La odisea de cambiar una bombilla en un coche

sociedad

Todas las mañanas, para ir a trabajar, cojo el coche y realizo un recorrido de una hora de duración. Buena parte del año, este recorrido lo hago de noche o con luz escasa, por lo que suelo circular con los faros encendidos. Hoy al dar las luces del coche en el garage, he comprobado con horror que tenía fundida la luz de cruce derecha. Es la primera vez que me sucede en este vehículo, un Toyota Avensis que, por lo demás, va estupendamente.

Al igual que hubiese hecho con mi coche anterior, he cogido la linterna y el manual del vehículo, con la convicción de que en cuestión de 10 minutos, un cuarto de hora todo lo más, el problema estaría resuelto por mis propios medios. Más cuando el cambio de las lámparas viene en el capítulo “Mantenimiento que puede realizar el propio usuario“, o algo parecido.

Pero… o sorpresa. Los dispositivos que estaban representados en el manual, se encuentran parapetados tras una sucesión de componentes del motor y anejos cuyo nombre y función desconozco, y que sólo permitirían pasar con holgura para accionarlos a la manita de Heidi. Después de un buen rato de manipulación desesperada, aunque cuidadosa, he valorado que no merecía la pena seguir con el tema… al fin y al cabo… se habría hecho de día.

Me disponía a pasar por un taller, donde estarían encantados supongo de cambiarme la bombillita a cambio de una adecuada remuneración. Dos amables compañeros de trabajo se han brindado a ayudarme, y tras arduas maniobras se ha conseguido el objetivo.

Pero la consecución exitosa del objetivo no me impide llevar encima un enojo de no te menees. El cambio de una lámpara se supone que debe ser algo fácil de realizar por el propio usuario ya que le permite seguir circulando con las debidas condiciones de seguridad. Vehículos que presumen en un momento dado de altos nivel de seguridad activa y pasiva, con no se cuantitas estrellas en las pruebas EuroNCAP, quedan a la altura del barro por un tema como este. Y lo que es peor. Comentarios con otras personas a lo largo de la mañana, hablan de una tendencia en este aspecto que se extiende a todas las marcas. Vergonzoso. Auténticamente vergonzoso. Y supongo que será para hacer caja… más todavía… En esto también me fijaré cuando vuelva a comprarme un coche. Aunque todavía pasarán muchos años.

Vista de Bolea, Huesca