Cine – en defensa del cine (ligeramente) transgresor

Cine

Fotografías realizadas en Busan, que también es una ciudad costera surcoreana, aunque no se parece nada a Hopo-hang (o Hope Harbour al traducir al inglés), la de la película. Entrada disponible también en Substack.

Hopeu [호프] (Hope) (2026; 50/20261105)

Con una semana muy activa en lo cinematográfico, tónica que va a seguir en los próximos días, me salto las dos películas que vi en el largo fin de semana anterior, ya les llegará su turno, para comentar la película surcoreana dirigida por Na Hong-jin, que vimos hace un par de días, y que tanto está dando de hablar. Y después de pensar un rato en por qué está dando que hablar, y está polarizando las opiniones, creo que es porque es una película transgresora. Ligeramente transgresora. No deja de ser una película con aspiraciones comerciales… Pero subvierte unas cuantas expectativas del respetable, lo cual genera la polarización mencionada.

En primer lugar, quitémonos de encima lo superficial del debate. La película es una película de género, del monstruoso, que va derivando progresivamente, porque es una película que va cambiando de género, hacia el género de alienígenas. En un población costera y montañosa del Corea del Sur, en los años 80 del siglo XX, próxima a la línea de demarcación con Corea del Norte, una violenta y extraña criatura altera la paz del lugar, y da lugar a una defensa primero y una caza después por parte de los habitantes del lugar, encabezados por el jefe de policía (Hwang Jung-min), su joven ayudante femenina (Hoyeon), y un lugareño (Zo In-sung) y sus amigos. Tiene efectos especiales, necesarios, pero que están por debajo de los de las superproducciones de Hollywood y que algún crítico ha calificado como “pintorescos”.

¿Por qué es transgresora? En primer lugar, por los (absurdos) usos y costumbres del cine de acción actual, encabezados por el cine superheroico, donde se dan absurdas explicaciones sobre cosas que son mera fantasía. ¿Por qué en aquella película de cuyo nombre no quiero acordarme se pegan un buen rato explicando lo que es el “teseracto”, que no es más que un vulgar macguffin fantástico que no tiene más valor que el impulsar la película? Aquí no hay verborrea. Empiezan a pasar cosas y la gente, aborregada por el cine actual, no sabe qué pensar o qué hacer. Pero así es la vida. De pronto, empiezan a pasar cosas que no entendemos.

En segundo lugar, porque los héroes no son perfectos. Bueno, me he quedado corto. Los héroes entran casi dentro del género del antihéroe. Gente que la caga constantemente. Un jefe de policía prudente que se lía a tiros de repente fusilando al que se ponga delante. Una ayudante de policía mona y menuda pero que carga contra lo que haga falta como un toro en embestida con el arma de mayor calibre que pueda escoger sin pararse a pensar mucho las cosas. Un tipo que lidera a un grupo de paletos armados hasta los dientes, pero que es incapaz de pararlos ni de pararse a plantearse que lo que tiene delante igual no son monstruos.

En tercer lugar, el cambio de género. Del catastrófico género de monstruos destructivos, a la comedia negra con tintes escatológicos, a la ciencia ficción con alienígenas inteligentes. Y porque este cambio de género lleva un giro de 180 º en el que quizá los monstruos no son quienes pensamos. Los monstruos… somos nosotros. Y por otros detalles que hacen de la película algo atípico en el cine occidental. Pero no tan atípico en el cine surcoreano, y quizá de otros países asiáticos, menos encorsetados y más dados a los giros imprevistos en el sentido y en la trama de sus películas. O narrativas en general.

Encuentro que la película es muy notable. No es una obra maestra porque se le pueden encontrar defectivos por aquí y por allá. Pero es una de las películas de acción más divertidas que he visto en… ¿lo que llevamos de siglo? Por lo menos. Y porque además exige un espectador activo, dispuesto a poner de su parte para dar sentido a la película. He de decir que, de los tres actos que tiene la película, el primero y el tercero de acción desenfrenada, al avanzar ligeramente el más tranquilo segundo acto ya se puede ver mucho de por donde irá la resolución de la película. No en los detalles, algunos de los cuales son sorprendentes sin duda. Pero en las líneas globales. Porque sólo puede ir por una dirección si quiere ser consecuente. La buena ciencia ficción y la buena fantasía nunca hablan de extraterrestres, de viajes espaciales, de magos o de dragones. Habla de nosotros, de los seres humanos. Y generalmente de una forma muy crítica. Como lo hace esta película. Hope, esperanza… pero ¿para quién? Ganas me entran de verla otra vez.

Valoración:

Dirección: ****
Interpretación: ****
Valoración subjetiva: ****