En el corazón de la Gran Polonia; Poznan

Viajes

Por lo que se cuenta por aquí, estamos en uno de los lugares donde se originó el pueblo polaco. Bueno. Pues eso. Que en un lugar que como éste ha recibido a poblaciones tan diversas, que ha pertenecido a naciones tan variadas, y con influencias culturales tan complejas, pues vale. Es un dato. Lo que sí es cierto es que en muchas de su calles y monumentos se aprecia una similitud con las culturas germánicas, a las que también perteneció en el pasado. Es una más de las ciudades que quedaron destruidas por la Segunda Guerra Mundial, y cuyo casco histórico, y especialmente su magnífico Rynek, fue reconstruido con un cuidado exquisito, por el ahora despreciado y vituperado régimen comunista.

Toda la mañana, con sol pero sin calor, ha consistido en hacer un tranquilo recorrido por el casco histórico, apreciando sus antiguas casas de comerciantes, su imponente ayuntamiento, o sus esculturas.

No ha faltado tampoco la curiosa presencia de unos individuos montados a caballo y vestidos de militar. Supongo que recordando a los polacos que se lanzaron al galope, lanza en ristre contra los Panzer alemanes. A riesgo de ofender a alguien, lo cual no es mi intención, encuentro muy tenue la diferencia entre el valor y la estupidez.

Tras presenciar la curiosa “pelea de cabritos” que representan a la ciudad en el campanario del ayuntamiento, nos hemos dado un vuelta, visitando algunas calles más o menos monas y alguna iglesia. Después de comer, a descansar un ratito en el hotel. Por la tarde más.

Jornada de transición; de Gdansk a Poznan

Viajes

Hoy ha sido una jornada de transición. Por la mañana, hemos aprovechado para hacer algunas compras y dar un último paseo por Gdansk. El día ha salido con nubes y claros, e incluso ha llegado a amenazar con llover, pero no ha sido para tanto.

Después de comer, nos hemos trasladado a Poznan, la capital de la región de Gran Polonia, ya en el interior. Es una primera etapa antes de llegar a Cracovia, después de pasar también por Wraclaw. El caso es que el viaje han sido la friolera de 4 horas y 40 minutos, para hacer 310 kilómetros. Un poco rollo. Aunque aún ha habido ocasión de hacer alguna foto por el camino. Sobre todo, escenas ferroviarias, viejas señalizaciones mecánicas incluidas. Pero también algún paisaje.

Finalmente, hemos llegado a Poznan, donde apenas nos ha dado tiempo a dar una vuelta, y a cenar algo de comida típica polaca. Hemos pedido unas sopas. A Javier se la han dado metida en un pan. Curioso.