Visitando Kasimierz nos despedimos de Cracovia, y cerramos el círculo en Varsovia

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Nos queda tiempo para pasar la mañana en Cracovia antes de coger el tren que nos devolverá a Varsovia, cerrando el círculo de nuestro recorrido por las principales ciudades polacas. Como la tarde que dedicamos al antiguo barrio de Kasimierz no pudimos ver todo lo que queríamos volvemos con el fin de visitar el cementerio judío viejo y la sinagoga vieja de este bonito barrio de la “ciudad gallega”.

Antes de despedirnos del barrio, visitamos el Museo de la Galitzia Judía, en el que una estupenda exposición de fotografías nos mostraba la huella de esta cultura en la extensa región de Europa que abarca zonas de Polonia y Ucrania. Nótese que en la mayor parte de la bibliografía se encuentra esta región bajo la grafía Galicia (pronúnciese Galitsia). Sin embargo, en español se prefiere la anterior para evitar confusiones con nuestros compatriotas del noroeste peninsular.

Tras pasar a comer algo en los alrededores del Rynek, nos despedimos del mismo, de alguno de sus más curiosos moradores, y de la ciudad. Seguramente, la de mayor atractivo para el turista de las que hemos visitado.

Tras un pesado, aunque no excesivamente largo, viaje a Varsovia en uno de los días más calurosos del viaje, llegamos a la capital bajo la amenaza de tormentas y de lluvias. Damos una vuelta, paseamos entre los edificios de la universidad, y cenamos en el Ciudad Vieja de Varsovia, bajo un notable aguacero. Mañana, último día.

Un día distinto, sin Ryneks; unas minas de sal, y un paseo por la historia de los judíos

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Pues sí, por primera vez en muchos días, nuestro quehacer cotidiano turístico no ha consistido en pasear por el Rynek de una ciudad polaca y sus alrededores.

Por la mañana, hemos visitado las minas de sal de Wieliczka, en una población a las afueras de Cracovia, catalogadas como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Son notables, tanto en espectacularidad como en extensión. Apenas se ve una parte del conjunto. Hemos pasado un buen rato bajo tierra.

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Por la tarde, hemos paseado por el barrio de Kazimierz en Cracovia. Este barrio, antigua ciudad independiente absorbida por la mayor, conserva la mayor parte de la herencia judía de la ciudad. Y lo hemos podido comprobar visitando una de las sinagogas y uno de los cementerios judíos de la ciudad.

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Mi compañero de viaje, Javier, no es que le haya dado un pronto y se haya convertido, dedicándose a estudiar la Torah. Cuando entras a según que recintos judíos, si eres hombre tienes que cubrirte la cabeza con la kipah. Si no no entras. Lo que leía Javier era la guía Michelin, para saber donde íbamos después. Que ha sido a tomar unas cervecitas en una plaza del barrio, donde hemos visto pasar unos auténticos judíos.

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Antes de cenar, un paseo por las orillas del Vístula, con un drágon echando fuego intentando asustar niños con poco éxito, y unos policías asustando con más éxito a unos adolescentes y jóvenes por beber bebidas alcohólicas en la calle, lo que parece que están prohibido en este país. Pues los han empapelado. Así… Por las buenas…

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Luego nos hemos ido a comer a un restaurante judío. Carpa hemos comido. Al estilo sefardí. Muy buena. Pero con muchas espinas.

Nota: La conexión a internet desde el hotel está un poco borde esta noche; no sé cómo habrán subido las imágenes. Si veis algún problema, hacédmelo llegar con un correo. La dirección, en un enlace en la columna de la derecha. Gracias.

Cracovia; tiene de todo,… y mucho que ver.

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Tras una serie de ciudades más o menos monas, majicas, pero que se veían en poco rato, hemos empezado a visitar Cracovia, una ciudad más grande, con más historia, y que ha conservado un gran patrimonio histórico y artístico. Vamos, que tiene de todo. Sus murallas y fortificaciones, sus personajes típicos, sus rynek con sus mercados, sus castillos,… lo dicho… de todo.

Lo malo es que, para un descreído como yo, esta lleno de integrismo católico. A lo que te das media vuelta ves un cura, o una monja… ¡y son jóvenes! ¡Dónde se ha visto! Bien es verdad que alguno de sus monumentos religiosos son dignos de ver. Pero es que hay santos y santurrones por todos los lados.

Menos mal, que de vez en cuando admiras tipismos menos beatos y más salerosos, y que el día nos ha despedido con un bonito atardecer.

Hoy llueve en Polonia,… primer día desde que estamos aquí

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Y además ha tocado hacer una traslado desde Wroclaw a Cracovia. Aquí permaneceremos durante cuatro noches. Es quizá la zona más interesante a visitar. No obstante aún ha dado tiempo a dar una amplia vuelta por la capital de Silesia. Si ayer dejábamos a los “zombies” saliendo de entre las baldosas, hoy hemos comprobado el poco respeto que tienen algunos ciudadanos por el arte ciudadano. No habría otro sitio donde dejar la bicicleta.

Nos hemos subido a una torre, más de 300 escalones a pata, para ver a vista de pájaro la ciudad, así como hemos visto que otros se agachan para inmortalizar los más mínimos detalles de la ciudad de Wroclaw.

Luego ya, hemos cogido el tren, un Eurocity que procedía de Hamburgo, vía Berlín, para trasladarnos a Cracovia. Algo más de 250 kilómetros en cuatro horas. A dado tiempo para dormitar, para ver el paisaje, y para ver otros objetos curiosos que aparecían ante nuestros ojos.

Cracovia nos ha recibido con lluvia, pero nos ha dado una tregua para acercarnos al Rynek, dar una pequeña vuelta y cenar… y vuelta al hotel bajo un copioso aguacero. Espero que mañana, lo de llover se lo tome con calma.