recto por ésta, comprobamos que se continua por Fleet Street, donde el sanguinario barbero tenía su establecimiento.


(Canon EOS D60; EF 28-135/3,5-5,6 IS USM)